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lunes, 2 de enero de 2012

Masculinidades en jóvenes pinareños: ¿En busca del nuevo hombre?



El libro Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba(Editorial de la Mujer, 2011) el más vendido en el año 2011 en Cuba

Escrito por Mayra García Cardentey


"Sé hombre", "no llores", "no tengas miedo", "no muestres debilidad", "no te dejes dominar por las mujeres", "no seas homosexual", se escucha una y otra vez, por décadas, por siglos, de legitimación del modelo de "macho, varón, masculino" tradicional.


Hoy Cuba percibe aires de cambio, aunque sutiles y a la vez in crescendo, del patrón de masculinidad hegemónica ancestralmente reconocido y modificado por otras maneras de asumir las relaciones intergénero.Según estudiosos del tema pertenecientes a la Red Iberoamericana de Masculinidades, los avances de las mujeres en la igualdad de oportunidades y derechos, la reconformación del universo familiar, la redefinición del ámbito laboral para ambos sexos y los diversos posicionamientos sobre identidades sexuales, traen a la palestra repensar las virilidades, como las diferentes vías por las cuales posesionarse los hombres en su identidad de género.


Una muestra de estas transformaciones se percibe en estos días en el comportamiento de muchos jóvenes que incorporan desde temprana edad concepciones de género. Pero, a pesar de ello, cohabitan aún, fuertes creencias y actitudes patriarcales, tanto de muchachos como muchachas, que impiden una mayor convivencia con otros tipos de masculinidades que las usualmente representadas.


Con 40 jóvenes entre 18 y 35 años, de ambos sexos, diferentes zonas residenciales, estudios escolares, identidades sexuales y formaciones psicofamiliares... conversó Guerrillero para debatir sobre el tema de qué es ser hombre hoy día.Ser hombres... ¿problema de hombres?Aun cuando hace décadas el mundo dialoga sobre la llamada "crisis de la masculinidad hegemónica", es decir, aquella estipulada por generaciones para el "correcto comportamiento varonil", en Cuba no puede considerarse aún un aspecto mayoritario dentro del debate público.


En el país, especialmente en nuestra provincia, con una preponderancia de la zona rural y, por tanto, de fuertes convicciones tradicionalistas, la educación de los hijos tiene todavía características sexistas en la diferenciación de roles, desde los colores para las ropas de los infantes, hasta los juegos y comportamientos en edades ulteriores. Todo ello referenciado claramente en nuestro grupo de entrevistados.


A los niños se les depara el papel de "no llorar", "defenderse a toda costa", "ser duros, machos", mientras para las chicas les queda el de ser procreadora, "flor bella y delicada", dueñas de los quehaceres domésticos.Pero estos dogmas y actitudes aprehendidos han influido tanto en hombres como mujeres, siendo a veces estas últimas, como demuestran investigaciones recientes, quienes se encargan de transmitir estos patrones machistas de generación en generación.


De ello fue muestra, en varios acápites, el cuestionario aplicado.Cerca del 50 por ciento de los jóvenes varones encuestados admitieron estar cómodos en la mayoría de las ocasiones, con el rol que se les ha otorgado como paradigma de la estructura patriarcal, aunque flexibilizan criterios en papeles tradicionales con los que no están de acuerdo, como el ser padres, proveedores económicos y compartidores de las tareas del hogar.Por otra parte y sorprendentemente, más del 50 por ciento de las chicas entrevistadas, coinciden con algunas características otorgadas a los hombres como las de principal sostén de la casa, encargado de las "tareas duras", de la protección del hogar, decidor, mediador y solucionador de los conflictos y guía de la relación.


De aquí, que, a pesar de reconocer hoy en la sociedad disímiles maneras de asumir la masculinidad por los jóvenes, tanto en formas de vestir, cumplimiento de responsabilidades domésticas, proyección física y espiritual, asunción de preferencias sexuales, estéticas y culturales..., prevalece la construcción androcéntrica de colocar al varón en el eje de todo. Con dinero y sin dinero... ¿sigo siendo el rey?Uno de los principales vericuetos que entorpece las relaciones entre géneros y la asunción de diferentes masculinidades, es el tema de la distribución del trabajo y la dependencia monetaria entre hombres y mujeres.


Más del 65 por ciento de los consultados, con equitativa proporción entre hombres y mujeres, convinieron en estar "más a gusto" con dirigentes masculinos que con femeninas. Adjetivos como "más fuertes", "decididos", y que "logran implantar mayor respeto", "ejercen mayor autoridad" fueron expresiones esgrimidas de manera claramente tradicionalista a favor de los primeros."Mano blanda", "a veces demasiado extremistas con tal de hacerse respetar", "más débiles", conformaron parte de los cuestionamientos en contra de las féminas, muchos de estos puestos en el tapete, contradictoriamente, por las de su mismo género.


En otro aspecto, en el plano de las relaciones de dependencia y/o equidad económica en la pareja, cerca del 90 por ciento de los encuestados masculinos reconocieron sentirse "incómodos" cuando la mujer corre con todos los gastos.Hoy día aunque se asume con más asiduidad el pago a la "americana" (que cada parte abone su consumo o que paguen en dependencia del caudal poseído por cada cual en el momento en cuestión), es muy poco común que los chicos permitan que su acompañante corra con todos los pagos, es una manera de traicionar su virilidad. Incluso cuando esto sucede, la muchacha "le pasa" el dinero al chico, para que al menos, "de cara a los demás", parezca que es él quien paga.


