Mostrando entradas con la etiqueta hombres negros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hombres negros. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de julio de 2011

DEPORTE Y VIOLENCIA. Reflexión acerca de una experiencia capitalina


Equipo de futbol de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología.






Por Carlos Ernesto Rodríguez Etcheverry


La peña deportiva Parque Central, en la capital del país es, sin discusión alguna, una de las plazas públicas de socialización de la masculinidad hegemónica más importante en la actualidad. Posee un incalculable valor histórico-cultural, que goza de una fuerte tradición en la sociedad cubana como espacio de intercambio de significados, percepciones y códigos específicos entre hombres aficionados al béisbol, los cuales coinciden con los rasgos del patrón de comportamiento masculino hegemónico legitimado socialmente en Cuba.

Así lo corroboran las técnicas de investigación aplicadas durante esta pesquisa y el proceso de observaciones no participantes y participantes que se realizó en el lugar, durante casi un año de trabajo.

Este espacio público no constituye, solamente, un sitio donde acuden hombres a debatir de pelota u otros deportes, sino que se discute una infinidad de temas sociales que demuestran la necesidad que sienten de polemizar todo tipo de cuestiones que se vinculan directamente con sus vidas y con el resto de la sociedad cubana. En este sentido, creemos que es un espacio de realización individual y colectiva, así como de reafirmación de la masculinidad hegemónica en tanto expresión social.

Un promedio estimado de 80 aficionados se dan cita diariamente. La gran mayoría asiste por las tardes, horario donde se originan los debates más intensos y productivos, debido a la gran afluencia de personas que van saliendo de sus centros de trabajo o estudio.

La composición sociodemográfica del grupo de aficionados de la peña deportiva Parque Central, es variada y, a la vez, homogénea. Se observa gran diversidad en cuanto a las edades; mas lo semejante se percibe en que este es un grupo, por lo general, de hombres. La composición «racial» se caracteriza por un fuerte predominio de negros y mestizos, en comparación con los blancos. Este elemento no tiene que ver con problemas raciales dentro del grupo social, ni con el estereotipo de que los negros y mestizos demuestran más gusto por el béisbol, y por eso acuden en mayor número a la peña, sino que esta última está enclavada entre dos municipios (La Habana Vieja y Centro Habana), donde casi el 50 % de su población es negra y mulata, a juicio del historiador Félix Julio Alfonso López.

Los niveles escolares de sus integrantes oscilan mayoritariamente entre noveno y doce grado, con un alto por ciento de aficionados de nivel técnico medio. La mayor parte de estos está vinculada al trabajo y/o estudio, así lo evidenciaron las técnicas aplicadas. La presencia de aficionados asiduos, con un nivel escolar universitario, no es constatable en igual medida. Mientras, el rango de edad se extiende aproximadamente desde los 24 hasta los 80 años, con predominio entre los 30 y 50 años.

Violencia de género y béisbol: ¿se dan la mano?

Los debates acerca del béisbol que sostienen los aficionados en este espacio público son intensos, apasionados y caracterizados por una constante agresividad y violencia psicológica. Se constató que mantienen entre sí «buenas» relaciones, sobre la base del respeto; pero esto no significa que no se muestren con una actitud ofensiva y defensiva ante los criterios de otros.

Para debatir cualquier cuestión relacionada con el béisbol, exaltan sus emociones y exteriorizan rasgos masculinos hegemónicos. El querer imponer sus criterios por encima de los demás, la fuerte carga de violencia que lleva implícito lo que dicen, evidenciada por la manera en que se comportan: gritos, ofensas verbales, gestos con las manos y el cuerpo, que indican rivalidad con otros hombres, son algunos de los más comunes.

Los mismos aficionados son los que consideran que el béisbol es un deporte que genera violencia, debido a que es un juego de competencia y enfrentamiento entre hombres. De esa forma asocian el hecho de ser hombres con el ejercicio de la violencia, como si fuera un fenómeno natural.

Esta constante violencia y rivalidad, se debe señalar, no tienen su explicación en fenómenos naturales. Están dadas por la reproducción de estereotipos sociales que las legitiman, como los comportamientos relacionados con la masculinidad hegemónica. Esta tipología de las masculinidades se socializa todo el tiempo en la peña.

Durante los debates diarios, los aficionados se conducen, al menos en apariencia, de acuerdo con las reglas o exigencias de un patrón de conducta masculino que se refiere concretamente al comportamiento masculino violento, agresivo, machista, rudo, mujeriego y dominante.

El deber ser…

Para este grupo, los aficionados al béisbol deben ser «hombres de verdad», demostrar que saben de pelota y discutir todo el tiempo sin dejarse derrotar, cuando se rivaliza con otro aficionado. Esto denota que la masculinidad es, para ellos, una conducta que está configurada por la tradición y el sistema patriarcal de relaciones sociales imperante en la sociedad cubana. Esta se distingue, entre otras cosas, por no permitir que otro hombre te hable en voz alta, gesticule frente a tu rostro o pretenda destruir tus valoraciones para hacerte «quedar mal» ante otros.

En otras palabras, se trata de una interminable competencia para probarse a sí mismos y demostrar, ante los demás, que gozan a plenitud de virilidad y hombría. Ese afán de no dejarse vencer en una simple discusión sobre pelota, describe la presencia de otra de las características de la masculinidad hegemónica.

El hecho de que sea visible la constante exteriorización de determinados rasgos de la conducta por parte de estos aficionados durante los debates sobre béisbol, como aparentar ser fuertes, capaces de sostener una discusión con otro u otros aficionados, demostrar control y superioridad en la situación, mantener una actitud de intimidación psicológica para con el resto de los aficionados; la virilidad, el carácter recio e intolerante, el saber darse a respetar, alardear todo el tiempo acerca de hazañas personales, ingerir bebidas alcohólicas, proferir palabras obscenas, mostrar insaciable sed sexual por las mujeres y manifestar una actitud represora hacia ellas y hacia los homosexuales, nos permite concluir que en este espacio público urbano se socializa el patrón hegemónico de comportamiento masculino.

Para los integrantes de la peña existe una estrecha relación entre los aficionados y las características del béisbol, ya que este último condiciona a sus seguidores que socialicen de acuerdo con los requerimientos del patrón de comportamiento de la masculinidad hegemónica. El béisbol en Cuba se juega fuerte, agresivo, a ganar «destrozando» al rival y precisamente es lo que hacen los aficionados de la peña Parque Central cuando debaten.

