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martes, 26 de julio de 2011

“Macho, varón, masculino en la villa de Guanabacoa”


Presentación de Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba de Julio César González Pagés en Guanabacoa.






Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades

La Habana/23 de julio. Con motivo de las lecturas de verano organizadas por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Provincial del Libro, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, Julio César González Pagés, presentó su más reciente obra Macho, varón, masculino: Estudios de masculinidades en Cuba, en el municipio capitalino de Guanabacoa.

La presentación, realizada en el Café Literario, contó con las palabras iniciales de Víctor Montes de Oca Jiménez, presidente del Consejo del Libro y la Literatura de ese municipio, quien además de agradecer la presencia del prestigioso autor, hizo un recuento, para el interesado público asistente, sobre el significativo recorrido académico y profesional del invitado.

Por su parte, al expresar que era una ilusión estar en Guanabacoa, Julio César González Pagés reconoció la importancia de compartir Macho, varón, masculino…en un lugar emblemático para la propia historia de la capital cubana, ya sea por su identidad o por la masculinidad que matiza la mitología y la práctica religiosa popular de esta antigua villa.

Sobre el título que escogió para dar nombre al texto, manifestó el también profesor de la Universidad de La Habana, que partía de una provocación que incitara el debate y la polémica en todos los ámbitos sociales, debido a que “macho, varón y masculino” ha sido una definición cotidiana común para la masculinidad en Cuba, sin importar la clase, la raza, el nivel cultural, etc.

Con el objetivo de reflexionar acerca de los imaginarios sociales y culturales sobre los hombres cubanos, las contradicciones en torno a las formas de ser hombres y las realidades que viven, y la necesidad del estudio de la masculinidad para tratar la violencia, González Pagés destacó no solo el porqué de esta obra, sino el modo en que se aborda la masculinidad a partir de las temáticas escogidas: el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.

Asimismo, refirió sobre las distintas temáticas, que representan la urgencia de discurrir sobre el mundo inexplorado de los hombres, las relaciones entre ellos y para con las mujeres e hijos/as, así como las implicaciones sociales en la salud, las conductas agresivas de los varones, entre otros aspectos. De ahí que González Pagés indicara el significado de la aparición de Macho, varón, masculino…, para evitar un reforzamiento del machismo en Cuba y cuestionar aquellos espacios que lo reproducen, y que gozan de gran popularidad, como son los casos de los videoclips cubanos.

viernes, 8 de julio de 2011

NUEVAS MASCULINIDADES EN CUBA



En la foto parte del equipo de Masculinidades en Cuba con Julio César González Pagés



Por Julio César González Pagés

El concepto masculinidad ha sido construido por tantos años que solo de nombrarlo ya connota superioridad, fuerza y violencia. En Cuba, masculinidad es sinónimo de machismo y, de hecho, el machismo implica violencia.

Tan es así, que a un hombre, para reafirmar su masculinidad, no le basta decir que es macho, sino que agrega ser varón y masculino. No cabe duda que se trata de un conjunto de ideas socio-ideológico-culturales que se han encargado de preservar la hegemonía masculina como centro de poder.

La ideología que sustenta las masculinidades traspasa, cruza los sistemas culturales, impone las políticas, las creencias y demarca todas las estructuras: sociales, raciales y sexuales, entre otras.

Además, estamos tan influenciados por la noción occidental de la masculinidad que se ha hecho evidente en la forma que se organizan las instituciones, y su reflejo se confirma con el rol masculino de proveedor económico. Los hombres son más reconocidos y de mejores salarios, aunque en la actualidad esta situación ha sufrido cambios, lo cual pone en crisis las masculinidades. En efecto, hemos visto casos donde los hombres que tienen dificultades para ser proveedores reflejan su impotencia a través del uso de la violencia familiar como respuesta a su frustración.

Ese afán de convertirse en macho desde que se nace, lo hace marcar diferencias. Asimismo, sufren buena parte de su vida, cuando no concientizan que están siendo utilizados, quedando presos de sus propios genes.

Para la presente edición de Mujeres, un grupo de jóvenes investigadores cubanos nos muestra diferentes miradas polémicas respecto a las masculinidades en Cuba, con la idea de que un mundo mejor y posible se puede construir cuando nos lo proponemos de forma colectiva

Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=21

EL MIEDO AL QUE DIRÁN. Masculinidades y sexualidad



En la foto Enmanuel George López




Por Enmanuel George López


El pronóstico para adivinar un posible tema de conversación de algunos grupos de hombres es casi infalible. El «menú» que ofrecen generalmente gira alrededor del deporte, la música o el sexo. Por lo general, estas charlas no están «condimentadas» con revelar intimidades sin despojarse de una postura etiquetada como masculina, y en relatos que no sobrepasan la mejor canción o película, el partido de fútbol más «eléctrico», o la muchacha del momento.

El ideal en estas conversaciones es exponer los valores de valentía y destreza atribuidos socialmente a la conducta masculina. El machismo, como oficialización de ese supuesto sexo superior, es defendido desde los comportamientos violentos, las palabras y frases que afiancen su hegemonía y la represión total de sentimientos, ahogando así cualquier indicio de emociones jamás concebido en un «verdadero varón».

Mi propuesta es revelar una charla entre jóvenes que pudieron apartar ese silencio y se confesaron frustraciones, preocupaciones y experiencias sobre uno de los grandes miedos que enfrentan los hombres: la sexualidad.

Fue una tarde en que solo tuvieron un turno de clases y aprovechando lo temprano que era para llegar a casa, decidieron platicar en las escaleras del Rectorado de la Universidad de La Habana. Emilio rápidamente convidó a prestarle atención a un cuento acerca de su última experiencia sexual. El mismo trataba sobre ese pretendido deber de los hombres en «quedar bien» durante el sexo y la posición elemental de dominadores o kamasutras vivientes, que no permiten en muchas ocasiones el disfrute y el placer que brinda la sexualidad.

—¡Jamás imaginé que podía pasarme! Siempre confié en mis artimañas para dejar buena impresión. Aun en los momentos más apretados, continuamente salí airoso. Pero toda hoja de árbol tiene su otoño, o todo tigre tiene esa escopeta que lo fusila.

—Quedé con los chicos del barrio en pasar el fin de semana en casa de un familiar de Celia, cerca de la costa. La festividad ameritaba la ocasión de acostarme con Amanda, la chica con la que llevaba saliendo algún tiempo y que mantenía mi mente y cuerpo ocupados en conseguirlo. No se trataba de convencerla o emborracharla para terminar en la cama, hace rato que ambos lo deseábamos, pero no teníamos el lugar ni la tranquilidad para esto. La expectativa que construimos para el anhelado momento fue muy simpática. Yo me anunciaba como un tigre, pues mi calzoncillo tenía un dibujo de semejante felino, y de ahí mi alarde previo como «el animal». La noche indicada fue el sábado, llegaba con un clima perfecto, y una habitación solo para nosotros dos.

—Honestamente, quería impresionarla, dejarla con la mejor opinión de mí sobre las «cuestiones eróticas». El instante de desnudarnos fue muy sensual y erótico, pero mi objetivo no era ese. Me sentía como si tuviese una agenda con los pasos a seguir y en la que iba anotando bien o mal mis acciones. Los besos y caricias tejieron una atmósfera de excitación enorme, pero mis ganas de hacer «el verdadero sexo» no me permitieron disfrutarlo y fueron para mí simplemente una señal para la penetración. Aquí comenzaron a fallarle los zarpazos al felino.

—¡Mi madre! ¿Qué me pasa? ¡Si en las películas lo hacen tan fácil! Simplemente no pude hacerlo. Mi cuerpo perdió el aire tal como un globo desinflado, y mi bandera blanca ni siquiera tuve que izarla, colmo fuera que se alzara ahora. El tigre había quedado disecado en una sala de trofeos. Había terminado más bien como un minino. Pasaron tantas cosas por mi cabeza, viagras, huevos de codorniz, guarapo, perlas, vergüenza. Me senté en el borde de la cama donde la oscuridad no dejaba ver mi rostro.

La confesión de Emilio impresionó al resto del grupo. Su supuesto fracaso sexual se debió en parte a la ignorancia de que el sexo existe más allá de la penetración y por la construcción de una imagen del hombre incansable y domador, vendida por el imaginario colectivo.

Su confesión albergó intimidad con el resto de los muchachos, pues contó algo que no lo pintaba como un triunfador, y eso denotó confianza, la necesaria para que Enrique hablara de un tema que lo perturbó durante su etapa en la beca. El asunto de las denominadas perlas que se colocan en el pene, que pueden llamar la atención a más de una persona, sobre todo cuando se ofertan con la intención de satisfacer a las mujeres. Lo cierto es que puede ocurrir hasta la amputación del miembro por las precarias condiciones higiénicas con que se las colocan, pero ese riesgo lo corren muchos, y otros se lo piensan bastante, como Enrique.

—En la beca, el tiempo de descanso era añorado, pero realmente poco; solo al término de las comidas y en el horario de baño, donde inmediatamente después nos ordenaban dormir.

—Había entre los socios un joven al que llamaron «el médico», porque quería estudiar enfermería. Ante tanto alboroto por la actividad sexual futura, el médico abrió su negocito de colocarles perlas a los penes de sus «compañeros de aula». Por tres CUC, tendríamos esos adornos destinados a satisfacer como nunca a nuestra pareja. El material de la perla era de acrílico, que los clientes pulirían para evitar la rugosidad. El ruido a la hora de frotar el acrílico contra la ventana o la litera era insoportable.

—El primero en ponérsela fue Elier, quien tuvo como público a casi todo el grupo, encaramados en las literas o haciendo un cordón en el pasillo. Los utensilios del «médico» eran un pomo destapado, una cuchilla y una jeringa con anestesia, ambas estériles, según él. Ya después pasaron por sus manos Leandro, el «Coti», el «Crema» y Juan Carlos.

—El dormir era interrumpido entre las campanas de «el de pie» y los gritos de los pacientes. El último en ser atendido fue el propio médico, en una autooperación que no terminó para nada como soñó. La cirugía sufrió una infección irremediable, su perla se le cayó y dejó una herida espeluznante, que lo mantuvo muchos días en extrema preocupación. Cuando no tuvo más remedio que ir al hospital, regresó con toda una lista de recetas médicas, su pene «momificado», y la amenaza de perderlo.

—Las penosas «heridas de guerra» de mis compañeros lesionados y las victorias no tan claras de los otros, me alejaron la idea casi sentenciada de ponerme una perla. No les veo otro lugar que en un collar o dentro de las ostras en el mar, y mi empeño que sea el de recurrir a otros métodos para brindar y recoger el placer en el amor.

