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domingo, 16 de septiembre de 2012

Ana Vera Estrada y la inquisición sobre el pene


 Respuesta a la crítica de Ana Vera Estrada De lo que una frase hecha nos puede sugerir publicada en Perfiles de la Cultura Cubana. Revista del Instituto Cubano de Investigaciones Juan Marinello.
                                                                                                 


                            Por Julio César González Pagés
                                   Coordinador General
                  Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades
                                              RIAM
                                     www.redmasculinidades.com

Los estudios de masculinidades en su recorrido por las ciencias sociales ya pasan de más de cuatro décadas y tienen un camino  azaroso por los controversiales temas que  abordan. Como parte del desarrollo de  estos temas en Cuba he estado vinculado desde el inicio a sus debates y polémicas con posiciones desde el activismo y la academia.

Agradezco a la crítica literaria y historiográfica  cubana todos los comentarios plasmados alrededor de mi libro Macho Varón Masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba, con especial énfasis la escrita por Fernando Rodríguez Sosa, que sin ser especialista en el tema de masculinidades utiliza argumentos sólidos y con un profundo respeto. Rodríguez Sosa es uno de los críticos pilares en la promoción del buen hábito de la lectura desde sus espacios en los medios de comunicación escritos, radio y en el emblemático programa de televisión  Escriba y Lea.

Hay  otro  tipo de crítica que siempre me ha llamado la atención de forma negativa y es la que se promueve desde comentarios frívolos, adornados con un lenguaje seudocientífico y firmado por personas que utilizan su grado académico desde la ciencia de la todología, esa donde el crítico siente o piensa que sabe de todo y opina sin estudiar la temática. Este es el caso De lo que una frase hecha nos puede sugerir, de  Ana Vera Estrada, publicada en Perfiles de la Cultura Cubana. Revista del Instituto Cubano de Investigaciones Juan Marinello.

Desde el inicio Vera Estrada denota una molestia con la frase que titula el libro Macho Varón Masculino. Estudios de masculinidades en Cuba, la cual cataloga con mentalidad androcéntrica, a la vez que incorpora una expresión popular más propia de la época de nuestras abuelas que de la actualidad.  
Ella advierte con su criterio un desconocimiento sobre la temática con una frase que tiene total vigencia entre los hombres cubanos de todas las generaciones. Para seleccionar dicha frase que da título al libro, en forma de provocación, se hicieron varias encuestas donde se resumían las masculinidades hegemónicas de los cubanos y esta era la que más lo representaba. La explicación se resume en la Introducción del libro en la página 9 donde digo: Cuando uno pregunta de forma general a un hombre en Cuba sobre su hombría y como la define, una respuesta probable es hombre es cualquiera. Inmediatamente después frunciría sus cejas para afirmar de forma categórica: lo más importante es ser macho, varón y masculino. El argumento a esta afirmación lo debemos buscar en la Historia (…) (González Pagés, 2010, p. 9)

Todas estas afirmaciones están avaladas, como en el resto del libro, por talleres, seminarios y jornadas científicas de masculinidades en Cuba, donde Ana Vera nunca ha estado presente, y de seguro, si hubiera participado en cualquiera de los debates, no hubiese escrito una valoración manipuladora y subjetiva, propia de una francotiradora en temas sociales y de masculinidades.

En su crítica llega a cometer errores imperdonables como citar mal el nombre del título del libro, opinar de forma errática sobre prácticas deportivas de la cual ella no posee ninguna especialización y llegar a cuestionar temas sobre la sexualidad masculina desde lo empírico anecdótico. Parece que estaba tan apurada en hacer la descalificación que no le dio tiempo a revisar su texto pero sí en reproducirlo inmediatamente en la revista norteamericana Cuban Studies.

Un  punto alucinante en sus incursiones en la masculinidad es cuando carga contra el tercer capítulo y dice: El capítulo sobre sexualidad se abre con un subtítulo provocador: el “miembro” ilustre, que, más que una reflexión crítica sobre las aberraciones del canon falocéntrico del patriarcalismo aún vigente en muchos sectores sociales, parece una festiva celebración de su predominio. Realmente algunas personas especialistas en género que leyeron el libro y su crítica me indicaban que esta divagación solo demuestra parte de una sistemática oratoria de Ana Vera, donde siempre todo lo que se relaciona con el hombre y el pene le parece descalificador para las mujeres. En las páginas 65 a la 69 del libro Macho Varón Masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba se critica el falocentrismo y se explica sus orígenes en Cuba y América Latina de una forma bastante amplia como para que las dudas sean solamente las de ella.

También le molesta las referencias a los cuerpos de los hombres argumentando: tampoco se justifica el empeño por nombrar las piezas teatrales donde figuran desnudos masculinos poco aportadores a la ruptura del canon que se desea modificar. Este argumento es propio del tribunal de la inquisición sexual ¿Qué canon desear modificar? Espero que no sea la castración, ya que me tendrá entre los defensores de preservar el miembro masculino.

En una entrevista al periódico Grama, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba,  del 9 de marzo de 2012, la citada Vera Estrada confiesa: Me preparé como especialista en literatura y siempre tuve inclinación por los conflictos sociales. Esa es la razón por la que, al terminar de estudiar, me dediqué a lo que siempre había soñado, indagar en la vida social.  Las críticas que emite parecen corroborar que no ha podido estudiar todavía sobre algunas temáticas sociales, con especial énfasis en las relacionadas  con los hombres y sus masculinidades.

Es vergonzoso que en temas de emergencia social como la violencia llegue a decir: Apelar a las autoridades y a los órganos de poder de la sociedad para que desarrollen iniciativas encaminadas a combatir la violencia callejera, aunque contribuye a visibilizar problemas y señalar puntos hacia donde debe dirigirse la mirada de las autoridades, no parece un recurso efectivo por el tono ligero y en apariencia descomprometido en que está presentado el señalamiento. Mi compromiso con el tema nunca ha sido ligero. Desde hace muchos años he encabezado en Cuba y varios lugares de América Latina como Honduras, Colombia y México, grupos de hombres y masculinidades para promover con profundidad y compromiso estas tareas.

Como consultor en temas de violencia y masculinidades de varios organismos de la ONU, me he vinculado con realidades sociales concretas que van más allá de un estudio de caso o una entrevista realizada en una oficina. La lealtad con la temática de la no violencia me lleva casi todas las semanas a realizar acciones sin ligerezas y descompromisos como argumenta Ana Vera. Ella no es conocida por realizar ninguna labor de prevención social, ni trabajo con grupos vulnerables ¿Por qué exige con lo que no predica?

Un sesgo en su trabajo es la discriminación generacional contra los investigadores jóvenes que integran el equipo de trabajo de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades. El prologuista Yonnier Angulo Rodríguez, graduado y en un punto culminante de hacerse Máster en Estudios de Género de la Universidad de La Habana no es solamente una persona que explicita los objetivos de su maestro como argumenta Ana Vera. Ella descalifica al investigador Angulo Rodríguez al decir parece un tanto ingenua su aspiración de que el libro se constituya en herramienta de transformación social.

Te puedo decir Ana que este libro sí se ha convertido en herramienta de trabajo de transformación social con la venta de 40 mil ejemplares en toda la Isla y una amplia difusión en todos los medios de comunicación del país. Este año junto al equipo del Foro de Masculinidades en Cuba y acompañando la gira contra la violencia de género de la cantante Rochy, visitamos 17 ciudades impartiendo talleres con jóvenes y otros sectores sociales desfavorecidos socialmente. Los campesinos bajaron de pueblos aledaños con el libro para preguntar y analizar. Las escuelas lo están utilizando para sus debates sobre la violencia de género y es un referente en las nuevas tesis de obtención de grados científicos de todo el sistema de enseñanza del país. Esto acaso no es una transformación social en un país machista donde cuesta aun mucho debatir sobre estos temas ¿Cuál es tu concepto de transformación social? ¿Lo tienes?