Los jugadores cubanos de béisbol son símbolos de la masculinidad hegemónica para los aficionados. Mientras más machista, tosco, varonil, violento y habilidoso sean durante el juego de pelota, más aceptación ganan entre estos. Precisamente ellos tratan de cumplir con este esquema que configura la dinámica del béisbol en la sociedad cubana, y lo logran. Todo esto no hace más que obligar a los jugadores y aficionados a cumplir con un patrón masculino hegemónico, determinado por todos los elementos que se han enumerado.

El béisbol, amén de constituir nuestro deporte nacional, influye, en calidad de fenómeno social, en la manera de pensar, de actuar, de millones de seguidores en el país. Condiciona, sin dudas, directamente a todos los que se consideran sus fervientes admiradores.

Más estudios sobre este tema en nuestra sociedad pueden contribuir a validar el hecho de que para ser aficionado al béisbol, no hace falta extralimitar nuestra masculinidad y reducirla a simples comportamientos en el ámbito público, solo para ser socialmente aceptados y evitar posibles exclusiones.

Creemos que en Cuba tenemos que estimular la elaboración de trabajos acerca del tema de las masculinidades. Existen muchos grupos de hombres que socializan a diario sobre diversos temas sociales y que pueden ser abordados desde la sociología. Si llevar a cabo estudios sobre mujeres es importante, la realización de estudios sobre los hombres y sus masculinidades es también indispensable. Nuestra historia ha sido –aún está siendo- construida en gran medida por hombres, seres humanos que también tienen derecho a enfrentarse a los arraigados patrones obsoletos y tradicionalistas como los prejuicios sociales que existen alrededor de las masculinidades. Si no empezamos por tener al menos la intención de desmontar algunos pensamientos machistas y patriarcales, nunca seremos capaces de conocernos a fondo

Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=22

domingo, 17 de abril de 2011

Aprendiendo a ser “macho”


En la foto el profesor Julio César González Pagés con el joven gaitero Wilber Caselt participante en la campaña de jovenes contra la violencia de género de la Red Iberoamericana de Masculinidades




Por Kalika Kofi

Somos machistas porque lo aprendimos”, afirma Julio César González Pagés.

Precisamente el mes de marzo, cuando el mundo entero celebra a la mujer, Somos Jóvenes (SJ) convino en hablar de machismo.

“Es buena idea —afirmó Julio César González Pagés, historiador, Máster en Estudios de género y coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades—, esta es una ideología que igualmente atraviesa a las mujeres; también ellas educan en preceptos machistas a sus hijos, y hasta exigen hegemonía de sus cónyuges”.

SJ: ¿Habla de mujeres machistas?

“Mas no digo que sean las culpables; el fenómeno pervive por una complacencia social de hombres y mujeres, es tan aprendido como la violencia, y se repite desde la educación y la cultura. Por eso advierto del riesgo de querer ser modernos.

“Recuerdo que en una de las emisiones de El triángulo de la confianza, el programa del Canal Habana, participé junto con otros invitados. Uno de ellos expresó: ‘Es que a los jóvenes les gusta la violencia...’ Los líderes de opinión deberíamos enfrentar tales criterios”.

SJ: Así cualquiera diría que la juventud “pide” machismo…

“O que está condenada a él. Pero el machismo, insisto, es una ideología que nadie elige; es él quien nos aborda y atrapa con sus múltiples caras y coerciones. Las mujeres lo reproducen desde que llaman ‘cazuelero’* a quien se entromete en los asuntos domésticos.

“Muchas sueñan con mundos utópicos, pero en la práctica, al educar a sus hijos, les piden al niño que se comporte como un ‘machito’… Jóvenes me han dicho: ‘En mi casa no puedo ser amable ni pasármela leyendo: mi mamá teme que sea gay’ ”.

SJ: ¿Cómo explicar semejante aprensión?

“La homosexualidad demerita la masculinidad hegemónica. Según el machismo, el antagonista del ‘macho‘ es el afeminado; la cultura patriarcal no sabe discriminar, para ella quien no es vaquero es ‘mariquita’. Esta también es una forma de devaluar la ‘hembra’: lo afeminado se refiere a los gestos o actitudes propios de mujer; en el patriarcado lo femenino, o no tiene valor, o es secundario”.

SJ: A propósito de la sexualidad, el modelo supone que los varones sean expertos en el tema.

“Y la sola posibilidad de salir con una amiguita angustia a los adolescentes. Luego, la idea de sexualidad reinante entre ellos se reduce a la masturbación y la penetración. Así se sienten inseguros con el tamaño del pene; creen que mientras más grande mejor. La verdad permanece oculta; por no quedar en entredicho, el tema es tabú; cuando hablan entre sí, por lo general se refieren a un sexo exitoso y violento: ‘La tiré, la viré, la giré’. Son angustias supeditadas a la necesidad protagónica del ‘macho’ ”.

SJ: Entretanto, ¿qué sucede con el hombre adulto?

“Lo triste es que pensemos que es feliz debiendo ser hegemónico. La sociedad le exige que sea proveedor, es decir, que tenga éxito económico. Y si no lo logra, o si por necesidades de salud, deja el trabajo y su familia pasa a mantenerlo, entonces es un vago. El temor a la ‘devaluación’ empuja al hombre a una lucha por la hegemonía donde todo vale, incluso tumbar al compañero”.

SJ: Al machismo, ¿deberíamos revirárnosle?

“Los procesos tendrán que ser más orgánicos; no serán los decretos quienes borrarán los prejuicios; contamos con fabulosas leyes, pero desde la educación y la cultura seguimos reproduciendo fobias y conceptos ambiguos. No es ‘admitir’ o ‘tolerar’; quien termina aceptando, primero pensó en ser hegemónico. Debemos aprender a convivir con los demás, se trata del derecho a la diversidad, prerrogativa de todo ser humano”.

SJ: Las instituciones culturales, ¿tienen la responsabilidad de evitar dicha reproducción?

“Son responsables todos los entes educativos, desde la familia y la escuela hasta la comunidad, pero solemos imputarles la obligación a las instituciones culturales: Olvidamos el compromiso que tendrían con ella organizaciones políticas como la UJC, y estudiantiles como la FEU, la FEEM y la OPJM.

“Masculinidad hegemónica se nombra en América Latina al machismo. Al llamarlo así le restamos fuerza política, pareciera que no podemos contrarrestarlo por ser una cuestión cultural. ¡No! Somos machistas porque lo aprendimos, pero eso puede revertirse instrumentando políticas educativas y culturales.

“Hoy tenemos la Red Iberoamericana de Masculinidades, tejido que une a 28 países. Una de sus convocatorias más singulares es la de Hombres contra el machismo, o sea, hombres contra la masculinidad hegemónica”.

SJ: ¿Desde qué bases se establece la hegemonía?