El tamaño del pene, las erecciones, el sexo, son temas que no son profundamente abordados por el temor de verse afectada la masculinidad y dejar la impresión de inexpertos. Precisamente este temor afecta la comunicación de los hombres, y es un listón a saltar.

http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=24

domingo, 17 de abril de 2011

Aprendiendo a ser “macho”


En la foto el profesor Julio César González Pagés con el joven gaitero Wilber Caselt participante en la campaña de jovenes contra la violencia de género de la Red Iberoamericana de Masculinidades




Por Kalika Kofi

Somos machistas porque lo aprendimos”, afirma Julio César González Pagés.

Precisamente el mes de marzo, cuando el mundo entero celebra a la mujer, Somos Jóvenes (SJ) convino en hablar de machismo.

“Es buena idea —afirmó Julio César González Pagés, historiador, Máster en Estudios de género y coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades—, esta es una ideología que igualmente atraviesa a las mujeres; también ellas educan en preceptos machistas a sus hijos, y hasta exigen hegemonía de sus cónyuges”.

SJ: ¿Habla de mujeres machistas?

“Mas no digo que sean las culpables; el fenómeno pervive por una complacencia social de hombres y mujeres, es tan aprendido como la violencia, y se repite desde la educación y la cultura. Por eso advierto del riesgo de querer ser modernos.

“Recuerdo que en una de las emisiones de El triángulo de la confianza, el programa del Canal Habana, participé junto con otros invitados. Uno de ellos expresó: ‘Es que a los jóvenes les gusta la violencia...’ Los líderes de opinión deberíamos enfrentar tales criterios”.

SJ: Así cualquiera diría que la juventud “pide” machismo…

“O que está condenada a él. Pero el machismo, insisto, es una ideología que nadie elige; es él quien nos aborda y atrapa con sus múltiples caras y coerciones. Las mujeres lo reproducen desde que llaman ‘cazuelero’* a quien se entromete en los asuntos domésticos.

“Muchas sueñan con mundos utópicos, pero en la práctica, al educar a sus hijos, les piden al niño que se comporte como un ‘machito’… Jóvenes me han dicho: ‘En mi casa no puedo ser amable ni pasármela leyendo: mi mamá teme que sea gay’ ”.

SJ: ¿Cómo explicar semejante aprensión?

“La homosexualidad demerita la masculinidad hegemónica. Según el machismo, el antagonista del ‘macho‘ es el afeminado; la cultura patriarcal no sabe discriminar, para ella quien no es vaquero es ‘mariquita’. Esta también es una forma de devaluar la ‘hembra’: lo afeminado se refiere a los gestos o actitudes propios de mujer; en el patriarcado lo femenino, o no tiene valor, o es secundario”.

SJ: A propósito de la sexualidad, el modelo supone que los varones sean expertos en el tema.

“Y la sola posibilidad de salir con una amiguita angustia a los adolescentes. Luego, la idea de sexualidad reinante entre ellos se reduce a la masturbación y la penetración. Así se sienten inseguros con el tamaño del pene; creen que mientras más grande mejor. La verdad permanece oculta; por no quedar en entredicho, el tema es tabú; cuando hablan entre sí, por lo general se refieren a un sexo exitoso y violento: ‘La tiré, la viré, la giré’. Son angustias supeditadas a la necesidad protagónica del ‘macho’ ”.

SJ: Entretanto, ¿qué sucede con el hombre adulto?

“Lo triste es que pensemos que es feliz debiendo ser hegemónico. La sociedad le exige que sea proveedor, es decir, que tenga éxito económico. Y si no lo logra, o si por necesidades de salud, deja el trabajo y su familia pasa a mantenerlo, entonces es un vago. El temor a la ‘devaluación’ empuja al hombre a una lucha por la hegemonía donde todo vale, incluso tumbar al compañero”.

SJ: Al machismo, ¿deberíamos revirárnosle?

“Los procesos tendrán que ser más orgánicos; no serán los decretos quienes borrarán los prejuicios; contamos con fabulosas leyes, pero desde la educación y la cultura seguimos reproduciendo fobias y conceptos ambiguos. No es ‘admitir’ o ‘tolerar’; quien termina aceptando, primero pensó en ser hegemónico. Debemos aprender a convivir con los demás, se trata del derecho a la diversidad, prerrogativa de todo ser humano”.

SJ: Las instituciones culturales, ¿tienen la responsabilidad de evitar dicha reproducción?

“Son responsables todos los entes educativos, desde la familia y la escuela hasta la comunidad, pero solemos imputarles la obligación a las instituciones culturales: Olvidamos el compromiso que tendrían con ella organizaciones políticas como la UJC, y estudiantiles como la FEU, la FEEM y la OPJM.

“Masculinidad hegemónica se nombra en América Latina al machismo. Al llamarlo así le restamos fuerza política, pareciera que no podemos contrarrestarlo por ser una cuestión cultural. ¡No! Somos machistas porque lo aprendimos, pero eso puede revertirse instrumentando políticas educativas y culturales.

“Hoy tenemos la Red Iberoamericana de Masculinidades, tejido que une a 28 países. Una de sus convocatorias más singulares es la de Hombres contra el machismo, o sea, hombres contra la masculinidad hegemónica”.

SJ: ¿Desde qué bases se establece la hegemonía?

“Decimos ‘masculinidades’ para significar los modos de vivir la masculinidad; en uno mismo convergen varios. Con todo, la hegemonía se funda en condiciones devenidas jerarquías: hombre, blanco, heterosexual, bien remunerado, citadino, y si es joven mejor. Así se erige el predominio, inclusive entre los propios hombres”.

SJ: ¿De qué manera neutralizar las preeminencias?


“Repito una vez más: ¡desde la educación y la cultura, y a largo plazo! No es un influjo inamovible, ni está dictado por la genética o la biología, sino por el género. Los estudios de género, nacidos en los años 60 del pasado siglo, nos permitieron definir la masculinidad como una construcción sociocultural: el género masculino se vive de una forma en La Habana, y de otra, por ejemplo, en Ciego de Avila o Santiago de Cuba”.

SJ: ¿Cuáles son los entes socializadores machistas?

“En general los hombres no hablan de temas íntimos: Los cuatro grandes socializadores de los ‘machos’ son: sexo, deporte, música y bebida. Quien no sea mujeriego desentona; también son devaluados los ‘antideportistas’, los ‘patones’ ** y los abstemios”.

SJ: Existe voluntad para el cambio, mas pesa la resistencia.

“Convivo con la resistencia todo el tiempo. Cuando en 1996 volví a La Habana procedente de Nueva York, donde hice la Maestría en Estudios de género, alguien me interpeló: ‘¿No crees que esos estudios son un poco raros?’, me dijo con retintín, dando a entender que eran cosas del imperialismo. Y yo: ‘¿Tú sabes lo que es género?¿Cómo identificas al enemigo sin conocerlo? ’. Y es que también existe el miedo a lo desconocido, miedo que vacilamos en desafiar porque la masa, los otros, no nos secundan”.

SJ: Llegamos al miedo. Nos gustaría salir al amor.

“Muchas jóvenes sueñan con un príncipe azul que se encarna en el ‘macho’ y erigen sus anhelos en la tesis de la media naranja. Nombrar así a la mujer o el hombre de una pareja, al uno respecto del otro, supone que, por la referida hegemonía, la compañera se pliegue a su compañero.

“Gracias a la complacencia social, el hombre, ¡en nombre del amor!, termina violentando a la mujer”.

SJ: ¿Será posible encontrar alguien que no sea machista?

“Es difícil. El mundo es patriarcal y la ideología, machista. Este debería ser tema permanente en la agenda de Somos Jóvenes; el machismo genera violencia, inequidad, desigualdad, y es alarmante que cada vez con más frecuencia las propias muchachas sean sus depositarias. ¡Ojo! Revelar dicha verdad no debe asustarnos: de no admitirla, jamás ganaremos la acción”.


* En Cuba, hombre entrometido en los asuntos domésticos.

** Así se le dice en Cuba a la persona que no sabe bailar.

http://www.somosjovenes.cu/index/semana221/macho.htm

viernes, 15 de abril de 2011

“Masculinidades desde pastos y forrajes”


El Dr. Julio César González Pagés durante la presentación del libro Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba en la comunidad matancera de Indio Hatuey.



Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades.

Perico/Matanzas, 12 de abril. Como parte de las actividades en ocasión del cincuenta aniversario de la creación de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, ubicado en el municipio matancero de Perico; el Dr. Julio César González Pagés (coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades) realizó una presentación especial de su última obra Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba, que salió a la luz con gran éxito durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro.
En el centro de investigación de referencia nacional e internacional, que también dedica esfuerzos por el aseguramiento de sistemas de alimentación sostenibles para rumiantes, su director Giraldo J. Martín Martín agradeció a González Pagés la oportunidad para los trabajadores/as y profesionales de las ciencias agrícolas de debatir sobre aspectos importantes de la cultura y la sociedad como el tema de la masculinidad.

Por su parte, el autor de Macho, varón, masculino… expresó las razones que motivaron la presentación en ese emblemático lugar para las ciencias agrícolas cubanas, de incluir el ámbito rural y poner a discusión el machismo tan arraigado en la sociedad. Agregó que el título resultó provocador, porque además de ser una reafirmación del modelo de masculinidad hegemónica, ha sido una tríada popular de identificación para los hombres cubanos.

Como resumen de más de diez años en experiencias alrededor del estudio de las masculinidades, a través de talleres, conferencias y seminarios, señaló que el libro era una necesidad, pues toca aspectos vulnerables, inquietudes y problemáticas que envuelven las masculinidades para los hombres. En este sentido, refirió cada una de las temáticas que se abordan en el libro como el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.

Acerca de la importancia de tratar cada uno de los aspectos estructurales del libro, González Pagés indicó las consecuencias para los hombres del modelo machista, como en la salud, en la violencia hacia las mujeres, en los miedos al cambio, en la “honra masculina”, en los homicidios, en la obsesión por el dinero, del desempleo e incumplimiento del tradicional rol de proveedor, etc. En su criterio, como las sociedades van más rápido que las ciencias sociales, significaría un gran paso que hombres y mujeres participen del diálogo en la comunidad sobre estas problemáticas, desde lo personal: “Hay que lograr que la agricultura sea sostenible en el plano humano”, subrayó.