A los autores jóvenes Yonnier Angulo Rodríguez y Dayron Oliva Hernández  también los descalifica en el último capítulo sobre Masculinidades y Migración que realizan con mi coautoría cuando dices: exagera al aceptar sin demasiados argumentos la existencia de una imagen descalificadora de los inmigrantes gallegos en la mentalidad popular cubana de la primera mitad del siglo XX (…) Es uno de los peligros de esbozar conclusiones sin partir de una exposición de los datos que las sustentan. Por supuesto que este libro no es una tesis doctoral, y tú misma le restas importancia con otro argumento  descalificador al subestimar la importancia que tienen para un trabajo histórico  las fuentes  publicisticas y documentales que se utilizan.

En la entrevista ya citada al periódico Granma se dice sobre tu trabajo: Al indagar por las fuentes utilizadas en sus investigaciones refiere la oral, los testimonios y entrevistas, a través de los cuales puede escribir las historias. Creo que tus declaraciones  ilustran lo peligroso de hablar sobre la metodología de la historia social y sus fuentes sin conocerla a profundidad. Esto te llevó en el pasado también a intentar descalificar la obra de las historiadoras Raquel Vinat y Dania de la Cruz, algo que no pudiste realizar por tu bajo perfil académico en asuntos de metodología e historia.

Los investigadores Angulo Rodríguez y Oliva Hernández son jóvenes historiadores con un amplio dominio de la metodología y la teoría de la Historia de las cuales son graduados con máximas calificaciones. Ambos son ganadores de la Beca de investigación Ernesto Che Guevara de la Asociación Hermano Saiz (2010) y fueron sometidos todos sus argumentos, esbozados en el libro,  a tribunales de la Facultad de Filosofia e Historia y la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana.

Los  tribunales de tesis contaron con la presencia de reconocidas figuras de la historiografía cubana y  los estudios de género como son la Dra. Francisca López Civeira, Dr. Edelberto Leiva,  Dra. Norma Vasallo y Dra. Isabel Moya por solo citar algunos nombres. Solamente estos argumentos servirían para pensar donde sometes tú los criterios tan ligeros sobre estos temas sociales. Dudo mucho que con el rigor que tienen los  Consejos Científicos tanto cantinfleo sea homologado alguna vez. 

La comparación errática y malintencionada de mi figura con la del desparecido ensayista Rufo Caballero, añaden otras licencias irrespetuosas. Realmente el fue un crítico con una obra conocida alejada del vicio de otros investigadores de solo realizar compilaciones y coautorías, anotándolas posteriormente en su currículo para figurar como autores.

El compromiso con mi país, el tema y el cambio de mentalidades está sustentado por muchas acciones verificables. Invito a Ana Vera Estrada a un debate público, donde pueda dar la cara sobre el tema y mostrar sus aportes al tema de las masculinidades.
  

                                                                                                           La Habana, septiembre de 2012.

sábado, 22 de octubre de 2011

Masculinidades en Latinoamerica



En la foto el profesor Julio César González Pagés durante su intervención en el seminario taller organizado por la Universidad La Salle y ASPACIA



por equipo RIM

Los enigmas del machismo, el vinculo que tiene con las masculinidades y el recorrido de estos estudios en América Latina fueron algunos de los aspectos abordados por más de seis horas, ayer sabado 22 de octubre, en un taller que ofreció en la Universidad de la Sallé, en coordinación con la organización ASPACIA, el profesor y investigador cubano Julio César González Pagés como parte de un postgrado sobre Violencia que organiza el prestigioso recinto universitario madrileño.

La violencia y sus posibilidades de evitarla tuvieron varios debates alrededor de videos clips musicales y valoraciones del impacto del deporte en vincular a los hombres en nuevas conductas.

martes, 26 de julio de 2011

“Macho, varón, masculino en la villa de Guanabacoa”


Presentación de Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba de Julio César González Pagés en Guanabacoa.






Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades

La Habana/23 de julio. Con motivo de las lecturas de verano organizadas por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Provincial del Libro, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, Julio César González Pagés, presentó su más reciente obra Macho, varón, masculino: Estudios de masculinidades en Cuba, en el municipio capitalino de Guanabacoa.

La presentación, realizada en el Café Literario, contó con las palabras iniciales de Víctor Montes de Oca Jiménez, presidente del Consejo del Libro y la Literatura de ese municipio, quien además de agradecer la presencia del prestigioso autor, hizo un recuento, para el interesado público asistente, sobre el significativo recorrido académico y profesional del invitado.

Por su parte, al expresar que era una ilusión estar en Guanabacoa, Julio César González Pagés reconoció la importancia de compartir Macho, varón, masculino…en un lugar emblemático para la propia historia de la capital cubana, ya sea por su identidad o por la masculinidad que matiza la mitología y la práctica religiosa popular de esta antigua villa.

Sobre el título que escogió para dar nombre al texto, manifestó el también profesor de la Universidad de La Habana, que partía de una provocación que incitara el debate y la polémica en todos los ámbitos sociales, debido a que “macho, varón y masculino” ha sido una definición cotidiana común para la masculinidad en Cuba, sin importar la clase, la raza, el nivel cultural, etc.

Con el objetivo de reflexionar acerca de los imaginarios sociales y culturales sobre los hombres cubanos, las contradicciones en torno a las formas de ser hombres y las realidades que viven, y la necesidad del estudio de la masculinidad para tratar la violencia, González Pagés destacó no solo el porqué de esta obra, sino el modo en que se aborda la masculinidad a partir de las temáticas escogidas: el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.

Asimismo, refirió sobre las distintas temáticas, que representan la urgencia de discurrir sobre el mundo inexplorado de los hombres, las relaciones entre ellos y para con las mujeres e hijos/as, así como las implicaciones sociales en la salud, las conductas agresivas de los varones, entre otros aspectos. De ahí que González Pagés indicara el significado de la aparición de Macho, varón, masculino…, para evitar un reforzamiento del machismo en Cuba y cuestionar aquellos espacios que lo reproducen, y que gozan de gran popularidad, como son los casos de los videoclips cubanos.

viernes, 15 de abril de 2011

“Masculinidades desde pastos y forrajes”


El Dr. Julio César González Pagés durante la presentación del libro Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba en la comunidad matancera de Indio Hatuey.



Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades.

Perico/Matanzas, 12 de abril. Como parte de las actividades en ocasión del cincuenta aniversario de la creación de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, ubicado en el municipio matancero de Perico; el Dr. Julio César González Pagés (coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades) realizó una presentación especial de su última obra Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba, que salió a la luz con gran éxito durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro.
En el centro de investigación de referencia nacional e internacional, que también dedica esfuerzos por el aseguramiento de sistemas de alimentación sostenibles para rumiantes, su director Giraldo J. Martín Martín agradeció a González Pagés la oportunidad para los trabajadores/as y profesionales de las ciencias agrícolas de debatir sobre aspectos importantes de la cultura y la sociedad como el tema de la masculinidad.

Por su parte, el autor de Macho, varón, masculino… expresó las razones que motivaron la presentación en ese emblemático lugar para las ciencias agrícolas cubanas, de incluir el ámbito rural y poner a discusión el machismo tan arraigado en la sociedad. Agregó que el título resultó provocador, porque además de ser una reafirmación del modelo de masculinidad hegemónica, ha sido una tríada popular de identificación para los hombres cubanos.

