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lunes, 24 de junio de 2013
“Víctor Mesa. El fin no justifica los medios”
Por: Enmanuel George
Recurrentes han sido las advertencias y sanciones por indisciplina que ha recibido el coach del equipo Matanzas y de la Selección Nacional de beisbol, Víctor Mesa. Sin embargo, aparecen de forma frecuente entre los aficionados, discrepancias alrededor de tales determinaciones.
Los detractores de la sanción manifiestan que la capacidad y el conocimiento como mánager de Víctor prevalece por sobre los “impulsos que se viven en el terreno de juego.” Resulta imposible poder separar la capacidad deportiva ni el talento como técnico, de la personalidad. La opinión que obtengamos de nuestro seleccionador nacional, debe ser desde sus características todas, sin obviar su imagen y ejemplo con sus jugadores y con su público. No se trata de una embestida contra su labor como director, sino un firme posicionamiento contra las actitudes violentas. Lo cierto es que durante el desarrollo de cualquier partido las decisiones arbitrales, erradas o no, inciden en el resultado del juego.
Muchas de ellas generan polémicas y discusión entre los implicados. Pero bajo ninguna justificación pueden ser contestadas estas decisiones con la agresión. Imaginemos entonces que cada desempeño desacertado de nuestros días sea respondido con una ofensa o “tierra sobre los ojos.” Tanto en momentos del juego como en las conferencias de prensa que han sido televisadas, más de una vez hemos presenciado conductas antideportivas de Víctor Mesa. Durante la transmisión de los partidos del Tercer Clásico Mundial de Beisbol, en variadas ocasiones las cámaras persiguieron las actitudes enérgicas y conflictivas de Víctor con sus jugadores y el grupo de árbitros.
Deja mucho que desear sobre una figura pública que dirige nuestra selección por cuatro años, por lo que su “talento incuestionable” como mánager queda en entredicho. Los resultados deportivos no pueden sepultar las frecuentes manifestaciones antideportivas de este coach. Es precisamente la tradición y los logros de nuestro beisbol, y el estupendo recorrido como jugador que tuvo Víctor Mesa, los que deberían prevalecer e imponer una conducta positiva lejos de sus acciones negativas en el presente. La voluntad y el esfuerzo de ganar no deben ser confundidos con la agresión ni la violencia.
Las formas antideportivas contrastan con los deseos de una afición de disfrutar del partido. Si es nuestro anhelo erradicar los actos violentos de nuestras tribunas y campos de juego, el primer ejemplo de buenas prácticas debe provenir de los jugadores y entrenadores.
lunes, 7 de mayo de 2012
Violencia y deporte: Competitividad, ¿patente de corso?
Por Dixie Edith
La Habana, mayo (Especial de SEMlac).- Bates o pelotas lanzados contra el jugador contrario, discusiones entre árbitros y deportistas que terminan en riñas tumultuarias, golpes y ofensas son hechos cada vez más cotidianos en los espectáculos deportivos en Cuba, aseguran especialistas y observadores.
La Habana, mayo (Especial de SEMlac).- Bates o pelotas lanzados contra el jugador contrario, discusiones entre árbitros y deportistas que terminan en riñas tumultuarias, golpes y ofensas son hechos cada vez más cotidianos en los espectáculos deportivos en Cuba, aseguran especialistas y observadores.
Aunque en la
isla se reportan escenas de ese tipo desde los orígenes de las diversas
competiciones, "hoy vivimos una de las etapas más violentas en la historia
del deporte cubano", asegura el doctor Félix Julio Alfonso, historiador y
profesor de la Universidad de La Habana, quien se ha dedicado a investigar
sobre el tema.
Los hechos
dan la razón a Alfonso. Así, la muy reciente reacción violenta del pelotero
Carlos Tabares, la pasada semana, durante el último juego de la subserie entre
el capitalino equipo Industriales y el de la central provincia de Cienfuegos,
en el play off de la actual serie beisbolera, no es solo un hecho
aislado.
Tabares, uno
de los bateadores de mayor puntería del equipo capitalino, tiró la pelota con
manifiesta violencia contra el césped, tras recibir un pelotazo no intencional
por parte del pitcher cienfueguero, en uno de sus lanzamientos. La actitud
desconcertó al resto de los jugadores y los comentaristas del partido. Pero le
anteceden casos más lamentables.
Aún se
recuerda la pelea ocurrida en 2006, en el Estadio Latinoamericano, durante un
juego entre el propio equipo de Industriales y el de la oriental Santiago de
Cuba, que terminó con el público volcado al terreno en medio de puñetazos.
Unos meses
antes, otra "bronca" (discusión acalorada) entre jugadores de
Matanzas (unos 200 kilómetros al este de La Habana) y capitalinos, en la Liga
Superior de Baloncesto, incluyó a varios aficionados y motivó la suspensión de
dos jugadores. Esta vez el escenario fue la Sala Polivalente "Ramón
Fonst", en La Habana.
Cifras
recopiladas por investigadores cubanos, integrantes de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM), confirman que la situación es crítica. Solo
en el béisbol, hasta el inicio de la actual serie nacional, la número 51, el
pasado noviembre, se reportaban 50 deportistas y 26 directivos expulsados del
juego.
Julio César González Pagés, investigador y coordinador general de la RIAM, estima que en lo
que va de la actual serie esos números han sido sobrepasados y pueden estar en
el orden de los 51 jugadores y 31 técnicos.
En otro
escenario que pudiera parecer más benigno, los juegos universitarios Caribe que
cada año se celebran en la Universidad de La Habana, las agresiones también han
ido en ascenso.
"Violencia
estábamos acostumbrados a ver, pero este año fue peor", aseguró Alexis
Carmona, estudiante de Licenciatura en Historia, futbolista y también
integrante de la RIAM, durante la Segunda Jornada Cubana de Estudios de las
Masculinidades, celebrada el pasado 18 de abril en La Habana. "El terreno
se ha vuelto como un verdadero coliseo romano", afirmó.
Herencia cultural
Salvo excepciones, la mayoría de quienes se involucran en las prácticas violentas son hombres. "¿Por qué?", se preguntó en un pequeño audiovisual sobre el tema Enmanuel George
Herencia cultural
Salvo excepciones, la mayoría de quienes se involucran en las prácticas violentas son hombres. "¿Por qué?", se preguntó en un pequeño audiovisual sobre el tema Enmanuel George
López,
futuro historiador que ha asumido la violencia en los predios deportivos como
línea de investigación.
Más allá del
deporte, en los orígenes de cualquier tipo de violencia siempre hay una
relación de poder, coinciden especialistas. Este tipo de comportamientos se
perpetúa desde la cultura y forma parte del proceso de construcción de lo que
es ser hombre en nuestras sociedades, marcadas por una fuerte tradición
machista, agregan.
De la mano
de las herencias y los aprendizajes transmitidos por la familia y el contexto
social, el maltrato llega a convertirse "en requisito indispensable para
competir, para ser fuertes y activos, para detentar un poder", aseveran
González Pagés y Daniel Alejandro Fernández González, profesor del Departamento
de Estudios Cubanos del Instituto Superior de Arte, en el artículo
"Masculinidad y violencia: aproximaciones desde el universo del
deporte".
Para Ernesto Pérez Zambrano, también estudioso del tema de las masculinidades e
integrante de la RIAM, los factores que provocan o condicionan la violencia
dentro del deporte son múltiples y pueden entenderse de distinta manera, según
el contexto y la coyuntura.
"Pero
es determinante la exacerbación de la competitividad por motivos que van más
allá del deporte mismo, como la conducta agresiva de algunos hombres educados
para dominar a otros, los regionalismos, las etnias, el género y la exigencia
social sobre algunos deportistas", explicó a SEMlac.
"Muchas
veces confundimos los deseos, el empeño y las ganas de vencer con el uso de la
violencia. Creemos que entre las posibles llaves para el triunfo están las de
agredir e infligir temor con acciones nada justificadas", agregó George
López, quien también forma parte de la RIAM.
Asunto de muchas caras
Asunto de muchas caras
El profesor
José Fernández, docente de Sociología del Deporte en la Universidad de las
Ciencias del Deporte, coincide con George en que el espíritu competitivo que
acompaña al deporte no puede ser patente de corso para la violencia.
"Hay
que diferenciar violencia de competitividad. La violencia es la anulación del
otro; el no reconocer a la persona frente a mí", explicó durante los ya citados
debates de la Segunda Jornada de Estudios sobre Masculinidades.
Sin embargo,
Leonel Duarte, estudiante de la carrera de Lenguas Extranjeras en la
Universidad de la Habana e integrante de la selección nacional de Futbol de
Cuba, ha detallado que, lamentablemente, la agresividad en el deporte se enseña
desde las categorías infantiles.
"El
entrenador te inculca que hay que ganar. Eso es lo más importante; no importa a
qué costo. La mayoría de los entrenadores enseñan a agredir", comentó el
atleta que este año se incorporó a la campaña por la No Violencia que
desarrolla la RIAM.