Por otro lado, con una proyección hacia el futuro junto con la idea de aprovechar las nuevas tecnologías, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades destacó que Macho, varón, masculino…es una apuesta al cambio para los más jóvenes. Subrayó que es un libro para todas las edades, pero en especial para los menores de 25 años. No solo expuso su voluntad profesional que ha implicado a estudiantes de la Universidad de La Habana en los estudios de masculinidades, sino que reveló una compilación de 69 materiales audiovisuales, muy útiles para el tratamiento de las masculinidades desde múltiples dimensiones, producido por la propia Red Iberoamericana de Masculinidades, y que fuese realizado en su mayoría por alumnos sin formación cinematográfica de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

A raíz del interés general que despertó en la audiencia y el debate suscitado, González Pagés insistió que la obra presentada persigue el objetivo de reflexionar sobre las masculinidades en los hombres, debido a que es un tema cultural, fruto del aprendizaje, para lo cual la educación es una vía de cambio: “Los hombres no deben dejar de ser masculinos, sino lo que debería cambiar son las estructuras e ideologías machistas que generan violencia”, concluyó.

domingo, 6 de marzo de 2011

ENTRE PÁGINAS DE MASCULINIDAD



Actor mimo con ejemplar del libro Macho varon masculino de Julio César González Pagés




Por Ignacio Cruz Ortega
idcruz@enet.cu
CMBF Radio Musical Nacional, 2010

El universo que la literatura ha podido desarrollar, entre todas sus formas, desemboca en las más disímiles riquezas generadas por el pensamiento y la actuación del variopinto universo de criaturas con que se pobló el mundo de las letras.
En ese entramado de personajes, reales o imaginarios, la mujer de carne y hueso se vio arropada de dicotomías y adversidades con que las vistieron la mar de páginas.
Más allá de cualquier ficción posible, aunque partiendo de sumas semejantes, Julio César González Pagés (La Habana, 1965) logró su Macho, varón, masculino. Estudio de masculinidades en Cuba (Editorial de la Mujer, 2010), presentado en el contexto habanero de la 20ª Feria Internacional del Libro.

El volumen, desde el comienzo, motiva a los lectores hacia posibles descubrimientos relacionados con modelos hegemónicos sexistas establecidos por la tradición en la Isla; de manera que –hombres y mujeres- puedan sentirse atraídos hacia circunstancias de las cuales forman parte, al unísono.

Partiendo de una aclaratoria Introducción que revisa la historicidad del tema, el estudio de González Pagés va más allá del enfoque docto con que inició el texto; llevando inmediatamente, y a través de un lenguaje llano, a esos descubrimientos anunciados.

Encontraremos –asombro de por medio- la imagen varonil con que José Martí describió a la camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, o la preocupación moralizante impresa en el periódico independentista Patria, ante renovaciones femeninas decimonónicas.

De aquella época González Pagés rescata a la emigrada Quirina Martínez, perteneciente a uno de los clubes patrióticos de mujeres en los Estados Unidos, criticada por montar bicicleta, cortarse el pelo y fumar cigarrillos en público*.
Mientras, siguiendo el curso inicial de su Estudio…, devela como real a la célebre Titina –protagonista de una anónima y olvidada canción popular- quien fuera la gallega Antonia Martínez, citándola como probable primera mujer en hacer uso de la bicicleta en Cuba, a fines del siglo XIX.

El autor se sirve de aquellas situaciones pretéritas en su interés por destacar el androcentrismo social prevaleciente en la Isla, al tiempo que repasa el curso del movimiento feminista y los cuestionamientos que originó aquel en los ya lejanos años veinte del siglo pasado.

Esa forma anecdótica asumida por Julio César González Pagés alcanza, para bien, los restantes capítulos del libro; que, matizados por enfoques didácticos –que no dogmáticos-, transita por asuntos relacionados con la violencia, la sexualidad, la paternidad y, hasta la migración de gallegos y canarios; centralizados por el egocentrismo masculino con sus estereotipos patriarcales.

Aún cuando las páginas regresen historias pasadas, está de más –entonces- pensar que con los cambios vividos en el país, se desterró el machismo contrario a la igualdad de hombres y mujeres pensada en beneficio social.

Lo hace valer el autor en el capítulo que dedica a la violencia, asignada socio- culturalmente a los hombres en el decurso de la historia con sus apelativos de duro, fuerte o macho; y el la legitimada honra masculina, enunciados entre acciones del pasado y el presente, para concretar comportamientos violentos como reafirmación de la masculinidad: una condición que se le impone a los hombres.

Con tan evidente atención historicista y alcanzando evidencias de actualidad, Macho, varón, masculino converge en arraigos que se transformaron siendo perdurables, cual vigencia en el país, no ajeno –por su inserción- a similares expresiones en el mundo.
Va de un tiempo a otro y, de tal manera, González Pagés puntualiza y generaliza en su Estudio…, hasta hacer del libro una atención valiosa sobre qué distinto se pudo ser y cuánto falta por cambiar y concretar en un universo de equidades comunes en el transcurso de los tiempos.

* Las cursivas son textuales de la edición.
© Copyright CMBF Radio Musical Nacional, 2010
Todos los derechos reservados
és

martes, 22 de febrero de 2011

“Masculinidad, audiovisuales y medios de comunicación”


A propósito del Taller sobre Masculinidad y audiovisuales y la presentación de videos promovidos por la Red Iberoamericana de Masculinidades.

Por: Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades

La Habana, 15 de febrero. Como parte de la nueva edición del Diplomado en Género y Comunicación, del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, el Dr. Julio César González Pagés (coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades) ofreció un taller acerca del aprovechamiento de las nuevas tecnologías digitales y el trabajo educativo en torno a las masculinidades a través de la realización de audiovisuales. Motivo por el cual, se presentaron una serie de materiales elaborados y promovidos por la Red Iberoamericana de Masculinidades, principalmente por jóvenes estudiantes de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, pertenecientes al equipo Masculinidades en Cuba.

González Pagés, al exponer la experiencia de la Red Iberoamericana de Masculinidades, refirió la significación de inmiscuir a jóvenes, aunque no sean realizadores profesionales, en la producción de audiovisuales, con el objetivo de asumir y trasmitir nuevos discursos que busquen desmontar estructuras, estereotipos, discriminaciones y modelos violentos que tienen que ver con la masculinidad hegemónica que reproducen muchos medios de comunicación a nivel mundial.
“Estos son temas sensibles. Hay que hacer un frente unido, ocuparse en vez de preocuparse. Es importante el trabajo con audiovisuales. La motivación en los jóvenes, es una apuesta a largo plazo”, expresó.

Al distinguir la variedad de medios comunicativos y audiovisuales como la radio, la prensa, la televisión, etc.; González Pagés señaló que se debía tener en cuenta otros medios como productos audiovisuales: la música y los videos clip, las novelas, las películas, los deportes, por su influencia en la reproducción de modelos dicotómicos de género, y en especial de masculinidades. En este sentido, presentó los resultados de trabajos en colaboración con Honduras y el UNFPA en ese país.

Entre los audiovisuales que más llamó la atención estuvo Triscornia, de Yonnier Angulo Rodríguez, quien dio una explicación sobre el contenido y su rodaje, en torno al campamento de control migratorio que con ese nombre funcionó en La Habana y por donde pasaron muchos hombres y mujeres que venían a Cuba para salir adelante; y que inmiscuyó a once jóvenes estudiantes e integrantes del grupo Masculinidades en Cuba.

Asimismo, como un aporte a la Editorial de la Mujer, y con la intención de aprovechar las tecnologías digitales, González Pagés destacó el proyecto de rescatar las revistas femeninas cubanas que circularon durante el periodo republicano de la primera mitad del siglo XX. Integrado por un equipo a cargo de estudiantes de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, se indicó la importancia de rescatar esos imprescindibles documentos para visualizar la historia de mujeres, como La Mujer Moderna, entre otras.

viernes, 28 de enero de 2011

Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba




Portada del Libro Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba del escritor Julio César González Pagés





La construcción de la masculinidad desde diferentes ámbitos: los mitos de la sexualidad masculina, los mandatos culturales de la masculinidad hegemónica, entre otros, son temas poco tratados en nuestro contexto y que resultan imprescindibles para la comprensión de la influencia cultural en la construcción de los roles de la masculinidad.

Título: Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba

Autor: Julio César González Pagés

Editorial de la Mujer, La Habana, 2010.

jueves, 20 de enero de 2011

“Del feminismo a la masculinidad. El género según Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba”


Por Dayron Oliva Hernández.
Red Iberoamericana de Masculinidades

Comprender al antropólogo Mathew C. Guttman cuando expresó que de no haber sido por los estudios feministas los estudios sobre masculinidad no existirían, es delinear el recorrido consecuente y, sui géneris, del Dr. Julio César González Pagés en su fructífero quehacer científico y académico, que por más de veinte años ha desarrollado y abierto un camino -no libre de obstáculos- a los estudios de género en Cuba. Al mismo tiempo, nos ayuda a entender el por qué de su última obra: Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba, y el significado de que haya dado luz bajo el sello de la Editorial de la Mujer.

Fruto de talleres, conferencias, y de la experiencia académica de la Red Iberoamericana de Masculinidades -surgida en el año 2007 y considerada uno de los “men’s studies” en activo más importante- llevadas a cabo por González Pagés; Macho, varón, masculino denota algo más que la madurez intelectual y la labor investigativa de este autor. Viene a llenar no solo un vacío dentro de la producción teórica e historiográfica de las Ciencias Sociales y los estudios de género en Cuba, sino que salda una necesidad de ampliar el horizonte de lo que González Pagés definió como la escuela cubana de género, al entregarle la primera sistematización sobre estudio de varones y masculinidades.

Si bien los estudios feministas diseñaron un modelo analítico que sirve para detectar cómo a través de la construcción cultural dicotómica de la diferencia sexual se estructuró la desigualdad de toda índole entre mujeres y hombres, en especial cómo la constreñida noción de feminidad significó opresión y subordinación de la mujer; con Macho, varón, masculino, González Pagés acierta en su intención de ubicar esta problemática desde el universo de los hombres y sus masculinidades, y tratar –a partir de un espíritu interdisciplinario que integra las perspectivas histórica, sociológica y antropológica-, las implicaciones socioculturales de los elementos que contribuyen al dominio de lo masculino como los mitos, el patriarcado, la violencia, la masculinidad hegemónica, el poder, entre otros.

Con adentrarnos en la obra, y percibir la forma en que se confeccionó la estructura temática, el autor advierte la manera y los escenarios constitutivos en que se puede organizar la masculinidad a nivel político, social y cultural por medio del feminismo, la violencia, sexualidad, paternidad y migración; y, nos brinda las herramientas para identificar los mecanismos y los significados sobre los que se configura lo masculino, con el objetivo de visualizar los componentes que influyen en un orden de género desigual no solo para las mujeres en comparación con los hombres, sino para los propios hombres que, dada la interacción con otras categorías como clase, raza, opción sexual o nacionalidad, no cumplen con las normativas tradicionales del patrón hegemónico de la masculinidad.

Para quien conozca la trayectoria investigativa y académica del profesor Julio César –como cariñosamente se le respeta-, para quien haya tenido el privilegio de haber sido su estudiante, o haber estado en algunas de sus conferencias y talleres; leer cada página de Macho, varón, masculino es como estar escuchándolo con la lucidez que siempre le caracteriza, en su afán de hacernos entender cómo funciona la construcción social y las relaciones de género, así como la urgencia de estudiar el género desde las mujeres, los hombres y las relaciones entre sí.