Pero, por si esto fuera poco, las propias mujeres ayudan a afianzar este rol. El 67 por ciento de las entrevistadas reconocen que se sienten seguras y protegidas si tienen de compañero a hombres con una mayor solvencia económica que ellas. "Nadie puede estar conmigo de gratis", "puedo ayudar con dinero, podemos compartir gastos, pero no mantengo a ningún hombre" fueron algunos de los criterios, y so pena de lo que se pudiera pensar provinieron de féminas de diferentes niveles escolares y socioeconómicos.Para ambos géneros, los hombres que asumen estas posturas son catalogados como "chulos" o "mantenidos".


Se le otorga de manera tradicional y machista, el papel de principal proveedor de la casa y la pareja al hombre, con el cual, la mayoría de los interpelados están conformes o al menos, acostumbrados.De ayudantes en casa a bacanes de la vida...La gran mayoría de los consultados coincide en que ambas partes deben colaborar con las tareas del hogar, mas el desempeño rector en las mismas todavía se otorga a la mujer. Con mayor prevalencia en los jóvenes por encima de los 30 años, se definieron criterios tales como "los hombres pueden auxiliar", pero "ellas siguen con el mayor peso en las labores domésticas". Estos criterios lo confirman las propias muchachas, "ellos ayudan, pero no lo hacen igual que nosotras. Prefiero después de todo, hacer las cosas yo, para no ir detrás arreglando lo que hizo".


En este sentido, aún predominan en los jóvenes las diferenciaciones en cuanto a las tareas que cada género puede y debe emprender en el hogar: las muchachas para las de higiene y los muchachos para el mantenimiento de la infraestructura.Masculinidad y proyección sexual...Para los hombres, especialmente los más jóvenes, la sexualidad es un elemento que potencia su personalidad y virilidad, y a la vez un aspecto de sufrimiento y agonía, al "no desempeñar bien su papel". Y aun cuando todavía en la actualidad ejerce un peso fundamental en las relaciones de pareja y en la afirmación de "macho", se percibe en los más jóvenes una experimentación de acciones de mayor riqueza espiritual en su vida íntima.


De ahí que no solo se tomen posturas más sensibles y variadas en los roles de pareja, sino que en la proyección estética se asuman apariencias que antes estaban permitidas solo a mujeres, sin que esto signifique un cuestionamiento de su masculinidad, o al menos la tradicionalmente concebida.


Ellas, entre el amor y el maltrato




Camiseta de la campaña contra la violencia a las mujeres en Cuba realizada por la Red Iberoamericana de Masculinidades (RIM)


Por Yalina Gómez Cañizarez.


Aunque durante el noviazgo de ocho meses, manifestó un poco sus celos irracionales, Alicia creyó que podía cambiar las cosas. Tenía apenas 15 años de edad cuando no avizoró las señales: nada de realizar mandados, acompañar a su madre o hermana a algún sitio, ni limpiar el portal de la casa. Sin él no podía asomarse a la calle. Poco después le impidió continuar sus estudios y para asegurarse le rompió el expediente escolar. Pero ella aceptó el matrimonio tras el sueño de llegar virgen al altar.

Le esperaba un año amargo. Encierro, discusiones, gritos, golpes, imposiciones, sufrimiento, desesperación, miedo, aburrimiento. “Mi madre iba a verme y lloraba. No comprendía cómo aguantaba estar entre las paredes de una casa. Le decía que estaba así porque quería, pero en realidad tenía miedo de que intercediera y saliera lesionada”.


Una cuestión de poder


“En un mundo signado por las inequidades, las desigualdades y las discriminaciones de todo tipo (…), la violencia resulta un eje transversal de las relaciones sociales, utilizada como un vehículo para la obtención y el mantenimiento de un poder que convierte en sujetos dominantes a unos pocos y subordina a la gran mayoría”, afirma Julio César González Pagés en su libro Macho, Varón, Masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba.


Entre las expresiones de la violencia, la más cotidiana en las sociedades es la que afecta a las féminas, según apuntan los estudios. La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de la Organización de Naciones Unidas, aprobada en 1993, la define como todo acto de violencia de género que tenga o pueda tener como resultado, un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, incluidas las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada.

La violencia contra las mujeres tiene mucho que ver con la cultura patriarcal en la cual vivimos. En ella los hombres han ocupado los espacios preponderantes, en cambio las féminas han tenido una situación de sumisión y subvaloración. Ser mujer puede ser la única razón para resultar víctima del fenómeno. No es ni la pertenencia a cierta clase social, ni el ser profesional o no, opina Karelín López, decana de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana (UH) y colaboradora de la Cátedra de la Mujer de la institución. De esta manera, los valores y estereotipos aprendidos son determinantes.

Lo más difícil para enfrentar la violencia es su invisibilidad. Las féminas suelen justificarla, sentirse culpables, ocultarla y, en los peores casos, no la reconocen en sus múltiples expresiones: psicológica, verbal, económica, patrimonial (contra los bienes) y física; no obstante, pueden sufrirla por años y hasta durante toda una vida.

A puertas cerradas


Los resultados más importantes de las investigaciones realizadas en el área de salud en el país evidencian la presencia de violencia intrafamiliar en la comunidad y su incidencia en el espacio doméstico, principal escenario de las lesiones que reciben las mujeres en primer lugar de su pareja, según la socióloga Clotilde Proveyer en su trabajo Los estudios de la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja en Cuba: una reflexión crítica.

Entre las causas se encuentran los celos, el alcoholismo, los problemas económicos graves, las frustraciones, el bajo nivel cultural, el machismo. En consecuencia, las mujeres sufren afectaciones físicas, emocionales e intelectuales, predominando la agresión verbal, la sobrecarga doméstica y en tercer lugar el maltrato físico.