Para el doctor Alfonso, la permisividad con que muchas veces se enfrentan estas manifestaciones de violencia no ayuda a prevenirlas y erradicarlas.
Para el doctor Alfonso, la permisividad con que muchas veces se enfrentan estas manifestaciones de violencia no ayuda a prevenirlas y erradicarlas.
"En la
década del veinte del pasado siglo un jugador mató de un batazo a otro durante
un partido de béisbol. El agresor fue juzgado con la pena máxima", contó
durante el encuentro.
"¿Por
qué actualmente los deportistas que cometen actos de agresión o escándalo
público no pueden ser juzgados por autoridades, si esos hechos constituyen
delitos?", se preguntó.
Pérez Zambrano, por su parte, vuelve la vista a otros actores del entramado social. "Los medios de comunicación tienen parte de responsabilidad, sobre todo por la manera en que refuerzan ciertos rasgos del carácter patriarcal y agresivo de la competencia deportiva", comentó a SEMlac.
Pérez Zambrano, por su parte, vuelve la vista a otros actores del entramado social. "Los medios de comunicación tienen parte de responsabilidad, sobre todo por la manera en que refuerzan ciertos rasgos del carácter patriarcal y agresivo de la competencia deportiva", comentó a SEMlac.
"La
poca o nula utilización de esos mismos medios para el trabajo de prevención de
la violencia, durante los eventos deportivos, deja margen a las actitudes
agresivas de aficionados, fanáticos y deportistas", agregó.
Por otra
parte, Duarte defiende la urgencia de dejar en claro a los jugadores, pero
también a cualquier persona que tenga que ver con los espacios deportivos, que
el deporte es una competencia, "pero no para batirse a muerte", dice.
"Nada justifica agredir al compañero, al contrario", recalcó.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Bailando entre machos
El escritor Julio César González Pagés compartió con estudiantes y profesores de la Escuela Nacional de Ballet con un animado dialogo en la presentación del libro Macho varón masculino. Estudio de masculinidades en Cuba.
Por Equipo RIM
El pasado día 23 de noviembre de 2011 tuvo lugar en el Complejo Cultural Residencia de Estudiantes de la enseñanza artística de La Habana, la presentación del libro Macho Varón Masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba, organizado por el Instituto Cubano del Libro y la Biblioteca de dicho recinto.
La actividad contó con la presencia de su autor, el Dr. Julio César González Pagés, y de varios jóvenes estudiantes de ballet clásico de la Escuela de Ballet Nacional de Cuba, quienes se interesaron en las temáticas abordadas en el texto presentado. Muchos de los estudiantes se acercaron después de la presentación y compartieron con el autor sus experiencias como jóvenes bailarines clásicos y los prejuicios que existen para este tipo de danza a nivel social.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Masculinidades cubanas contra la violencia
Foto de “Atrévete a ser hombre: el machismo mata” mensaje central de la campaña presentada, en Cuba, por la Red Iberoamericana de Masculinidades y su coordinador Julio César González Pagés en un acto en la Casa del AlBA Cultural el 10 de noviembre de 2011.
La Habana, 11 nov.- (IPS) Más que la consigna de una campaña, los jóvenes cubanos que se agrupan en la Red Iberoamericana de Masculinidades (RIM) lanzaron un reto. “Atrévete a ser hombre: el machismo mata”, es el mensaje que preside la campaña contra la violencia de género presentada la noche del jueves 10 en la capital de esta isla caribeña.
“Años atrás, era una utopía unir a hombres en una campaña de este tipo”, comentó el historiador cubano Julio César González Pagés, coordinador de la RIM y feminista, al inaugurar una exposición de carteles elaborados por un grupo de estudiantes del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI), con sede en La Habana.
“Como parte de este sueño y de esa utopía, hemos estado en casi todas las universidades del país convocando a los estudiantes de diferentes áreas para que se nos unan”, añadió González Pagés, autor del libro “Macho, varón, masculino”, entre los más vendidos y leídos este año en Cuba.
Concebido como una red académica, la RIM se ha nutrido en Cuba de jóvenes estudiantes universitarios de distintas disciplinas y mantiene un trabajo sistemático de incidencia a través de talleres dirigidos fundamentalmente a grupos masculinos, siempre buscando desmontar los mitos tradicionales alrededor del hecho de “ser hombre”.
“Tenemos que darle un giro a ese comportamiento violento que provoca esta educación machista que tenemos. El diseño puede ayudar a cambiar: enseñar que el machismo no es el único camino”, dijo a la Redacción de IPS en Cuba el estudiante Gerardo Lebredo, autor del diseño de la campaña presentada por la RIM en la sede de la Casa del Alba.
Aporte de la RIM a la campaña Únete
“Desde el punto de vista profesional, no creo que haya muchas personas en Cuba que hagan diseño con enfoque de género. Y, personalmente, hemos aprendido muchísimas cosas que no sabíamos sobre género y violencia que, al final, es lo que nos ha inspirado a hacer la exposición”, dijo el joven diseñador Ramiro Expósito.
En conversación con la Redacción de IPS en Cuba, Expósito explicó que, antes de vincularse a la red, para él ser hombre era estar menos gordo, vestirse a la moda y preocuparse por cosas que ahora le parecen banales. La perspectiva cambió con el conocimiento y, ahora mismo, hay muchas cosas que veo más importantes”, afirmó.
Uno de los cinco ganadores del concurso de diseño de camisetas de la campaña Únete del Secretario General de las Naciones Unidas, el joven cubano de 22 años está invitado a participar en la actividad oficial de la ONU por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebrará el próximo 25 de noviembre.
“Estoy muy contento y orgulloso de contribuir desde la red al trabajo que hace las Naciones Unidas en prevenir la violencia contra las mujeres y saber que los jóvenes podemos revertir estos procesos en nuestros países”, aseguró el estudiante del ISDI en declaraciones publicadas en el blog de la RIM.
Alianza contracorriente
La inauguración de la exposición de carteles de la campaña “Atrévete a ser hombre: el machismo mata”, en la sede habanera de la Casa del Alba, antecedió a un concierto a favor de la equidad de género y contra la violencia de Rochy Ameneiro, quien este año presentó su proyecto Mujeres contracorriente.
La iniciativa “pretende unir a todos los artistas que creemos y respetamos los derechos de las mujeres”, dijo González Pagés y anunció que la exposición colectiva de carteles y los siete estudiantes del ISDI involucrados en la experiencia, se sumarán el año próximo a una gira nacional de la cantante.
Al público joven que usualmente sigue los conciertos de Ameneiro y las actividades de la RIM en la isla, se sumaron en esta ocasión representantes de unos 20 países que esta semana asisten en La Habana a un taller sobre masculinidades organizado por el Consejo de Iglesias de Cuba. (Redacción IPS Cuba - 2011)
IPS - Inter Press Service
IPS - Inter Press Service
Corresponsalía Cuba
sábado, 22 de octubre de 2011
Masculinidades en Latinoamerica

En la foto el profesor Julio César González Pagés durante su intervención en el seminario taller organizado por la Universidad La Salle y ASPACIA
por equipo RIM
Los enigmas del machismo, el vinculo que tiene con las masculinidades y el recorrido de estos estudios en América Latina fueron algunos de los aspectos abordados por más de seis horas, ayer sabado 22 de octubre, en un taller que ofreció en la Universidad de la Sallé, en coordinación con la organización ASPACIA, el profesor y investigador cubano Julio César González Pagés como parte de un postgrado sobre Violencia que organiza el prestigioso recinto universitario madrileño.
La violencia y sus posibilidades de evitarla tuvieron varios debates alrededor de videos clips musicales y valoraciones del impacto del deporte en vincular a los hombres en nuevas conductas.
martes, 26 de julio de 2011
“Macho, varón, masculino en la villa de Guanabacoa”
Presentación de Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba de Julio César González Pagés en Guanabacoa.
Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades
La Habana/23 de julio. Con motivo de las lecturas de verano organizadas por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Provincial del Libro, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, Julio César González Pagés, presentó su más reciente obra Macho, varón, masculino: Estudios de masculinidades en Cuba, en el municipio capitalino de Guanabacoa.
La presentación, realizada en el Café Literario, contó con las palabras iniciales de Víctor Montes de Oca Jiménez, presidente del Consejo del Libro y la Literatura de ese municipio, quien además de agradecer la presencia del prestigioso autor, hizo un recuento, para el interesado público asistente, sobre el significativo recorrido académico y profesional del invitado.
Por su parte, al expresar que era una ilusión estar en Guanabacoa, Julio César González Pagés reconoció la importancia de compartir Macho, varón, masculino…en un lugar emblemático para la propia historia de la capital cubana, ya sea por su identidad o por la masculinidad que matiza la mitología y la práctica religiosa popular de esta antigua villa.
