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viernes, 8 de julio de 2011

NUEVAS MASCULINIDADES EN CUBA



En la foto parte del equipo de Masculinidades en Cuba con Julio César González Pagés



Por Julio César González Pagés

El concepto masculinidad ha sido construido por tantos años que solo de nombrarlo ya connota superioridad, fuerza y violencia. En Cuba, masculinidad es sinónimo de machismo y, de hecho, el machismo implica violencia.

Tan es así, que a un hombre, para reafirmar su masculinidad, no le basta decir que es macho, sino que agrega ser varón y masculino. No cabe duda que se trata de un conjunto de ideas socio-ideológico-culturales que se han encargado de preservar la hegemonía masculina como centro de poder.

La ideología que sustenta las masculinidades traspasa, cruza los sistemas culturales, impone las políticas, las creencias y demarca todas las estructuras: sociales, raciales y sexuales, entre otras.

Además, estamos tan influenciados por la noción occidental de la masculinidad que se ha hecho evidente en la forma que se organizan las instituciones, y su reflejo se confirma con el rol masculino de proveedor económico. Los hombres son más reconocidos y de mejores salarios, aunque en la actualidad esta situación ha sufrido cambios, lo cual pone en crisis las masculinidades. En efecto, hemos visto casos donde los hombres que tienen dificultades para ser proveedores reflejan su impotencia a través del uso de la violencia familiar como respuesta a su frustración.

Ese afán de convertirse en macho desde que se nace, lo hace marcar diferencias. Asimismo, sufren buena parte de su vida, cuando no concientizan que están siendo utilizados, quedando presos de sus propios genes.

Para la presente edición de Mujeres, un grupo de jóvenes investigadores cubanos nos muestra diferentes miradas polémicas respecto a las masculinidades en Cuba, con la idea de que un mundo mejor y posible se puede construir cuando nos lo proponemos de forma colectiva

Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=21

martes, 8 de febrero de 2011

¿MACHO, VARÓN Y MASCULINO? Entrevista con Julio César González Pagés




Por Antonio López Sánchez

Dentro de las propuestas que publica la Editorial de la Mujer en la venidera Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, el tema de las masculinidades ocupa un importante espacio. Macho, varón, masculino, es un título que por primera vez en Cuba sistematiza científicamente los resultados de una fructífera etapa de trabajo investigativo sobre ese tópico.

El autor de este texto, el Doctor Julio César González Pagés, es uno de los prominentes estudiosos de las materias de género en Cuba. Además, a partir de su labor como profesor, ha nucleado a un grupo de jóvenes intelectuales que también centra su mirada en el análisis de las masculinidades, como parte inseparable de las investigaciones con perspectiva de género.

Para indagar sobre los motivos, contenidos y frutos que ofrece este libro, fueron nuestras páginas al encuentro de su autor. Como siempre, Julio César se muestra como un entrevistado pródigo, sin poses, con múltiples opiniones, buen humor, y siempre asentado en la solidez argumental con la que defiende sus ideas. En esta ocasión además, como buen telón final de la entrevista, nos ofrece en exclusiva adelantos de sus trabajos por llegar.

¿Cuál es la novedad este libro con respecto al estudio de las masculinidades?


En este libro, es la primera vez que se reúnen estudios sobre la masculinidad, partiendo de preceptos científicos. Es la primera sistematización que se hace de varios estudios que previamente pudieron ser trabajos de tesis o algún otro dentro de la lógica de una investigación, dentro de los foros, en fin. Aunque es un libro mío, hay trabajos que son escritos en coautoría con varios de mis estudiantes, que muchos están actualmente en la realización de sus tesis de maestría.

¿Objetivos principales, resultados palpables?


Es un trabajo hecho con toda la intención de cerrar un momento, una etapa de la labor de un grupo de estudiantes que yo he liderado y que por supuesto dará paso a la otra etapa.
Nuestro país podrá contar entonces con estudios más específicos en temas más particulares. Ahora la intención era enunciar en un todo un trabajo ya hecho, desde jornadas, desde talleres y otros espacios. Lo que sí existía, incluso la Editorial de la Mujer tiene participación vital en esto, es una serie de acercamientos desde el periodismo, desde enfoques investigativos o entrevistas, pero no con la lógica de una investigación.