Como resumen de más de diez años en experiencias alrededor del estudio de las masculinidades, a través de talleres, conferencias y seminarios, señaló que el libro era una necesidad, pues toca aspectos vulnerables, inquietudes y problemáticas que envuelven las masculinidades para los hombres. En este sentido, refirió cada una de las temáticas que se abordan en el libro como el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.

Acerca de la importancia de tratar cada uno de los aspectos estructurales del libro, González Pagés indicó las consecuencias para los hombres del modelo machista, como en la salud, en la violencia hacia las mujeres, en los miedos al cambio, en la “honra masculina”, en los homicidios, en la obsesión por el dinero, del desempleo e incumplimiento del tradicional rol de proveedor, etc. En su criterio, como las sociedades van más rápido que las ciencias sociales, significaría un gran paso que hombres y mujeres participen del diálogo en la comunidad sobre estas problemáticas, desde lo personal: “Hay que lograr que la agricultura sea sostenible en el plano humano”, subrayó.

Por otro lado, con una proyección hacia el futuro junto con la idea de aprovechar las nuevas tecnologías, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades destacó que Macho, varón, masculino…es una apuesta al cambio para los más jóvenes. Subrayó que es un libro para todas las edades, pero en especial para los menores de 25 años. No solo expuso su voluntad profesional que ha implicado a estudiantes de la Universidad de La Habana en los estudios de masculinidades, sino que reveló una compilación de 69 materiales audiovisuales, muy útiles para el tratamiento de las masculinidades desde múltiples dimensiones, producido por la propia Red Iberoamericana de Masculinidades, y que fuese realizado en su mayoría por alumnos sin formación cinematográfica de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

A raíz del interés general que despertó en la audiencia y el debate suscitado, González Pagés insistió que la obra presentada persigue el objetivo de reflexionar sobre las masculinidades en los hombres, debido a que es un tema cultural, fruto del aprendizaje, para lo cual la educación es una vía de cambio: “Los hombres no deben dejar de ser masculinos, sino lo que debería cambiar son las estructuras e ideologías machistas que generan violencia”, concluyó.

domingo, 6 de marzo de 2011

ENTRE PÁGINAS DE MASCULINIDAD



Actor mimo con ejemplar del libro Macho varon masculino de Julio César González Pagés




Por Ignacio Cruz Ortega
idcruz@enet.cu
CMBF Radio Musical Nacional, 2010

El universo que la literatura ha podido desarrollar, entre todas sus formas, desemboca en las más disímiles riquezas generadas por el pensamiento y la actuación del variopinto universo de criaturas con que se pobló el mundo de las letras.
En ese entramado de personajes, reales o imaginarios, la mujer de carne y hueso se vio arropada de dicotomías y adversidades con que las vistieron la mar de páginas.
Más allá de cualquier ficción posible, aunque partiendo de sumas semejantes, Julio César González Pagés (La Habana, 1965) logró su Macho, varón, masculino. Estudio de masculinidades en Cuba (Editorial de la Mujer, 2010), presentado en el contexto habanero de la 20ª Feria Internacional del Libro.

El volumen, desde el comienzo, motiva a los lectores hacia posibles descubrimientos relacionados con modelos hegemónicos sexistas establecidos por la tradición en la Isla; de manera que –hombres y mujeres- puedan sentirse atraídos hacia circunstancias de las cuales forman parte, al unísono.

Partiendo de una aclaratoria Introducción que revisa la historicidad del tema, el estudio de González Pagés va más allá del enfoque docto con que inició el texto; llevando inmediatamente, y a través de un lenguaje llano, a esos descubrimientos anunciados.

Encontraremos –asombro de por medio- la imagen varonil con que José Martí describió a la camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, o la preocupación moralizante impresa en el periódico independentista Patria, ante renovaciones femeninas decimonónicas.

De aquella época González Pagés rescata a la emigrada Quirina Martínez, perteneciente a uno de los clubes patrióticos de mujeres en los Estados Unidos, criticada por montar bicicleta, cortarse el pelo y fumar cigarrillos en público*.
Mientras, siguiendo el curso inicial de su Estudio…, devela como real a la célebre Titina –protagonista de una anónima y olvidada canción popular- quien fuera la gallega Antonia Martínez, citándola como probable primera mujer en hacer uso de la bicicleta en Cuba, a fines del siglo XIX.

El autor se sirve de aquellas situaciones pretéritas en su interés por destacar el androcentrismo social prevaleciente en la Isla, al tiempo que repasa el curso del movimiento feminista y los cuestionamientos que originó aquel en los ya lejanos años veinte del siglo pasado.

Esa forma anecdótica asumida por Julio César González Pagés alcanza, para bien, los restantes capítulos del libro; que, matizados por enfoques didácticos –que no dogmáticos-, transita por asuntos relacionados con la violencia, la sexualidad, la paternidad y, hasta la migración de gallegos y canarios; centralizados por el egocentrismo masculino con sus estereotipos patriarcales.

Aún cuando las páginas regresen historias pasadas, está de más –entonces- pensar que con los cambios vividos en el país, se desterró el machismo contrario a la igualdad de hombres y mujeres pensada en beneficio social.

Lo hace valer el autor en el capítulo que dedica a la violencia, asignada socio- culturalmente a los hombres en el decurso de la historia con sus apelativos de duro, fuerte o macho; y el la legitimada honra masculina, enunciados entre acciones del pasado y el presente, para concretar comportamientos violentos como reafirmación de la masculinidad: una condición que se le impone a los hombres.

Con tan evidente atención historicista y alcanzando evidencias de actualidad, Macho, varón, masculino converge en arraigos que se transformaron siendo perdurables, cual vigencia en el país, no ajeno –por su inserción- a similares expresiones en el mundo.
Va de un tiempo a otro y, de tal manera, González Pagés puntualiza y generaliza en su Estudio…, hasta hacer del libro una atención valiosa sobre qué distinto se pudo ser y cuánto falta por cambiar y concretar en un universo de equidades comunes en el transcurso de los tiempos.

* Las cursivas son textuales de la edición.
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és

martes, 22 de febrero de 2011

Masculinidades y audiovisuales: desmontando la pirámide desde abajo


Por Susana Méndez.

Como parte del programa del Postgrado Género y Comunicación que se realiza en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, desde el pasado día 8, en la tarde ayer se llevó a cabo el Taller masculinidades y audiovisuales.

Esta acción fue liderada por el Doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés, quien accedió a comentar sobre las características de los talleres de masculinidades que coordina la organización que representa y en especial acerca de éste, dedicado a la producción audiovisual.

¿Cómo surgen los primeros talleres?

Surgen cuando vemos que los más jóvenes necesitan de nuevas formas de comunicación que no sea lo escrito, sobre todo porque los talleres los comenzamos con estudiantes del área de las Ciencias Sociales y ahí empezamos a trabajar con los programas nuevos que existen y con las posibilidades de instrumentos que brindan las computadoras y ahí nació el primer taller en el año 2007 en Cuba y empezó un movimiento en el que al principio eran muchos; hoy casi todos hacen grupos de dos y tres y realizan videos y hemos logrado que en la facultad, no solo los muchachos que pertenecen a la red, sino el resto de los estudiantes como trabajo final hagan audiovisuales, por lo que se han convertido en talleres de comunicación audiovisual constante durante todos los semestres.

Alguien me decía que ya podíamos hacer una muestra de audiovisuales de los estudiantes de las Ciencias Sociales y le tomamos la palabra y la vamos a hacer en marzo como parte de la jornada científica de nuestra facultad.