No obstante, los resultados de una veintena de trabajos en el período 1994-1999, del Centro de Estudios de la FMC, reportó que las víctimas denuncian al esposo o buscan ayuda institucional en cifras insignificantes.

“Las mujeres con lesiones por golpes de su pareja generalmente no acuden al consultorio. Van a mi casa o me lo dicen cuando me ven en la calle —declara Yara Garzón, médico de la familia en el Cerro, La Habana, hace más de 20 años.

“Tengo una paciente a la cual el esposo le ha roto la cabeza y le ha provocado fracturas, pero lo perdona siempre. Dice que él se arrepiente, es el padre de su hija y que está tratando su alcoholismo. Llevan casi 10 años juntos”.

La doctora Dunia Ferrer, de la Universidad Central de Las Villas, demostró que estos comportamientos abundan además en parejas de profesionales, en las cuales encontró altos índices de agresividad en el estudio que realizó durante 2005-2008. La diferencia estribó en la sutileza pues predominó la violencia psicológica. La ley ampara y la casa ayuda

Nuestro Código Penal en los delitos contra la vida y la integridad corporal, y contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, la familia, la infancia y la juventud recoge como agravante el ser cónyuge y el parentesco entre el victimario y la víctima hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad.

“Ante una acusación por maltrato físico, las autoridades redactan un acta de advertencia al agresor o lo detienen, depende de la magnitud del delito —explica la abogada Elsa Figueroa, con más de 25 años de experiencia en un bufete colectivo de la capital. Por amenazas puede aplicársele una medida predelictiva que conlleva internamiento hasta un período de cuatro años. Si se le diagnostica una enfermedad como causante de su actitud, de todas maneras es sancionado o va a un proceso de rehabilitación.

“Aquí representamos a la víctima cuando pide el divorcio, pero generalmente no declaran el maltrato como causa. El agresor, por su parte, al solicitar el servicio de defensa, alega que la mujer es culpable de su reacción porque se va de la casa, abandona a los hijos o los atiende mal, y argumentos por el estilo”.

La institución por excelencia para orientar y ayudar a las víctimas de violencia es la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, que existe en todos los municipios del país.
Myrtha López, Licenciada en Psicología y coordinadora desde hace ocho años de la casa de Plaza de la Revolución, La Habana, afirma que lo que más reciben son casos de violencia psicológica.

“Se acercan mayoritariamente adultas mayores, pero también vienen hombres. Ellas casi siempre llegan porque están deprimidas, se sienten mal y no saben cómo salir adelante. Luego descubrimos que es un caso de violencia intrafamiliar. Aunque ya se visualiza más el fenómeno, la mayoría pide ayuda preocupadas por otro miembro de la familia sin percatarse de su propia afectación”.

Para atenderlas en la institución cuentan con un equipo multidisciplinario, integrado por una psiquiatra de grupo, otra infantojuvenil, una psicóloga, un jurista y dos trabajadoras sociales. En casos necesarios trabajan con oficiales de menores, abogados, personal de educación, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), especialistas de salud, según hizo saber Myrtha.
A su lado, a pesar de todo

La dependencia económica y emocional fueron causas que explicaron por qué las mujeres permanecen junto a parejas violentas —explica la decana de la Facultad de Psicología de la UH. “La baja autoestima es una consecuencia de este tipo de relación y a su vez un mecanismo del hombre para mantenerla a su lado.

“Luego de una pelea, busca reconciliarse de cualquier manera. Él mismo cree, a veces, que no va a volver a ocurrir, pide perdón, simula ceder el poder, hace sentir a la mujer importante. Ellas, en la mayoría de los casos, están enamoradas o tienen una dependencia y vuelven.

“Por eso se habla del fenómeno como el ciclo de la violencia. Es repetitivo y cada vez más peligroso. Lo que empezó con una agresión verbal o psicológica puede terminar en la muerte”.
Las conquistas

La violencia en Cuba no es tan significativa como en otras naciones latinoamericanas; pero cada día hay más conciencia de que existe.

En 1997, tres años después de que la Organización de Estados Americanos aprobara la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, nació el Grupo Nacional para la Prevención y Atención a la Violencia Intrafamiliar, coordinado por la FMC, como muestra de su preocupación y responsabilidad por el bienestar de las cubanas. Pero lo cierto es que nuestra realidad muestra una contradicción entre su protagonismo en todos los ámbitos y la existencia de valores y relaciones sociales que conspiran en contra de su pleno desarrollo.

En este sentido, las conquistas de las mujeres en el país, como bien señaló la socióloga Clotilde Proveyer, se evidencian en sus éxitos en la vida social, la participación creciente del hombre y otros miembros de la familia en las actividades domésticas y el aumento de los divorcios como muestra de la tendencia de ellas a liberarse de relaciones conyugales que dejaron de tener sentido.