Por eso decimos que este libro es el primero, con la lógica de una investigación, que reúne lo que es la masculinidad como concepto teórico, como metodología cercana a los estudios de género. El aporte que le podemos hacer a la sociedad es crear indagaciones y acercamientos cubanos a la temática. No es reproducir, como se hace en otras áreas, investigaciones de académicos extranjeros. Este libro responde a una mirada cubana de las masculinidades. Por eso desde el título hay una frase como Macho, varón, masculino, que es como nosotros llamamos a la masculinidad hegemónica, al machismo en América Latina; tiene toda esa intención de provocar.

Para los lectores no especializados, y para las lectoras por supuesto, ¿qué les puede conllevar en positivo la lectura de este texto?

Te lo puedo decir desde lo personal. Ese libro me lo inspiraron las propias dudas que yo he tenido toda mi vida acerca de mi masculinidad. Dudas que nunca me fueron aclaradas, dudas que son los estudios los que me las han ido aclarando. Me ha costado 45 años de vida, de estudios, de doctorados y tal. Por eso quien se lea este texto lo puede entender. No está escrito con la vanidad académica para que sea entendido sólo por un grupo selecto. Está hecho para cualquier persona; para una muchacha que piense que si es feminista y defiende su derecho de mujer, sea algo malo, o si puede tener un novio más o menos masculino, en fin. Todas esas dudas que encierran el desconocimiento del lenguaje de la teoría y que, contradictoriamente, muchas veces hacen que nos autorreafirmemos como todo lo contrario a lo que somos. Defendemos el derecho de las mujeres y decimos que no somos feministas: Eso es una contradicción. Somos hombres amables, delicados, y entonces nos decimos que no podemos ser masculinos: ¿Por qué no? La masculinidad no es algo malo, lo malo es la violencia.

A un hombre le puede gustar hacer ejercicios, seguir las modas, tener amaneramientos totalmente masculinos, eso no está mal. Lo que está mal es ser violento, descortés, agresivo. Muchas veces se piensa que con un hombre más femenino se resuelven los problemas de la equidad. No es así. Donde está la equidad es en no temerle incluso a la mujer muy femenina, a un hombre masculino, en sus estereotipos, pero con un comportamiento y un pensar adecuados.

Este libro ayuda un poco en esas cosas que a veces parecen trabalenguas. En especial a la adolescencia. En la Universidad, por ejemplo, quienes se acercan a estos temas, por lo general lo primero que piensan cuando hablas de la masculinidad, es que vas a hablar sobre la homosexualidad. Y sabemos que una sociedad homofóbica como la nuestra, ese desconocimiento hace que se rechace entonces estos estudios, abordar estos temas. Se habla de la homosexualidad, pero como un tema más, no es un eje protagónico; se aborda, pero dentro del espacio que le toca dentro de otros múltiples temas y aristas.

Todavía hay una gran desinformación respecto a estos temas y se les califica como materias sólo para académicos.
Creo que es un libro para compartir en colectivo, en la familia. Por ejemplo, cuando haya una burla a un adolescente por el tamaño del pene o cómo se asume la paternidad, o cómo conocer y evitar la violencia y cómo tratarla si surge. El libro te da la posibilidad de ver esas temáticas desde la historia y desde la actualidad. En comparaciones, en aristas diferentes. Pero, sobre todo, te da la posibilidad para seguir indagando. No es un manual de buenas prácticas para que busques cómo debe comportarse un hombre en cada momento, sino una herramienta para seguir adelante, para investigar más. Por eso tiene una amplia bibliografía, para que a quien le interese ampliar más sobre determinado tópico pueda ir a otros estudios.

Al ser una sistematización, intentamos que todos los autores cubanos que se han acercado a estas temáticas, desde diferentes aristas, aparecieran en esa bibliografía. No es darlo como algo fundamentalista. No tiene ninguna intención de convertirse en un si me leo esto ya no me hace falta leer nada más. Al revés, el libro crea la sed de otro conocimiento, está hecho con esa intención.

Los mencionas en el texto, los has mencionado en el diálogo, pero quisiera que lo dejaras en blanco y negro. ¿Cuánto de la labor de tus estudiantes está en estos resultados?

Sin ellos no existiría el libro. Un libro no es sólo escribirlo y ya, en especial en las ciencias sociales, donde hay que investigar. La presencia de mis estudiantes es definitiva por los mismos criterios. He escrito y cada cosa que he escrito se ha debatido; algunas secciones las hice en coautoría y hay una serie de aportes que son de mis estudiantes. Por ejemplo, la revisión final de la investigación como tal, la hicieron dos estudiantes del equipo.