Sobre el título que escogió para dar nombre al texto, manifestó el también profesor de la Universidad de La Habana, que partía de una provocación que incitara el debate y la polémica en todos los ámbitos sociales, debido a que “macho, varón y masculino” ha sido una definición cotidiana común para la masculinidad en Cuba, sin importar la clase, la raza, el nivel cultural, etc.
Con el objetivo de reflexionar acerca de los imaginarios sociales y culturales sobre los hombres cubanos, las contradicciones en torno a las formas de ser hombres y las realidades que viven, y la necesidad del estudio de la masculinidad para tratar la violencia, González Pagés destacó no solo el porqué de esta obra, sino el modo en que se aborda la masculinidad a partir de las temáticas escogidas: el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.
Asimismo, refirió sobre las distintas temáticas, que representan la urgencia de discurrir sobre el mundo inexplorado de los hombres, las relaciones entre ellos y para con las mujeres e hijos/as, así como las implicaciones sociales en la salud, las conductas agresivas de los varones, entre otros aspectos. De ahí que González Pagés indicara el significado de la aparición de Macho, varón, masculino…, para evitar un reforzamiento del machismo en Cuba y cuestionar aquellos espacios que lo reproducen, y que gozan de gran popularidad, como son los casos de los videoclips cubanos.
martes, 19 de julio de 2011
Macho varon masculino
En la foto Julio César González Pagés junto al estelar pelotero capitalino Armando Capiró y un niño pelotero en la presentación del libro Macho varón masculino.Estudios de masculinidades en Cuba en la villa de Santiago de las Vegas.
Por Lisandra Puentes Valladares
Julio 16, 2011 4:33 PM
Tribuna de la Habana
Los textos destinados al público femenino, que aparecen en cada edición de la Feria Internacional del Libro, se agotan con una rapidez sorprendente. ¿Será porque a las mujeres nos interesa experimentar para mejorar cutis, pelo, y modo de vestir? Más que una tendencia a la costura o la química, nos encanta vernos y ser vistas según los modelos de feminidad que nos inculcaron.
El divorcio y la maternidad, son otros temas perseguidos.
¿Y los hombres? ¿No necesitan agradar, saber enfrentar separaciones y cuidar de los hijos? Es que a ellos con ser fuertes y hábiles les basta para deslumbrar a cualquier muchacha; y en cuanto al plano familiar, ¿es suficiente con ser el sustento de la casa? No hay lugar para sentimentalismos y blandenguerías.
Sobre lo que significa para un cubano ser Macho varón Masculino, trata este libro presentado en el año 2010 por Julio César González Pagés.
Si los estudios sobre mujeres, que tanto auge cobraron desde la segunda mitad del pasado siglo, ponen a esta en el rol de una víctima de la sociedad, en el presente volumen se describen las angustias que los hombres enfrentan día a día para no sentirse inferiores en su masculinidad.
“El varón ha de ser fuerte, valiente, guía, proveedor, inteligente, heterosexual, capaz de suprimir la capacidad de expresar una gama de sentimientos devaluados, atribuidos solo a lo femenino y la mujer como sujeto asociado a la debilidad, la abnegación, el cuidado, la ternura y la subordinación”, dice el autor en la introducción.
En los distintos capítulos que conforman el libro, la masculinidad es analizada en relación con la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración. González Pagés sustenta sus planteamientos en referencias bibliográficas que demuestran la seriedad de esta investigación, desarrollada por el autor durante años de estudio.
Macho…, publicado por la Editorial de la Mujer, no es un libro para entretenerse, es un texto para pensar y repensar lo que reproducen las familias como correcto muchas veces, e intentar, aunque es difícil, ver las cosas de otra manera.
Ver en http://www.tribuna.co.cu/etiquetas/lectura/2011/julio/macho-varon-masculino.html
viernes, 8 de julio de 2011
ESTRATEGIAS PARA EL CAMBIO ¿Machismo rural cubano?
En la foto Dayron Oliva Hernández
Por Lic. Dayron Oliva Hernández
Un profesor universitario me decía, con risa, que su abuelo, oriundo de Islas Canarias, regañaba a sus animales de trabajo y la emprendía a golpes para que hicieran bien su cometido: «¡Ah!, porque jueguito conmigo, no», eran algunas de las palabras que recordaba.
Muchas historias similares podemos escuchar a diario acerca de los hombres que viven y trabajan en las zonas rurales cubanas. La manera en que se les asocia, para bien o para mal, desde la mirada popular y urbana, los describe como guajiros, rudos, fuertes, con poco nivel de instrucción, soberbios, laboriosos, etc.
Sin hábito de que se juzguen los significados de su contenido, lo cierto es que un conjunto de adjetivos relacionados con el campo, la tierra y los animales de carga todavía incide en cómo se piensa el mundo rural cubano. Así, sin que las personas se den cuenta, los estereotipos que enmarcan a los «hombres de campo» los limitan hacia una masculinidad rural rígida, que dificulta una reflexión crítica de las implicaciones de las relaciones de género entre hombres y mujeres en el ámbito rural.
Algunos especialistas señalan el carácter difícil del mundo rural para cambiar ciertas tradiciones y costumbres, más cuando forman parte de un presunto orden «natural» de las cosas. Es por eso que pensar en ese contexto acerca de cómo se definen los hombres en relación con las mujeres, pasa por cuestionarnos lo que ha significado la identificación de la masculinidad rural a las «difíciles» circunstancias de trabajar la tierra, sus actividades económicas y el manejo de los medios de producción, como los animales.
A juicio de Mavis Dora Álvarez Licea en su artículo Masculinidades cubanas: El machismo guajiro, en la sociedad rural actual persisten y se reproducen patrones culturales tradicionales, muy propios del régimen patriarcal, aun cuando las condiciones sociales, económicas y la cultura en general, de la población rural, gracias a los programas de la Revolución, han devenido una mejoría ostensible de la calidad de vida y la participación social. Su parecer establece que en la masculinidad del hombre rural cubano —típica de un modelo hegemónico—, destaca la sobrevivencia de actitudes y comportamientos machistas, en cuanto al falso derecho del dominio sobre las mujeres, las conductas violentas, el alcoholismo, los estereotipos raciales y sexistas, la homofobia, entre otros.
Una mirada desde la masculinidad y el género al escenario campesino pondría en discusión las consecuencias de las conductas machistas de los hombres, sobre todo porque haría ver cómo los actos de discriminación por género todavía existen y tienen que ver con aspectos socio-culturales derivados de la aún no extinta ideología patriarcal, de su modo de construir la masculinidad y sus incidencias en los modos de relacionarse los hombres y las mujeres.
No es dejar de ser masculinos, sino cambiar el machismo
Contrario a lo que usualmente se piensa en el entorno rural, es por razones sociales y culturales por las que se constituye el género de forma diferente según el sexo. El engaño del orden desigual entre mujeres y hombres, y la oposición de estos a aceptar que las mujeres ganen poder y protagonismo, han radicado, entre otras causas, en que se asume una «masculinidad verdadera» por argumentos biológicos que justifican la «hegemonía» de los hombres sobre las mujeres.
De ahí la importancia que tuvo la experiencia del grupo Masculinidades en Cuba, de la Red Iberoamericana de Masculinidades —cuyo coordinador es el Dr. Julio César González Pagés—, con la conferencia-taller Feminismo y Masculinidad, en octubre del año 2008, como parte de los cursos que sobre género desarrolla la Escuela Nacional de Capacitación Niceto Pérez, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), para funcionarios/as de esta organización.
Desmitificar creencias machistas, abordar las consecuencias del modelo hegemónico de la masculinidad, la indiscutible validez del feminismo cubano, para un ámbito donde las tradiciones patriarcales están enraizadas, si bien evidenció lo complejo que le resulta a un grupo de hombres no acostumbrados al tema cuestionar algo —la masculinidad— que no admite contradicción, por otro lado sembró la semilla de la duda y caló en ellos la necesidad de cambiar esas estructuras opresivas, para el bien de los propios hombres y las mujeres.
No obstante, debatir desde la perspectiva de género, el feminismo y la masculinidad ponen bajo sospecha aspectos que han formado parte de las costumbres rurales y de lo que a hombres y mujeres se les ha exigido ser. También reveló un conjunto de problemáticas que refieren las contradicciones y malestares que generan en lo personal, a cada uno —a decir verdad, más en los varones—, tratar estas temáticas.
Confundir el cuestionamiento de la masculinidad con la homosexualidad y el dejar de ser masculinos fueron algunas de las preocupaciones que se originaron en los hombres. Ideas erróneas que por el desconocimiento en muchas ocasiones repercuten negativamente en la real comprensión de lo que se quiere cuando se plantea la masculinidad.