De esa experiencia primera tenemos videos que la propia televisión nos está pidiendo como el Canal Habana, Tele Cristal, para campañas específicas como las realizadas contra la homofobia y la violencia y eso nos llena de satisfacción porque no era el objetivo inicial que entraran los videos en los grandes medios, pero creo que cuando existe el empeño, la voluntad, la vocación y la ideología, para abordar las temáticas, muchas personas confían en ese discurso y se abren los caminos porque esas personas lo necesitan ya que no estamos hablando de algo ajeno a lo que encontramos en la familia o en el vecindario y las personas requieren de un discurso de cambio en estas temáticas, no creo que sean las instituciones solas las que logren remover estas estructuras arcaicas, si no las personas, las comunidades y los centros unidos a estas instituciones que pueden ofrecer los medios, los espacios y yo creo que esto ya está pasando y me siento muy optimista.

¿Cuál es el objetivo de los talleres?

El objetivo de estos talleres sobre el tema de masculinidades es llevar a la práctica mucho de lo que habíamos planteado como teorías y sobre todo crear instrumentos de trabajo para hacer comunicación pero no solo como hacen los grandes medios, la televisión, la radio, los rotativos, sino también desde la educación, poder trasmitir que todos comunicamos, por ejemplo, cuando hacemos un pequeño video casero; hoy en día es muy usual, que una forma de comunicar sea a partir de la fotografía porque se ha digitalizado, debemos analizar entonces qué retratamos, qué vemos, con qué visión lo hacemos, con qué intención, desde qué posición.

Creo que esto que le hemos enseñado a nuestros estudiantes nos permite un primer objetivo, si logramos crear entre las nuevas generaciones productos menos sexistas esto ayudará a desmontar esa educación patriarcal que recibimos de casi todos los medios, formales e informales, yo creo que ese es el objetivo uno cumplido.

¿Cuál es el camino futuro?

Como meta futura nos plantearíamos que no sea solo un trabajo de Cuba porque en este postgrado tenemos estudiantes de varias zonas de Iberoamérica y yo creo que una de las cosas que más impactó fue la juventud de muchas de las personas que se involucran en el trabajo de la Red Iberoamericana de Masculinidades por una simple razón, sabemos que en los jóvenes de hoy en día está depositado el futuro del mundo; yo pienso que el futuro de Cuba, en cuanto a los trabajos de géneros, está en nuestras universidades y yo, para darte un mensaje optimista, estoy muy feliz de que muchos de ellos ha apostado por este tipo de cambio.

¿Qué aporta este taller a la batalla por la comunicación de género?

Yo creo que el taller permitió, sobre todo de cara al futuro, dar las bases para desmontar también las hegemonías de las masculinidades sobre los medios de comunicación, sabemos que éstos son liderados por hombres y nosotros estamos desmontando la pirámide desde abajo, desde la gran masa donde todos somos comunicadores, desde cualquier medio, porque podemos utilizarlos todos, como el Facebook, porque por ejemplo creamos un facebook de masculinidades, bajamos de You tube, música no sexista y como linkeamos a tantas personas podemos compartir información, tener debates, etc.

Sabemos que en Cuba tenemos muchas dificultades con las conexiones pero las personas que podamos acceder, debemos hacerlo; siempre pienso que no podemos decir no y utilizo muchísimo la frase no preocuparse sino ocuparse.

Nosotros podemos ocuparnos desde el puesto que tenemos y creo que cada medio que tengamos a nuestro alcance por mínimo que sea puede llevar un mensaje de aliento. Yo siempre leo, por ejemplo, el mural de mi edificio, que lo hace una vecina y tiene desde chistes hasta los cumpleaños de mis vecinos y vecinas, referencias al stress, al beneficio de la paciencia, etc. y realmente es un medio de comunicación que leen más de 500 u 800 personas a la semana, por tanto es importante y esta es una muestra de que no se debe desechar ninguno y que no se debe dejar solo a las personas que se dedican a la comunicación la posibilidad del cambio.

Yo como profesor, desde el aula, puedo insistir e incidir en parte de la cultura del cambio y lo intento hacer, sin pensar que voy a cambiar a mi país, yo creo que cambiar a mi país en estos temas es tarea de todos y todas, no lo debemos depositar solo en una organización o en un ministerio, si no en todas las personas que podamos, por eso es tan importante que lo que hagamos, en algún sitio y muestra de eso es esta entrevista, pueda ser conocido más allá de las personas que nos involucramos directamente.

Ver en http://periodismojosemarti.wordpress.com

martes, 8 de febrero de 2011

¿MACHO, VARÓN Y MASCULINO? Entrevista con Julio César González Pagés




Por Antonio López Sánchez

Dentro de las propuestas que publica la Editorial de la Mujer en la venidera Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, el tema de las masculinidades ocupa un importante espacio. Macho, varón, masculino, es un título que por primera vez en Cuba sistematiza científicamente los resultados de una fructífera etapa de trabajo investigativo sobre ese tópico.

El autor de este texto, el Doctor Julio César González Pagés, es uno de los prominentes estudiosos de las materias de género en Cuba. Además, a partir de su labor como profesor, ha nucleado a un grupo de jóvenes intelectuales que también centra su mirada en el análisis de las masculinidades, como parte inseparable de las investigaciones con perspectiva de género.

Para indagar sobre los motivos, contenidos y frutos que ofrece este libro, fueron nuestras páginas al encuentro de su autor. Como siempre, Julio César se muestra como un entrevistado pródigo, sin poses, con múltiples opiniones, buen humor, y siempre asentado en la solidez argumental con la que defiende sus ideas. En esta ocasión además, como buen telón final de la entrevista, nos ofrece en exclusiva adelantos de sus trabajos por llegar.

¿Cuál es la novedad este libro con respecto al estudio de las masculinidades?


En este libro, es la primera vez que se reúnen estudios sobre la masculinidad, partiendo de preceptos científicos. Es la primera sistematización que se hace de varios estudios que previamente pudieron ser trabajos de tesis o algún otro dentro de la lógica de una investigación, dentro de los foros, en fin. Aunque es un libro mío, hay trabajos que son escritos en coautoría con varios de mis estudiantes, que muchos están actualmente en la realización de sus tesis de maestría.

¿Objetivos principales, resultados palpables?


Es un trabajo hecho con toda la intención de cerrar un momento, una etapa de la labor de un grupo de estudiantes que yo he liderado y que por supuesto dará paso a la otra etapa.
Nuestro país podrá contar entonces con estudios más específicos en temas más particulares. Ahora la intención era enunciar en un todo un trabajo ya hecho, desde jornadas, desde talleres y otros espacios. Lo que sí existía, incluso la Editorial de la Mujer tiene participación vital en esto, es una serie de acercamientos desde el periodismo, desde enfoques investigativos o entrevistas, pero no con la lógica de una investigación.

Por eso decimos que este libro es el primero, con la lógica de una investigación, que reúne lo que es la masculinidad como concepto teórico, como metodología cercana a los estudios de género. El aporte que le podemos hacer a la sociedad es crear indagaciones y acercamientos cubanos a la temática. No es reproducir, como se hace en otras áreas, investigaciones de académicos extranjeros. Este libro responde a una mirada cubana de las masculinidades. Por eso desde el título hay una frase como Macho, varón, masculino, que es como nosotros llamamos a la masculinidad hegemónica, al machismo en América Latina; tiene toda esa intención de provocar.

Para los lectores no especializados, y para las lectoras por supuesto, ¿qué les puede conllevar en positivo la lectura de este texto?