En general han sido muy rigurosos, han planteado problemáticas. Creo que es importante porque la conformación de un pensamiento colectivo en un área de investigación va creando una cátedra. Este libro es como el principio de reafirmación de que ya hay una cátedra de estudios de la masculinidad. No queda un nombre, no es que esté Julio César, aunque me ha tocado ser un poco el papá colectivo, como decíamos en broma hace poco. Es que hay un grupo de jóvenes que han tenido la osadía de integrarse a estos estudios. Además me han aportado la visión de otros hombres que no soy yo, percepciones diferentes de la masculinidad. Este libro culmina una etapa de trabajo en colectivo.

¿No te preocupa ser una especie de Saturno devorando hijos, o siendo devorado tú mismo, o en el papel del profesor impositivo?

Siempre hay riesgos. A veces, en la enseñanza, y más en temas tan especializados, hay que ser más o menos democrático o más o menos autoritarios, según sea el caso. Para instruir y a veces hasta para salvar de un posible ataque. Soy un profesor que me gusta dar clases. Me he realizado con este período de docencia, de talleres, que cierra el libro. Me ha permitido conocer sectores de la población de mi país en este tema de las masculinidades, que si no hubiera tenido un colectivo de jóvenes conmigo, me hubiera sido imposible. Detrás del libro, aunque no se vea de modo explícito, hay talleres, diálogos, intercambios, desde grupos tan diversos como reclusos, dirigentes campesinos, policías, universitarios. Cuando haces ese recorrido con varios ojos, cuando lo miras no sólo desde tus propios prejuicios o valoraciones, sino que te acompañan criterios diferentes, se amplía extraordinariamente esa visión y, por supuesto, se amplían los resultados.

Apostar por los colectivos es muy difícil, pues el ser humano tiene una tendencia muy fuerte a la individualidad, pero en esta ocasión primó el colectivo. Todas las personas que acompañaron este libro están ahí referidas y creo que además es un buen ejemplo de cómo se puede construir un conocimiento de forma colectiva. Es un reto pensar en colectivo.

¿Adelántanos qué viene después de Macho, varón, masculino?

Ahora, con los sobrevivientes que no devoré o me devoraron por el camino, estamos en un libro que sugiere desde el nombre. Más o menos se llama, Sexo, música y deportes: Cosas de hombres, y trae algunas otras visiones de estos temas. Y mi equipo de estudiantes, ahora sin broma, son ya autores más formados. Pasaron toda la etapa de la licenciatura, están muchos en sus maestrías. Es como una segunda temporada, como se usa ahora.

Este nuevo trabajo es también la posibilidad de mostrar cómo una academia de estudios en Cuba, integrada en su totalidad por jóvenes, puede seguir una línea de investigaciones. Pueden ser las masculinidades, pero puede hacerse en muchas otras áreas de la investigación.

Eso de que en colectivo podemos ser más fuertes, podemos lograr más cosas, socializar más crear redes, es rigurosamente cierto en este caso. Toda la tecnología, los ipods, las computadoras, todo lo que hoy existe que por un lado nos individualiza tanto, pues, puede ponerse en función de las investigaciones, en función de aprender más, y en función del colectivo.

Publicado en:http://www.mujeres.co.cu/
Revista Mujeres Digital

sábado, 28 de febrero de 2009

!!!SALUDAMOS EL 8 DE MARZO!!!

EL GRUPO DE TRABAJO DE MASCULINIDADES EN CUBA SALUDA EL DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER CON LA PUBLICACION DE TRES TRABAJOS SOBRE LA LUCHA POR LOS ESPACIOS POLITICOS Y SOCIALES DE NUETRAS COMPAÑERAS.


GRUPO MASCULINIDADES EN CUBA

sábado, 10 de enero de 2009

¿hombres violados por mujeres?

Por Yadira Leyva León Estudiante de cuarto año de historia de la Universidad de La Habana


La sociedad humana casi desde su inicio ha establecido reglas para el desarrollo de sus relaciones sociales, entre las que se encuentran: las diferencias entre hombres y mujeres. Estas disparidades han situado a la mujer en un plano inferior respecto al hombre. Las diferentes culturas existentes en el mundo han producido y reproducido esta situación haciendo no solo que la mujer se resigne a su condición, sino que la asuma como verdadera, justa y la reproduzca en planos tan personales como la casa y la educación de sus hijos (hembras o varones); indicándoles a cada uno el lugar que le toca en la vida, que puede resumirse a palabras cotidianas como: “los hombres son para la calle, las mujeres para la casa”. La inferioridad femenina se ha justificado en construcciones sociales que ha devenido en reglas fuertemente arraigadas en le imaginario popular; ejemplo: la debilidad física de la mujer se ha institucionalizado, ya que la educación que se les da, es para que sean frágiles, refinadas dóciles, y aunque la sociedad ha cambiado mucho, en el plano popular, aunque con matices, es un esquema que se continua reproduciendo.
Si el machismo ha acarreado problemas al “sexo débil” durante milenios, el “sexo fuerte”, también carga con sus propios siglos de exigencias sociales, de fortaleza, masculinidad al cien por ciento y cero de posibilidades.