“Decimos ‘masculinidades’ para significar los modos de vivir la masculinidad; en uno mismo convergen varios. Con todo, la hegemonía se funda en condiciones devenidas jerarquías: hombre, blanco, heterosexual, bien remunerado, citadino, y si es joven mejor. Así se erige el predominio, inclusive entre los propios hombres”.

SJ: ¿De qué manera neutralizar las preeminencias?


“Repito una vez más: ¡desde la educación y la cultura, y a largo plazo! No es un influjo inamovible, ni está dictado por la genética o la biología, sino por el género. Los estudios de género, nacidos en los años 60 del pasado siglo, nos permitieron definir la masculinidad como una construcción sociocultural: el género masculino se vive de una forma en La Habana, y de otra, por ejemplo, en Ciego de Avila o Santiago de Cuba”.

SJ: ¿Cuáles son los entes socializadores machistas?

“En general los hombres no hablan de temas íntimos: Los cuatro grandes socializadores de los ‘machos’ son: sexo, deporte, música y bebida. Quien no sea mujeriego desentona; también son devaluados los ‘antideportistas’, los ‘patones’ ** y los abstemios”.

SJ: Existe voluntad para el cambio, mas pesa la resistencia.

“Convivo con la resistencia todo el tiempo. Cuando en 1996 volví a La Habana procedente de Nueva York, donde hice la Maestría en Estudios de género, alguien me interpeló: ‘¿No crees que esos estudios son un poco raros?’, me dijo con retintín, dando a entender que eran cosas del imperialismo. Y yo: ‘¿Tú sabes lo que es género?¿Cómo identificas al enemigo sin conocerlo? ’. Y es que también existe el miedo a lo desconocido, miedo que vacilamos en desafiar porque la masa, los otros, no nos secundan”.

SJ: Llegamos al miedo. Nos gustaría salir al amor.

“Muchas jóvenes sueñan con un príncipe azul que se encarna en el ‘macho’ y erigen sus anhelos en la tesis de la media naranja. Nombrar así a la mujer o el hombre de una pareja, al uno respecto del otro, supone que, por la referida hegemonía, la compañera se pliegue a su compañero.

“Gracias a la complacencia social, el hombre, ¡en nombre del amor!, termina violentando a la mujer”.

SJ: ¿Será posible encontrar alguien que no sea machista?

“Es difícil. El mundo es patriarcal y la ideología, machista. Este debería ser tema permanente en la agenda de Somos Jóvenes; el machismo genera violencia, inequidad, desigualdad, y es alarmante que cada vez con más frecuencia las propias muchachas sean sus depositarias. ¡Ojo! Revelar dicha verdad no debe asustarnos: de no admitirla, jamás ganaremos la acción”.


* En Cuba, hombre entrometido en los asuntos domésticos.

** Así se le dice en Cuba a la persona que no sabe bailar.

http://www.somosjovenes.cu/index/semana221/macho.htm

lunes, 9 de febrero de 2009

La socialización de las masculinidades de los músicos cubanos en el universo musical de los Estados Unidos (1940-1950).

Por: Ernesto Díaz Calderín.