Otra paradoja equívoca asociaba la pérdida de poder para los hombres con la aplicación de las relaciones equitativas entre mujeres y varones, que se ha inclinado por empoderar y reconocer el protagonismo de ellas en todos los ámbitos del país, aun cuando se señaló que una de las secuelas lamentables ha sido el ejercicio de los hombres por diversos tipos de violencia, desde la psicológica hasta la física. Asimismo, esta paradoja llevaba implícito el falso parecer, que se tiene popularmente, que el feminismo tiende a sustituir el poder masculino por el femenino, o sea, como una versión femenina del machismo en los hombres.
Las posibilidades de cambio: el caso de la ANAP
Abordar la masculinidad rural cubana, las implicaciones en las relaciones con las mujeres y las contradicciones de las formas en que se construye, sobre todo el arraigado machismo, ofrece también la oportunidad de que cambien los patrones perjudiciales, porque ha significado opresión para las mujeres y los hombres que no cumplen sus parámetros, en resumen, desigualdad y discriminación para todas y todos. Al mismo tiempo puede representar un impedimento para un desarrollo orgánico y constructivo de la agricultura cubana que propone acorde con los principios de la Revolución, el Estado y la sociedad cubana.
En la actualidad vivimos un profundo proceso de transformaciones socio-económicas del modelo cubano, que subraya la importancia estratégica de la actividad agrícola y pecuaria. Sin embargo, no se debe obviar que el modo en que hombres y mujeres han sido construidos social y culturalmente, en modelos rígidos y opuestos, puede afectar ese imprescindible proceso.
En un área que en la práctica, por su cultura y educación histórica apegada a las justificaciones biológicas, ha sido reacia —en especial en el plano de las subjetividades— a que los hombres pierdan poder y protagonismo en favor de una reasignación y empoderamiento de la mujer, hay que tener en cuenta los efectos —para bien o para mal— de un proceso de transformación socio-económica para la concepción que tienen estos varones sobre sí mismos y las relaciones de género en ese espacio rural.
Para que se tenga una idea, un análisis de la presencia de la mujer cubana en las actividades agrícolas, arrojaría, en cierta medida, la manera en que se conforma la masculinidad rural cubana y la probabilidad de revertir un orden de género basado en el machismo. Si lo socialmente aceptado alrededor de la mujer la sitúa en el entorno doméstico y familiar en un contexto de subordinación, esto no niega que existan mujeres con responsabilidades y se desempeñen en las diversas labores agrarias, a pesar de que estadísticamente haya un predominio de los hombres en todo lo concerniente al sector rural.
Cuando a finales de los años noventa del siglo pasado, dentro de las alternativas ante la crisis económica, las mujeres se incorporaron a sectores emergentes de la economía, en el que los hombres eran mayoría, como el de las campesinas privadas, llegaron a ser el 8,3 %; ya para el año 2008 representaban un 17,4 % de esta actividad económica.
Si por un lado muestra una desventaja, en cuanto a estadística, con respecto a los hombres, por otro indica el crecimiento que ha experimentado la presencia de la mujer en la práctica laboral campesina. Los desafíos —pensémoslo así— que se presentan pueden ayudar a trazar el camino para superar una brecha de género, así como un reto para los hombres y sus masculinidades de convivir en un proceso de transformaciones socio-económicas.
Asimismo, la labor de instituciones tan determinantes para la comunidad rural cubana, como la ANAP, resulta imprescindible para transformar esas estructuras subjetivas que nos atan a un pasado machista y patriarcal. La adopción de la Estrategia de Género, como parte de la voluntad política de su directiva nacional, constituye un paso —además de un ejemplo a seguir— a favor de la equidad de género, de reconocer el protagonismo y el empoderamiento de la mujer, así como de promover masculinidades no hegemónicas.
Durante el año 2005, la puesta en marcha de un diagnóstico participativo con enfoque de género, que incluyó el 50 % de todos los municipios del país, coincidió con el inicio de la estrategia, a partir de la creación de las comisiones de género a distintos niveles: municipal, provincial y nacional.
Lo que se pretendía era, entre otros objetivos, lograr una mayor incorporación de las mujeres a las diferentes estructuras productivas de la ANAP (CPA y CCS), así como fortalecer su papel incrementando su participación en los niveles de dirección y toma de decisiones; desarrollar la capacitación y la sensibilización en el tema de género a todas las estructuras de dirección, que incluía a los cuadros, cooperativistas, campesinos y sus familiares, con el apoyo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana. A través de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, se organizan conversatorios sobre temas de autoestima, igualdad, equidad, liderazgo y jurídicos, dirigidos a que el campesinado, y dentro de él las mujeres, conozca el derecho y las posibilidades que tiene al trabajo, solicitar tierra, a la licencia de maternidad, a estimulación, entre otros.
Sin lugar a dudas, el hecho de que la ANAP, en alianza con otras organizaciones, se preocupe por sensibilizar en cuestiones de género y masculinidad a toda su membresía y sus familiares, brinda un marco propicio para que líderes campesinos, ya sean hombres o mujeres, desde lo personal, lleven adelante un proceso viable de cambio de los valores patriarcales y machistas que sustentan un modelo hegemónico de la masculinidad rural cubana.
Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=20
DEPORTE Y VIOLENCIA. Reflexión acerca de una experiencia capitalina
Equipo de futbol de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología.
Por Carlos Ernesto Rodríguez Etcheverry
La peña deportiva Parque Central, en la capital del país es, sin discusión alguna, una de las plazas públicas de socialización de la masculinidad hegemónica más importante en la actualidad. Posee un incalculable valor histórico-cultural, que goza de una fuerte tradición en la sociedad cubana como espacio de intercambio de significados, percepciones y códigos específicos entre hombres aficionados al béisbol, los cuales coinciden con los rasgos del patrón de comportamiento masculino hegemónico legitimado socialmente en Cuba.
Así lo corroboran las técnicas de investigación aplicadas durante esta pesquisa y el proceso de observaciones no participantes y participantes que se realizó en el lugar, durante casi un año de trabajo.
Este espacio público no constituye, solamente, un sitio donde acuden hombres a debatir de pelota u otros deportes, sino que se discute una infinidad de temas sociales que demuestran la necesidad que sienten de polemizar todo tipo de cuestiones que se vinculan directamente con sus vidas y con el resto de la sociedad cubana. En este sentido, creemos que es un espacio de realización individual y colectiva, así como de reafirmación de la masculinidad hegemónica en tanto expresión social.
Un promedio estimado de 80 aficionados se dan cita diariamente. La gran mayoría asiste por las tardes, horario donde se originan los debates más intensos y productivos, debido a la gran afluencia de personas que van saliendo de sus centros de trabajo o estudio.
La composición sociodemográfica del grupo de aficionados de la peña deportiva Parque Central, es variada y, a la vez, homogénea. Se observa gran diversidad en cuanto a las edades; mas lo semejante se percibe en que este es un grupo, por lo general, de hombres. La composición «racial» se caracteriza por un fuerte predominio de negros y mestizos, en comparación con los blancos. Este elemento no tiene que ver con problemas raciales dentro del grupo social, ni con el estereotipo de que los negros y mestizos demuestran más gusto por el béisbol, y por eso acuden en mayor número a la peña, sino que esta última está enclavada entre dos municipios (La Habana Vieja y Centro Habana), donde casi el 50 % de su población es negra y mulata, a juicio del historiador Félix Julio Alfonso López.
Los niveles escolares de sus integrantes oscilan mayoritariamente entre noveno y doce grado, con un alto por ciento de aficionados de nivel técnico medio. La mayor parte de estos está vinculada al trabajo y/o estudio, así lo evidenciaron las técnicas aplicadas. La presencia de aficionados asiduos, con un nivel escolar universitario, no es constatable en igual medida. Mientras, el rango de edad se extiende aproximadamente desde los 24 hasta los 80 años, con predominio entre los 30 y 50 años.
Violencia de género y béisbol: ¿se dan la mano?
Los debates acerca del béisbol que sostienen los aficionados en este espacio público son intensos, apasionados y caracterizados por una constante agresividad y violencia psicológica. Se constató que mantienen entre sí «buenas» relaciones, sobre la base del respeto; pero esto no significa que no se muestren con una actitud ofensiva y defensiva ante los criterios de otros.
Para debatir cualquier cuestión relacionada con el béisbol, exaltan sus emociones y exteriorizan rasgos masculinos hegemónicos. El querer imponer sus criterios por encima de los demás, la fuerte carga de violencia que lleva implícito lo que dicen, evidenciada por la manera en que se comportan: gritos, ofensas verbales, gestos con las manos y el cuerpo, que indican rivalidad con otros hombres, son algunos de los más comunes.
Los mismos aficionados son los que consideran que el béisbol es un deporte que genera violencia, debido a que es un juego de competencia y enfrentamiento entre hombres. De esa forma asocian el hecho de ser hombres con el ejercicio de la violencia, como si fuera un fenómeno natural.