Así sucedió al menos con Alicia, la muchacha con la que comenzamos esta historia. A ella se le ocurrió acudir a la antítesis de la seducción. No se arreglaba para agradarle a su esposo y trataba de parecerle aburrida. Entonces le planteó el divorcio cuando estuvo segura de que le había dejado de importar y lo consiguió. Volvió al fin a la vida. Poco a poco ganó confianza. Se graduó de técnico de nivel medio en computación. Ahora imparte clases en una escuela y disfruta de una relación estable a sus 25 años de edad. Una década atrás, ¿quién lo hubiera soñado?







de la

sábado, 22 de octubre de 2011

Masculinidades en Latinoamerica



En la foto el profesor Julio César González Pagés durante su intervención en el seminario taller organizado por la Universidad La Salle y ASPACIA



por equipo RIM

Los enigmas del machismo, el vinculo que tiene con las masculinidades y el recorrido de estos estudios en América Latina fueron algunos de los aspectos abordados por más de seis horas, ayer sabado 22 de octubre, en un taller que ofreció en la Universidad de la Sallé, en coordinación con la organización ASPACIA, el profesor y investigador cubano Julio César González Pagés como parte de un postgrado sobre Violencia que organiza el prestigioso recinto universitario madrileño.

La violencia y sus posibilidades de evitarla tuvieron varios debates alrededor de videos clips musicales y valoraciones del impacto del deporte en vincular a los hombres en nuevas conductas.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Cegados por la masculinidad

Por Jesús Gómez Mas
Estudiante tercer año de Historia
Universidad de la Habana
diciembre 2010

Cada año gran parte del mundo se prepara para recibir un gran evento deportivo: el gran clásico del fútbol español en el que se dan cita los clubes Barcelona y Real Madrid. Este encuentro que levanta grandes expectativas tanto dentro como fuera de España y en el que muchos de los jugadores de ambos equipos son compañeros de selección; en su edición correspondiente al 29 de noviembre de 2010 estuvo muy marcado por acciones violentas que lamentablemente enfrentaron a más de un jugador y que sólo disminuyeron la calidad y el buen juego de que presumía el Real Madrid C.F., iniciador del ciclo de la violencia.

Marchaba todo de buena manera, un equipo merengue (Real Madrid) que a pesar de comenzar perdiendo desde temprano por marcador de dos goles por cero, conservaba la calma y el juego limpio, libre en alguna medida de latidos de masculinidad; hasta que fue motivo de observar como en un abrir y cerrar de ojos, jugadores como Sergio Ramos (defensa del equipo merengue), Xabi Alonso(medio centro madrileño), fueron protagonistas de reiteradas acciones que lejos de mostrar la clase y el derroche de talento a que normalmente nos tienen acostumbrados, pusieron de relieve sus actitudes más antideportivas con sus oponentes.

Fueron blanco de sus agresiones los jugadores catalanes y compañeros de selección: Xavi Hernández, Carles Puyol, Sergio Busquets, Lionel Messi (aunque argentino, tal vez el más agredido de todos). No escapa a mi vista Cristiano Ronaldo quien también violentó al Director técnico del F.C. Barcelona. Cabe entonces preguntarse, jugar violento es sinónimo de jugar bien, la respuesta es no. Recordemos que la España campeona de la última edición del mundial de fútbol celebrado en Sudáfrica, alcanzó el primer puesto sin dejar de mostrar un buen fútbol, fuerte y desbordado de técnica sin utilizar la violencia como una vía paralela para alcanzar tal objetivo.

La respuesta a lo sucedido en el referido encuentro, debe buscarse entre otros factores a la incidencia constante de los medios de comunicación en pintar a ambos equipos como eternos rivales, enemigos que como gladiadores deben pelear hasta la muerte para conseguir la victoria; entonces se ve a la violencia, fruto de la construcción social errónea que la pinta como inherente a los hombres, por lo que es utilizada por éstos para demostrar las cualidades y aptitudes deportivas que cegados por la masculinidad, siguen legitimando el estereotipo del hombre hegemónico que necesariamente debe ser violento.

La solución sólo es una: fuertes sanciones que eduquen, no que repriman ni pongan al ridículo dichas actitudes, y crear conciencia que esa rivalidad se mantiene con vida por noventa minutos y que al término de éstos tenemos en frente a seres humanos y no a bestias contra las que se debe combatir.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Violencia en el deporte




Por Dixie Edith

foto: Julio César González Pagés.
En la foto el equipo actual de futbol de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de la Habana

¿Tienen los deportistas y sus fanáticos seguidores patente de corso para ser violentos? ¿Se observa violencia de género en el deporte? Para insertarse en una polémica que interesa a multitudes, SEMlac ha invitado esta vez a dos jóvenes integrantes del grupo de Investigación Masculinidades en Cuba, de la Red Iberoamericana de Masculinidades. Ernesto Pérez Zambrano es ya un reconocido y premiado realizador de cine, con experiencia en el tratamiento del género y el deporte; mientras, Enmanuel George López, descendiente de deportistas de alto rendimiento, estudia Historia en la Universidad de La Habana, pero ha asumido el tema deportivo como su principal línea de investigación.

¿Violencia o vehemencia competitiva? ¿Cómo denominarían las agresiones en el entorno deportivo? ¿Qué elementos las provocan o condicionan?

Ernesto Pérez: Violencia, sin el más mínimo asomo de duda. Creo que los factores que la provocan o condicionan pueden ser múltiples, o pueden entenderse de distinta manera según el contexto y la coyuntura. Pero me parece que es determinante la exacerbación de la competitividad por motivos que van más allá del deporte mismo, como la conducta agresiva de algunos hombres educados para dominar a otros, las apuestas, los regionalismos y las discriminaciones por el lugar de procedencia, etnias, género; el consumo de alcohol y la exigencia social sobre algunos deportistas, obligados a comportarse como verdaderos “gladiadores” del circo romano.
Los medios de comunicación tienen parte de responsabilidad, sobre todo por la manera en que se refuerzan a través de estos, ciertos rasgos del carácter patriarcal y agresivo de la competencia deportiva. Por otra parte, la poca o nula utilización de los medios para el trabajo de prevención de la violencia durante los eventos deportivos, deja margen a las actitudes agresivas de aficionados, fanáticos y deportistas. El espacio del deporte reproduce lo que acontece en otros espacios de la sociedad. Por eso creo que el que desee tener una idea abarcadora de cómo funciona una sociedad, debe asistir a sus espacios deportivos y analizarlos, de seguro tendrá una visión más completa.