La historia de nuestro país, cuenta entre sus esferas más importantes en el proceso de formación de la nación, al ámbito de la cultura y todas las manifestaciones que la comprenden. Es válido señalar que uno de los elementos más importantes dentro de esa cultura ha sido la música, manifestación que si no ha sido la de mayor peso, si ha representado el exponente más fiel de nuestras raíces y ha sido de las manifestaciones más representativas de la identidad nacional.
La música cubana, como lo han planteado numerosos investigadores de la materia , es el resultado de un largo y complejo proceso de transculturación que dio como resultado la que conocemos hoy. De esta manera se comportó el desarrollo musical en la isla a lo largo del siglo XX, donde recibió influencias de otros ritmos que en cada época se han puesto de moda, ritmos que han sido incorporados al acervo cultural de la isla
La música, es una manifestación artística que ha representado socialmente a cada época, independientemente del sonido musical característico. Esta vez es la década del 40, el período de análisis de los músicos cubanos y el decurso de sus vidas en los Estados Unidos. Partiendo de un análisis desde la perspectiva de género y específicamente desde la teoría de las masculinidades, es que se pretende comentar la socialización de los músicos cubanos en el proceso migratorio hacia el país norteño, así como el destino que les depara su incursión en el mundo del espectáculo.
Masculinidades socializando:
Sobre la base de lo que representó la música popular, con los estilos musicales que estuvieron de moda en la época, es que se pretende hacer el comentario del período citado. Músicas que inundaron los escenarios de Cuba y del resto del mundo, en particular los Estados Unidos . Al respecto señalaba una revista de la época:”…París y Londres estaban más preocupados en los nuevos pasos de la conga y el son, que en la amenaza de Hitler”. Así cubría el fenómeno de la música cubana una de las revistas más ilustres de la época, la revista Carteles . Frase que demuestra la aceptación de la música cubana en el universo musical de los Estados Unidos y que responde a la confluencia musical entre ese país vecino y la isla. Desde finales del siglo XIX, el surgimiento de las empresas de disco y el marcado interés de los productores de Broadway, trajo como consecuencia la inserción de los músicos cubanos, de forma permanente o temporal.
En este proceso de incorporación a la dinámica musical de los músicos cubanos, también merece un análisis, el proceso de socialización en el cual estuvieron inmersos, entendiendo por socialización “al proceso mediante el cual el individuo -en este caso los músicos cubanos- adquiere el aprendizaje de la cultura de la sociedad donde vive, a partir de la aceptación de normas y patrones que le permiten asumir los roles que le posibiliten entablar relaciones sociales e interactuar con los individuos.”
Teniendo en cuenta lo anterior y la masculinidad como la construcción social que se hace alrededor de los hombres, además todos aquellos comportamientos, actitudes físicas y mentales que se esperan de él. Los músicos cubanos experimentaron un complejo proceso de inserción en el campo musical.
La vida de estos músicos cubanos fue bastante compleja en el marco de las relaciones sociales, si bien la música era aceptada en el ambiente musical de la época, los ejecutantes vivieron un proceso diferente.
Atendiendo a algunos de los términos que definen la construcción de la masculinidad, dígase raza, nacionalidad, clase social es que se pretende comentar el proceso en el cual estuvieron involucrados estos músicos.
La vida en el exterior favorecía satisfactoriamente a estos hombres, pero hay que hacer un alto y ver en qué ambiente se movían. En el período señalado, el mundo del espectáculo, atendiendo al patrón de masculinidad hegemónico, estaba representado por el músico blanco. Teniendo en cuenta que en esos momentos los estilos musicales que más promoción tenían a nivel mundial eran el swing, el fox trot, ritmos que estaban representados, en su inmensa mayoría por músicos de piel blanca, integrantes del jazz band que fue el formato musical que se dio a conocer desde la década anterior.
La llegada de los músicos cubanos a los Estados Unidos, se ubica en la década del 20. Por esta época ya existía una colonia de boricuas ubicados en la llamada zona “latina” de Nueva York. A este lugar también llegaban los cubanos, con muy poco contactos con el llamado downtown, sitio de algunos músicos blancos de la época. Pero a su vez tenían contacto con los barrios afroamericanos, Harlem.
Por una parte el ambiente musical era el propicio y las migraciones latinas anteriores habían creado una infraestructura para que se desarrollara. Cines, teatros, cabarets, emisoras radiales y salones de baile. Pero a su vez esta separación por barrios, con un marcado componente discriminatorio hacia los músicos latinos, es el resultado de una compleja relación de poder establecida por la sociedad norteamericana, en la cual los complementos raciales y nacionalidad, seguían constituyendo un elemento fundamental de distinción que tuvo su origen en años anteriores y que aún perduraban por esta época, independientemente de la aceptación de la música que producían.
Sería válido destacar, atendiendo al análisis que se ha estado llevando con la socialización de los músicos, que muchos de ellos incursionaron en estilos musicales asociados con la música africana y el jazz, el cual tomó el nombre de Cubop, término acuñado por el destacado músico Dizzie Guillezpie. Música que estaba de moda y desde el punto de vista comercial tenía más éxito, a diferencia de lo que pasaba en Cuba, que incluso las orquestas con el formato de jazz band ejecutaban música tradicional.
Existía una realidad, los músicos cubanos, en comparación con los músicos provenientes de otras áreas del Caribe , tenían una mayor aceptación. Las razones son desde el punto de vista musical.
Desde los primeros momentos de entendimiento de esta música, su sonoridad y ritmo alcanzaron una aceptación por el público y los grandes círculos de poder, se empezaron a mezclar los ritmos de la isla con los americanos con lo cual fluyó el contacto entre los músicos de ambas orillas.
Otro aspecto que refleja la preferencia de la música cubana con la música de otras áreas del Caribe, es que durante el período de la República, muchos artistas, cabarets, teatros y hasta las orquestas de los Estados Unidos se cambiaban el nombre al español, lo cual le garantizaba el éxito y reconocimiento.
Por lo tanto uno de los elementos que favorecía el complejo proceso de inserción de los músicos, era la nacionalidad y la confluencia existente con el mundo musical norteamericano. Acontecimiento que se registra desde la segunda mitad del siglo XIX, período en el cual los productores de la”Gran Manzana” depositaron sus expectativas en lo que acontecía en la isla.
A pesar de esta preferencia por los músicos cubanos en el mercado musical de los Estados Unidos, estos de igual manera estaban discriminados y la acogida no era igual para cada uno de ellos. Existían una serie de exigencias de corte estético que favorecían a algunos músicos más que a otros.
Un ejemplo de este fenómeno expuesto, es que en una de las revistas, que ya fue citada en este trabajo, la Carteles, además una de las revistas cubanas a la cual se tuvo acceso de este período que reflejaba la vida cultural que acontecía a nivel mundial. En la misma aparece en varias ocasiones el éxito y el impacto causado por la orquesta de Miguelito Valdés en los Estados Unidos, así como los temas que más sonaban y en los diferentes teatros que se presentó.
El acontecimiento resulta llamativo, si se tiene en cuenta que en el período que se está analizando se registra la llegada de músicos cubanos, que de acuerdo al criterio de Leonardo Acosta, “fueron la influencia de mayor peso y autenticidad de la música cubana en Nueva York” , me refiero a Alberto Socarrás, Alberto Iznaga, Mario Bauzá y Frank Grillo (Machito), músicos negros. Además de la presencia en las orquestas de jazz del destacado percusionista Luciano “Chano” Pozo.
Lo que demuestra que independientemente, de que los cubanos eran bien acogidos por su música, no escapaban a los prejuicios raciales existentes en la época y que el patrón de hombre ideal, incluso en la esfera musical y artística, seguía estando representado por el hombre blanco norteamericano.
El ambiente social, sin dudas constituyó otro escenario de retos para nuestros músicos. La bienvenida a su música no constituyó necesariamente la acogida a sus músicos, sobre todo en los sectores de poder de la sociedad americana. De la misma forma que se establecían en la isla las distinciones por música y se ubicaban locales donde la entrada estaba mediada por el color de la piel. En el país norteño, la nacionalidad, la raza y la música, también representaron factores de división para estos músicos.
La música fue un elemento de distinción para estos hombres que de igual manera eran víctimas de los embates de los códigos sociales impuestos, del racismo existente, al cual no escaparon.
A pesar de esta realidad. Los músicos cubanos marcaron una pauta en la vida musical de Nueva York, su música se difundió por el mundo entero y sirvió de base para la ejecución de muchos ritmos salidos del país vecino.
Los músicos cubanos salieron de Cuba, llegaron y triunfaron. Las desavenencias que sufrieron no afectaron su manera de hacer la música con el sello que la caracterizó. Estos hombres llegaron con su música cubana a la cúspide del mercado musical, al país de Broadway y Hollywood, a la ciudad de las grandes avenidas y la convirtieron en universal.

martes, 14 de octubre de 2008

Masculinidades con “más de cien kilates” y “más flow”.

por: Ernesto Díaz Calderín

Hablando de reguetón y hip hop.

La música a través de los años se ha convertido en uno de los grandes socializadores de los hombres y mujeres, potenciando de esta forma conductas y códigos a seguir, además de ser cronista de la sociedad y de los seres que la habitan. En el caso del hip hop y el reguetón no están ajenos a este tipo de fenómeno, por el contrario, se han convertido en las dos grandes tendencias musicales legitimadoras de espacios y formas de vivir y es precisamente por el origen y desarrollo de cada uno de ellos.

El hip hop, es un género musical que surgió en la década de los setenta del siglo XX, en los barrios pobres de los Estados Unidos y se ha difundido en el mundo entero como una música que intenta rescatar y promover los valores de la sociedad combatiendo la discriminación racial, la desigualdad económica. La forma de transmitir los mensajes marca una diferencia en relación con los otros estilos musicales que existen, con la importante presencia del DJ, los breakdancer y un marcado ritmo con letras concisas en un intento de diferenciarse entre ellos mismos.