Te lo puedo decir desde lo personal. Ese libro me lo inspiraron las propias dudas que yo he tenido toda mi vida acerca de mi masculinidad. Dudas que nunca me fueron aclaradas, dudas que son los estudios los que me las han ido aclarando. Me ha costado 45 años de vida, de estudios, de doctorados y tal. Por eso quien se lea este texto lo puede entender. No está escrito con la vanidad académica para que sea entendido sólo por un grupo selecto. Está hecho para cualquier persona; para una muchacha que piense que si es feminista y defiende su derecho de mujer, sea algo malo, o si puede tener un novio más o menos masculino, en fin. Todas esas dudas que encierran el desconocimiento del lenguaje de la teoría y que, contradictoriamente, muchas veces hacen que nos autorreafirmemos como todo lo contrario a lo que somos. Defendemos el derecho de las mujeres y decimos que no somos feministas: Eso es una contradicción. Somos hombres amables, delicados, y entonces nos decimos que no podemos ser masculinos: ¿Por qué no? La masculinidad no es algo malo, lo malo es la violencia.

A un hombre le puede gustar hacer ejercicios, seguir las modas, tener amaneramientos totalmente masculinos, eso no está mal. Lo que está mal es ser violento, descortés, agresivo. Muchas veces se piensa que con un hombre más femenino se resuelven los problemas de la equidad. No es así. Donde está la equidad es en no temerle incluso a la mujer muy femenina, a un hombre masculino, en sus estereotipos, pero con un comportamiento y un pensar adecuados.

Este libro ayuda un poco en esas cosas que a veces parecen trabalenguas. En especial a la adolescencia. En la Universidad, por ejemplo, quienes se acercan a estos temas, por lo general lo primero que piensan cuando hablas de la masculinidad, es que vas a hablar sobre la homosexualidad. Y sabemos que una sociedad homofóbica como la nuestra, ese desconocimiento hace que se rechace entonces estos estudios, abordar estos temas. Se habla de la homosexualidad, pero como un tema más, no es un eje protagónico; se aborda, pero dentro del espacio que le toca dentro de otros múltiples temas y aristas.

Todavía hay una gran desinformación respecto a estos temas y se les califica como materias sólo para académicos.
Creo que es un libro para compartir en colectivo, en la familia. Por ejemplo, cuando haya una burla a un adolescente por el tamaño del pene o cómo se asume la paternidad, o cómo conocer y evitar la violencia y cómo tratarla si surge. El libro te da la posibilidad de ver esas temáticas desde la historia y desde la actualidad. En comparaciones, en aristas diferentes. Pero, sobre todo, te da la posibilidad para seguir indagando. No es un manual de buenas prácticas para que busques cómo debe comportarse un hombre en cada momento, sino una herramienta para seguir adelante, para investigar más. Por eso tiene una amplia bibliografía, para que a quien le interese ampliar más sobre determinado tópico pueda ir a otros estudios.

Al ser una sistematización, intentamos que todos los autores cubanos que se han acercado a estas temáticas, desde diferentes aristas, aparecieran en esa bibliografía. No es darlo como algo fundamentalista. No tiene ninguna intención de convertirse en un si me leo esto ya no me hace falta leer nada más. Al revés, el libro crea la sed de otro conocimiento, está hecho con esa intención.

Los mencionas en el texto, los has mencionado en el diálogo, pero quisiera que lo dejaras en blanco y negro. ¿Cuánto de la labor de tus estudiantes está en estos resultados?

Sin ellos no existiría el libro. Un libro no es sólo escribirlo y ya, en especial en las ciencias sociales, donde hay que investigar. La presencia de mis estudiantes es definitiva por los mismos criterios. He escrito y cada cosa que he escrito se ha debatido; algunas secciones las hice en coautoría y hay una serie de aportes que son de mis estudiantes. Por ejemplo, la revisión final de la investigación como tal, la hicieron dos estudiantes del equipo.

En general han sido muy rigurosos, han planteado problemáticas. Creo que es importante porque la conformación de un pensamiento colectivo en un área de investigación va creando una cátedra. Este libro es como el principio de reafirmación de que ya hay una cátedra de estudios de la masculinidad. No queda un nombre, no es que esté Julio César, aunque me ha tocado ser un poco el papá colectivo, como decíamos en broma hace poco. Es que hay un grupo de jóvenes que han tenido la osadía de integrarse a estos estudios. Además me han aportado la visión de otros hombres que no soy yo, percepciones diferentes de la masculinidad. Este libro culmina una etapa de trabajo en colectivo.

¿No te preocupa ser una especie de Saturno devorando hijos, o siendo devorado tú mismo, o en el papel del profesor impositivo?

Siempre hay riesgos. A veces, en la enseñanza, y más en temas tan especializados, hay que ser más o menos democrático o más o menos autoritarios, según sea el caso. Para instruir y a veces hasta para salvar de un posible ataque. Soy un profesor que me gusta dar clases. Me he realizado con este período de docencia, de talleres, que cierra el libro. Me ha permitido conocer sectores de la población de mi país en este tema de las masculinidades, que si no hubiera tenido un colectivo de jóvenes conmigo, me hubiera sido imposible. Detrás del libro, aunque no se vea de modo explícito, hay talleres, diálogos, intercambios, desde grupos tan diversos como reclusos, dirigentes campesinos, policías, universitarios. Cuando haces ese recorrido con varios ojos, cuando lo miras no sólo desde tus propios prejuicios o valoraciones, sino que te acompañan criterios diferentes, se amplía extraordinariamente esa visión y, por supuesto, se amplían los resultados.

Apostar por los colectivos es muy difícil, pues el ser humano tiene una tendencia muy fuerte a la individualidad, pero en esta ocasión primó el colectivo. Todas las personas que acompañaron este libro están ahí referidas y creo que además es un buen ejemplo de cómo se puede construir un conocimiento de forma colectiva. Es un reto pensar en colectivo.

¿Adelántanos qué viene después de Macho, varón, masculino?

Ahora, con los sobrevivientes que no devoré o me devoraron por el camino, estamos en un libro que sugiere desde el nombre. Más o menos se llama, Sexo, música y deportes: Cosas de hombres, y trae algunas otras visiones de estos temas. Y mi equipo de estudiantes, ahora sin broma, son ya autores más formados. Pasaron toda la etapa de la licenciatura, están muchos en sus maestrías. Es como una segunda temporada, como se usa ahora.

Este nuevo trabajo es también la posibilidad de mostrar cómo una academia de estudios en Cuba, integrada en su totalidad por jóvenes, puede seguir una línea de investigaciones. Pueden ser las masculinidades, pero puede hacerse en muchas otras áreas de la investigación.

Eso de que en colectivo podemos ser más fuertes, podemos lograr más cosas, socializar más crear redes, es rigurosamente cierto en este caso. Toda la tecnología, los ipods, las computadoras, todo lo que hoy existe que por un lado nos individualiza tanto, pues, puede ponerse en función de las investigaciones, en función de aprender más, y en función del colectivo.

Publicado en:http://www.mujeres.co.cu/
Revista Mujeres Digital

viernes, 28 de enero de 2011

Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba




Portada del Libro Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba del escritor Julio César González Pagés





La construcción de la masculinidad desde diferentes ámbitos: los mitos de la sexualidad masculina, los mandatos culturales de la masculinidad hegemónica, entre otros, son temas poco tratados en nuestro contexto y que resultan imprescindibles para la comprensión de la influencia cultural en la construcción de los roles de la masculinidad.

Título: Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba

Autor: Julio César González Pagés

Editorial de la Mujer, La Habana, 2010.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Ángel de Sodoma y la construcción social de la “normalidad” genérica

Por Reinier Borrego Moreno.
Estudiante de 4to.
Año de Lic. en Historia,
Universidad de La Habana.