Es justo señalar también, que esta obra es un ejemplo de cómo su pródiga vocación de profesor y tutor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, ha seguido el principio de la inclusión y de preparar a las futuras generaciones de profesionales. De ahí que en muchos de los capítulos y en los temas abordados, se incluyan a los jóvenes investigadores que han trabajado como parte de un equipo.

Sin lugar a dudas, Macho, varón, masculino es una aproximación diferente, pero no menos oportuna, a cómo se ha constituido la sociedad, cultura y nación cubana. Más que un texto de contenido teórico, su leguaje está escrito para sentirse, no importa la persona, es para todos y todas, porque ayuda a comprendernos como mujeres y hombres en constante interacción, a partir de los significados de la tríada de la violencia para la masculinidad y los hombres, como seres sexuados, padres y migrantes.

Siguiendo con la prédica feminista que lo personal es político, sirva esta obra para que hombres y mujeres, bajo el lema de la equidad y el respeto a la diferencia, interioricen las consecuencias más que las “virtudes” de tratar de ser en todo momento macho, varón y masculino. Es por ello válido recordar una de las ideas que aborda González Pagés, presente en el texto: “Contribuir a transformar modelos de masculinidades dicotómicas, encerradas en soluciones sin salidas, podría ser uno de los más loables aportes de los estudios sobre masculinidades.”

sábado, 18 de diciembre de 2010

Los lavanderos chinos en la Habana del siglo XX: paisajes urbanos, sociabilidades y memoria colectiva


Por Mario G. Castillo Santana
Miriam Herrera Jerez



Foto tomada por Julio César González Pagés
de la Calle Rayo en el actual barrio Chino
de la Habana






La perspectiva más habitual a la hora de estudiar las oleadas de
inmigrantes en las historias latinoamericanas ha sido la de tomar a estos
colectivos humanos como grupos homogéneos, compulsados a hacer un
aporte étnico-cultural al mejoramiento/mestizaje de las razas y las culturas
nacionales, como muestra máxima de integración, sobre todo en aquellas
sociedades americanas como Cuba, con fuertes conflictos raciales. Desde la
década de los 30 la antropología, la etnología y las historias nacionales,
entre otras ciencias sociales, se apropiaron y resignificaron un asunto que
en la memoria colectiva popular de los actores que vivieron esa época,
aparece bajo una perspectiva más dinámica y multifacética. Tal fenómeno
de desencuentro en los contenidos de las memorias históricas se debe en
gran medida a que los saberes académicos en América Latina asumieron la
función de promover y sostener con su prestigio los imaginarios
vinculados al mestizaje, la mezcla de razas y la homogeneización como
soporte básico de las unidades nacionales, en la época de las grandes
reformulaciones populistas de los Estados y los patrones culturales de las
sociedades.

A partir de aquí las mezclas raciales y los procesos de transculturación en
la alimentación, el lenguaje, el vestuario o la creación artística ocuparán la
máxima atención investigativa. Temas como, las estrategias de adaptación
de los inmigrantes, la relación de estas estrategias con los procesos por los
que atraviesan las ciudades, los mercados laborales, las sociabilidades, las
instituciones o los imaginarios de las sociedades en que se insertan estas
inmigraciones desaparecen de los programas de investigación. En este
texto indagaremos en los orígenes de los lavanderos chinos como grupo
ocupacional en América y su relación con la formación de la sociedad
norteamericana. Nos aproximaremos al proceso dentro del cual se hacen
visibles en la sociedad cubana y la lógica de su distribución espacial en la
dinámica urbana habanera, así como la trayectoria de cómo fueron
percibidos por distintos sectores sociales, sus redes de relaciones y sus
formas de sociabilidad, desde la situación existencial que implicó la
ocupación de lavandero a mano. Todo ello para poder reactivar, desde las
pequeñas voces, la memoria histórica de un pueblo constreñido, por los
grandes dilemas geopolíticos y poscoloniales del siglo XX, a aplazar
indefinidamente la reflexión colectiva y creadora en torno a cómo vivir
una vida cotidiana de manera diferente.

La formación de los EE.UU., la fiebre del oro y los orígenes de las
lavanderías chinas en América


El descubrimiento de grandes minas de oro en el oeste norteamericano
desencadenó el primer movimiento migratorio masivo desde una sociedad
oriental a una occidental. Para 1876 había en California cerca de 110 000
chinos, contabilizando el 25% de los habitantes no nacido en el Estado
(Hobsbawm, 1992) Los chinos trajeron consigo un espíritu emprendedor,
una capacidad de trabajo, un sofisticado y barato patrón alimentario que lo
plasmaron en el shop suei (“la exportación cultural mas poderosa del
Oriente” Hobsbawm,1992) y sobre todo una nueva sociabilidad, moldeada
por una tradición comunal y una notable sofisticación mercantil y dineraria,
propia de las provincias del sur de China, que con el colapso social e
institucional del Estado Imperial chino se desbordaría allende las costas
americanas.

California fue el primer laboratorio social de los emigrantes chinos fuera de
Asia, un sitio en el que confluyeron en busca de oro, junto a los chinos,
“turcos”, hindúes, indígenas americanos, chilenos, peruanos, mexicanos,
europeos de múltiples nacionalidades y norteamericanos del este, con un
marcado desequilibrio demográfico entre los géneros y una recia jerarquía
racial, donde los chinos ocupaban los escalones más bajos. A pesar de una
situación tan subordinada como la que vivieron los chinos en California,
desplegaron un exitoso estilo de emprendimiento laboral, que se hizo cada
vez más visible y reprochable por las sensibilidades occidentales a medida
que se evaporaba la fiebre del oro, comenzaban las grandes inversiones
ferrocarrileras, aumentando el flujo demográfico con población proveniente
de otras regiones de la unión americana y se hacía más patente la presencia
del Estado federal en el área.

En una época de difícil accesibilidad al oeste de Norteamérica y de baja
densidad demográfica, los trabajadores chinos fueron un factor clave en la
minería y en la expansión de los monopolios ferrocarrileros
norteamericanos a través de la construcción de líneas férreas hacia y desde
el oeste, pero los chinos abarataron el valor de la fuerza de trabajo hasta
limites no aceptables por el resto de las inmigraciones laborales a EE.UU.,
lo que condujo a duras tensiones enmarcadas en una interpretación del
conflicto a partir de la “incompatibilidad de razas”. Así, sólo en 1862
murieron linchados 88 chinos en los Estados del suroeste (G. Renique,
1998) y desde fines de la década del 70 en adelante comenzó a propagarse
en el imaginario social norteamericano el mito de Fu Man Shu, un
perverso médico chino, un peligro para la sociedad (occidental) decente…
Todo esto desembocará en las Leyes de Exclusión China de 1882 y a la
proliferación, en los campamentos temporales colindantes a la construcción
de las líneas del ferrocarril, en el medio oeste, de locales de lavanderías,
donde fusionaban trabajo con vivienda, cultura con economía. Frente a la
transformación del paisaje laboral y a las tensiones por el acceso a los
empleos en el mundo de la frontera oeste, los chinos comenzarán desde
fines del siglo XIX a insertarse en las grandes ciudades industriales del
noreste. La lavandería china en Norteamérica, es por tanto, producto de una
situación de exclusión y de conflictos raciales, constitutivos del proceso de
formación de la clase obrera norteamericana.

En medio de este periodo de gran tensión antichina en los EE.UU. se
producirá la segunda oleada migratoria china al continente, peculiar y
decisiva emigración de chinos adinerados, con una mentalidad
cosmopolita pragmática, un producto cultural nacido de la desintegración
social del Estado imperial chino y su sistema de valores. Estos nuevos
emigrantes, utilizando las redes y las experiencias de la primera
emigración, tomarán a EE.UU. desde las costas californianas, como punto
de tránsito, diseminándose por las principales ciudades latinoamericanas e
impulsando la formación de los barrios chinos del norte mexicano, de
Lima, de Panamá y el de La Habana. Esta nueva migración china
impulsará, ya no solo en EE.UU., la formación de una red socioeconómica
transnacional, donde la lavandería tendrá una notable presencia.

La abolición de la esclavitud y la reorientación de la presencia china en
Cuba


Cuba en la década del 80 del siglo XIX está marcada por la abolición de la
esclavitud y el proceso de emigración hacia las ciudades de una parte
importante de las poblaciones de las plantaciones cañeras y dentro de ellos,
de manera notable, los chinos, presentes en la isla desde 1847 con un status
jurídico laboral de contratados libres por 8 años, pero semiesclavizados en
la practica. Ellos trasladarán hacia los mercados laborales urbanos su
experiencia organizativa en las plantaciones, condensada en la cuadrilla de
trabajadores chinos, una formula laboral que, siendo funcional con la
dinámica laboral cañera, preservó en buena medida la autonomía laboral
china, dando lugar a una jerarquía interna personalizada en el jefe de
cuadrilla(D.Helly,1986), que negocia con su prestigio y capacidad de
liderazgo las condiciones de trabajo y de remuneración, condensándose en
esa figura un capital político y dinerario básico que, en alianza con los
chinos adinerados provenientes de California y sus prácticas empresariales,
en poco tiempo producirán un cambio en la percepción pública de los
chinos en los centros urbanos del país.

Si de alguna manera para la década del 80 del siglo XIX “los chinos se
echaron a perder”, en el decir de Esteban Montejo (M. Barnet,2003), podría
ser en el sentido de que desde esa época en adelante, los nuevos intereses
chinos que se estaban configurando en la isla, “hipnotizarían al público” no
ya con “todo tipo de murumacas y figuraciones en las fiestas, en los días
grandes de su religión(…)”, propio de los humildes chinos contratados,
sino a partir de reorientar, en sentido comercial, la avidez existente en la
isla por el exotismo oriental, hacia el consumo de mercancías y servicios
chinos.

De la información contenida en los Censos de la Republica de Cuba de
1899 y 1907 y los Directorios Comerciales se pueden inferir los efectos
ocupacionales de la transformación que se está produciendo entre los
chinos desde fines del siglo XIX. En el contexto de una tendencia
demográfica a la baja entre los chinos en la isla, de 8033 jornaleros
existentes en 1899 se reducirán a 4729 en 1907; de 2154 criados chinos en
1899 permanecerán en ese empleo 1664 para 1907; entre los tabaqueros en
el periodo señalado descenderán de 361 a 87(M. Herrera; M. Castillo,
2003) En contraste con estas ocupaciones, propias de la etapa de los
contratos onerosos, crecerán nuevas ocupaciones entre los chinos como
carboneros, jardineros, verduleros y particularmente las de vendedores
ambulantes, comerciantes importadores, dependientes y lavanderos.

Estos nuevos giros ocupacionales tendrán en común el hecho de que
implican la puesta en práctica en los ámbitos citadinos, tanto, de la red
organizativa de la cuadrilla como de los capitales acumulados por estos
líderes laborales, en alianza con los nuevos inmigrantes chinos venidos
desde California. Ya para los primeros años del siglo XX el almacén
mayorista, la bodega, la fonda, el puesto de fruta y la lavandería se
convertirán en los giros ocupacionales de mayor presencia china en las
ciudades de la isla.