Enmanuel George: Muchas veces confundimos los deseos, el empeño y las ganas de vencer con el uso de la violencia. Creemos que entre las posibles llaves para el triunfo están las de agredir e infringir temor con acciones nada justificadas. La rivalidad; o la presión que puede transmitir el público, son detonantes de actos violentos. Ahora mismo pienso en el futbol, donde se trata de maquillar una derrota con atacar física y verbalmente al equipo contrario, para conseguir además que el sector de apoyo en la grada diga: ¡Así se puede perder, perdieron peleando! Habitualmente se trata de rellenar el faltante de talento para ganar un partido con estos hechos que denoten una parecida admiración. Aquí entra a jugar también el “honor”. Las y los atletas reclaman atención con sus victorias y la forma en que lo hacen. Cuando un equipo es catalogado de combativo, se esfuerza al máximo por mantener esa condecoración, porque son denominados automáticamente héroes guerreros o aguerridas heroínas, en defensa de la frase ancestral y gloriosa de conquistar o de morir con la espada en la mano.

¿Es posible asociar las manifestaciones de violencia con deportes específicos como los de combate, por solo poner un ejemplo?

EP: No me parece que se deba asociar solamente la violencia en el deporte por la naturaleza o el carácter específico de una modalidad, como los deportes de combate. Creo que tiene más que ver con la función social que se le asigna al deporte y la manera en que a través de este se canalizan otras cuestiones que van más allá del terreno deportivo. Además, tal vez nos remitamos directamente a los deportes de combate o aquellos donde se manifiesta determinado tipo de agresión o rudeza explícita, pero hay varios grados y maneras de manifestarse la violencia, los cuales pueden resultar aun más sostenidos y peligrosos para la sociedad.
Por ejemplo, la exclusión de determinado sector social de la práctica de un deporte, es un acto de violencia; las ofensas también, y de seguro lamentablemente encontraremos todo un rosario de ejemplos que no se producen directamente en las competiciones, sino en otros espacios como las peñas deportivas, las escuelas, las casas, la calle… Todo deporte donde a la competencia se le agreguen motivos extra deportivos podrá verse afectado por el flagelo de la violencia.

EG: Hay disciplinas deportivas donde existe mayor contacto físico que otras. Cuando vemos un abrazo fraternal entre boxeadores o judocas luego de determinado enfrentamiento, se ve el valor del deporte como espectáculo y lugar para las emociones. Nos da la idea de que perfectamente se puede aplicar el juego limpio en todos los eventos. Ahora bien, en estos deportes donde es permitida esta relación más directa, son mucho más visibles los actos violentos. En los deportes colectivos se aprecia además como cierto servicio de camaradería, donde se le responde al contrario por alguna agresión sobre alguien del mismo equipo. Estas situaciones son realmente las más difíciles de controlar. Aquí asumen un papel importante capitanes y capitanas de equipo, que entre otras muchas funciones están las de impedir y detener estas actitudes negativas y antideportivas. Pienso que cualquier atleta con la intención de lastimar al rival, encontrará la manera en cualquier certamen o variedad competitiva, desde zancadillas en el atletismo; insultos lado a lado de la net de voleibol; dead balls intencionales en el beisbol; o codazos en el baloncesto.

¿Se puede hablar también de violencia de género en el deporte? ¿Cómo se manifiesta?

EP: Soy el realizador de un documental donde se refleja como se ha excluido a la mitad de la población de un país, las mujeres, de la práctica del considerado “deporte nacional”, privando a millones de personas de la posibilidad de un empleo; y no es solo de ahora, sino una herencia de más de siglo y medio de la práctica del béisbol. Esto me parece un claro ejemplo de violencia de género en el deporte.
Afortunadamente se están dando algunos pasos desde hace aproximadamente un lustro, para abrir esa posibilidad; pero no es tan sencillo. Se trata de la voluntad de las jugadoras, una coyuntura muy específica, y la labor de algunas personas que pueden tomar decisiones en el ámbito deportivo, frente a una cultura de dominación sobre las mujeres que pervive aunque no lo queramos creer. Aun cuando veamos a los equipos de mujeres jugar su torneo nacional y sus topes internacionales por la televisión, no significará que todo está resuelto. Esto será un paso de avance en una carrera muy larga que debe empezar y terminar por la educación más elemental que se entregue a las personas en todos los espacios de la sociedad y la familia.