Importantes figuras se han destacado en este estilo en el plano internacional, marcando época por su forma renovadora de hacer la música, tales son los casos de: Áfrika Bambaataa, uno de los pioneros del movimiento musical en los Estados Unidos en la década del setenta. LL Cool J, un rapero muy famoso en la década de los 80. Public Enemy, el destacado rapero Eminem, que tuvo gran aclamación en el público de nuestra isla por sus mensajes sociales y la crítica fuerte en algunas letras de sus canciones a la temática política, entre otros músicos que también han tenido importancia y protagonismo en este movimiento musical.
Cuba no se ha quedado atrás en la promoción de este estilo musical. Tomando como referencia a los fundadores del movimiento pero buscando un estilo propio, han surgido grupos como Amenaza, Anónimo Consejo, Hermanos de Causa, Obsesión, Explosión Suprema y el polémico grupo Los Aldeanos que han constituido, entre otros, los símbolos del rap en Cuba, apostando por una forma de hacer música diferente e insertarse en el mercado musical nacional como una propuesta más en busca de su espacio y reconocimiento social.

El reguetón por su parte, se ha convertido en la tendencia musical más escuchada en los últimos tiempos. La fecha que se conoce como inicio de este movimiento es la década del 90 y en el área geográfica donde más audiencia ha tenido es en el Caribe, aunque es importante resaltar que su origen no está todavía determinado si fue en Panamá o en Puerto Rico. Especialistas indican que es derivado del dance hall reggae, jamaicano, con ritmos fuertes y bailables. Inicialmente fue clandestina su promoción y distribución, debido al contenido de sus letras y la naturaleza de su lenguaje.

En el reguetón, el DJ también cumple su función en la mezcla de sonidos y ritmos pegajosos que hacen que la música suene más estridente y distorsionada, provocando con el efecto de resonancia más énfasis en las palabras, dándole más poder a la frase cantada.

Este movimiento musical ha contado también con grandes exponentes en la arena internacional, son los casos de Vico C, Héctor y Tito, Don Omar, Tego Calderón y el que muchos consideran su máximo exponente Daddy Yankee. En Cuba también se pueden mencionar algunas agrupaciones que han apostado por esta manera de hacer música y que sin dudas han alcanzado un alto grado de popularidad y preferencia en la isla, los cuales convierten al reguetón en la música más escuchada en los últimos tiempos, Baby Lores e Insurrecto, Gente de Zona, por solo mencionar los que más se están escuchando, sobre todo siendo más aceptados en el público joven.

Masculinidad y música en Cuba

En Cuba, la música ha constituido un factor importante en la conformación de los estereotipos en la sociedad, validando actitudes y comportamientos, los cuales se legitiman o no de acuerdo al esquema impuesto por los sectores dominantes.

A su vez el reggaetón y el hip hop se desarrollan en una sociedad donde no se han podido erradicar algunos males que se han heredado desde el período republicano, el racismo, la desigualdad social, la corrupción etc., lo que provoca una reacción y descontento en los sectores afectados de la población.

Estas tendencias musicales han representado de cierta manera esos sectores que quedan al margen, en el caso del hip hop en la isla, es un movimiento que desde sus inicios hizo un intento de rescatar los orígenes africanos, asumiendo así una forma de vestir, de peinarse, de hablar y vivir la vida, reclamando por el espacio que, según ellos, habían perdido desde tiempos remotos y con la música y lo que para ellos constituía un movimiento contracultural, insertarse en la sociedad con sus códigos y patrones propios.

A pesar de que no representaban el patrón de masculinidad hegemónica impuesto en las sociedades occidentales, dígase el hombre blanco, con una figura atractiva, exitoso en la actividad laboral y con poder; estos a través de su música reproducen el modelo de masculinidad en su espacio físico y exponen de igual forma los modelos discriminatorios hacia las mujeres y hacia los homosexuales.

El hip hop ha sido una tendencia musical que ha estado dirigido hacia un público específico que lo ha aprobado y defendido a lo largo de los años , es un público que se siente identificado con el estilo y acude a lugares para escuchar su música y disfrutarla en espacios donde se promueve la violencia y se valida la discriminación hacia las mujeres, los hombres blancos y los homosexuales y donde los valores de la masculinidad juegan un papel primordial y se convierten en una carta de presentación y de acceso a este tipo de acontecimiento socio cultural.

El reguetón por su parte provoca otro tipo de situación, promoviendo la sensualidad y las relaciones de pareja en las letras de sus canciones de una forma agresiva. Se ha convertido también en una forma distinta de asumir la cultura de marginación, exponiendo un discurso que lo legitime dentro de la sociedad, con una actitud contestataria.

El público que por lo general acude a los conciertos de las principales agrupaciones, presenta una estética distinta en cuanto a la forma de vestir y de asumirse como ciudadanos, ya no son los económicamente desfavorecidos de la sociedad, como es el caso del público del hip hop, ya los lugares donde asisten no son ni en patios abandonados, ni en ruinas de antiguas casas coloniales. Los lugares en pesos cubanos convertibles son los locales frecuentados por este tipo de público, dispuesto a pagar cualquier precio para entrar a los conciertos.

Este espacio de socialización también promueve un estilo de vida y una forma de asumir la masculinidad, la cual debe ser representada por los hombres económicamente solventes, no importa el atractivo físico si se baila bien, no interesa el sentimiento que tengas hacia la pareja si eres capaz, en el caso de los músicos, de demostrar destreza en el canto, habilidad para improvisar tras un ritmo pegajoso, proyectarse en el escenario con fuerza y seguridad. Ese es el modelo que expone el reggaetón, lo que de acuerdo a las letras, es la garantía del éxito en la vida y la legitimación de lo masculino.

La masculinidad se construye en dependencia del lugar y el momento en que una persona se encuentre, desde que una persona viene al mundo se le atribuye un rol de acuerdo al sexo con el que nace. A los niños desde pequeños se les enseña a ser fuertes, a no llorar y luchar por implantar el poder a su alrededor, eso lo valida como masculino y lo ubica en un lugar privilegiado frente a los que no pueden asumir este tipo de comportamiento. Los músicos reproducen el mismo esquema de masculinidad hegemónica, mientras más público tenga acceso a su música, más respeto sentirán los demás músicos y por tanto más poder, aunque simbólico, lo que garantiza el éxito en la vida.

Los medios de comunicación tienen su protagonismo en este ambiente musical, son los encargados de llevar al público la música que se escucha y de esta forma promocionan la imagen de los artistas, los que a partir de ese momento van a formar parte del ideal de conducta de sus seguidores, de esta forma ellos promocionan y dictan las normas de comportamiento social a través de las imágenes, en el caso de la televisión.