En la actualidad continúa dándose un fenómeno que comenzó hace ya mucho tiempo: la violación, que según el diccionario es “… delito contra la honestidad consistente en tener conjunción carnal con una mujer, sin la concurrencia de la voluntad de esta”. Efectivamente las víctimas en potencia han sido las mujeres y los perpetradores los hombres. En mi opinión es una de las consecuencias de la construida debilidad femenina. El cuerpo de la mujer ha sido un terreno a conquistar, solo que con el tiempo han variado las manifestaciones de esta conquista pues los métodos han sido los mismos: ganarla u obligarla, lástima que esta ultima haya crecido en número y violencia. La historia de estas ancestrales diferencias han dado a los perpetradores aunque no lo suman así, un arma poderosa a cometer estos actos, la debilidad de la mujer esta grandemente enraizada en la ideología de cualquier ser humano y un violador en su desorden mental, además de un deseo convertido en obsesión, ve debilidad.
Pero, ¿qué pasaría si los roles dentro de un acto de violación se invierten, si la mujer fuera la perpetradora y el hombre la víctima? ¿Cómo asumiría la sociedad esta bifurcación dentro de las relaciones establecidas entre hombre y mujeres?
Fuentes muy recientes dan a 1982 como el año en que la comunidad médica y sicológica pudo conocer mediante el estudio de Sarrel y Masters, el primer informe sobre casos donde la mujer era la practicante de la violación; aunque existen otras fuentes que han registrado casos antes de esa fecha. “La injusta falocracia ha establecido roles de conductas estigmatizados en los seres humanos. Se cree que solo la mujer puede ser víctima de una agresión sexual, pero la realidad escondida en los cuerpos masculinos es otra. La cultura machista se ha convertido en un arma de doble filo para los hombres, sobre todo en los casos de violación, porque les imposibilita la superación de un hecho de esa naturaleza”. El hombre violado por una mujer sufre los mismos síntomas que la víctima del sexo contrario, aunque la frustración, la inseguridad, la desconfianza, los trastornos de sexualidad que vienen después de la violación en los hombres son el doble por la carga social que se les acecha. Cuando son violados por hombres suelen dudar de de su orientación sexual, pero cuando son violados por mujeres la situación cambia por completo. Su hombría ha sido ultrajada por el ser inferior, el débil, al que ellos han dominado durante demasiado tiempo. Esta situación trae confusión que acarrea vergüenza y silencio, vergüenza por lo anteriormente dicho y silencio por no romper esa imagen que se tiene de los hombres, por lo que muchos prefieren callar antes de ponerse en evidencia.
Los medios masivos de comunicación también han hecho eco de la interpretación machista de estos acontecimientos. En la prensa las noticias de violación, cuando la mujer es la víctima, la información trae una gran carga de lástima y se suele pedir “el cese de estos brutales actos contra las mujeres”. La situación cambia cuando se invierten los papeles. Las noticias de hombres violados por mujeres son tratadas con cierto sentido humorístico, entrecomillado palabras como pobre, víctima y violado, al referirse al hombre. Esto trae a colación pregunta ¿Cómo es que las mujeres hacen para violar a los hombres si en el imaginario popular violar es penetrar sin consentimiento y biológicamente la mujer no esta hecha para penetrar, sino para ser penetrada? Pues bien los métodos iniciales son los tradicionalmente utilizados por los hombres; a punta de pistola, drogas, golpes para desmayar. La erección voluntaria en estas circunstancias no se da fácil, aunque hay casos en que sí, pero en los publicados lo utilizado generalmente por estas mujeres, es obligarlos a tomar Viagra o frotar en el falo que provocan la erección.
Se dice que la violación es disfrutada por el hombre porque es una mujer la que le hace el sexo aunque sea obligado, porque el hombre es una máquina de sexo que responde ante cualquier situación y la disfruta igual que una erección normal. Este criterio suele ser el más generalizado, opinión que hasta los mismos hombres que han sufrido estos eventos pueden asumir y crearse toda una venda de satisfacción en su cerebro para seguir viviendo, en fin la mente domina el cuerpo y si ellos mismos se repiten que no fue una violación, se lo creen y la mentira se convierte en verdad en sus mentes. Esta situación no se da por casualidad, sino porque en la carrera del machismo, las obligaciones sociales del “macho” le van pisando los talones para juzgarlo ante cualquier tipo de debilidad.