Las lavanderías chinas en el entramado de los espacios habaneros

Dentro de este mundo laboral las lavanderías tendrán un sostenido
crecimiento entre 1910-1918; 1918-1927, periodos en que se duplican
constantemente en toda La Habana 1, según consta en la información de los excelentes directorios comerciales que la firma Schneer hizo en esos
periodos. Después de 1930 se hacen más escasos e irregulares este tipo de
fuentes y solo para 1954 se encuentra un Directorio comercial para La
Habana que contabiliza 130 lavanderías chinas. Un descenso que involucró
la desaparición de al menos 163 respecto al año de 1927, pero que aun en
medio de tal declive mantiene a los chinos como los virtuales
monopolizadores de ese giro en la Habana.1 Es que al contrario de lo que
pudiera pensarse hoy, las lavanderías chinas funcionaron siempre como un
negocio de servicios para la sociedad y no para la colonia china en si
misma

Lo que hoy componen los municipios de 10 de Octubre, Marianao y el
Cerro constituyeron hasta fines de los años 20 notables focos de fomento
industrial, que generaron significativos poblamientos urbanizadores En 10
de Octubre resaltaba la barriada de Luyanó con la existencia de
fundiciones, litografías, mataderos, plantas productoras de materiales de
construcción, de envases, muebles, jabonarías y licorerías. En Marianao,
desde fines del siglo XIX el poblado de Puentes Grandes había sido un sitio
privilegiado por los inversores debido a la energía hidráulica que producía
el curso del río Almendares, por lo que allí se ubicaron talleres productores
de papel, hielo, chocolates y otras confituras. Conectado por carretera a
Puentes Grandes, el oeste del Cerro fue sitio de emplazamiento de fábricas
pertenecientes a la Cervecera Internacional y la Cuba Cervecera. Por su
envergadura los contemporáneos las equiparaban con centrales azucareros,
por sus niveles de rentabilidad y por el número tan elevado de trabajadores
que empleaban. 2

En una medida considerable, las concentraciones de lavanderías chinas en
la ciudad coincidieron con los nodos industriales antes señalados y las
nuevas barriadas obreras asociados a estos núcleos productivos. Esta
coincidencia espacial es particularmente visible en 1927, penúltimo año
anterior a la devastadora crisis de 1929, pero a pesar de la decadencia
productiva de tales nodos industriales en La Habana, permaneció la
distribución espacial de las lavanderías chinas en la ciudad, aunque con una
inevitable tendencia a la baja, producto del envejecimiento demográfico de
la inmigración china en la isla.

El área que hoy contiene a los actuales municipios de Habana Vieja y
Centro Habana, fue el corazón cosmopolita popular y comercial de la
ciudad, un centro urbano donde convergían, en contradictorio torrente, en
el Parque de la Fraternidad las sedes del poder estatal del país y las
barridas de clase baja con más personalidad sociocultural en la ciudad
como Jesús María, Cayo Hueso, Los Sitios o el propio barrio chino, en
colindancia con activísimas arterias comerciales como Galiano y Reina.
Este complejo y dinámico ensamblamiento de clases y estratos sociales en
el espacio urbano era terreno propicio también para una oferta de servicios
como las lavanderías chinas, diseñadas para estratos ocupacionales y
socioculturalmente abiertos a una oferta como la china.

A otra realidad social nos remiten las estadísticas referidas a las áreas
urbanas enclavadas en los actuales municipios de Plaza, Guanabacoa y
Regla, las dos últimas separadas del resto de la ciudad por la bahía
habanera. Aquí los lavanderos chinos encontraron un formidable valladar
para ofertar sus servicios. En el caso de Plaza se puede explicar por la
naturaleza socio clasista de una gran barriada como El Vedado, sede de las
más poderosas clases medias y medias altas de la ciudad, con una
disposición de consumo probablemente más dirigida hacia las tintorerías.

Era esta una oferta diseñada para públicos de mayor nivel adquisitivo y
status social, equipadas con tecnología de avanzada en su momento, en una
época en que todavía las industrias no habían descubierto el universo de
mercado de los electrodomésticos y la reconversión del lavado y otras
actividades cotidianas en trabajo femenino domestico no remunerado.
Los casos de Guanabacoa y Regla se nos presentan con una atipicidad que
escapa a nuestros esquemas de análisis, pues contando con núcleos obreros
y en general con estratos poblacionales humildes, multirraciales similares a
los de Habana Vieja, Centro Habana y 10 de Octubre, las lavanderías
chinas sin embargo tuvieron muy diferente trayectoria en su presencia, lo
que podría explicarse si avanzaran en presencia y calidad las historias
locales.

Los lavanderos chinos en la memoria y los imaginarios

Simultáneo a la trayectoria de la distribución espacial de los lavanderos
chinos y sus establecimientos por la ciudad se puede rastrear la evolución
de las representaciones sociales sobre esos actores y sus espacios en el
imaginario de la sociedad cubana. En el libro Memorias de una cubanita
que nació con el siglo de Renée Méndez Capote, ya anciana en el
momento que escribe su autobiografía, recuerda de manera muy vívida y
cálida a los chinos que conoció en su niñez, a inicios del siglo XX.
Rememora a los verduleros ambulantes y sus cuidadas huertas en los
alrededores de la ciudad, a los chinos sederos “vestidos de dril crudo, con
corbata (…) uñas largas y pulidas, oliendo a perfume” (R. Méndez Capote,
1990) y con particular familiaridad nos cuenta: “teníamos un chino
lavandero, partidario de los tres principios del pueblo de China, gran
admirador de Sun Yat Sen y que además de su lavandería resultó que era
presidente de un banco chino. Estaba en Cuba desde antes de la guerra de
Independencia y sentía por mi padre y todos los mambises y ellos por él
una gran devoción (…) Después de la republica de Sun se marchó para su
tierra (…)” (R. Méndez Capote, 1990)

Es que a diferencia de los EE. UU., donde el antichinismo constituyó un
factor de articulación del Estado, en Cuba los chinos ocuparon, luego de su
destacada participación en la primera guerra por la independencia de la
isla, un lugar muy especial dentro del imaginario patriótico nacional, que
les valió un cálido tratamiento, no sólo a los chinos que radicaban en la
isla, sino a todo lo que remitiera a la cultura material y simbólica china.
Entre 1915 y 1937, aproximadamente se va producir una notable
transformación de la percpción de los chinos y lo chino en Cuba, al calor de
la nueva oleada migratoria que se va a radicar en la isla, particularmente en
La Habana.

Esta nueva oleada china a Cuba coincidió con el auge del paradigma
científico del higienismo, una perspectiva de análisis que le ofrecía nuevas
herramientas a los Estados para plantearse la administración y planificación
biopolítica de las sociedades. Las nuevas percepciones que generará este
enfoque se centrarán en el carácter antihigiénico de los establecimientos, la
apatía respecto a las problemáticas cubanas y de manera más general, la
baja calidad biosocial el aporte e los chinos la nacionalidad cubana. Más
allá de si son pertinentes o no tales apreciaciones, estas marcaron un punto
de inflexión en la forma en que se socializaron, desde sectores del campo
intelectual y los medios oficiosos de opinión publica, visiones sobre el
lugar de los chinos en la nacionalidad cubana.

En tal contexto, entre los escritores cubanos de este periodo se producirán
dos obras literarias que, abordarán a los chinos lavanderos. Uno es Antonio
Ortega con su cuento “El chino olvidado” 3 y el otro es Jorge Mañach en su libro Estampas de San Cristóbal de La Habana. Ambos autores se harán
eco, con registros diferentes, de las mismas animosidades y perplejidades
que embargaron a la sociedad habanera de este periodo frente a los chinos y
específicamente los lavanderos.

En “El chino olvidado”, Antonio, un planchador de una lavandería, en una
tarde de mucho calor fue sorprendido por un policía planchando en
camiseta y este lo denunció, fue detenido y conducido al Vivac del
Departamento de Inmigración, para ser deportado a China: “(…)estaba
condenado a ser expulsado del país pero no había fondos para
reembarcarlo a Cantón, su punto de origen, y por otra parte Cantón se
hallaba en poder de los japoneses, en todo el mundo ardía la guerra. El
consulado de China no sabía nada de aquel sujeto, ni figuraba en sus
listas…” “Su caso sólo se podía resolver con la muerte…”, como
finalmente ocurre con el chino Antonio en medio de delirios afiebrados y la
mayor desolación.

El texto “Los chinos” de Jorge Mañach, forma parte de una serie de
crónicas cortas escritas alrededor de 1925 en torno a lugares, figuras y
costumbres de La Habana de esa época. Dentro de ese paisaje social
Mañach fija su mirada en los lavanderos chinos, y parafraseándolo, los
juzga como seres extraños, particularmente reservados y misteriosos. Sobre
ellos no sabemos casi nada, pero a ellos les confiamos a través de nuestras
ropas delicadas intimidades…

Si en el texto de Jorge Mañach está recogido parte de lo que se pensaba
sobre los chinos lavanderos, en el de Antonio Ortega está lo que se podía
hacer con ellos, con el aire de normalidad que otorga la legislación oficial
vigente en una época y, más aún, el acuerdo tácito de buena parte de la
sociedad. Resulta llamativo el hecho de que lo poco que escribieron los
3 Ver: Los mejores cuentos cubanos del siglo XX. Imprenta Nacional de Cuba. 1961
literatos cubanos sobre los chinos en Cuba en el siglo XX esté referido
explícitamente a los lavanderos y no a otro grupo socio ocupacional chino,
lo que reafirma la pertinencia de la inquietante paradoja sobre la familiar
lejanía del chino lavandero que sugiere Mañach en su texto y el lugar
especial que ocuparon en el imaginario y la vida pública de La Habana.

De 1929 es un influyente texto del prestigioso director del Departamento
de Sanidad Jorge Le Roy y Cassá que llevó por titulo Inmigración
Antisanitaria, el cual identificaba a las lavanderías chinas como “focos de
tuberculosis” y proponía un plan de saneamiento público donde podían
quedar en suspenso muchísimos establecimientos chinos, incluso el barrio
chino mismo. En contraste con estas posiciones oficiosas, se pueden
encontrar historias de vida que evidencian un entramado de relaciones
menos dicotómico y estereotipado de lo que quisieron ver los escritores e
higienistas.

Una foto como la que conserva Gertrudis Gómez, una bailarina cubana del
teatro chino, de cuando su época juvenil, posando en el patio de una
lavandería china, frente al tambor donde se conservaban las piedras de
carbón con que se calentaban las planchas de hierro, puede mostrarnos la
precariedad material y tecnológica en que se desenvolvía el trabajo y la
vida de los lavanderos chinos, pero también la capacidad que desarrollaron
para generar redes de sociabilidad y de confianza, más allá de los
estereotipos que sobre ellos se construyeron en el período que va entre
1915 y 1937 aproximadamente.