El reguetón y el hip hop en Cuba, han representado espacios donde se reproducen los modelos de masculinidad hegemónica, siendo esta la vía por la cual el patriarcado ejerce su dominio, de acuerdo a la tesis del investigador Michael Kauffman. Es un modelo de masculinidad que difiere de lo socialmente impuesto y por tanto han tenido que crear su propio discurso desde lo marginal, proponiendo una forma distinta de asumir la vida y de formar parte de la sociedad, asumiéndose como son a través de la música que promocionan.

Estas tendencias musicales han surgido en un siglo que, según el musicólogo Leonardo Acosta, es el de la música agresiva, incluyéndose la música electroacústica, estos estilos también entran en la categoría de música agresiva del siglo XX. En esta nueva realidad de la música, las masculinidades también experimentan un comportamiento, entran en el siglo de la agresividad y de la violencia, la cual se convierte en la única forma de mantener la supremacía, lo que le garantiza el poder sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre ellos mismos en lo que constituiría la tríada de la violencia, teoría planteada por el investigador mencionado con anterioridad, Michael Kauffman. Es importante añadir que los comportamientos violentos no son intrínsecos de los hombres, estos han asumido esta actitud por el hecho de ser una vía por la cual ejercen el control y el poder en un lugar y momento determinado, lo cual es validado y legitimado gracias a los códigos impuestos en la sociedad patriarcal.

Los mensajes de las canciones forman parte del lenguaje cotidiano en nuestra isla, dejando a un lado la academia y el público lo ha asumido como suyo, por representar el esquema que legitima la superioridad de los hombres en la sociedad y el control en cada una de las situaciones.

No puede ser sinónimo de violencia el ejercicio de poder y ya se ha convertido en una práctica habitual en todas las esferas de la vida cotidiana, la música, incluyendo al reggaetón y al hip hop, debe ser la encargada de transmitir valores realmente revolucionarios, la equidad social, la no violencia y abogar por la eliminación de la discriminación. De esta forma contribuir a reformar los valores y comportamientos de lo que implica ser hombres, hacer música es apostar por el arte y la creación, no por la destrucción, teniendo en cuenta estos aspectos, que suene la música y todo lo que ella implica socialmente.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El Color marca la diferencia.La masculinidad y los estereotipos raciales en Cuba. Apuntes para un debate.

por MAIKEL COLON PICHARDO

Qué tienen los negros en Cuba? Así da titulo a uno de sus trabajos el periodista y ensayista cubano Pedro Pérez Sarduy, y aunque no es nuestra intención abordar los pormenores de este trabajo, nos pareció sugerente tal titulo para lo que aquí pretendemos debatir. El estudio de nuestra historia esta lleno de aspectos que nos permiten una comprensión profunda de la actualidad. Algunos de ellos guardan estrecha relación con los hombres negros cubanos, en especial, aquellos que interrumpidamente han favorecido la sustentación de estereotipos raciales que han condicionado la visión que tenemos sobre estos individuos. Quisiéramos continuar entonces, como lo hicimos en nuestra apertura: ¿Qué tienen los negros en Cuba?

Esta brusca apertura, quizás, es uno de los factores que se forjan como los emblemas básicos para determinar las distintas maneras en que nuestra historia ha elaborado estereotipos raciales negativos y positivos alrededor de los hombres negros. Parecería como si repente estuviéramos ante una problemática de recién aparición, sin embargo, la imagen que se ha logrado construir, representa varios de los elementos fundamentales mas particulares acerca del modelo de hombre negro masculino. Hablamos de ciertas alusiones que esencialmente subyacen en la conciencia social, pero que en todo caso, dentro de esas alusiones se establecen matices superfluos que nuestra sociedad se ha encargado de proyectar.

Desde sus inicios el modelo cubano de hombre negro estuvo matizado a partir de la elaboración de imágenes determinadas por los diferentes procesos históricos que en muchos sentidos se convirtieron en el punto de partida o la línea de base para determinar como se construye la masculinidad de los hombres negros cubanos, a tal grado que cuando la estructura social del régimen esclavista comenzó a promulgar el llamado «miedo al negro», ni siquiera la participación mayoritaria de estos en la manigua redentora y la distinción que muchos alcanzaron por su importante protagonismo, no fue suficiente para borrar esa visión negativa que pesaba sobre ellos.

Todas estas concepciones, incluso, cuando abrió sus puertas la nación con todos y para todos en 1902, se preservaron como una mancha, y es interesante porque a partir de ese nuevo momento de la historia de nuestra nación, se mantuvieron muchos de los estereotipos raciales negativos antes difundidos y aparecieron muchos otros que para nada favorecían la vida de los hombres negros. Con la intención de blanquear a Cuba y con el afán de demostrar la inferioridad de los negros desde el punto de vista biológico y cultural, se idearon una serie de mecanismos, con ideas al respecto, desde la ciencia, de las que no quedaba claro si se promovían como, la ciencia contra el crimen o contra los negros, y también a través de algunas de las vías de influencia social como la prensa, se proyectaron y promovieron estos estereotipos raciales negativos que ejercieron una acción directa en la conformación de la imagen de los hombres negros.

Un nuevo momento de nuestra historia, cuando irrumpía la década del 30, se produce. Una serie de fenómenos interesantes relacionados con un nuevo modelo para los hombres negros, que como hasta el momento mencionábamos, había sido cercenada por esa visión negativa que pesaba mucho mas de lo que realmente se pudieran imaginarse.

La presencia del movimiento conocido como afro cubanismo, el digno reconocimiento del legado cultural africano, la incursión de muchos negros en la esfera deportiva con éxitos inigualables y la revolución musical que se desarrollo en años posteriores, reflejo las dotes especiales que desplegaron muchos hombres negros dentro de estos espacios. Fue así como en aras de evocar una nueva imagen dentro de la sociedad cubana, harto contradictoria en cuanto a sus relaciones raciales, llevó a tener en cuenta a los negros, ahora como foco dentro de un nuevo universo de imágenes.

Nos gustaría continuar nuestra disertación sobre la historia, pero la asunción de la igualdad política-social que supuso 1959, conduciría a la construcción de una sociedad en la que quedarían atrás viejos rezagos del pasado. Proponemos entonces, una mirada mas detenida, que intente develar, una vez mas volviendo al principio, que tienen los negros en Cuba que incide de manera determinante en la conformación de su masculinidad.
Al hablar de masculinidad estamos ante una definición que como una construcción social de género de lo que significa ser hombre se rige a partir de los patrones de comportamiento que cada una de las sociedades ha reservado para ellos. Por otro lado, en nuestro país a decir del destacado investigador cubano Julio Cesar González Pagés, esta se construye como la hiperbolización del machismo y con respecto a esto comenta que desde pequeños se nos enseña a comportarnos como un macho, varón, masculino.