La mujer puede ser tan mala, buena, fuerte o débil como el hombre. A estos hombres suelen llamarlos “hombres con el carácter demasiado afable”, “marido sumiso” (este se debe a que también las violaciones se dan dentro del matrimonio aunque aquí es más frecuente el maltrato sicológico o el chantaje emocional que el daño físico), también se les llama “flojos” entre otros calificativos que pueden llegar a ser mas groseros. A las mujeres que cometen estos actos se les acusa que buscando la igualdad con los hombres reproducen hasta sus lados oscuros. No se trata de simple imitación a los hombres; en su incesante lucha por la igualdad social la mujer ha tenido que demostrar que puede hacer tareas que hasta ese momento solo estaban destinadas a los hombres, pero eso no significa que violar a los hombres sea una imitación. Es simplemente la muestra de que hombres y mujeres somos seres humanos y tenemos lados buenos y malos; el impulso de obligar al sexo opuesto a tener relaciones sexuales por obligación no es privativo de los hombres, sino de todo ser humano con órdenes y desordenes en su cerebro. Estos casos se han ido incrementando y muestra de ello es el surgimiento en Internet de sitios de atención a hombres con este problema u otros, ejemplo es el sitio “La marcha Masculina”, donde los hombres consultan a especialistas, hablan de sus penas y buscan ayuda. La violación de hombres es tan seria como el caso contrario y se hace la igualdad de tratamiento por parte de la justicia y la sociedad.

La mujer en la familia.

Por Yanet González Sotolongo Estudiante de cuarto año de historia de la Universidad de La Habana


La sociedad cubana, como heredera y luego trasmisora de un conjunto de patrones culturales, asumidos como legados de la colonización española y en alguna medida transformados con el devenir de la historia, continúa aún reproduciendo un modelo casi invariable del paradigma de mujer y su desempeño como miembro social. Producto de formar parte de una sociedad eminentemente patriarcal, la mujer terminó siendo construida socialmente para ser una parte complementaria de los hombres.
El triunfo revolucionario, a partir de la institucionalización de una serie de leyes en defensa de los derechos de la mujer, significó para esta el logro de expectativas y anhelos que contribuyeron a obtener su reconocimiento sobre todo en el ámbito laboral. No obstante, persisten aún disímiles prejuicios que continúan disminuyéndola en relación con los hombres dentro de muchos espacios y uno de ellos es la familia. Esta constituye el eje central de la sociedad cubana y sus bases. Su funcionamiento está determinado por todo un conjunto de tradiciones culturales que se reproducen constantemente y que plantean un conjunto de normas a seguir, dónde se ubica al hombre y la mujer en diferentes espacios.
La mentalidad patriarcal se mantiene, representando al esposo cómo el cabeza de familia, al padre cómo figura de respeto, al hombre cómo representante del hogar (“el hombre de la casa”). La mujer perdura hacendosa, entregada al cuidado de los hijos y a la vida casera, y su realización individual queda sujeta a estas prioridades y por tanto, muchas veces insatisfecha. Este constituye un hecho lamentable. Existe un mayor número de hombres realizados en su vida laboral que de mujeres. Ellas, tan bien capacitadas como ellos, tienen muchas más probabilidades de quedar retrasadas, pues arrastran consigo ataduras difíciles de romper y si logran hacerlo, probablemente ante sus propios ojos y ante el resto de la sociedad sean vistas como despreocupadas por su familia y por tanto terminarían cubriendo un área de sus vidas mientras dejarían otra vacía. Así podemos demostrar cómo la realización personal de las mujeres queda muchas veces frenada, pues sobre sus espaldas recae el mayor peso de la atención del hogar. Esto demuestra que a pesar de la legislación de leyes que le permiten permanecer profesionalmente al nivel de los hombres, existe una presión muy fuerte que les dificulta su desarrollo individual a la par de un hombre corriente.
El matrimonio como institución y cómo eje fundamental dentro de la conformación de la familia, desplaza a la mujer y la supedita a su pareja. Esta situación trae consigo consecuencias mucho más graves. La sensación de poder que tienen los hombres dentro del hogar provoca que en el mínimo momento de ver ofendida su hegemonía familiar reaccionen defensivamente, ocasionando la violencia de disímiles formas de los hombres hacia sus esposas, desde las ofensas hasta la agresión física. Esto es un asunto de suma importancia cuando encontramos, en el mejor de los casos, un buen número de divorcios cómo consecuencia de maltratos físicos y en el peor, agresiones a mayor escala. Ante esto la mujer debe ser obediente, ante los gritos no provocar al esposo y así supuestamente tratar de evitar consecuencias mayores. Continúa así reproduciéndose a la mujer dócil y manejable.
La familia constituye el principal núcleo de educación y formación para el desarrollo de los seres humanos en sociedad. Los valores que en ella se conforman serán reproducidos en cadena en el resto de las áreas. Si tenemos en cuenta esto nos encontramos ante la reafirmación de la permanente omisión de la mujer en espacios muy variados, comenzando por su propio hogar, este espacio privado que condiciona el resto.
La destrucción de este modelo de vida significaría un ataque a la conformación del patrón de masculinidad, pues una cosa queda supeditada a la otra. El desempeño de la mujer dentro de la sociedad forma parte de la formación de lo que es entendido por masculinidad. De ahí la necesidad de mantener a la mujer en un sitio predeterminado por el poder de los hombres que termina dejando al margen sus apetencias y decisiones y que provoca situaciones tan diversas como complejas.
Yo utilicé dos de los ejemplos que podríamos relacionar, la degradación de los valores de la mujer a tal punto que conlleva a la violencia doméstica que engendra otra serie de agresiones y la necesidad de mantener a la mujer en el hogar y resaltar sus símbolos hacendosos para ello; lo que provoca un retraso de ésta a nivel profesional y por tanto una insatisfacción para su realización personal. Las mujeres han logrado conquistar muchos espacios, pero otros, como el seno familiar continúa excluyéndolas y este no menos importante que los demás, sino a mi entender uno de los más valiosos espacios, donde la valoración de la mujer debería ganar más terreno y eliminarse toda esa serie de divisiones que la colocan en una posición inferior con respecto a su pareja; para permitirles un desarrollo de vida pleno de acuerdo con sus deseos.