A pesar de ser tales establecimientos espacios eminentemente masculinos,
no es extraordinario encontrar en la historia de vida de jóvenes habaneras
de estratos sociales muy humildes, hoy ya ancianas, remembranzas de su
juventud trabajando en momentos determinados de sus vidas en
lavanderías chinas. Yolanda Rodríguez La Guardia, abuela del autor de este
texto recuerda con cariño el trato respetuoso y considerado que
establecieron los lavanderos chinos con ella y su amiga, luego su comadre,
Migdalia en el tiempo que trabajaron en la lavandería china de Estévez y
Monte, en el barrio de El Pilar del Cerro, a mediados de la década del 40.
Aquel establecimiento era el único de su tipo en muchas manzanas a la
redonda y en determinadas épocas del año, los lavanderos chinos no daban
a vasto solos para la demanda que se les presentaba, donde se podían
encontrar, ropas de hombres, de mujer, de niños y ropa interior incluida.

Era en esas circunstancias en que las jóvenes cubanas eran contratadas
fundamentalmente en función del planchado con planchas al carbón, como
lo confirma el lugar donde Gertrudis se toma la foto en la lavandería.
Juana Chiu, una de las pocas inmigrantes chinas venidas a Cuba en la
década del 50 del siglo XX, hoy vecina del barrio de Coco Solo en
Marianao, nos decía en una escueta conversación, con su lenguaje marcado
por los giros de su indeleble cantonés “yo no conocí a ningún chino que
quisiera hacer su vida en un tren de lavado antes de ponerse a trabajar ahí.
El tren (de lavado) era una piedra en el camino que se le metía (a los
chinos) en el zapato.” Es que las lavanderías históricamente fueron lugares
nada agradables en si mismos, colmados de humedad, hacinados, envueltos
en emanaciones tóxicas, donde se recibía ropa de disímiles procedencias.

La circunstancia de ser un lavandero chino

¿Que motivaciones moverían a tantos inmigrantes chinos a trabajar y
mantenerse por tanto tiempo en un espacio laboral como este? En la
lacónica respuesta de la china Juana hay una clave importante para
responder a esta pregunta. La lavandería no era una opción ocupacional
deseada por ningún chino previo al arribo a Cuba.

El nivel de desintegración social en que debió sumirse China en las primeras décadas
del siglo XX movió de sus lugares de orígenes, a cientos de miles de
individuos, muchos de manera definitiva, que por sólo sostener una
existencia mínimamente organizada, en torno a un trabajo y un lugar donde
cobijarse, con un sistema de gastos colectivos y acumular unos ahorros, con
la esperanza de hacer o rehacer una familia y tener hijos, volver a China o
simplemente sostener a la familia dejada en el continente, podían ser
razones de peso para trabajar muchos años en estos establecimientos. La
dialéctica entre las tácticas de la vida cotidiana y las estrategias de los
proyectos de vida podían adquirir matices conmovedores… 4

Tal vez entre los atractivos más fuertes que debieron poseer las
lavanderías estuvieron el hecho de ser empresas de pequeños colectivos
poco jerarquizados, con pocas tensiones internas derivadas de la
competencia individual, un espacio particularmente favorable para
reproducir la lógica y el tempo comunal ancestral. Por otro lado no habría
que invertir mucho capital inicial para participar en esta empresa, que
implicaba un trabajo agotador, pero bastante seguro en un contexto de
precarización del mercado laboral habanero entre 1930 y 1950.

Lo que desde ciertas miradas externas y occidentalistas cubanas parece ser
una simple acción de vegetar, con toda la carga peyorativa que contiene
este término en la jerga de las visiones higienistas de los Departamentos de
Sanidad de la época, desde el punto de vista de los propios chinos, el
trabajo en la lavandería era una posibilidad y un espacio desde donde era
posible la reinvención de normas de convivencia colectivas como las
redes solidarias y familiares clánicas, sostén afectivo ante el desajuste
existencial, a la vez que se ofrecía un servicio a la sociedad que se inserta
en los puntos neurálgicos de la ciudad.

La voluntad de los lavanderos chinos por organizarse como colectivo y
estar en sintonía con la dinámica de la sociedad cubana, se evidenció a
inicios de septiembre de 1933, cuando crean la Asociación de Lavanderos
Chinos, en un momento de extraordinario auge asociativo de un país que
tan sólo un mes antes se había librado de la férrea dictadura de Gerardo
Machado, el decepcionante caudillo liberal, que muchos chinos, como
tantos cubanos apoyaron en su campaña presidencial de 1924. Esta
asociación logró constituir su local social en la calle Dragones no. 354 y en el registro de asociados de 1955 contaba aún con 230 miembros,
sobreviviendo hasta bien entrada la década del 60.5

La Habana constituyó el lugar por excelencia en Cuba para el
establecimiento de las lavanderías chinas, monopolizando casi totalmente
el servicio de lavado a mano en la ciudad, constituyendo el sector, junto a
los puestos de frutas, donde los chinos alcanzaron mayor presencia. Desde
la perspectiva comparativa con México y Perú, otros de los países
latinoamericanos con gran presencia china, es más visible aun el éxito
rotundo de las lavanderías chinas en La Habana, pues en los años 30 las
lavanderías a mano en Lima ocupaban el sexto lugar dentro de los giros
donde invertían los chinos 6, mientras que en el norte de México, escenario de la mayor concentración de la presencia china en ese país, en el año 1931
las inversiones de chinos en lavanderías ocupaban el décimo lugar en
ciudades como Mexicali, el cuarto lugar en Tijuana y el sexto lugar en
Ensenada.7 Si en Baja California las lavanderías chinas fueron una masiva novedad en los sectores populares pero de carácter efímera, a principios de
los años 20, en la capital de Cuba, por las manos chinas pasaron durante
muchos años buena parte de la intimidad de los habaneros.

Los lavanderos chinos en La Habana crearon un nicho de mercado que se
nutrió, por una parte, de un persistente imaginario patriótico en el que “no
hubo un chino traidor, no hubo un chino desertor”, enriquecido por un
prestigio moral frente a los sectores populares, que muy poco varió a pesar
de los discursos higienistas en boga en la época. Por otro lado, a la luz de la
comparación con México y Perú sale a relucir, la presencia de unos
patrones de comportamientos privados femeninos y de unas exigencias
masculinas, al parecer menos reticentes en Cuba a ofertas de servicios
como las lavanderías chinas que trastocaban de alguna forma la
temporalidad domestica femenina y mas aun los bordes entre lo publico y
lo privado, lo cual tiene su correlato en el vanguardista movimiento
feminista cubano de la primera mitad del siglo XX.

A pesar de las variaciones en la trayectoria de cómo fueron percibidos los
chinos en Cuba y particularmente los lavanderos por distintos estratos de
la opinión publica en La Habana, lo que está fuera de dudas es el lugar
especial que disfrutaron dentro de la red de servicios y comercio urbano en
aquellos sitios de la ciudad donde podían establecerse. Las lavanderías
chinas, las tintorerías, las bodegas, las carnicerías, las ferreterías o los
puestos de fruta conformaron en su conjunto una red de ofertas que
reprodujo en lo más intimo de la vida cotidiana, tanto el status neocolonial
global en que se reprodujo la sociedad cubana hasta 1959, como el
entramado superpuesto y conflictivo de clases sociales, razas y estilos de
vida correspondientes, en lo más profundo de los barrios habaneros.

Citas y notas:


1- Para ver este proceso relacionado con la recreación en un nuevo contexto de los patrones de sociabilidad clánica, ver De la memoria a la vida publica. Identidades, espacios y jerarquías de loschinos en la Habana republicana
(1902-1968) Miriam Herrera Jerez y Mario G. Castillo. Centro deinvestigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2003

2- Las industrias menores: empresarios y empresas en Cuba (1880- 1920) Maria A. Marques Dolz.Editora Política, La Habana, 2002

3- Ver: Los mejores cuentos cubanos del siglo XX. Imprenta Nacional de Cuba. 1961

4- La época en que todavía era posible entrevistar a chinos lavanderos y de otrosgiros ocupacionales en La Habana tal vez haya pasado, quizás definitivamente.Cuando se podían hacer tales pesquisas no eran un asunto de interés para losinvestigadores sociales. A nivel de toda América sólo conocemos una indagación entorno a la vida de los lavanderos: The chinese laundry man. A study of socialisolation. (“El lavandero chino. Estudio de un aislamiento social”), escrito en 1953 por Paul Chang Pang Siu, , para su tesis de doctorado en la Escuela de Sociología de la Universidad de Chicago, a partir de sus experiencias y relaciones sociales como descendiente de chino lavandero, único texto con el cual pudimos establecer alguna relación de referencia.

5- Asociación de Lavanderos Chinos. Archivo Nacional de Cuba. Registro de Asociaciones. Leg.95 Exp.1120

6- Herederos del Dragón. Historia de la Comunidad china en el Perú. Humberto Rodríguez Pastor.Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2000

7- La migración china en el norte de baja California 1877-1949 Rosario Cardiel Marín En: Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México, siglos XIX y XX. Maria E. Ota Mishima. El Colegio de México, 1997

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Ángel de Sodoma y la construcción social de la “normalidad” genérica

Por Reinier Borrego Moreno.
Estudiante de 4to.
Año de Lic. en Historia,
Universidad de La Habana.

A manera de introducción


¡Fíjate bien, ese tipo es tremenda loca, un tremendo maricón y anda por ahí exhibiéndose como si na’. Yo te digo que prefiero ser ladrón o asesino, cualquier cosa menos maricón! En esta cotidiana expresión de nuestra sociedad contemporánea, utilizada muchas veces para referirse peyorativamente al hombre homosexual, considerado más denigrante e igualado a veces con asesinos, ladrones y otras figuras delictivas; se insinúan una serie de códigos que expresan la forma, en la que en nuestra cultura se participa todavía de una serie de prejuicios y reacciones emocionales contra la homosexualidad. Prejuicios y reacciones que tienen que ver también con una postura machista y hegemónica de lo masculino; con una visión dualista de la vida que no acepta la diversidad sexual, confinando a los homosexuales a una vida al margen y condenándolos a la discriminación social ya sea encubierta o declarada.