A manera de introducción


¡Fíjate bien, ese tipo es tremenda loca, un tremendo maricón y anda por ahí exhibiéndose como si na’. Yo te digo que prefiero ser ladrón o asesino, cualquier cosa menos maricón! En esta cotidiana expresión de nuestra sociedad contemporánea, utilizada muchas veces para referirse peyorativamente al hombre homosexual, considerado más denigrante e igualado a veces con asesinos, ladrones y otras figuras delictivas; se insinúan una serie de códigos que expresan la forma, en la que en nuestra cultura se participa todavía de una serie de prejuicios y reacciones emocionales contra la homosexualidad. Prejuicios y reacciones que tienen que ver también con una postura machista y hegemónica de lo masculino; con una visión dualista de la vida que no acepta la diversidad sexual, confinando a los homosexuales a una vida al margen y condenándolos a la discriminación social ya sea encubierta o declarada.

Pudieran extraerse otras valoraciones sobre esta actitud más o menos generalizada respecto a la relación entre hombres de un mismo sexo, y hago énfasis en esta manifestación de la homosexualidad, ya que en el gremio de “los verdaderos hombres”, no parece existir, hoy en día, un criterio igual de prejuiciado y ofensivo cuando la relación es entre mujeres; lo que deja claro además, la persistencia de una concepción de dominio masculino, que considera en muchos casos este vínculo entre mujeres como estimulante para su satisfacción sexual. La aceptación del lesbianismo solo se realiza en función del macho que quiere disfrutar de ello y no a partir de una comprensión real de la naturaleza y el sentido de esta práctica entre mujeres, e incluso, existe la falsa creencia de que la satisfacción de las mismas depende de y solo es posible a través de la utilización de objetos consoladores, penes artificiales u otros objetos; manifestación de un androcentrismo que no solo somete a la mujer en las relaciones heterosexuales, sino que además busca invadir los espacios íntimos en los que se manifiesta esta variante de la homosexualidad.

El énfasis en la localización de estos individuos, el fíjate bien, parte del hecho de resultarle a la mayoría de la población sujetos raros por su preferencia sexual. Se busca llamar la atención sobre su presencia y ello no precisamente porque sean pocos o estén en peligro de extinción, sino que el asombro está, más bien, en consonancia con la manera en la que históricamente se les ha visto desde una “normalidad” sociocultural heterosexual que los ha considerados “anormales”. En dicha frase, se manifiesta, la forma en la que nuestra cultura occidental y por pertenencia nuestra cultura particular, ha concebido la homosexualidad y las prácticas sexuales ; se expresa el rechazo social y la no comprensión, por considerarse en muchos casos no solo una enfermedad aberrante, sino también una desviación del comportamiento social, una fuga de la “normalidad” establecida en nuestra cultura occidental.

Quede claro, que me refiero a una actitud que para nada pretende ser una generalización absoluta de nuestra sociedad, pues sería obviar lo que en materia de sexualidad y derechos humanos ha ganado nuestra civilización y particularmente nuestro sistema en el último medio siglo, donde el reconocimiento y la aceptación de la diversidad sexual y la condena a la discriminación se ha hecho explícita en la Constitución de nuestro país, siendo esto no suficiente, se han realizado y con mayor insistencia en los últimos años, una serie de proyectos que buscan promover la aceptación real y no solo formal de estas personas en la sociedad, teniendo en cuenta que más que un problema jurídico, constituya un hecho cultural; combatiendo contra los históricos prejuicios, aun cuando sean subconscientes, que consideran la homosexualidad como algo negativo.

Sin embargo, se trata de un proceso complejo que debe romper con valores y concepciones muy enraizadas en el tejido social y una mentalidad formada durante siglos, producida y reproducida por vías multiformes y técnicas diversas. Ello tiene que ver, con la forma en la que toda cultura legitima para sí como válidos y normales determinados comportamientos, valores y actividades; rechazando aquellos que no se corresponden con los principios establecidos y que constituyen dentro de ella desviaciones, así como la manera en que estos principios se socializan y entronizan en el imaginario colectivo y la conciencia que de sí misma tiene cada sociedad.

La cuestión de la homosexualidad, así como la heterosexualidad, bisexualidad y otras manifestaciones de la sexualidad humana, no puede ser comprendida fuera de una perspectiva histórica, que la examine desde una teoría de género; no podría comprenderse de forma íntegra, sin un análisis de las relaciones de poder y estrategias de dominación que en nuestra cultura patriarcal han sustentado la dominación masculina y la heterosexualidad como norma.

En El Ángel de Sodoma (1926), obra inaugural en el tratamiento de la homosexualidad dentro de la novelística cubana, su autor Alfonso Hernández Cata, “deconstruye el espacio sociocultural de su época poniendo en evidencia el contenido represivo del mismo cuando se trata de sujetos que no siguen las normas” (JAMBRINA, 2010). En esta valiosísima obra de la literatura hispanoamericana, la puesta en discurso del tema homosexual, sirve no solo para condenar el carácter homofóbico de la cultura occidental, sino que además la preferencia sexual de José María es utilizada por el autor para denunciar todo un sistema, marcado por el conservadurismo, los convencionalismos y autoritarismos; manifestando además, la profunda crisis cultural y existencial de la época.

Si bien el discurso medular de la obra está en función de reflejar los conflictos internos y sociales de José María, personaje principal de la novela, durante un proceso de autoreconocimiento de su condición homosexual, esta no constituye la única crítica presente en la obra de Cata, e incluso, el hecho homosexual en su obra no puede comprenderse aislado de otras realidades socioculturales de la Modernidad y principios establecidos como normas en dicho proceso histórico.

En este sentido, el presente trabajo, en tanto aproximación a esa obra, tiene como objetivo analizar, desde un enfoque de género, algunas de las cuestiones abordadas por él en esta novela. Analizar principalmente lo que podrían constituir las causas que llevan al suicidio de José María Vélez Gomara, pero sin descuidar en la medida de lo posible, la presencia de otras muertes inducidas en la trama de la obra, situaciones y muertes, que en su acertada presentación por parte del autor, se convierten en filosos discursos transgresores de la “seudonormalidad” socialmente construida.

Dejo claro, que dicho intento no pretende agotar la riqueza interpretativa que la obra sugiere, como tampoco constituye un trabajo exhaustivo sobre los problemas de género y sexualidad. Hay que reconocer además los estudios que sobre dicha novela se han realizado, no solo desde un perspectiva estético-literaria sino también ético-social, por autores como Víctor Fowler en La maldición: una historia del placer como conquista (1998); por Juan Carlos Galdó en Usos y lecciones de un discurso ejemplar: a propósito de El Ángel de Sodoma (2000); por Emilio Bejel en Las contradicciones del positivismo en El Ángel de Sodoma ; así como los estudios que en Cuba y sobre la homosexualidad y literatura han realizado Marilyn Bobes y Abel Sierra Madero, entre otros.

Sexo y género de un hombre- “madrecita”

Amparo convaleciente de enfermedad, ante los inmejorables cuidados que su hermano José María le dispensaba le dice a este:
“Anoche, cuando me traías la cucharada, estaba medio dormida, y al oírte me pareció que no eras tú, sino mamá.”

Esta revelación en boca de la hermana mayor de José María, había cuajado en la visión de la gente del pueblo cuando “solo por la dulzura de sus ademanes y gestos, comentaban: - ¡Hay que ver!...Es una verdadera madrecita”. De esta manera se le identifica a la madre, al parecer de forma exclusiva, con la dulzura, el cuidado atento y los gestos suaves, entre otras características. La madre, rol femenino en el proceso reproductivo, capitaliza de este modo la crianza de los y las menores, fundamentándolo en la vieja consideración de que están mejores dotadas para la crianza y el cuidado de los críos, frente a la aparente incapacidad para este ejercicio de los hombres. Resulta ello un viejo mito, sustentado en una construcción sociocultural de géneros a fines con el sexo biológico.