“Diferentes”

,Por Gisela Beatriz Cancio Antón Estudiante de cuarto año de historia de la Universidad de La Habana

De niña me enseñaron a estar limpia y bonita siempre, correr mucho no, tener cuidado era la máxima en cualquier momento, y sobre todo con tropezar y caerme pues una marca en mis piernas sería fatal ¡Que feo se vería! Una niña siempre debe tratar de estar impecable, y en todos los sentidos, lo escuchaba una y otra vez de todas partes. Jugar con los varones, con el sexo opuesto a nosotras, claro esto lo supe después, pues tan solo los veía diferentes, toscos, que sí podían correr sin importar cuantas caídas y marcas tuviesen, que si podían ensuciarse, despeinarse, sentarse en el piso. Jugar con ellos era algo muy similar a hacer de un papá y una mamá, por su parte el hacia algún arreglo de carpintería o de otra índole, yo mientras cocinaba, atendía a los niños u ordenaba alguna cosa. Hacíamos las tareas de cualquier hogar, más tarde supe que esto era lo que denominaba mi madre por quehaceres, que al final son uno de los elementos que componen el rol de cada uno, hombre y mujer dentro de una sociedad patriarcal como lo nuestra. Al jugar a las casitas el real dominio era mío pero, no obstante, el podía compartir conmigo y jugar también. Sin embargo, no ocurrió nunca así con los juegos donde él poseía el dominio absoluto: las bolas, el trompo, la pelota, las carriolas loma abajo ¡Ni soñar Que yo estuviera ahí! En primer lugar porque él no quería que compartiese con sus amigos, pues yo soy niña. En segundo lugar como iba a ir si eso implicaba caídas, suciedad, toda una locura. No obstante había juegos que compartíamos como los escondidos; pero por lo general tenía que volver a mi casa de muñecas, cuquitas, o yakis y vale decir que no con desgano, tristeza o como si fuesen mis únicas opciones, sino con alegría pues me encantaba. Lo que si no entendía era porque yo si lo podía insertar en mis juegos sin que me diera vergüenza que mis amigas lo vieran y yo no podía de igual manera insertarme en los de él.
Cuando estábamos en la escuela y practicábamos deporte como el nado sincronizado o la natación, ellos tan solo el segundo, jugábamos a la sirenita y el tiburón. Éste consistía en que los varones nos escogían cautelosamente y atacaban con toda una táctica bien desarrollada y cuando menos te lo esperabas, ¡boom! Ahí estaban ellos y nosotras esperábamos, nadábamos intentando huir pero al final ellos nos capturaban, era súper divertido. Hoy mirándolo desde otra óptica, observo que ocurre algo muy semejante con respecto a las relaciones entre un hombre y una mujer. Esperamos que ustedes nos enamoren, nos inviten a salir, nos traigan flores, cosas que a la verdad son bellas y nos gustan; pero la mayoría de las mujeres no nos atrevemos a romper la línea la cual nos frena a poder invitarlos así sea parar conversar o porque yo misma pido algo