Pudieran extraerse otras valoraciones sobre esta actitud más o menos generalizada respecto a la relación entre hombres de un mismo sexo, y hago énfasis en esta manifestación de la homosexualidad, ya que en el gremio de “los verdaderos hombres”, no parece existir, hoy en día, un criterio igual de prejuiciado y ofensivo cuando la relación es entre mujeres; lo que deja claro además, la persistencia de una concepción de dominio masculino, que considera en muchos casos este vínculo entre mujeres como estimulante para su satisfacción sexual. La aceptación del lesbianismo solo se realiza en función del macho que quiere disfrutar de ello y no a partir de una comprensión real de la naturaleza y el sentido de esta práctica entre mujeres, e incluso, existe la falsa creencia de que la satisfacción de las mismas depende de y solo es posible a través de la utilización de objetos consoladores, penes artificiales u otros objetos; manifestación de un androcentrismo que no solo somete a la mujer en las relaciones heterosexuales, sino que además busca invadir los espacios íntimos en los que se manifiesta esta variante de la homosexualidad.

El énfasis en la localización de estos individuos, el fíjate bien, parte del hecho de resultarle a la mayoría de la población sujetos raros por su preferencia sexual. Se busca llamar la atención sobre su presencia y ello no precisamente porque sean pocos o estén en peligro de extinción, sino que el asombro está, más bien, en consonancia con la manera en la que históricamente se les ha visto desde una “normalidad” sociocultural heterosexual que los ha considerados “anormales”. En dicha frase, se manifiesta, la forma en la que nuestra cultura occidental y por pertenencia nuestra cultura particular, ha concebido la homosexualidad y las prácticas sexuales ; se expresa el rechazo social y la no comprensión, por considerarse en muchos casos no solo una enfermedad aberrante, sino también una desviación del comportamiento social, una fuga de la “normalidad” establecida en nuestra cultura occidental.

Quede claro, que me refiero a una actitud que para nada pretende ser una generalización absoluta de nuestra sociedad, pues sería obviar lo que en materia de sexualidad y derechos humanos ha ganado nuestra civilización y particularmente nuestro sistema en el último medio siglo, donde el reconocimiento y la aceptación de la diversidad sexual y la condena a la discriminación se ha hecho explícita en la Constitución de nuestro país, siendo esto no suficiente, se han realizado y con mayor insistencia en los últimos años, una serie de proyectos que buscan promover la aceptación real y no solo formal de estas personas en la sociedad, teniendo en cuenta que más que un problema jurídico, constituya un hecho cultural; combatiendo contra los históricos prejuicios, aun cuando sean subconscientes, que consideran la homosexualidad como algo negativo.

Sin embargo, se trata de un proceso complejo que debe romper con valores y concepciones muy enraizadas en el tejido social y una mentalidad formada durante siglos, producida y reproducida por vías multiformes y técnicas diversas. Ello tiene que ver, con la forma en la que toda cultura legitima para sí como válidos y normales determinados comportamientos, valores y actividades; rechazando aquellos que no se corresponden con los principios establecidos y que constituyen dentro de ella desviaciones, así como la manera en que estos principios se socializan y entronizan en el imaginario colectivo y la conciencia que de sí misma tiene cada sociedad.

La cuestión de la homosexualidad, así como la heterosexualidad, bisexualidad y otras manifestaciones de la sexualidad humana, no puede ser comprendida fuera de una perspectiva histórica, que la examine desde una teoría de género; no podría comprenderse de forma íntegra, sin un análisis de las relaciones de poder y estrategias de dominación que en nuestra cultura patriarcal han sustentado la dominación masculina y la heterosexualidad como norma.

En El Ángel de Sodoma (1926), obra inaugural en el tratamiento de la homosexualidad dentro de la novelística cubana, su autor Alfonso Hernández Cata, “deconstruye el espacio sociocultural de su época poniendo en evidencia el contenido represivo del mismo cuando se trata de sujetos que no siguen las normas” (JAMBRINA, 2010). En esta valiosísima obra de la literatura hispanoamericana, la puesta en discurso del tema homosexual, sirve no solo para condenar el carácter homofóbico de la cultura occidental, sino que además la preferencia sexual de José María es utilizada por el autor para denunciar todo un sistema, marcado por el conservadurismo, los convencionalismos y autoritarismos; manifestando además, la profunda crisis cultural y existencial de la época.

Si bien el discurso medular de la obra está en función de reflejar los conflictos internos y sociales de José María, personaje principal de la novela, durante un proceso de autoreconocimiento de su condición homosexual, esta no constituye la única crítica presente en la obra de Cata, e incluso, el hecho homosexual en su obra no puede comprenderse aislado de otras realidades socioculturales de la Modernidad y principios establecidos como normas en dicho proceso histórico.

En este sentido, el presente trabajo, en tanto aproximación a esa obra, tiene como objetivo analizar, desde un enfoque de género, algunas de las cuestiones abordadas por él en esta novela. Analizar principalmente lo que podrían constituir las causas que llevan al suicidio de José María Vélez Gomara, pero sin descuidar en la medida de lo posible, la presencia de otras muertes inducidas en la trama de la obra, situaciones y muertes, que en su acertada presentación por parte del autor, se convierten en filosos discursos transgresores de la “seudonormalidad” socialmente construida.

Dejo claro, que dicho intento no pretende agotar la riqueza interpretativa que la obra sugiere, como tampoco constituye un trabajo exhaustivo sobre los problemas de género y sexualidad. Hay que reconocer además los estudios que sobre dicha novela se han realizado, no solo desde un perspectiva estético-literaria sino también ético-social, por autores como Víctor Fowler en La maldición: una historia del placer como conquista (1998); por Juan Carlos Galdó en Usos y lecciones de un discurso ejemplar: a propósito de El Ángel de Sodoma (2000); por Emilio Bejel en Las contradicciones del positivismo en El Ángel de Sodoma ; así como los estudios que en Cuba y sobre la homosexualidad y literatura han realizado Marilyn Bobes y Abel Sierra Madero, entre otros.

Sexo y género de un hombre- “madrecita”

Amparo convaleciente de enfermedad, ante los inmejorables cuidados que su hermano José María le dispensaba le dice a este:
“Anoche, cuando me traías la cucharada, estaba medio dormida, y al oírte me pareció que no eras tú, sino mamá.”

Esta revelación en boca de la hermana mayor de José María, había cuajado en la visión de la gente del pueblo cuando “solo por la dulzura de sus ademanes y gestos, comentaban: - ¡Hay que ver!...Es una verdadera madrecita”. De esta manera se le identifica a la madre, al parecer de forma exclusiva, con la dulzura, el cuidado atento y los gestos suaves, entre otras características. La madre, rol femenino en el proceso reproductivo, capitaliza de este modo la crianza de los y las menores, fundamentándolo en la vieja consideración de que están mejores dotadas para la crianza y el cuidado de los críos, frente a la aparente incapacidad para este ejercicio de los hombres. Resulta ello un viejo mito, sustentado en una construcción sociocultural de géneros a fines con el sexo biológico.

El hombre es masculino y la mujer femenina y ello define las “creencias, valores, actitudes, formas de comportamiento, rasgos de personalidad, e incluso actividades que sustentan y ejercen hombres y mujeres y que son, precisamente, las que hacen la diferencia y la jerarquía social entre unos y otras” (PACHECO, 2009). El rol de madre tiene que ver menos con las habilidades reales y absolutas de las mujeres y más con una relación de sometimiento de las mismas por parte del género masculino. La crianza históricamente asignada a las madres y no tanto a los padres expresa la forma en la que las mujeres han sido confinadas a los espacios privados, en este caso el hogar, sitio por excelencia de esta actividad reproductiva.

De igual modo se participa de una concepción machista que rechaza las “cosas de mujeres” y que para su “integridad” física y moral evita cualquier aproximación y apropiación de estas actividades, conductas y “amaneramientos” propios de las féminas. Si bien el autor, busca con ello resaltar la presencia excesiva de rasgos femeninos en José María, como una condición previa que le permitiría identificarse luego con su condición homosexual, lo que constituye otro mito; el hecho de ser percibido socialmente como una madrecita, siendo biológicamente hombre, parte de una consideración machista y prejuiciada y no de una valoración real de las potencialidades afectivas de ambos sexos. Si como tendencia general en estas sociedades, lo afectivo y dulce se expresa con más arraigo en las mujeres, esto no puede explicarse al margen de la función histórica que en el proceso reproductivo y la crianza el hombre ha venido a jugar, así como de la percepción que de sí mismo se ha construido.

Para Cata, la identificación de José María con el rol de madre, forma parte de una estrategia mucho más amplia y que tiende a la construcción de un modelo de homosexual que no logra escapar de las consideraciones machistas en boga por la época. De ahí que no se contente con concebir un hombre-madrecita, sino que insiste en acentuar los rasgos femeninos en la personalidad de José María.

En el desarrollo de la novela este refinamiento del muchacho, pareciera ser más importante en el “autoreconocimiento” de su homosexualidad que los contactos con otros hombres, con los cuales de hecho nunca llegó a tener sexo, su homosexualidad parece definirse en gran medida, a partir de lo que puede ser, de su comportamiento amanerado, su identificación con las hermanas Amparo e Isabel -Luisa llegando al punto de parecer, -al menos desde la concepción del autor, que por su puesto es evidencia de la mentalidad de la época- “tres hermanas angélicas”, para quienes el hermano menor Jaime – símbolo del macho-varón-masculino- podría constituir un estorbo en su feliz desenvolvimiento.

“Hasta Jaime llegó a adquirir en la unión alegre de José María y sus hermanas aspecto de cuña”. Evidente alegoría a los límites que la cultura androcéntrica ha puesto por siglos al desarrollo de las mujeres. José María por sus habilidades en la protección de su hermanos ha demostrado ser una “verdadera madrecita”, pero ello no basta, el autor insiste en configurarlo lo más femenino posible, como si fuera necesario justificar su preferencia sexual en su feminidad, como si para que fuera creíble su condición de homosexual fuera vital que lo reconozcan y se reconozca lo menos hombre-masculino posible. Como si el desenfreno de este personaje frente a otro de su mismo sexo no bastara. Por ello, Cata lo concibe de una extraordinaria “belleza tímida y frágil”, ojos verdes, piel marfilina, toda una verdadera y potencial competencia para cualquier dama.

Sin embargo estas cualidades tienen la intencionalidad de atraer, de seducir, “la mujer es una presa que hay que cazar”. Expresiones como “cuerpo elástico”, “rostro apasionado” que hacen volver la mirada de los hombres, “turgencias frutales” para referirse al cuerpo en formación de Amparo, u otra muy ilustrativa “!Qué mujer admirable! ¡Qué formas! La escultura de una de las negras del Senegal con piel color de día, rubia y rosada…”, constituyen una evidencia de la asignación que se le da a la mujer en relación con el hombre dentro de nuestra cultura, así como la articulación de patrones estéticos concebidos desde una visión eurocéntrica que discrimina a las mujeres que no cumplen con las normativas de belleza, por la cual estas son vistas como si se trataran de bocadillos sexuales.