Ahora bien, para los que somos negros de cuerpo entero, la percepción en lo que respecta a su masculinidad entra dentro de una escala en la que juegan un papel fundamental algunos elementos diferenciadores que se hacen sentir con fuerza en las esferas de la vida cotidiana, y que como bien comentábamos al inicio de esta propuesta, se habían construido dentro de un proceso socio histórico que se reafirmaba a partir de la creación de estereotipos raciales negativos y positivos.

Por un lado se privilegian algunos valores considerados positivos, relacionados con el deporte, la música y la sexualidad. Los hombres negros, que no quepa la menor duda, de que son, buenos deportistas, buenos músicos a la vez que buenos bailadores, y se han desarrollado dentro del mito de una sexualidad salvaje, en la que los acompaña uno de los mayores iconos de la sexualidad masculina, su miembro ilustre.

Es de destacar, sin embargo, que los valores negativos también los acompañan como si el tiempo no hubiera pasado, pues aun se comportan como fueron culturalmente construidos, y desgraciadamente han sido también incorporados como sello fundamental en la construcción de la masculinidad de los hombres negros cubanos. En este sentido que los valores más denigrantes de una sociedad aun se asocian a lo negro no es de extrañar en una sociedad que mantiene como remanentes las prácticas discriminatorias.




Las dimensiones de estos estereotipos raciales negativos alcanzan impactos significativos. Esa imagen o representación mental se expresa como parte integrante de la masculinidad de los hombres negros en Cuba, su papel en el escenario social como violadores, vagos, delincuentes, violentos, casi siempre bajo expresiones arbitrarias que establecen cierta conexión a través de sus atributos físicos, el pelo malo, la bemba grande etc.

Todas estas percepciones que se reafirman cada día en el imaginario nacional, partiendo de la existencia de estereotipos raciales negativos y positivos, apuntan hacia una interiorización de cómo estos estereotipos contribuyen a la conformación de la masculinidad de los hombres negros, reafirmando esa escala de valores que diariamente se orienta a la crítica constante de las actitudes consideradas negativas.

La masculinidad hegemónica que se ha tomado en garantizar la posición dominante de los hombres, tiene sus peculiaridades dentro de la sociedad cubana, teniendo en cuenta que esta, históricamente, ha servido como escenario social en la legitimación y reafirmación del status de los blancos, y en este sentido la masculinidad de los hombres negros se reduce al hecho de jugar roles simbólicos para la construcción de la masculinidad de los hombres blancos.
A pesar de ello, es incuestionable el hecho de que muchos hombres negros se sientan orgullosos de ser negros, ahora, al mismo tiempo, este orgullo se toma en reafirmar la existencia de los estereotipos raciales negativos y positivos, y desgraciadamente lo han asumido como parte esencial de ellos mismos. No debería de ser a estas alturas pero, revelan una pronunciada conexión con el pasado, tanto así que el día a día, las nuevas realidades no han servido para eliminar esas fabulaciones, lo cual me hace pensar en una de las estrofas de una canción del cantautor cubano Frank Delgado que infelizmente dice como ser negro y no morir en el intento.




Investigaciones recientes sobre las masculinidades intentan contribuir a la construcción de nuevos modelos donde los hombres aprendan a ser más conciliadores, menos violentos, en aras de alcanzar una «cultura de paz». Me pregunto entonces, si históricamente hemos construido una serie de estereotipos negativos y positivos alrededor de la figura de los hombres negros, que dicho sea de paso, se han convertido en sello fundamental en la conformación de su masculinidad, ¿Cómo podría inducirse que en los negros cubanos también se evidencia ese cambio?

La representación de la masculinidad de los hombres negros en Cuba tiene esas características, lo cual los coloca dentro de una rejilla de representaciones rígida y limitada que quizás no permite establecer esta desde otras valoraciones, como hombres de una sociedad multirracial como la cubana, y mas allá de encasillarlos dentro de estos estereotipos, deberíamos de tener en cuenta que representan todo lo relacionado con los hombres cubanos sin distinción de colores, por eso estaría de mas llegar a establecer paradójicamente ¿Qué tienen los negros en Cuba?

jueves, 5 de junio de 2008

Estereotipos raciales en la prensa en Cuba: civilización vs. Barbarie

por Maikel Colón Pichardo

Hablar de estereotipos raciales discriminatorios sobre los negros nos invita a reflexionar sobre la imagen o representación mental acerca de un grupo racial determinado, conformada por los rasgos positivos y/o negativos que se le asignan. Quizás el problema guarda connotaciones especiales por el impacto que aun hoy día causan, ya que en estos se encuentran los elementos que traspasan las barreras de nuestro imaginario, porque muchos de los que lo sufren, desafortunadamente, lo han asumido como parte integral de su vida.

Una de mis últimas experiencias al respecto fue solo hace unas semanas, en un mercado de la calle Infanta, adonde entre por casualidad y presencie un episodio, que si bien no me resultaba ajeno, verdaderamente me impresiono mucho. Y es que en aquel lugar se encontraba una señora mayor acompañada de su pequeña nieta, fue entonces cuando un hombre negro se acerca y tratando de congraciarse con aquella niña, le pide muy sonriente: ¡nene dale un beso al mono! La abuela al oír aquella broma absurda se indigna, manifestándole al hombre que ese tipo de comentarios resulta humillante, sobre todo para la educación de la niña, porque teniendo en cuenta que en Cuba hay tanto blancos como negros, es decir, somos una sociedad multirracial, no considera correcto educar a su nieta sobre la base de asociar a los negros con los monos, máxime si un propio negro se asocia o se autodenomina como tal.

En ese momento lo que parecía una broma se convertía en algo tan descabellado que después de reflexionar por algunos momentos nos damos cuenta que esta es una de las manifestaciones de la vida cotidiana que asocia a los negros con determinadas prácticas, o imágenes, y a pesar de que muchas de estas fueron formuladas hace ya mucho tiempo, todavía están presentes en los espacios más insospechados de la vida en Cuba.
Los que conocemos de cerca la historia de Cuba sabemos, o al menos hemos oído en algún momento, que las diferencias en Cuba en cuanto al color de la piel se refiere, ha jugado papales fundamentales dentro del proceso histórico, un aspecto que en gran medida afectó el entramado de las relaciones sociales que se han establecido en la sociedad cubana.