inferior a lo que aspiro. Una amiga me dijo un día: “Pide grande y lo más probable es que lo que solicites te lo den por debajo, si pides pequeño te lo darán así o incluso por debajo también”. Nada, simplemente lo hago porque respondo para lo que me han formado y cómo no hacerlo si es lo que he aprendido toda mi vida. También nos divertíamos con los juegos de pelota, donde cada uno iba por su parte. Mas ocurría algo siempre que ahora que lo veo desde una mirada lejana tanto en el tiempo como en mi propia experiencia (pues fue hace varios años): el hecho de que cuando jugaban los varones nosotras estábamos de espectadoras y a la vez esperábamos nuestro turno. Si ellos llegaban y nosotras jugábamos, todo se terminaba enseguida pues ellos tenían e iban a jugar ¿por qué no protestar? No sé porque no lo hacíamos.
Al final de todas las prohibiciones yo también me caí, tengo marcas en las piernas, también me senté en el piso, incluso con las más lindas batas, también jugué al trompo aunque sinceramente nunca pude cogerlo en movimiento con la mano.
Con el tiempo las diferencias aumentaron. Para los hombres es conocido a gran escala, al menos en nuestro país, que el tener muchas novias es algo muy positivo para su vida varonil. Pueden llegar a la casa luego de una fiesta u otra actividad a la hora que deseen, venir solos o acompañados. Las mujeres no, el tener muchas parejas implica ser una cualquiera, desde pequeña oía esto y nunca en tal frase despectiva cabía alguna preocupación por el porqué de estas mujeres hacerlo, solo el No rotundo. Siempre con una hora para llegar y claro está, nada de venir sola. (Por supuesto esto es en dependencia del tipo de familia para ambos casos).
Desde que uno nace la sociedad no hace más que marcar y remarcar las diferencias entre el hombre y la mujer. Todo gira en cuanto a las divergencias de uno y otro, nos educan, nos dan modelos a seguir, nos trazan líneas e imponen lo que cada cual debe ser, moldeando los gustos, preferencias, características, entre otros. En líneas generales nos forman de tal manera que la mujer debe ser siempre fina, sensible, educada, etc. Mientras el hombre rudo, insensible hasta los tuétanos, crece escuchando que no puede llorar, que es de débiles el hacerlo. Que absurdo el plantear esto si para nada afecta la virilidad o no de ellos. Lo que si es acertado es lo importante que es la educación en la niñez de todos, pues es donde se forma la personalidad, los gustos y los principios por donde nos regiremos. Lo que se nos enseña de niños nos marca para siempre y es la causa por la cual luego cada uno: hombre y mujer responden en la manera en lo se han formado. Al imprimir tanta importancia en nuestras diferencias, nos distancian mucho y de esa manera, nosotras las mujeres quedamos en un lugar totalmente excluyente en todas las áreas. El hecho que seamos diferentes no quiere decir que exista discriminación. Sé que lo soy , es algo evidente, pero no por eso somos menos o más inteligentes, menos fuertes o más capaces, con menos o con más derechos, somos simplemente: Mujeres, así como ustedes son simplemente: Hombres, y ahí radica nuestra riqueza, en que somos diferentes.

Del rosado al rojo, solo un paso.

Por LAURA ELENA ÁLVAREZ RODRÍGUEZ. Estudiante de cuarto año de historia de la Universidad de La Habana