En este sentido, Cata nos ofrece una imagen de mujer-hermosa a la occidental y a un José María que lo único que pudiera envidiar a sus hermanas es el no ser biológicamente mujer, aunque socialmente pueda ser considerado una fémina. He aquí un punto clave para entender la homosexualidad que nos presenta Alfonso Hernández Cata, una homosexualidad que no logra concebirla al margen de la feminidad. ¿Cómo entender entonces el conflicto interno y social de José María?, cuya ambigüedad está en la forma misma en la que el autor le nombra y constituye una lucha continua entre sus diferentes formas de estar en el mundo. Por un lado un ser biológicamente hombre, amanerado pero hombre; por otro un hombre considerado socialmente una “madrecita enérgica”, una fémina que en ocasiones no solo podría traerle a sus hermanas el recuerdo del “cuerpecillo femenil” de su madre, sino que además por sus gestos, limpieza, habilidades en la cocina y la costura, su belleza de flor, su soledad, su voz y su llanto: “su llanto era ese llanto silencioso, casi subterráneo, de las madres”, por su paciencia y disimulo, ese disimulo femenino con el que teje las sucesivas fugas, hasta llegar al final en el que “un largo estrépito de hierros y de gritos pasó sobre su carne virgen e impura”; en la ciudad que parecía ser el emporio mismo de las libertades, la ciudad abierta y tolerante, por estas cualidades podría superar a cualquier fémina- mujer de esa sociedad. Pero también y eso es innegable en la obra como un ser auto y socialmente reprimido por su preferencia sexual.

Lo que resulta por ver es en qué medida su homosexualidad participa y se define a partir del machismo imperante que lo tilda de “madrecita” o por una atracción sexual real hacia los hombres. Pero lo femenino, como construcción social no solo se reduce en el caso de José María a una aproximación estética a la belleza de mujer, sino que se expresa además en toda una gama de roles a desempeñar, características, cualidades y comportamientos que van desde una disposición siempre alegre, presta al sacrificio hasta una subestima de la inteligencia de la mujer…
He querido hasta ahora señalar algunos elementos que en esta obra podrían servir para el análisis de la relación de géneros en el contexto sociocultural en el que se desenvuelve. En este tópico tampoco creo haber podido agotar los potenciales análisis al respecto, quedándome claro e incluso habiendo registrado algunos otros rasgos que podrían enriquecer las consideraciones que al respecto se han esbozado hasta aquí.

Bibliografía:

BOURDIEU, P. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama, 1999
COLECTIVO DE AUTORES. Introducción al trabajo social II. Trabajo social con individuo y familias. La Habana: Félix Varela, 2004
COUCEIRO R., Avelino. Hacia una antropología urbana en Cuba. La Habana: Fundación Fernando Ortiz, 2009
FERNÁNDEZ, Natalia. El lugar de las mujeres en el discurso pornográfico. Disponible en: http://www.fempress.cl. Acceso en: dic. 1994
FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo XXI, 1976
GARRANDÉS, Alberto. Sodoma y Babilonia. En: Presunciones. La Habana: Letras Cubanas, 2005, p. 93-97
GIRALDO N., Octavio. Explorando las sexualidades humanas. Aspectos psicosociales. México DF.: Trillas, 1983
GONZÁLEZ PAGÉS, J. C. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
JAMBRINA, Jesús. Adiós al miedo: maneras de leer “El Ángel de Sodoma”. Disponible en: http://wwwseribd.com/doc/9292166/CUBA-Hernandez-Cata-Alfonso. Acceso en: sept. 2010
KATCHADOURIAN, Herant A. La sexualidad humana. Un estudio comparativo de su evolución. México DF.: Fondo de Cultura Económica, 1983.
MOYA RICHARD, Isabel. El sexo de los ángeles. La Habana: Acuario, 2010.
PACHECO V., Irina. Las mujeres de Pro-arte Musical en la construcción identitaria cultural de la ciudad de la Habana en la República Revolución y Cultura, La Habana, No. 5-6, sept.-dic., 2009
PLAIN R., Elsie. La supremacía del hombre sobre la mujer. Sus génesis y perspectivas. Un análisis desde la realidad cubana contemporánea Revista Cubana de Ciencias Sociales, Instituto de Filosofía, No. 38/39, oct. 2007-sept. 2008
SIERRA M., Abel. La nación sexuada. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002

sábado, 4 de diciembre de 2010

Masculinidades contra la violencia


Por Enmanuel George López
Red Iberoamericana de Masculinidades
wwww.redmasculinidades.com







“El mundo debe caminar hacia relaciones de respeto e igualdad; sería mucho mejor para las mujeres, y para los hombres.” Así expresó la Dra. Clotilde Proveyer en su charla con estudiantes de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, por el cierre de la jornada de lucha contra la violencia. La experta analizó cuestiones sobre la categoría de género donde se impone la hegemonía masculina, y con la posible solución no de una guerra entre sexos, sino la alianza entre ellos. Mencionó además la importancia de los Medios de Comunicación Masivos como capacitadores de la educación en estos asuntos.

El espacio sirvió también para la proyección de materiales audiovisuales con un mensaje contra la violencia y un enfoque de género, realizados por estudiantes de la facultad y la maestría, integrantes de la Red Iberoamericana de Masculinidades que coordina el Dr. Julio César González Pagés.

Los videos abordaron temáticas diversas, entre el deporte, las relaciones de pareja y la música, donde estos escenarios no están ajenos al abuso de poder y relaciones patriarcales tradicionalmente establecidas.

El ambiente generó un intenso debate por parte de todos los estudiantes participantes. Sobre los videos clip, el ciclo de la violencia, la marginalidad, y la sexualidad, entre otros temas; se plantearon disimiles comentarios, dudas y propuestas. La actividad, organizada por los propios estudiantes de la facultad, fue agradecida por todos los presentes; la confianza en el pensamiento joven y en la capacidad de organizar eventos donde sean discutidos problemas tan importantes como la violencia, y con el objetivo principal de fomentar la paz y la equidad.

Masculinidades y deporte: el hombre más fuerte de Cuba



Por Alexis Carmona
Historia
Universidad de la Habana
alexkard@ffh.uh.cu


El 21 de noviembre de 2010 tuvo lugar en el Teatro América en Ciudad de La Habana, Cuba, el IV Torneo de Retadores de Fisicoculturismo 2010. En el complejo cultural se dieron cita los amantes del músculo y los ejercicios, entre los cuales se encontraban no pocos ex competidores e incluso campeones nacionales para ver a todos estos Hércules antillanos.

Presidieron la justa Armando Yera, máxima autoridad de la Federación Cubana de Fisicoculturismo, sus homólogos en las provincias de Pinar del Río, Matanzas, Santiago de Cuba y Camaguey, además del correspondiente colectivo de jueces, quienes dieron a conocer el Código de Ética antes de iniciarse la competencia.

El evento, auspiciado por la Federación Cubana de Fisicoculturismo y apoyado por el Instituto Nacional de Educación Física y Recreación (INDER) tuvo una excelente organización, además de la ya permanente acogida y aceptación de un público que colmó el recinto. Para regocijo de muchos y dando muestras de la importancia que tiene este tipo de competencia, hubo representatividad de varias provincias en los trece competidores presentes: ocho de Ciudad de La Habana, Yosvany Hernández, José Ulises Albuquerque, Alberto Valdés, Amed Falcón, Olier Petiton, Antonio Elizagárate, Tomás Torres, Miguel Castro. De igual modo hubo un competidor de La Habana, Luis Borrero; dos de Matanzas, Samuel Imperian y Leonel Hernández. Participaron además, Eduardo González y Luis Monteagudo, de Santiago de Cuba y Villa Clara, respectivamente.

Luego de una pequeña demostración de varias poses a solicitud de los jueces, estos se encargaron de elegir solamente a ocho, los cuales pasaron a la próxima ronda de la competencia. Los elegidos por el comité de jueces fueron los capitalinos Ulises Albuquerque, Miguel Castro, Olier Petiton, Antonio Elizagárate y Tomás Torres, los matanceros Samuel Imperian y Leonel Petiton y el villaclareño Luis Monteagudo.

Antes de que los jueces dieran los resultados, el espectáculo estuvo amenizado por el Ballet del Teatro América y el cantante Palacio Echenique, conocido como el Caballero de la Pista.
La ocasión fue propicia también para otorgar el título de Juez Nacional (JN) a Tania Álvarez, Anaisis Carrillo, Yosbel González, Eduardo Manuel García y Julio César.


En el segundo round de la competencia se procedió -a petición de los jueces-, a una comparación de los ocho participantes en las diferentes poses requeridas en la competencia: doble bíceps de frente, expansión dorsal de frente, pectoral lateral, doble bíceps de espalda, expansión dorsal de espaldas, tríceps lateral y por último abdomen y piernas.

Seguidamente vinieron unas poses libres por un minuto, para después hacer un post down donde posaron individualmente guiándose por las órdenes del juez.
Casi al concluir la presentación, todos los competidores volvieron a posar al ritmo de un fondo musical. Dicha parte del espectáculo, como en su gran mayoría, estuvo matizada por aclamaciones, vítores y no pocos enjuiciamientos con respecto a los competidores, dichas exclamaciones estuvieron matizadas por la preferencia de los aficionados.

Posteriormente continuaron con una pequeña coreografía, donde al ritmo de una canción escogida tuvieron que hacer varias poses, en las cuales demostraron elegancia y profesionalidad.
Mientras los jueces deliberaban y seleccionaban a los competidores que pasarían a la última ronda volvió por segunda ocasión el cuerpo de baile del teatro y el Caballero de la Pista.

Los cinco finalistas fueron José Ulises Albuquerque, Miguel Castro, Samuel Imperian, Tomás Torres y Antonio Elizagárate. Este fue uno de los momentos más disfrutados por el público, pues cada competidor llamaba al resto, y de uno en uno y le pedía que posara junto a él en una posición que casi siempre era la del músculo más débil del escogido. Así se daba pie a una comparación más personalizada e individual.
Finalmente tuvieron lugar las esperadas premiaciones. El galardón como mejor posador lo obtuvo Olier Petiton y el de la popularidad recayó en Miguel Castro.


Las posiciones finales concluyeron de la siguiente forma:
8vo Luis Monteagudo
7mo Leonel Hernández
6to Olier Petiton,
5to José Ulises Albuquerque,
4to Tomás Torres,
3ro Miguel Castro,
2do Samuel Imperian,
1er Antonio Elizagárate.

Al finalizar el evento, conducido magistralmente por los presentadores de televisión Lianet Pérez y Marino Luzardo, el público pudo compartir en la calle con los campeones y tomarse fotos junto a ellos.

La interesante lid dejó un buen sabor en los allí presentes y se espera que el éxito y la buena organización de la competencia pueda ayudar a un mayor reconocimiento de este movimiento, el cual cuenta con un sinnúmero de simpatizantes, tanto pasivos como activos y otras tantas personas de manera anónima. No son pocos los que día a día practican y hacen ejercicios con aparatos rústicos e improvisados, nacidos de la ingeniosa inventiva del cubano, el cual mantiene la máxima de que: “cuerpo sano, mente sana”.