Esta constante violencia y rivalidad, se debe señalar, no tienen su explicación en fenómenos naturales. Están dadas por la reproducción de estereotipos sociales que las legitiman, como los comportamientos relacionados con la masculinidad hegemónica. Esta tipología de las masculinidades se socializa todo el tiempo en la peña.
Durante los debates diarios, los aficionados se conducen, al menos en apariencia, de acuerdo con las reglas o exigencias de un patrón de conducta masculino que se refiere concretamente al comportamiento masculino violento, agresivo, machista, rudo, mujeriego y dominante.
El deber ser…
Para este grupo, los aficionados al béisbol deben ser «hombres de verdad», demostrar que saben de pelota y discutir todo el tiempo sin dejarse derrotar, cuando se rivaliza con otro aficionado. Esto denota que la masculinidad es, para ellos, una conducta que está configurada por la tradición y el sistema patriarcal de relaciones sociales imperante en la sociedad cubana. Esta se distingue, entre otras cosas, por no permitir que otro hombre te hable en voz alta, gesticule frente a tu rostro o pretenda destruir tus valoraciones para hacerte «quedar mal» ante otros.
En otras palabras, se trata de una interminable competencia para probarse a sí mismos y demostrar, ante los demás, que gozan a plenitud de virilidad y hombría. Ese afán de no dejarse vencer en una simple discusión sobre pelota, describe la presencia de otra de las características de la masculinidad hegemónica.
El hecho de que sea visible la constante exteriorización de determinados rasgos de la conducta por parte de estos aficionados durante los debates sobre béisbol, como aparentar ser fuertes, capaces de sostener una discusión con otro u otros aficionados, demostrar control y superioridad en la situación, mantener una actitud de intimidación psicológica para con el resto de los aficionados; la virilidad, el carácter recio e intolerante, el saber darse a respetar, alardear todo el tiempo acerca de hazañas personales, ingerir bebidas alcohólicas, proferir palabras obscenas, mostrar insaciable sed sexual por las mujeres y manifestar una actitud represora hacia ellas y hacia los homosexuales, nos permite concluir que en este espacio público urbano se socializa el patrón hegemónico de comportamiento masculino.
Para los integrantes de la peña existe una estrecha relación entre los aficionados y las características del béisbol, ya que este último condiciona a sus seguidores que socialicen de acuerdo con los requerimientos del patrón de comportamiento de la masculinidad hegemónica. El béisbol en Cuba se juega fuerte, agresivo, a ganar «destrozando» al rival y precisamente es lo que hacen los aficionados de la peña Parque Central cuando debaten.
Los jugadores cubanos de béisbol son símbolos de la masculinidad hegemónica para los aficionados. Mientras más machista, tosco, varonil, violento y habilidoso sean durante el juego de pelota, más aceptación ganan entre estos. Precisamente ellos tratan de cumplir con este esquema que configura la dinámica del béisbol en la sociedad cubana, y lo logran. Todo esto no hace más que obligar a los jugadores y aficionados a cumplir con un patrón masculino hegemónico, determinado por todos los elementos que se han enumerado.
El béisbol, amén de constituir nuestro deporte nacional, influye, en calidad de fenómeno social, en la manera de pensar, de actuar, de millones de seguidores en el país. Condiciona, sin dudas, directamente a todos los que se consideran sus fervientes admiradores.
Más estudios sobre este tema en nuestra sociedad pueden contribuir a validar el hecho de que para ser aficionado al béisbol, no hace falta extralimitar nuestra masculinidad y reducirla a simples comportamientos en el ámbito público, solo para ser socialmente aceptados y evitar posibles exclusiones.
Creemos que en Cuba tenemos que estimular la elaboración de trabajos acerca del tema de las masculinidades. Existen muchos grupos de hombres que socializan a diario sobre diversos temas sociales y que pueden ser abordados desde la sociología. Si llevar a cabo estudios sobre mujeres es importante, la realización de estudios sobre los hombres y sus masculinidades es también indispensable. Nuestra historia ha sido –aún está siendo- construida en gran medida por hombres, seres humanos que también tienen derecho a enfrentarse a los arraigados patrones obsoletos y tradicionalistas como los prejuicios sociales que existen alrededor de las masculinidades. Si no empezamos por tener al menos la intención de desmontar algunos pensamientos machistas y patriarcales, nunca seremos capaces de conocernos a fondo
Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=22
domingo, 17 de abril de 2011
Aprendiendo a ser “macho”
En la foto el profesor Julio César González Pagés con el joven gaitero Wilber Caselt participante en la campaña de jovenes contra la violencia de género de la Red Iberoamericana de Masculinidades
Por Kalika Kofi
Somos machistas porque lo aprendimos”, afirma Julio César González Pagés.
Precisamente el mes de marzo, cuando el mundo entero celebra a la mujer, Somos Jóvenes (SJ) convino en hablar de machismo.
“Es buena idea —afirmó Julio César González Pagés, historiador, Máster en Estudios de género y coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades—, esta es una ideología que igualmente atraviesa a las mujeres; también ellas educan en preceptos machistas a sus hijos, y hasta exigen hegemonía de sus cónyuges”.
SJ: ¿Habla de mujeres machistas?
“Mas no digo que sean las culpables; el fenómeno pervive por una complacencia social de hombres y mujeres, es tan aprendido como la violencia, y se repite desde la educación y la cultura. Por eso advierto del riesgo de querer ser modernos.
“Recuerdo que en una de las emisiones de El triángulo de la confianza, el programa del Canal Habana, participé junto con otros invitados. Uno de ellos expresó: ‘Es que a los jóvenes les gusta la violencia...’ Los líderes de opinión deberíamos enfrentar tales criterios”.
SJ: Así cualquiera diría que la juventud “pide” machismo…
“O que está condenada a él. Pero el machismo, insisto, es una ideología que nadie elige; es él quien nos aborda y atrapa con sus múltiples caras y coerciones. Las mujeres lo reproducen desde que llaman ‘cazuelero’* a quien se entromete en los asuntos domésticos.
“Muchas sueñan con mundos utópicos, pero en la práctica, al educar a sus hijos, les piden al niño que se comporte como un ‘machito’… Jóvenes me han dicho: ‘En mi casa no puedo ser amable ni pasármela leyendo: mi mamá teme que sea gay’ ”.
SJ: ¿Cómo explicar semejante aprensión?
“La homosexualidad demerita la masculinidad hegemónica. Según el machismo, el antagonista del ‘macho‘ es el afeminado; la cultura patriarcal no sabe discriminar, para ella quien no es vaquero es ‘mariquita’. Esta también es una forma de devaluar la ‘hembra’: lo afeminado se refiere a los gestos o actitudes propios de mujer; en el patriarcado lo femenino, o no tiene valor, o es secundario”.
SJ: A propósito de la sexualidad, el modelo supone que los varones sean expertos en el tema.
“Y la sola posibilidad de salir con una amiguita angustia a los adolescentes. Luego, la idea de sexualidad reinante entre ellos se reduce a la masturbación y la penetración. Así se sienten inseguros con el tamaño del pene; creen que mientras más grande mejor. La verdad permanece oculta; por no quedar en entredicho, el tema es tabú; cuando hablan entre sí, por lo general se refieren a un sexo exitoso y violento: ‘La tiré, la viré, la giré’. Son angustias supeditadas a la necesidad protagónica del ‘macho’ ”.
SJ: Entretanto, ¿qué sucede con el hombre adulto?
“Lo triste es que pensemos que es feliz debiendo ser hegemónico. La sociedad le exige que sea proveedor, es decir, que tenga éxito económico. Y si no lo logra, o si por necesidades de salud, deja el trabajo y su familia pasa a mantenerlo, entonces es un vago. El temor a la ‘devaluación’ empuja al hombre a una lucha por la hegemonía donde todo vale, incluso tumbar al compañero”.
SJ: Al machismo, ¿deberíamos revirárnosle?
“Los procesos tendrán que ser más orgánicos; no serán los decretos quienes borrarán los prejuicios; contamos con fabulosas leyes, pero desde la educación y la cultura seguimos reproduciendo fobias y conceptos ambiguos. No es ‘admitir’ o ‘tolerar’; quien termina aceptando, primero pensó en ser hegemónico. Debemos aprender a convivir con los demás, se trata del derecho a la diversidad, prerrogativa de todo ser humano”.
SJ: Las instituciones culturales, ¿tienen la responsabilidad de evitar dicha reproducción?
“Son responsables todos los entes educativos, desde la familia y la escuela hasta la comunidad, pero solemos imputarles la obligación a las instituciones culturales: Olvidamos el compromiso que tendrían con ella organizaciones políticas como la UJC, y estudiantiles como la FEU, la FEEM y la OPJM.
“Masculinidad hegemónica se nombra en América Latina al machismo. Al llamarlo así le restamos fuerza política, pareciera que no podemos contrarrestarlo por ser una cuestión cultural. ¡No! Somos machistas porque lo aprendimos, pero eso puede revertirse instrumentando políticas educativas y culturales.