EG: Cuando vemos que tratan de excluir o frenar a las mujeres del ámbito deportivo, estamos presenciando violencia de género. Los comentarios machistas y los prejuicios sociales que perpetúan el deporte como actividad netamente masculina; la falsa creencia de la debilidad biológica de la mujer y la posible pérdida de su feminidad, son muestras de las barreras que atraviesa la mujer al practicarlo. El deporte es un espacio generador de empleo y el profesionalismo transita por el momento de salarios muy elevados. Por tanto, segregar a las mujeres de esta oportunidad, la diferencia salarial entre ambos sexos, y todos los criterios discriminatorios, son fenómenos que afectan los derechos de las mujeres.
¿Cómo se manifiesta en Cuba? ¿Consideran que es un fenómeno creciente? ¿Cómo enfrentarlo?
EP: Cuba no está ajena a lo que ocurre en el resto del mundo, para lo bueno y para lo malo. Si las mujeres en Cuba no han tenido abiertas las puertas en el béisbol, tampoco ha sucedido en los demás países donde este deporte se practica. Es cierto que en otras latitudes hay más tradición, pero no creo que se pueda tener eso como un indicador de que allá la situación es más favorable.
Mi documental ¿Grandes Ligas? fue visto con interés y generó debates similares en países como los Estados Unidos, pero también en otros, donde el deporte nacional es el fútbol, por ejemplo. Creo que esto se debe a que los llamados deportes nacionales, enraizados en el imaginario nacional, simbolizan mucho para la hegemonía patriarcal en cualquier parte.
Hay que seguir de cerca la violencia en nuestros escenarios deportivos cubanos. Creo que ésta ha ido en aumento y encuentra un caldo de cultivo propicio en la actual coyuntura, mientras no se potencien modelos educativos no sexistas y se promueva el debate y la acción constante para atajarla a tiempo.
EG: Las mujeres han ido ganando su espacio dentro del deporte. Por suerte tenemos campeonas olímpicas de voleibol, judo y atletismo, por solo mencionar ejemplos. Han sido todas desafiantes, por la práctica de una actividad tan compleja y por los tabúes que sus desempeños originan y que ellas han ignorado. Muchos no consideran propio que una mujer levante pesas o conecte un jonrón. Tratar de que nuestras deportistas no pierdan su feminidad va como objetivo central de muchos órganos e instituciones deportivas. Las denominan “cubanitas” en las redacciones deportivas y se crean uniformes que resalten y afirmen todo un culto al cuerpo y la belleza. Es muy común oír que una mujer con impresionante capacidad en algún deporte sea llamada “machito”, y el opuesto de que un hombre que fracase en su desempeño sea tildado de “jevita”. El público debe apoyar a todos sus equipos, sean hombres o mujeres; de razas diversas; pierdan o ganen. Para ello sería importantísima la labor de los diferentes medios de comunicación como instructores y formadores de una conciencia y respeto a la labor de las y los deportistas. Se debe mirar a los verdaderos valores del deporte, como el sano disfrute y la alianza de la amistad entre hombres y mujeres.

Agosto 2010
(Solicite el trabajo completo a semcuba@ceniai.inf.cu )

sábado, 5 de diciembre de 2009

ACALLAR EL SONIDO DE LA VIOLENCIA

Por Amalia Alejandra

Con una buena participación, la presentación de videos y en especial un amplio debate entre estudiantes y especialistas, se efectuó la conferencia de clausura del Foro sobre Masculinidades y Empleo. Convocado y dirigido por el investigador y estudioso del género y las masculinidades, el Doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés, la reunión tuvo lugar en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en la capital cubana. Luego de casi un año entero de conferencias este Foro cerró sus actividades con un tema de muchas aristas, la música como empleo. Pero en esta ocasión, y a propósito de las muchas actividades que a tenor con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, de reciente celebración, el diálogo tuvo su eje en analizar la violencia en la música.
En el cónclave participaron también los periodistas Aloyma Ravelo y Antonio López Sánchez. Desde ramas investigativas que aportan miradas a través de dos ángulos diferentes, tales como la sexualidad y la música (temas respectivos de ambos estudiosos en una buena parte de sus labores periodísticas y en libros publicados), los dos profesionales aportaron sus criterios al rico debate que se generó en la cita. Uno de los temas más debatidos fue justamente el de la imagen femenina y la violencia que se genera desde los textos de no pocas de las obras que producen y se difunden en el actual panorama sonoro cubano, muchas veces en detrimento de otras propuestas de mejor calidad, casi nunca favorecidas por la difusión.
A pesar de que los medios no funcionan en el público receptor como un dios que dispone comportamientos y el sujeto siempre tiene la capacidad de elegir, no es despreciable tampoco la influencia que determinadas producciones, a veces difundidas hasta la saciedad, pueden conllevar en cuanto a generar actitudes violentas. En especial las relaciones de pareja, que en nuestro país tienen fechas muy tempranas para iniciarse, pueden verse convertidas en campo de batalla entre hombres y mujeres, en lugar para la discriminación y el maltrato, al reproducir los cánones que validan ciertas letras y ritmos de moda. Asimismo, los comportamientos que el género asigna a cada sexo, pueden igualmente verse atravesados por la violencia que puede generarse como caldo de cultivo desde determinadas propuestas musicales y textuales.
Los videos clips, la música bailable, el tratamiento a la imagen femenina y masculina en las producciones musicales, las mediaciones al momento de recepcionar los mensajes, los contrastes con otras propuestas musicales de corte verdaderamente artístico y el mayoritario desconocimiento de buena parte de estas, fueron algunos de los temas analizados en la jornada.
También se contó con la exhibición de dos videos, uno de ellos producido por un equipo de los propios estudiantes del Foro en suerte de estudio y jocosa reflexión sobre los efectos de la violencia en la sociedad y los posibles retratos de esta si esos estereotipos y actuares violentos se enseñorearan sobre la civilización. El otro material fue un video clip de un grupo de artistas hondureños, con el tema barrio Tranquilo, que hacen un llamado a generar paz y a desarticular la violencia, en especial en los barrios pobres de nuestra América. Daddy C, Area Restringida, Saskia, Jam V, son algunos entre los artistas que proponen desde el rap una propuesta diferente, un llamado a la paz y a la concordia.
En general se puede calificar de muy fructífero este curso y su clausura. Destaca en especial la juventud y seriedad, términos para nada antagónicos pero a veces menos visibles, de la mayoría de los participantes, así como sus respuestas, capacidad de escuchar y de analizar y en general la atmósfera de profundidad y rigor apreciada en los criterios que se vertieron. Felicitamos desde nuestras páginas a todos los convocados y que sigan generándose islas de la reflexión y el debate, en especial entre el estudiantado más joven. Como en esta oportunidad ha sucedido, los frutos son siempre tangibles y valederos.