Tengo veintiún años, soy mujer y vivo en Consolación del Sur, un pueblo de la provincia de Pinar del Río, de unos 88 mil habitantes con un casco urbano bastante amplio para ser considerado rural. Sin embargo, más allá de la infraestructura, nivel educacional y medios de vida, es la mentalidad patriarcal y arcaica de sus pobladores la que podría ubicar al “violento condado” como escenario de cualquier película de acción holliwoodense de los sábados.
La violencia aquí, como en cualquier lugar, tiene muchas formas de manifestarse. Desde la maestra de la escuela primaria que exige a un niño de cinco años que hable duro como los machos, hasta los crímenes múltiples de tipo pasional ( si es que no concuerdan conmigo en que la primera es causa de la segunda). En todos los aspectos de la vida cotidiana se hace uso y abuso del poder que cada ser social tiene sobre otro, en aras de aferrarse a modos de vida que ya no son compatibles con las dinámicas sociales del siglo XXI.
En función de mantener a la familia unida, de preservar la moral y el respeto que ésta ha conquistado entre las demás, se incurre de forma tácita o abierta, en constantes limitaciones a la libertad de hacer de cada ser humano, lo que más le plazca con su vida. En esta punto, acotaría mi papá –sí, todo el mundo puede hacer lo que guste, siempre que no afecte a los demás-. Pero es que la medida en que “los demás” se sienten “afectados” es impresionantemente abarcadora. Los tabúes, prejuicios y criterios anacrónicos de lo que es la buena conducta, matizan con todas las tonalidades del gris, vidas absolutamente insípidas, generación tras generación.
El caso de la mujer, como se sobreentiende, viene a ser de los más complejos en el esquema social de vida que se diseña desde edades bien tempranas: mujer-débil, respeta a hombre-fuerte que la protege. Los roles que ocupa en el plano profesional son los más diversos, desde los cargos de dirección de cualquier empresa con grandes responsabilidades, hasta obrera agrícola de largas y extenuantes jornadas de trabajo; a pesar de ello en el hogar las funciones que desempeña son las mismas que en los tiempos en que solo era ama de casa.
Sin embargo no es a este plano visible sobre el que me gustaría arrojar un poco de luz. Y es que supongamos que al llegar del trabajo, Neyda mi vecina, se encuentre un día la casa limpia y la comida hecha por su esposo. Pensaríamos que el problema se solucionó y no es así. La experiencia en Consolación del Sur ha demostrado que son varias las cuestiones en que el hombre está dispuesto a transigir, como ésta de los roles domésticos. Por fregar este señor no considera a su esposa igual a él. Si otro día Neyda llega tarde del trabajo y a su esposo alguien le gritó por casualidad en el estadio de pelota: cabrón, cuando se ponchó; no harán falta más razones para una buena discusión pensarán ustedes, pues para que la mate a puñaladas, les aseguro yo.
Mi certeza frente a este caso hipotético se basa simplemente en las estadísticas. Los casos de uso de la violencia extrema por parte del hombre, para salvar la hombría que su medio le ha construido, son abundantes. Desafortunadamente las fuentes oficiales del municipio, no me autorizaron a citarlas como evidencias de estos datos de hechos de sangre, que extraoficialmente me permitieron consultar. Un estudio comparativo durante la última década sería muy interesante. Por ahora debemos conformarnos con saber que los hechos de sangre aumentaron sustancialmente del año 2007 al 2008. Los acontecidos entre hombres con pérdida de la vida de alguno de ellos, aventajan a los ocurridos entre hombre-mujer en muy poco, siendo las últimas las víctimas fatales en todos los casos. Los móviles para la incidencia de asesinatos y homicidios por parte de los hombres hacia las mujeres, son cuestiones pasionales en la casi totalidad de los hechos. ¿Quiénes son los responsables de esta situación? ¿En qué factores radica su solución? En todos diría yo, comenzando por la maestra que no puede reprimir a un niño por su tono de voz. Y sobre todo en la familia como primera y fundamental institución productora de valores y conductas. Responsable máxima de combatir estas tendencias de las que todos somos víctimas y a las que todos con el silencio contribuimos.
Y no es mi crítica un llamado a la rebelión, ni a la subversión de la totalidad de los valores que en seno de estas familias se inculcan a sus miembros. Nadie mejor que la autora de estas líneas los sabría valorar, puesto que formo parte de una de ellas. Llamo a la posibilidad de elección, de realización en el plano personal como meta de cada grupo para sus integrantes. Posiblemente este señor no quería matar, pero prefiere ser un asesino a cargar con el estigma de “no ser hombre”.
Es difícil romper con los cánones tan fuertemente arraigados, pero repito que no llamo a la ruptura, sino al avance a través de preservar un equilibrio entre las viejas y las nuevas formas de modo que la familia, la escuela y la sociedad toda produzcan individuos más libres de hacer, de construir en lugar de matar.
Por último quisiera hacer también un llamado a los medios masivos de comunicación que por omitir estos problemas dan la sensación de que no existen. Ignorarlos lejos está de ser la solución para resolver