“Hoy tenemos la Red Iberoamericana de Masculinidades, tejido que une a 28 países. Una de sus convocatorias más singulares es la de Hombres contra el machismo, o sea, hombres contra la masculinidad hegemónica”.
SJ: ¿Desde qué bases se establece la hegemonía?
“Decimos ‘masculinidades’ para significar los modos de vivir la masculinidad; en uno mismo convergen varios. Con todo, la hegemonía se funda en condiciones devenidas jerarquías: hombre, blanco, heterosexual, bien remunerado, citadino, y si es joven mejor. Así se erige el predominio, inclusive entre los propios hombres”.
SJ: ¿De qué manera neutralizar las preeminencias?
“Repito una vez más: ¡desde la educación y la cultura, y a largo plazo! No es un influjo inamovible, ni está dictado por la genética o la biología, sino por el género. Los estudios de género, nacidos en los años 60 del pasado siglo, nos permitieron definir la masculinidad como una construcción sociocultural: el género masculino se vive de una forma en La Habana, y de otra, por ejemplo, en Ciego de Avila o Santiago de Cuba”.
SJ: ¿Cuáles son los entes socializadores machistas?
“En general los hombres no hablan de temas íntimos: Los cuatro grandes socializadores de los ‘machos’ son: sexo, deporte, música y bebida. Quien no sea mujeriego desentona; también son devaluados los ‘antideportistas’, los ‘patones’ ** y los abstemios”.
SJ: Existe voluntad para el cambio, mas pesa la resistencia.
“Convivo con la resistencia todo el tiempo. Cuando en 1996 volví a La Habana procedente de Nueva York, donde hice la Maestría en Estudios de género, alguien me interpeló: ‘¿No crees que esos estudios son un poco raros?’, me dijo con retintín, dando a entender que eran cosas del imperialismo. Y yo: ‘¿Tú sabes lo que es género?¿Cómo identificas al enemigo sin conocerlo? ’. Y es que también existe el miedo a lo desconocido, miedo que vacilamos en desafiar porque la masa, los otros, no nos secundan”.
SJ: Llegamos al miedo. Nos gustaría salir al amor.
“Muchas jóvenes sueñan con un príncipe azul que se encarna en el ‘macho’ y erigen sus anhelos en la tesis de la media naranja. Nombrar así a la mujer o el hombre de una pareja, al uno respecto del otro, supone que, por la referida hegemonía, la compañera se pliegue a su compañero.
“Gracias a la complacencia social, el hombre, ¡en nombre del amor!, termina violentando a la mujer”.
SJ: ¿Será posible encontrar alguien que no sea machista?
“Es difícil. El mundo es patriarcal y la ideología, machista. Este debería ser tema permanente en la agenda de Somos Jóvenes; el machismo genera violencia, inequidad, desigualdad, y es alarmante que cada vez con más frecuencia las propias muchachas sean sus depositarias. ¡Ojo! Revelar dicha verdad no debe asustarnos: de no admitirla, jamás ganaremos la acción”.
* En Cuba, hombre entrometido en los asuntos domésticos.
** Así se le dice en Cuba a la persona que no sabe bailar.
http://www.somosjovenes.cu/index/semana221/macho.htm
viernes, 15 de abril de 2011
“Masculinidades desde pastos y forrajes”
El Dr. Julio César González Pagés durante la presentación del libro Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba en la comunidad matancera de Indio Hatuey.
Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades.
Perico/Matanzas, 12 de abril. Como parte de las actividades en ocasión del cincuenta aniversario de la creación de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, ubicado en el municipio matancero de Perico; el Dr. Julio César González Pagés (coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades) realizó una presentación especial de su última obra Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba, que salió a la luz con gran éxito durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro.
En el centro de investigación de referencia nacional e internacional, que también dedica esfuerzos por el aseguramiento de sistemas de alimentación sostenibles para rumiantes, su director Giraldo J. Martín Martín agradeció a González Pagés la oportunidad para los trabajadores/as y profesionales de las ciencias agrícolas de debatir sobre aspectos importantes de la cultura y la sociedad como el tema de la masculinidad.
Por su parte, el autor de Macho, varón, masculino… expresó las razones que motivaron la presentación en ese emblemático lugar para las ciencias agrícolas cubanas, de incluir el ámbito rural y poner a discusión el machismo tan arraigado en la sociedad. Agregó que el título resultó provocador, porque además de ser una reafirmación del modelo de masculinidad hegemónica, ha sido una tríada popular de identificación para los hombres cubanos.
Como resumen de más de diez años en experiencias alrededor del estudio de las masculinidades, a través de talleres, conferencias y seminarios, señaló que el libro era una necesidad, pues toca aspectos vulnerables, inquietudes y problemáticas que envuelven las masculinidades para los hombres. En este sentido, refirió cada una de las temáticas que se abordan en el libro como el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.
Acerca de la importancia de tratar cada uno de los aspectos estructurales del libro, González Pagés indicó las consecuencias para los hombres del modelo machista, como en la salud, en la violencia hacia las mujeres, en los miedos al cambio, en la “honra masculina”, en los homicidios, en la obsesión por el dinero, del desempleo e incumplimiento del tradicional rol de proveedor, etc. En su criterio, como las sociedades van más rápido que las ciencias sociales, significaría un gran paso que hombres y mujeres participen del diálogo en la comunidad sobre estas problemáticas, desde lo personal: “Hay que lograr que la agricultura sea sostenible en el plano humano”, subrayó.
Por otro lado, con una proyección hacia el futuro junto con la idea de aprovechar las nuevas tecnologías, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades destacó que Macho, varón, masculino…es una apuesta al cambio para los más jóvenes. Subrayó que es un libro para todas las edades, pero en especial para los menores de 25 años. No solo expuso su voluntad profesional que ha implicado a estudiantes de la Universidad de La Habana en los estudios de masculinidades, sino que reveló una compilación de 69 materiales audiovisuales, muy útiles para el tratamiento de las masculinidades desde múltiples dimensiones, producido por la propia Red Iberoamericana de Masculinidades, y que fuese realizado en su mayoría por alumnos sin formación cinematográfica de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.
A raíz del interés general que despertó en la audiencia y el debate suscitado, González Pagés insistió que la obra presentada persigue el objetivo de reflexionar sobre las masculinidades en los hombres, debido a que es un tema cultural, fruto del aprendizaje, para lo cual la educación es una vía de cambio: “Los hombres no deben dejar de ser masculinos, sino lo que debería cambiar son las estructuras e ideologías machistas que generan violencia”, concluyó.
domingo, 6 de marzo de 2011
ENTRE PÁGINAS DE MASCULINIDAD
Actor mimo con ejemplar del libro Macho varon masculino de Julio César González Pagés
Por Ignacio Cruz Ortega
idcruz@enet.cu
CMBF Radio Musical Nacional, 2010
El universo que la literatura ha podido desarrollar, entre todas sus formas, desemboca en las más disímiles riquezas generadas por el pensamiento y la actuación del variopinto universo de criaturas con que se pobló el mundo de las letras.
En ese entramado de personajes, reales o imaginarios, la mujer de carne y hueso se vio arropada de dicotomías y adversidades con que las vistieron la mar de páginas.
Más allá de cualquier ficción posible, aunque partiendo de sumas semejantes, Julio César González Pagés (La Habana, 1965) logró su Macho, varón, masculino. Estudio de masculinidades en Cuba (Editorial de la Mujer, 2010), presentado en el contexto habanero de la 20ª Feria Internacional del Libro.
El volumen, desde el comienzo, motiva a los lectores hacia posibles descubrimientos relacionados con modelos hegemónicos sexistas establecidos por la tradición en la Isla; de manera que –hombres y mujeres- puedan sentirse atraídos hacia circunstancias de las cuales forman parte, al unísono.
Partiendo de una aclaratoria Introducción que revisa la historicidad del tema, el estudio de González Pagés va más allá del enfoque docto con que inició el texto; llevando inmediatamente, y a través de un lenguaje llano, a esos descubrimientos anunciados.
Encontraremos –asombro de por medio- la imagen varonil con que José Martí describió a la camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, o la preocupación moralizante impresa en el periódico independentista Patria, ante renovaciones femeninas decimonónicas.
De aquella época González Pagés rescata a la emigrada Quirina Martínez, perteneciente a uno de los clubes patrióticos de mujeres en los Estados Unidos, criticada por montar bicicleta, cortarse el pelo y fumar cigarrillos en público*.
Mientras, siguiendo el curso inicial de su Estudio…, devela como real a la célebre Titina –protagonista de una anónima y olvidada canción popular- quien fuera la gallega Antonia Martínez, citándola como probable primera mujer en hacer uso de la bicicleta en Cuba, a fines del siglo XIX.