Publicado: 3/12/2009. REVISTA MUJERES

sábado, 10 de enero de 2009

Del rosado al rojo, solo un paso.

Por LAURA ELENA ÁLVAREZ RODRÍGUEZ. Estudiante de cuarto año de historia de la Universidad de La Habana

Tengo veintiún años, soy mujer y vivo en Consolación del Sur, un pueblo de la provincia de Pinar del Río, de unos 88 mil habitantes con un casco urbano bastante amplio para ser considerado rural. Sin embargo, más allá de la infraestructura, nivel educacional y medios de vida, es la mentalidad patriarcal y arcaica de sus pobladores la que podría ubicar al “violento condado” como escenario de cualquier película de acción holliwoodense de los sábados.
La violencia aquí, como en cualquier lugar, tiene muchas formas de manifestarse. Desde la maestra de la escuela primaria que exige a un niño de cinco años que hable duro como los machos, hasta los crímenes múltiples de tipo pasional ( si es que no concuerdan conmigo en que la primera es causa de la segunda). En todos los aspectos de la vida cotidiana se hace uso y abuso del poder que cada ser social tiene sobre otro, en aras de aferrarse a modos de vida que ya no son compatibles con las dinámicas sociales del siglo XXI.
En función de mantener a la familia unida, de preservar la moral y el respeto que ésta ha conquistado entre las demás, se incurre de forma tácita o abierta, en constantes limitaciones a la libertad de hacer de cada ser humano, lo que más le plazca con su vida. En esta punto, acotaría mi papá –sí, todo el mundo puede hacer lo que guste, siempre que no afecte a los demás-. Pero es que la medida en que “los demás” se sienten “afectados” es impresionantemente abarcadora. Los tabúes, prejuicios y criterios anacrónicos de lo que es la buena conducta, matizan con todas las tonalidades del gris, vidas absolutamente insípidas, generación tras generación.
El caso de la mujer, como se sobreentiende, viene a ser de los más complejos en el esquema social de vida que se diseña desde edades bien tempranas: mujer-débil, respeta a hombre-fuerte que la protege. Los roles que ocupa en el plano profesional son los más diversos, desde los cargos de dirección de cualquier empresa con grandes responsabilidades, hasta obrera agrícola de largas y extenuantes jornadas de trabajo; a pesar de ello en el hogar las funciones que desempeña son las mismas que en los tiempos en que solo era ama de casa.
Sin embargo no es a este plano visible sobre el que me gustaría arrojar un poco de luz. Y es que supongamos que al llegar del trabajo, Neyda mi vecina, se encuentre un día la casa limpia y la comida hecha por su esposo. Pensaríamos que el problema se solucionó y no es así. La experiencia en Consolación del Sur ha demostrado que son varias las cuestiones en que el hombre está dispuesto a transigir, como ésta de los roles domésticos. Por fregar este señor no considera a su esposa igual a él. Si otro día Neyda llega tarde del trabajo y a su esposo alguien le gritó por casualidad en el estadio de pelota: cabrón, cuando se ponchó; no harán falta más razones para una buena discusión pensarán ustedes, pues para que la mate a puñaladas, les aseguro yo.
Mi certeza frente a este caso hipotético se basa simplemente en las estadísticas. Los casos de uso de la violencia extrema por parte del hombre, para salvar la hombría que su medio le ha construido, son abundantes. Desafortunadamente las fuentes oficiales del municipio, no me autorizaron a citarlas como evidencias de estos datos de hechos de sangre, que extraoficialmente me permitieron consultar. Un estudio comparativo durante la última década sería muy interesante. Por ahora debemos conformarnos con saber que los hechos de sangre aumentaron sustancialmente del año 2007 al 2008. Los acontecidos entre hombres con pérdida de la vida de alguno de ellos, aventajan a los ocurridos entre hombre-mujer en muy poco, siendo las últimas las víctimas fatales en todos los casos. Los móviles para la incidencia de asesinatos y homicidios por parte de los hombres hacia las mujeres, son cuestiones pasionales en la casi totalidad de los hechos. ¿Quiénes son los responsables de esta situación? ¿En qué factores radica su solución? En todos diría yo, comenzando por la maestra que no puede reprimir a un niño por su tono de voz. Y sobre todo en la familia como primera y fundamental institución productora de valores y conductas. Responsable máxima de combatir estas tendencias de las que todos somos víctimas y a las que todos con el silencio contribuimos.
Y no es mi crítica un llamado a la rebelión, ni a la subversión de la totalidad de los valores que en seno de estas familias se inculcan a sus miembros. Nadie mejor que la autora de estas líneas los sabría valorar, puesto que formo parte de una de ellas. Llamo a la posibilidad de elección, de realización en el plano personal como meta de cada grupo para sus integrantes. Posiblemente este señor no quería matar, pero prefiere ser un asesino a cargar con el estigma de “no ser hombre”.
Es difícil romper con los cánones tan fuertemente arraigados, pero repito que no llamo a la ruptura, sino al avance a través de preservar un equilibrio entre las viejas y las nuevas formas de modo que la familia, la escuela y la sociedad toda produzcan individuos más libres de hacer, de construir en lugar de matar.
Por último quisiera hacer también un llamado a los medios masivos de comunicación que por omitir estos problemas dan la sensación de que no existen. Ignorarlos lejos está de ser la solución para resolver

viernes, 7 de noviembre de 2008

“Ella se lo buscó”

por Claudia Borrajo Del Toro

Hace dos semanas fue asesinada en la esquina de mi casa una señora mayor, regresaba con mi novio cuando encontramos además de una patrulla y un carro de criminalística, la calle repleta de vecinos que contemplaban entre murmullos el balcón de un segundo piso donde colgaban sábanas y ropas tendidas, a espera de que bajaran el cuerpo que decían manteníase tendido aun en el piso.