El hombre es masculino y la mujer femenina y ello define las “creencias, valores, actitudes, formas de comportamiento, rasgos de personalidad, e incluso actividades que sustentan y ejercen hombres y mujeres y que son, precisamente, las que hacen la diferencia y la jerarquía social entre unos y otras” (PACHECO, 2009). El rol de madre tiene que ver menos con las habilidades reales y absolutas de las mujeres y más con una relación de sometimiento de las mismas por parte del género masculino. La crianza históricamente asignada a las madres y no tanto a los padres expresa la forma en la que las mujeres han sido confinadas a los espacios privados, en este caso el hogar, sitio por excelencia de esta actividad reproductiva.

De igual modo se participa de una concepción machista que rechaza las “cosas de mujeres” y que para su “integridad” física y moral evita cualquier aproximación y apropiación de estas actividades, conductas y “amaneramientos” propios de las féminas. Si bien el autor, busca con ello resaltar la presencia excesiva de rasgos femeninos en José María, como una condición previa que le permitiría identificarse luego con su condición homosexual, lo que constituye otro mito; el hecho de ser percibido socialmente como una madrecita, siendo biológicamente hombre, parte de una consideración machista y prejuiciada y no de una valoración real de las potencialidades afectivas de ambos sexos. Si como tendencia general en estas sociedades, lo afectivo y dulce se expresa con más arraigo en las mujeres, esto no puede explicarse al margen de la función histórica que en el proceso reproductivo y la crianza el hombre ha venido a jugar, así como de la percepción que de sí mismo se ha construido.

Para Cata, la identificación de José María con el rol de madre, forma parte de una estrategia mucho más amplia y que tiende a la construcción de un modelo de homosexual que no logra escapar de las consideraciones machistas en boga por la época. De ahí que no se contente con concebir un hombre-madrecita, sino que insiste en acentuar los rasgos femeninos en la personalidad de José María.

En el desarrollo de la novela este refinamiento del muchacho, pareciera ser más importante en el “autoreconocimiento” de su homosexualidad que los contactos con otros hombres, con los cuales de hecho nunca llegó a tener sexo, su homosexualidad parece definirse en gran medida, a partir de lo que puede ser, de su comportamiento amanerado, su identificación con las hermanas Amparo e Isabel -Luisa llegando al punto de parecer, -al menos desde la concepción del autor, que por su puesto es evidencia de la mentalidad de la época- “tres hermanas angélicas”, para quienes el hermano menor Jaime – símbolo del macho-varón-masculino- podría constituir un estorbo en su feliz desenvolvimiento.

“Hasta Jaime llegó a adquirir en la unión alegre de José María y sus hermanas aspecto de cuña”. Evidente alegoría a los límites que la cultura androcéntrica ha puesto por siglos al desarrollo de las mujeres. José María por sus habilidades en la protección de su hermanos ha demostrado ser una “verdadera madrecita”, pero ello no basta, el autor insiste en configurarlo lo más femenino posible, como si fuera necesario justificar su preferencia sexual en su feminidad, como si para que fuera creíble su condición de homosexual fuera vital que lo reconozcan y se reconozca lo menos hombre-masculino posible. Como si el desenfreno de este personaje frente a otro de su mismo sexo no bastara. Por ello, Cata lo concibe de una extraordinaria “belleza tímida y frágil”, ojos verdes, piel marfilina, toda una verdadera y potencial competencia para cualquier dama.

Sin embargo estas cualidades tienen la intencionalidad de atraer, de seducir, “la mujer es una presa que hay que cazar”. Expresiones como “cuerpo elástico”, “rostro apasionado” que hacen volver la mirada de los hombres, “turgencias frutales” para referirse al cuerpo en formación de Amparo, u otra muy ilustrativa “!Qué mujer admirable! ¡Qué formas! La escultura de una de las negras del Senegal con piel color de día, rubia y rosada…”, constituyen una evidencia de la asignación que se le da a la mujer en relación con el hombre dentro de nuestra cultura, así como la articulación de patrones estéticos concebidos desde una visión eurocéntrica que discrimina a las mujeres que no cumplen con las normativas de belleza, por la cual estas son vistas como si se trataran de bocadillos sexuales.

En este sentido, Cata nos ofrece una imagen de mujer-hermosa a la occidental y a un José María que lo único que pudiera envidiar a sus hermanas es el no ser biológicamente mujer, aunque socialmente pueda ser considerado una fémina. He aquí un punto clave para entender la homosexualidad que nos presenta Alfonso Hernández Cata, una homosexualidad que no logra concebirla al margen de la feminidad. ¿Cómo entender entonces el conflicto interno y social de José María?, cuya ambigüedad está en la forma misma en la que el autor le nombra y constituye una lucha continua entre sus diferentes formas de estar en el mundo. Por un lado un ser biológicamente hombre, amanerado pero hombre; por otro un hombre considerado socialmente una “madrecita enérgica”, una fémina que en ocasiones no solo podría traerle a sus hermanas el recuerdo del “cuerpecillo femenil” de su madre, sino que además por sus gestos, limpieza, habilidades en la cocina y la costura, su belleza de flor, su soledad, su voz y su llanto: “su llanto era ese llanto silencioso, casi subterráneo, de las madres”, por su paciencia y disimulo, ese disimulo femenino con el que teje las sucesivas fugas, hasta llegar al final en el que “un largo estrépito de hierros y de gritos pasó sobre su carne virgen e impura”; en la ciudad que parecía ser el emporio mismo de las libertades, la ciudad abierta y tolerante, por estas cualidades podría superar a cualquier fémina- mujer de esa sociedad. Pero también y eso es innegable en la obra como un ser auto y socialmente reprimido por su preferencia sexual.

Lo que resulta por ver es en qué medida su homosexualidad participa y se define a partir del machismo imperante que lo tilda de “madrecita” o por una atracción sexual real hacia los hombres. Pero lo femenino, como construcción social no solo se reduce en el caso de José María a una aproximación estética a la belleza de mujer, sino que se expresa además en toda una gama de roles a desempeñar, características, cualidades y comportamientos que van desde una disposición siempre alegre, presta al sacrificio hasta una subestima de la inteligencia de la mujer…
He querido hasta ahora señalar algunos elementos que en esta obra podrían servir para el análisis de la relación de géneros en el contexto sociocultural en el que se desenvuelve. En este tópico tampoco creo haber podido agotar los potenciales análisis al respecto, quedándome claro e incluso habiendo registrado algunos otros rasgos que podrían enriquecer las consideraciones que al respecto se han esbozado hasta aquí.

Bibliografía:

BOURDIEU, P. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama, 1999
COLECTIVO DE AUTORES. Introducción al trabajo social II. Trabajo social con individuo y familias. La Habana: Félix Varela, 2004
COUCEIRO R., Avelino. Hacia una antropología urbana en Cuba. La Habana: Fundación Fernando Ortiz, 2009
FERNÁNDEZ, Natalia. El lugar de las mujeres en el discurso pornográfico. Disponible en: http://www.fempress.cl. Acceso en: dic. 1994
FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo XXI, 1976
GARRANDÉS, Alberto. Sodoma y Babilonia. En: Presunciones. La Habana: Letras Cubanas, 2005, p. 93-97
GIRALDO N., Octavio. Explorando las sexualidades humanas. Aspectos psicosociales. México DF.: Trillas, 1983
GONZÁLEZ PAGÉS, J. C. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
JAMBRINA, Jesús. Adiós al miedo: maneras de leer “El Ángel de Sodoma”. Disponible en: http://wwwseribd.com/doc/9292166/CUBA-Hernandez-Cata-Alfonso. Acceso en: sept. 2010
KATCHADOURIAN, Herant A. La sexualidad humana. Un estudio comparativo de su evolución. México DF.: Fondo de Cultura Económica, 1983.
MOYA RICHARD, Isabel. El sexo de los ángeles. La Habana: Acuario, 2010.
PACHECO V., Irina. Las mujeres de Pro-arte Musical en la construcción identitaria cultural de la ciudad de la Habana en la República Revolución y Cultura, La Habana, No. 5-6, sept.-dic., 2009
PLAIN R., Elsie. La supremacía del hombre sobre la mujer. Sus génesis y perspectivas. Un análisis desde la realidad cubana contemporánea Revista Cubana de Ciencias Sociales, Instituto de Filosofía, No. 38/39, oct. 2007-sept. 2008
SIERRA M., Abel. La nación sexuada. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002

sábado, 4 de diciembre de 2010

Masculinidades contra la violencia


Por Enmanuel George López
Red Iberoamericana de Masculinidades
wwww.redmasculinidades.com