El autor se sirve de aquellas situaciones pretéritas en su interés por destacar el androcentrismo social prevaleciente en la Isla, al tiempo que repasa el curso del movimiento feminista y los cuestionamientos que originó aquel en los ya lejanos años veinte del siglo pasado.
Esa forma anecdótica asumida por Julio César González Pagés alcanza, para bien, los restantes capítulos del libro; que, matizados por enfoques didácticos –que no dogmáticos-, transita por asuntos relacionados con la violencia, la sexualidad, la paternidad y, hasta la migración de gallegos y canarios; centralizados por el egocentrismo masculino con sus estereotipos patriarcales.
Aún cuando las páginas regresen historias pasadas, está de más –entonces- pensar que con los cambios vividos en el país, se desterró el machismo contrario a la igualdad de hombres y mujeres pensada en beneficio social.
Lo hace valer el autor en el capítulo que dedica a la violencia, asignada socio- culturalmente a los hombres en el decurso de la historia con sus apelativos de duro, fuerte o macho; y el la legitimada honra masculina, enunciados entre acciones del pasado y el presente, para concretar comportamientos violentos como reafirmación de la masculinidad: una condición que se le impone a los hombres.
Con tan evidente atención historicista y alcanzando evidencias de actualidad, Macho, varón, masculino converge en arraigos que se transformaron siendo perdurables, cual vigencia en el país, no ajeno –por su inserción- a similares expresiones en el mundo.
Va de un tiempo a otro y, de tal manera, González Pagés puntualiza y generaliza en su Estudio…, hasta hacer del libro una atención valiosa sobre qué distinto se pudo ser y cuánto falta por cambiar y concretar en un universo de equidades comunes en el transcurso de los tiempos.
* Las cursivas son textuales de la edición.
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martes, 22 de febrero de 2011
Masculinidades y audiovisuales: desmontando la pirámide desde abajo
Por Susana Méndez.
Como parte del programa del Postgrado Género y Comunicación que se realiza en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, desde el pasado día 8, en la tarde ayer se llevó a cabo el Taller masculinidades y audiovisuales.
Esta acción fue liderada por el Doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés, quien accedió a comentar sobre las características de los talleres de masculinidades que coordina la organización que representa y en especial acerca de éste, dedicado a la producción audiovisual.
¿Cómo surgen los primeros talleres?
Surgen cuando vemos que los más jóvenes necesitan de nuevas formas de comunicación que no sea lo escrito, sobre todo porque los talleres los comenzamos con estudiantes del área de las Ciencias Sociales y ahí empezamos a trabajar con los programas nuevos que existen y con las posibilidades de instrumentos que brindan las computadoras y ahí nació el primer taller en el año 2007 en Cuba y empezó un movimiento en el que al principio eran muchos; hoy casi todos hacen grupos de dos y tres y realizan videos y hemos logrado que en la facultad, no solo los muchachos que pertenecen a la red, sino el resto de los estudiantes como trabajo final hagan audiovisuales, por lo que se han convertido en talleres de comunicación audiovisual constante durante todos los semestres.
Alguien me decía que ya podíamos hacer una muestra de audiovisuales de los estudiantes de las Ciencias Sociales y le tomamos la palabra y la vamos a hacer en marzo como parte de la jornada científica de nuestra facultad.
De esa experiencia primera tenemos videos que la propia televisión nos está pidiendo como el Canal Habana, Tele Cristal, para campañas específicas como las realizadas contra la homofobia y la violencia y eso nos llena de satisfacción porque no era el objetivo inicial que entraran los videos en los grandes medios, pero creo que cuando existe el empeño, la voluntad, la vocación y la ideología, para abordar las temáticas, muchas personas confían en ese discurso y se abren los caminos porque esas personas lo necesitan ya que no estamos hablando de algo ajeno a lo que encontramos en la familia o en el vecindario y las personas requieren de un discurso de cambio en estas temáticas, no creo que sean las instituciones solas las que logren remover estas estructuras arcaicas, si no las personas, las comunidades y los centros unidos a estas instituciones que pueden ofrecer los medios, los espacios y yo creo que esto ya está pasando y me siento muy optimista.
¿Cuál es el objetivo de los talleres?
El objetivo de estos talleres sobre el tema de masculinidades es llevar a la práctica mucho de lo que habíamos planteado como teorías y sobre todo crear instrumentos de trabajo para hacer comunicación pero no solo como hacen los grandes medios, la televisión, la radio, los rotativos, sino también desde la educación, poder trasmitir que todos comunicamos, por ejemplo, cuando hacemos un pequeño video casero; hoy en día es muy usual, que una forma de comunicar sea a partir de la fotografía porque se ha digitalizado, debemos analizar entonces qué retratamos, qué vemos, con qué visión lo hacemos, con qué intención, desde qué posición.
Creo que esto que le hemos enseñado a nuestros estudiantes nos permite un primer objetivo, si logramos crear entre las nuevas generaciones productos menos sexistas esto ayudará a desmontar esa educación patriarcal que recibimos de casi todos los medios, formales e informales, yo creo que ese es el objetivo uno cumplido.
¿Cuál es el camino futuro?
Como meta futura nos plantearíamos que no sea solo un trabajo de Cuba porque en este postgrado tenemos estudiantes de varias zonas de Iberoamérica y yo creo que una de las cosas que más impactó fue la juventud de muchas de las personas que se involucran en el trabajo de la Red Iberoamericana de Masculinidades por una simple razón, sabemos que en los jóvenes de hoy en día está depositado el futuro del mundo; yo pienso que el futuro de Cuba, en cuanto a los trabajos de géneros, está en nuestras universidades y yo, para darte un mensaje optimista, estoy muy feliz de que muchos de ellos ha apostado por este tipo de cambio.
¿Qué aporta este taller a la batalla por la comunicación de género?
Yo creo que el taller permitió, sobre todo de cara al futuro, dar las bases para desmontar también las hegemonías de las masculinidades sobre los medios de comunicación, sabemos que éstos son liderados por hombres y nosotros estamos desmontando la pirámide desde abajo, desde la gran masa donde todos somos comunicadores, desde cualquier medio, porque podemos utilizarlos todos, como el Facebook, porque por ejemplo creamos un facebook de masculinidades, bajamos de You tube, música no sexista y como linkeamos a tantas personas podemos compartir información, tener debates, etc.
Sabemos que en Cuba tenemos muchas dificultades con las conexiones pero las personas que podamos acceder, debemos hacerlo; siempre pienso que no podemos decir no y utilizo muchísimo la frase no preocuparse sino ocuparse.
Nosotros podemos ocuparnos desde el puesto que tenemos y creo que cada medio que tengamos a nuestro alcance por mínimo que sea puede llevar un mensaje de aliento. Yo siempre leo, por ejemplo, el mural de mi edificio, que lo hace una vecina y tiene desde chistes hasta los cumpleaños de mis vecinos y vecinas, referencias al stress, al beneficio de la paciencia, etc. y realmente es un medio de comunicación que leen más de 500 u 800 personas a la semana, por tanto es importante y esta es una muestra de que no se debe desechar ninguno y que no se debe dejar solo a las personas que se dedican a la comunicación la posibilidad del cambio.
Yo como profesor, desde el aula, puedo insistir e incidir en parte de la cultura del cambio y lo intento hacer, sin pensar que voy a cambiar a mi país, yo creo que cambiar a mi país en estos temas es tarea de todos y todas, no lo debemos depositar solo en una organización o en un ministerio, si no en todas las personas que podamos, por eso es tan importante que lo que hagamos, en algún sitio y muestra de eso es esta entrevista, pueda ser conocido más allá de las personas que nos involucramos directamente.
Ver en http://periodismojosemarti.wordpress.com
martes, 8 de febrero de 2011
¿MACHO, VARÓN Y MASCULINO? Entrevista con Julio César González Pagés
Por Antonio López Sánchez
Dentro de las propuestas que publica la Editorial de la Mujer en la venidera Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, el tema de las masculinidades ocupa un importante espacio. Macho, varón, masculino, es un título que por primera vez en Cuba sistematiza científicamente los resultados de una fructífera etapa de trabajo investigativo sobre ese tópico.
El autor de este texto, el Doctor Julio César González Pagés, es uno de los prominentes estudiosos de las materias de género en Cuba. Además, a partir de su labor como profesor, ha nucleado a un grupo de jóvenes intelectuales que también centra su mirada en el análisis de las masculinidades, como parte inseparable de las investigaciones con perspectiva de género.
Para indagar sobre los motivos, contenidos y frutos que ofrece este libro, fueron nuestras páginas al encuentro de su autor. Como siempre, Julio César se muestra como un entrevistado pródigo, sin poses, con múltiples opiniones, buen humor, y siempre asentado en la solidez argumental con la que defiende sus ideas. En esta ocasión además, como buen telón final de la entrevista, nos ofrece en exclusiva adelantos de sus trabajos por llegar.