En el marco de la investigación que he venido desarrollando en lo que respecta a como se ha construido la masculinidad de los hombres negros en Cuba, rápidamente salio a la luz el papel de la prensa que a partir de 1902 contribuyó a la elaboración dentro del imaginario nacional de estereotipos raciales negativos a través de los que los negros como grupo social fueron catalogados y representados hasta la saciedad, teniendo presente que la raza en Cuba ha sido uno de los ejes articuladores de la identidad que en un momento se subordino a la existencia de un pueblo donde existía una raza superior blanca y una inferior negra.[1]

Este tipo de diferencias, no solo tuvo una significación meramente simbólica, sino que, en correspondencia con contextos específicos, se promovieron y difundieron, imágenes cargadas de horror con un trasfondo racista bien definido que afecto la vida de hombres y mujeres solamente por el color de su piel. El negro brujo, el negro con capacidades intelectuales inferiores que atentaban con la posibilidad de convertir a Cuba en una nación civilizada, y el negro como una amenaza contra la tranquilidad y el bienestar de los blancos, fueron algunos de los estereotipos raciales discriminatorios que con mayor fuerza se difundieron en la prensa cubana, fundamentalmente la sensacionalista y los semanarios satíricos, que caricaturizaban patrones culturales de origen africano, teniendo en cuenta que este ultimo elemento lo convertía en sinónimo de barbarie.[2]
Desde comienzos del siglo XX, las persecuciones contra manifestaciones religiosas también de origen africano, convirtieron al negro brujo en uno de los tipos más repugnantes de la mala vida cubana, como lo calificaran algunos de los intelectuales más prominentes de la época. La prensa que respondía a intereses bien definidos fue la que con mayor fuerza difundió este estereotipo, periódicos tales como El Mundo, El Día, La Discusión, incluían en sus notas diarias la persecución contra la brujería, un suceso que además se asocio con la desaparición de niños y niñas de piel blanca. Con esto los negros brujos se convirtieron en una amenaza para todas las familias blancas con niños pequeños, y la utilización de los órganos de estos niños en sus prácticas religiosas los involucraba en prácticas de canibalismo.[3]

Este aspecto nos da una medida de las implicaciones de este estereotipo discriminatorio en la vida de los hombres negros, si tenemos en cuenta que este se divulgó durante las tres primeras décadas del siglo XX. Por otro lado entre los años 1907 y 1908, la revista Cuba y América, una revista de arte, literatura y moda, circuló en sus paginas una sección denominada Aventuras de Pitirre y Buchín, que recreaba las aventuras de dos adolescentes, uno negro y uno blanco, quienes siempre se veían involucrados en maldades, propias de la adolescencia, y siempre el que se llevaba la peor parte, es decir, las consecuencias de sus actos, ya sean golpes, caídas, era Buchín, el personaje negro. No cabe dudas que en esencia, las pretensiones de esta sección era demostrar las capacidades inferiores de los negros, teniendo en cuenta, que Pitirre, el personaje blanco, siempre salía ileso dada su inteligencia, su astucia, es decir, atributos propios de la raza blanca.

Ahora 1912, constituyó una fecha bochornosa, pues se dio una de las masacres racistas mas brutales de nuestra historia, la masacre del Partido de los Independientes de Color, un partido político creado en el año 1908 solo para hombres negros, que luchaba por la igualdad de oportunidades en la sociedad cubana.
En la fecha mencionada el ejercito constitucional de la Republica, tomando como base la amenaza que representaba para Cuba este partido político, en cuanto a sus pretensiones de crear otro Haití, es decir, otro Republica negra, todos los miembros de esta organización fueron masacrados brutalmente, y ahorcados como escarmiento a todos los negros cubanos. Por supuesto que la prensa también hizo eco sobre estos sucesos.

En este sentido el semanario satírico ilustrado La Política Cómica fue uno de los principales órganos de prensa que cubrió este acontecimiento. En sus paginas vio la luz una sección denominada Negreira en campaña, donde promovían una multitud de chistes racistas, además, caricaturizaban imágenes de los lideres del Partido Independientes de Color, los cuales asociaban a los generales de la Revolución Haitiana, un aspecto que los convertía en una verdadera amenaza para el futuro desenvolvimiento de Cuba como una nación civilizada, por el carácter antinacional de crear una agrupación política marcada por el color de la piel.[4]

Este y otros ejemplos son algunos de los que evidencian el papel de la prensa en los primeros años del siglo XX, en la promoción de estereotipos raciales discriminatorios, y como estos se han perpetuado a través de los años como sello en la construcción de la masculinidad de los hombres negros, cuantas veces en las familias cubanas, asiendo alusión a los negros brujos, se asustaban a los niños para dormir, con el viejo mito de duérmete sino te traigo al hombre del saco, y en cuanto a sus capacidades intelectuales, hace unos años en la escena musical cubana ocupo popularidad una canción que coreaba, quien tiro la tiza el negro ese, la cual tuvo un nivel de aceptación elevado, entonces seria bueno cuestionarse si nuevos estereotipos discriminatorios se promueven en la sociedad cubana del presente, que pasara, porque lo más seguro es, que si no se hace nada al respecto, en el futuro continuaran reproduciéndose.


Bibliografía.
Hevia, Oilda. «Otra contribución a la historia de los negros sin historia». En Debates Americanos, No.4, La Habana, pp.77-90.

Naranjo Orovio, Consuelo. «De la esclavitud a la criminalización de un grupo: la población de color en Cuba». En Revista Op Cit, No.16, Río Piedras, Puerto Rico, 2005, pp.137-179.

Prensa.
Cuba y América. 1907-1908
El Día. 1904-1905
La Discusión. 1907
El Mundo.1904-1905
La Política Cómica. 1912
[1] Algunas de estas ideas están abordadas con mayor profundidad en mi tesis de diploma, la cual defiendo próximamente.
[2] Además del papel de la prensa también destacados intelectuales como el celebre etnólogo y antropólogo cubano Fernando Ortiz y algunas figuras importantes de la medicina, contribuyeron en los inicios del siglo XX, a establecer planteamientos científicos con respecto a la superioridad de la raza blanca y la inferioridad de la raza negra. Ver Consuelo Naranjo Orovio. «De la esclavitud a la criminalización de un grupo: la población de color en Cuba». En Revista Op Cit, No.16, Río Piedras, Puerto Rico, 2005, pp.137-179

[3] Dos de estos sucesos, el crimen de la niña Zoila y el crimen de la niña Celia recibieron total cobertura en el Mundo, esta noticia circulo en este diario por casi un año, incluso se le hizo seguimiento en su suplemento dominical el Mundo Ilustrado a el juicio contra los presuntos culpables del crimen.
[4] Esta sección tuvo una amplia cobertura y su significado mostraba la fuerza de las ideologías racistas que aun permanecían intactas dentro de la sociedad cubana.