“El mundo debe caminar hacia relaciones de respeto e igualdad; sería mucho mejor para las mujeres, y para los hombres.” Así expresó la Dra. Clotilde Proveyer en su charla con estudiantes de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, por el cierre de la jornada de lucha contra la violencia. La experta analizó cuestiones sobre la categoría de género donde se impone la hegemonía masculina, y con la posible solución no de una guerra entre sexos, sino la alianza entre ellos. Mencionó además la importancia de los Medios de Comunicación Masivos como capacitadores de la educación en estos asuntos.

El espacio sirvió también para la proyección de materiales audiovisuales con un mensaje contra la violencia y un enfoque de género, realizados por estudiantes de la facultad y la maestría, integrantes de la Red Iberoamericana de Masculinidades que coordina el Dr. Julio César González Pagés.

Los videos abordaron temáticas diversas, entre el deporte, las relaciones de pareja y la música, donde estos escenarios no están ajenos al abuso de poder y relaciones patriarcales tradicionalmente establecidas.

El ambiente generó un intenso debate por parte de todos los estudiantes participantes. Sobre los videos clip, el ciclo de la violencia, la marginalidad, y la sexualidad, entre otros temas; se plantearon disimiles comentarios, dudas y propuestas. La actividad, organizada por los propios estudiantes de la facultad, fue agradecida por todos los presentes; la confianza en el pensamiento joven y en la capacidad de organizar eventos donde sean discutidos problemas tan importantes como la violencia, y con el objetivo principal de fomentar la paz y la equidad.

Masculinidades y deporte: el hombre más fuerte de Cuba



Por Alexis Carmona
Historia
Universidad de la Habana
alexkard@ffh.uh.cu


El 21 de noviembre de 2010 tuvo lugar en el Teatro América en Ciudad de La Habana, Cuba, el IV Torneo de Retadores de Fisicoculturismo 2010. En el complejo cultural se dieron cita los amantes del músculo y los ejercicios, entre los cuales se encontraban no pocos ex competidores e incluso campeones nacionales para ver a todos estos Hércules antillanos.

Presidieron la justa Armando Yera, máxima autoridad de la Federación Cubana de Fisicoculturismo, sus homólogos en las provincias de Pinar del Río, Matanzas, Santiago de Cuba y Camaguey, además del correspondiente colectivo de jueces, quienes dieron a conocer el Código de Ética antes de iniciarse la competencia.

El evento, auspiciado por la Federación Cubana de Fisicoculturismo y apoyado por el Instituto Nacional de Educación Física y Recreación (INDER) tuvo una excelente organización, además de la ya permanente acogida y aceptación de un público que colmó el recinto. Para regocijo de muchos y dando muestras de la importancia que tiene este tipo de competencia, hubo representatividad de varias provincias en los trece competidores presentes: ocho de Ciudad de La Habana, Yosvany Hernández, José Ulises Albuquerque, Alberto Valdés, Amed Falcón, Olier Petiton, Antonio Elizagárate, Tomás Torres, Miguel Castro. De igual modo hubo un competidor de La Habana, Luis Borrero; dos de Matanzas, Samuel Imperian y Leonel Hernández. Participaron además, Eduardo González y Luis Monteagudo, de Santiago de Cuba y Villa Clara, respectivamente.

Luego de una pequeña demostración de varias poses a solicitud de los jueces, estos se encargaron de elegir solamente a ocho, los cuales pasaron a la próxima ronda de la competencia. Los elegidos por el comité de jueces fueron los capitalinos Ulises Albuquerque, Miguel Castro, Olier Petiton, Antonio Elizagárate y Tomás Torres, los matanceros Samuel Imperian y Leonel Petiton y el villaclareño Luis Monteagudo.

Antes de que los jueces dieran los resultados, el espectáculo estuvo amenizado por el Ballet del Teatro América y el cantante Palacio Echenique, conocido como el Caballero de la Pista.
La ocasión fue propicia también para otorgar el título de Juez Nacional (JN) a Tania Álvarez, Anaisis Carrillo, Yosbel González, Eduardo Manuel García y Julio César.


En el segundo round de la competencia se procedió -a petición de los jueces-, a una comparación de los ocho participantes en las diferentes poses requeridas en la competencia: doble bíceps de frente, expansión dorsal de frente, pectoral lateral, doble bíceps de espalda, expansión dorsal de espaldas, tríceps lateral y por último abdomen y piernas.

Seguidamente vinieron unas poses libres por un minuto, para después hacer un post down donde posaron individualmente guiándose por las órdenes del juez.
Casi al concluir la presentación, todos los competidores volvieron a posar al ritmo de un fondo musical. Dicha parte del espectáculo, como en su gran mayoría, estuvo matizada por aclamaciones, vítores y no pocos enjuiciamientos con respecto a los competidores, dichas exclamaciones estuvieron matizadas por la preferencia de los aficionados.

Posteriormente continuaron con una pequeña coreografía, donde al ritmo de una canción escogida tuvieron que hacer varias poses, en las cuales demostraron elegancia y profesionalidad.
Mientras los jueces deliberaban y seleccionaban a los competidores que pasarían a la última ronda volvió por segunda ocasión el cuerpo de baile del teatro y el Caballero de la Pista.

Los cinco finalistas fueron José Ulises Albuquerque, Miguel Castro, Samuel Imperian, Tomás Torres y Antonio Elizagárate. Este fue uno de los momentos más disfrutados por el público, pues cada competidor llamaba al resto, y de uno en uno y le pedía que posara junto a él en una posición que casi siempre era la del músculo más débil del escogido. Así se daba pie a una comparación más personalizada e individual.
Finalmente tuvieron lugar las esperadas premiaciones. El galardón como mejor posador lo obtuvo Olier Petiton y el de la popularidad recayó en Miguel Castro.


Las posiciones finales concluyeron de la siguiente forma:
8vo Luis Monteagudo
7mo Leonel Hernández
6to Olier Petiton,
5to José Ulises Albuquerque,
4to Tomás Torres,
3ro Miguel Castro,
2do Samuel Imperian,
1er Antonio Elizagárate.

Al finalizar el evento, conducido magistralmente por los presentadores de televisión Lianet Pérez y Marino Luzardo, el público pudo compartir en la calle con los campeones y tomarse fotos junto a ellos.

La interesante lid dejó un buen sabor en los allí presentes y se espera que el éxito y la buena organización de la competencia pueda ayudar a un mayor reconocimiento de este movimiento, el cual cuenta con un sinnúmero de simpatizantes, tanto pasivos como activos y otras tantas personas de manera anónima. No son pocos los que día a día practican y hacen ejercicios con aparatos rústicos e improvisados, nacidos de la ingeniosa inventiva del cubano, el cual mantiene la máxima de que: “cuerpo sano, mente sana”.