¿Cuál es la novedad este libro con respecto al estudio de las masculinidades?
En este libro, es la primera vez que se reúnen estudios sobre la masculinidad, partiendo de preceptos científicos. Es la primera sistematización que se hace de varios estudios que previamente pudieron ser trabajos de tesis o algún otro dentro de la lógica de una investigación, dentro de los foros, en fin. Aunque es un libro mío, hay trabajos que son escritos en coautoría con varios de mis estudiantes, que muchos están actualmente en la realización de sus tesis de maestría.
¿Objetivos principales, resultados palpables?
Es un trabajo hecho con toda la intención de cerrar un momento, una etapa de la labor de un grupo de estudiantes que yo he liderado y que por supuesto dará paso a la otra etapa.
Nuestro país podrá contar entonces con estudios más específicos en temas más particulares. Ahora la intención era enunciar en un todo un trabajo ya hecho, desde jornadas, desde talleres y otros espacios. Lo que sí existía, incluso la Editorial de la Mujer tiene participación vital en esto, es una serie de acercamientos desde el periodismo, desde enfoques investigativos o entrevistas, pero no con la lógica de una investigación.
Por eso decimos que este libro es el primero, con la lógica de una investigación, que reúne lo que es la masculinidad como concepto teórico, como metodología cercana a los estudios de género. El aporte que le podemos hacer a la sociedad es crear indagaciones y acercamientos cubanos a la temática. No es reproducir, como se hace en otras áreas, investigaciones de académicos extranjeros. Este libro responde a una mirada cubana de las masculinidades. Por eso desde el título hay una frase como Macho, varón, masculino, que es como nosotros llamamos a la masculinidad hegemónica, al machismo en América Latina; tiene toda esa intención de provocar.
Para los lectores no especializados, y para las lectoras por supuesto, ¿qué les puede conllevar en positivo la lectura de este texto?
Te lo puedo decir desde lo personal. Ese libro me lo inspiraron las propias dudas que yo he tenido toda mi vida acerca de mi masculinidad. Dudas que nunca me fueron aclaradas, dudas que son los estudios los que me las han ido aclarando. Me ha costado 45 años de vida, de estudios, de doctorados y tal. Por eso quien se lea este texto lo puede entender. No está escrito con la vanidad académica para que sea entendido sólo por un grupo selecto. Está hecho para cualquier persona; para una muchacha que piense que si es feminista y defiende su derecho de mujer, sea algo malo, o si puede tener un novio más o menos masculino, en fin. Todas esas dudas que encierran el desconocimiento del lenguaje de la teoría y que, contradictoriamente, muchas veces hacen que nos autorreafirmemos como todo lo contrario a lo que somos. Defendemos el derecho de las mujeres y decimos que no somos feministas: Eso es una contradicción. Somos hombres amables, delicados, y entonces nos decimos que no podemos ser masculinos: ¿Por qué no? La masculinidad no es algo malo, lo malo es la violencia.
A un hombre le puede gustar hacer ejercicios, seguir las modas, tener amaneramientos totalmente masculinos, eso no está mal. Lo que está mal es ser violento, descortés, agresivo. Muchas veces se piensa que con un hombre más femenino se resuelven los problemas de la equidad. No es así. Donde está la equidad es en no temerle incluso a la mujer muy femenina, a un hombre masculino, en sus estereotipos, pero con un comportamiento y un pensar adecuados.
Este libro ayuda un poco en esas cosas que a veces parecen trabalenguas. En especial a la adolescencia. En la Universidad, por ejemplo, quienes se acercan a estos temas, por lo general lo primero que piensan cuando hablas de la masculinidad, es que vas a hablar sobre la homosexualidad. Y sabemos que una sociedad homofóbica como la nuestra, ese desconocimiento hace que se rechace entonces estos estudios, abordar estos temas. Se habla de la homosexualidad, pero como un tema más, no es un eje protagónico; se aborda, pero dentro del espacio que le toca dentro de otros múltiples temas y aristas.
Todavía hay una gran desinformación respecto a estos temas y se les califica como materias sólo para académicos.
Creo que es un libro para compartir en colectivo, en la familia. Por ejemplo, cuando haya una burla a un adolescente por el tamaño del pene o cómo se asume la paternidad, o cómo conocer y evitar la violencia y cómo tratarla si surge. El libro te da la posibilidad de ver esas temáticas desde la historia y desde la actualidad. En comparaciones, en aristas diferentes. Pero, sobre todo, te da la posibilidad para seguir indagando. No es un manual de buenas prácticas para que busques cómo debe comportarse un hombre en cada momento, sino una herramienta para seguir adelante, para investigar más. Por eso tiene una amplia bibliografía, para que a quien le interese ampliar más sobre determinado tópico pueda ir a otros estudios.
Al ser una sistematización, intentamos que todos los autores cubanos que se han acercado a estas temáticas, desde diferentes aristas, aparecieran en esa bibliografía. No es darlo como algo fundamentalista. No tiene ninguna intención de convertirse en un si me leo esto ya no me hace falta leer nada más. Al revés, el libro crea la sed de otro conocimiento, está hecho con esa intención.
Los mencionas en el texto, los has mencionado en el diálogo, pero quisiera que lo dejaras en blanco y negro. ¿Cuánto de la labor de tus estudiantes está en estos resultados?
Sin ellos no existiría el libro. Un libro no es sólo escribirlo y ya, en especial en las ciencias sociales, donde hay que investigar. La presencia de mis estudiantes es definitiva por los mismos criterios. He escrito y cada cosa que he escrito se ha debatido; algunas secciones las hice en coautoría y hay una serie de aportes que son de mis estudiantes. Por ejemplo, la revisión final de la investigación como tal, la hicieron dos estudiantes del equipo.
En general han sido muy rigurosos, han planteado problemáticas. Creo que es importante porque la conformación de un pensamiento colectivo en un área de investigación va creando una cátedra. Este libro es como el principio de reafirmación de que ya hay una cátedra de estudios de la masculinidad. No queda un nombre, no es que esté Julio César, aunque me ha tocado ser un poco el papá colectivo, como decíamos en broma hace poco. Es que hay un grupo de jóvenes que han tenido la osadía de integrarse a estos estudios. Además me han aportado la visión de otros hombres que no soy yo, percepciones diferentes de la masculinidad. Este libro culmina una etapa de trabajo en colectivo.
¿No te preocupa ser una especie de Saturno devorando hijos, o siendo devorado tú mismo, o en el papel del profesor impositivo?
Siempre hay riesgos. A veces, en la enseñanza, y más en temas tan especializados, hay que ser más o menos democrático o más o menos autoritarios, según sea el caso. Para instruir y a veces hasta para salvar de un posible ataque. Soy un profesor que me gusta dar clases. Me he realizado con este período de docencia, de talleres, que cierra el libro. Me ha permitido conocer sectores de la población de mi país en este tema de las masculinidades, que si no hubiera tenido un colectivo de jóvenes conmigo, me hubiera sido imposible. Detrás del libro, aunque no se vea de modo explícito, hay talleres, diálogos, intercambios, desde grupos tan diversos como reclusos, dirigentes campesinos, policías, universitarios. Cuando haces ese recorrido con varios ojos, cuando lo miras no sólo desde tus propios prejuicios o valoraciones, sino que te acompañan criterios diferentes, se amplía extraordinariamente esa visión y, por supuesto, se amplían los resultados.
Apostar por los colectivos es muy difícil, pues el ser humano tiene una tendencia muy fuerte a la individualidad, pero en esta ocasión primó el colectivo. Todas las personas que acompañaron este libro están ahí referidas y creo que además es un buen ejemplo de cómo se puede construir un conocimiento de forma colectiva. Es un reto pensar en colectivo.
¿Adelántanos qué viene después de Macho, varón, masculino?
Ahora, con los sobrevivientes que no devoré o me devoraron por el camino, estamos en un libro que sugiere desde el nombre. Más o menos se llama, Sexo, música y deportes: Cosas de hombres, y trae algunas otras visiones de estos temas. Y mi equipo de estudiantes, ahora sin broma, son ya autores más formados. Pasaron toda la etapa de la licenciatura, están muchos en sus maestrías. Es como una segunda temporada, como se usa ahora.
Este nuevo trabajo es también la posibilidad de mostrar cómo una academia de estudios en Cuba, integrada en su totalidad por jóvenes, puede seguir una línea de investigaciones. Pueden ser las masculinidades, pero puede hacerse en muchas otras áreas de la investigación.
Eso de que en colectivo podemos ser más fuertes, podemos lograr más cosas, socializar más crear redes, es rigurosamente cierto en este caso. Toda la tecnología, los ipods, las computadoras, todo lo que hoy existe que por un lado nos individualiza tanto, pues, puede ponerse en función de las investigaciones, en función de aprender más, y en función del colectivo.
Publicado en:http://www.mujeres.co.cu/
Revista Mujeres Digital
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