Me pareció muy extraño, escuchas siempre historias morbosas sobre gente muerta, pero parecen siempre historias distantes, ajenas, que a veces desvaloras por tildarlas de imaginarias, solo posibles en la existencia desgraciada de personajes esteriotipados de algún modo y sobre todo, ocurridas a gente a la que no asociarías jamás con la “vieja de la esquina”.

Entonces observas la ropa que mece el viento y tratas de imaginar como pudo haber terminado tan mal el día. La señora no fue por demás, la única víctima, pero si la fatal; el yerno la apuñaleó con un machetín a ella, a su hija, la esposa del perpetrador, y a su nieta de diecisiete años, hijastra del susodicho; el que bajó a la calle y dijo a un vecino que por favor, subiera a buscar a su hija pequeña, porque, a excepción de esta “había matado a todo el mundo allá arriba” e iba a entregarse a la policía. Todos quedan tratando de explicarse el hecho, y a los días, escuchas decir al hermano de la difunta “se lo buscó, ella se lo buscó, pues le tenía abierto tremendo fuego”.

¿Cómo puede alguien buscar la muerte en su hogar? Escuchas los comentarios y justificaciones que se hacen a tientas y es fácil percibir en ellos, la aceptación inconsciente de un estado de cosas en el orden social y moral que ve casi como natural que sucedan este tipo de actos, que aunque critique, tiene incorporado en su modo de ver y asumir la vida, una visión de aquello que le compete y que se espera como normal del género masculino y le dispensa de cometer ciertos excesos. Se ve cuando se comenta que una mujer fue asesinada por su esposo y todos piensan al minuto que de seguro esta le era infiel y ven en ello la posible causa, muchos es esto lo primero que se preguntan y no si el hombre era un idiota con la autoestima tan alta o tan baja que no atinó a una acción menos animal, para variar. Y bien, ¿qué si le ponía los cuernos? Esto no debe ser razón para que en su posible dolor alguien se vea excusado de calmar su pena arrebatando la vida a aquella que la causa ¿con qué derecho? “Yo tuve que matar a un ser que quise amar” dice una de esas canciones melodramáticas, siguiendo el esquema patético de los crímenes pasionales.

El origen de esto está en la misma base de la sociedad, que reproduce -no solo a gran escala-, un modo de pensar que da al hombre ciertas atribuciones que se remontan al nacimiento de una sociedad ya arcaica. Una amiga hablaba de que su marido iba a tener una hija con otra mujer con la que había mantenido una relación durante unos meses en que ellos estuvieron peleados, y ahora que habían vuelto felizmente, solo se lamentaba de que nacería aquella niña porque la otra mujer no había querido abortar al fin y al cabo. Fíjese usted, ella decía que su marido tendría una hija fuera de la relación porque su amante no había querido abortar, en vez de decir que simple y llanamente, tendría una hija por las obvias razones biológicas que son de esperar.

Recientemente andan dando vueltas de flash en flash, las fotos de una muchacha a la cual acuchilló repetidas veces en el rostro otra, por problemas de novios; la acusada de intento de asesinato alega que solo quería asustarla, pues su novio la había dejado y estaba ahora en amoríos con la adolescente que desfiguró. A mi entender, si hay alguna cuenta que saldar, es con el novio ¿por qué entonces se asume el rival equivocado? Eso es machismo, simple y barato, es el machismo que expresa la misma Santa Camila de La Habana Vieja, que a tantos años, no ha variado un ápice. Un machismo reproducido por las propias mujeres a carta cabal en esta sociedad de corte patriarcal y que se aprende y aprehende desde temprana edad y que genera consigo una violencia psicológica que a veces parece derramar la copa y materializarse en terribles actos que estremecen a la comunidad.

Es el hombre colérico que describe Enrique Serpa en una de sus historias, que se cree con derecho a cuestionar con desprecio a una prostituta que esconde tras una cortina junto a la cama en que fornica, a su bebé recién nacido; pero que no se critica a él mismo como consumidor que da vida a ese mercado.

Es el grupo de jóvenes que mientras subes la escalinata te grita que “se ve que te gusta que te la metan por detrás” porque traes un pantalón apretado, o porque a ellos les divierte ser groseros y no existe una razón aparente para que se deban contener de decirte algo que te estremece de vergüenza o porque no hay nada que puedas hacer para evitarlo o reprenderlos, o porque tú no más apretarás el paso para salir de sus vistas, evitándolos, aguantándote de contestarles, por miedo a darles pie a ponerse peor.

Es la hegemonía de un sexo sobre otro que trae consigo, inevitablemente, una violencia que surge de no respetar en su justa medida aquello que se considera inferior, más bajo, al no valorarlo, al no comprenderlo y al no molestarnos en pensarlo.