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lunes, 2 de enero de 2012

Masculinidades en jóvenes pinareños: ¿En busca del nuevo hombre?



El libro Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba(Editorial de la Mujer, 2011) el más vendido en el año 2011 en Cuba

Escrito por Mayra García Cardentey


"Sé hombre", "no llores", "no tengas miedo", "no muestres debilidad", "no te dejes dominar por las mujeres", "no seas homosexual", se escucha una y otra vez, por décadas, por siglos, de legitimación del modelo de "macho, varón, masculino" tradicional.


Hoy Cuba percibe aires de cambio, aunque sutiles y a la vez in crescendo, del patrón de masculinidad hegemónica ancestralmente reconocido y modificado por otras maneras de asumir las relaciones intergénero.Según estudiosos del tema pertenecientes a la Red Iberoamericana de Masculinidades, los avances de las mujeres en la igualdad de oportunidades y derechos, la reconformación del universo familiar, la redefinición del ámbito laboral para ambos sexos y los diversos posicionamientos sobre identidades sexuales, traen a la palestra repensar las virilidades, como las diferentes vías por las cuales posesionarse los hombres en su identidad de género.


Una muestra de estas transformaciones se percibe en estos días en el comportamiento de muchos jóvenes que incorporan desde temprana edad concepciones de género. Pero, a pesar de ello, cohabitan aún, fuertes creencias y actitudes patriarcales, tanto de muchachos como muchachas, que impiden una mayor convivencia con otros tipos de masculinidades que las usualmente representadas.


Con 40 jóvenes entre 18 y 35 años, de ambos sexos, diferentes zonas residenciales, estudios escolares, identidades sexuales y formaciones psicofamiliares... conversó Guerrillero para debatir sobre el tema de qué es ser hombre hoy día.Ser hombres... ¿problema de hombres?Aun cuando hace décadas el mundo dialoga sobre la llamada "crisis de la masculinidad hegemónica", es decir, aquella estipulada por generaciones para el "correcto comportamiento varonil", en Cuba no puede considerarse aún un aspecto mayoritario dentro del debate público.


En el país, especialmente en nuestra provincia, con una preponderancia de la zona rural y, por tanto, de fuertes convicciones tradicionalistas, la educación de los hijos tiene todavía características sexistas en la diferenciación de roles, desde los colores para las ropas de los infantes, hasta los juegos y comportamientos en edades ulteriores. Todo ello referenciado claramente en nuestro grupo de entrevistados.


A los niños se les depara el papel de "no llorar", "defenderse a toda costa", "ser duros, machos", mientras para las chicas les queda el de ser procreadora, "flor bella y delicada", dueñas de los quehaceres domésticos.Pero estos dogmas y actitudes aprehendidos han influido tanto en hombres como mujeres, siendo a veces estas últimas, como demuestran investigaciones recientes, quienes se encargan de transmitir estos patrones machistas de generación en generación.


De ello fue muestra, en varios acápites, el cuestionario aplicado.Cerca del 50 por ciento de los jóvenes varones encuestados admitieron estar cómodos en la mayoría de las ocasiones, con el rol que se les ha otorgado como paradigma de la estructura patriarcal, aunque flexibilizan criterios en papeles tradicionales con los que no están de acuerdo, como el ser padres, proveedores económicos y compartidores de las tareas del hogar.Por otra parte y sorprendentemente, más del 50 por ciento de las chicas entrevistadas, coinciden con algunas características otorgadas a los hombres como las de principal sostén de la casa, encargado de las "tareas duras", de la protección del hogar, decidor, mediador y solucionador de los conflictos y guía de la relación.


De aquí, que, a pesar de reconocer hoy en la sociedad disímiles maneras de asumir la masculinidad por los jóvenes, tanto en formas de vestir, cumplimiento de responsabilidades domésticas, proyección física y espiritual, asunción de preferencias sexuales, estéticas y culturales..., prevalece la construcción androcéntrica de colocar al varón en el eje de todo. Con dinero y sin dinero... ¿sigo siendo el rey?Uno de los principales vericuetos que entorpece las relaciones entre géneros y la asunción de diferentes masculinidades, es el tema de la distribución del trabajo y la dependencia monetaria entre hombres y mujeres.


Más del 65 por ciento de los consultados, con equitativa proporción entre hombres y mujeres, convinieron en estar "más a gusto" con dirigentes masculinos que con femeninas. Adjetivos como "más fuertes", "decididos", y que "logran implantar mayor respeto", "ejercen mayor autoridad" fueron expresiones esgrimidas de manera claramente tradicionalista a favor de los primeros."Mano blanda", "a veces demasiado extremistas con tal de hacerse respetar", "más débiles", conformaron parte de los cuestionamientos en contra de las féminas, muchos de estos puestos en el tapete, contradictoriamente, por las de su mismo género.


En otro aspecto, en el plano de las relaciones de dependencia y/o equidad económica en la pareja, cerca del 90 por ciento de los encuestados masculinos reconocieron sentirse "incómodos" cuando la mujer corre con todos los gastos.Hoy día aunque se asume con más asiduidad el pago a la "americana" (que cada parte abone su consumo o que paguen en dependencia del caudal poseído por cada cual en el momento en cuestión), es muy poco común que los chicos permitan que su acompañante corra con todos los pagos, es una manera de traicionar su virilidad. Incluso cuando esto sucede, la muchacha "le pasa" el dinero al chico, para que al menos, "de cara a los demás", parezca que es él quien paga.


Pero, por si esto fuera poco, las propias mujeres ayudan a afianzar este rol. El 67 por ciento de las entrevistadas reconocen que se sienten seguras y protegidas si tienen de compañero a hombres con una mayor solvencia económica que ellas. "Nadie puede estar conmigo de gratis", "puedo ayudar con dinero, podemos compartir gastos, pero no mantengo a ningún hombre" fueron algunos de los criterios, y so pena de lo que se pudiera pensar provinieron de féminas de diferentes niveles escolares y socioeconómicos.Para ambos géneros, los hombres que asumen estas posturas son catalogados como "chulos" o "mantenidos".


Se le otorga de manera tradicional y machista, el papel de principal proveedor de la casa y la pareja al hombre, con el cual, la mayoría de los interpelados están conformes o al menos, acostumbrados.De ayudantes en casa a bacanes de la vida...La gran mayoría de los consultados coincide en que ambas partes deben colaborar con las tareas del hogar, mas el desempeño rector en las mismas todavía se otorga a la mujer. Con mayor prevalencia en los jóvenes por encima de los 30 años, se definieron criterios tales como "los hombres pueden auxiliar", pero "ellas siguen con el mayor peso en las labores domésticas". Estos criterios lo confirman las propias muchachas, "ellos ayudan, pero no lo hacen igual que nosotras. Prefiero después de todo, hacer las cosas yo, para no ir detrás arreglando lo que hizo".


En este sentido, aún predominan en los jóvenes las diferenciaciones en cuanto a las tareas que cada género puede y debe emprender en el hogar: las muchachas para las de higiene y los muchachos para el mantenimiento de la infraestructura.Masculinidad y proyección sexual...Para los hombres, especialmente los más jóvenes, la sexualidad es un elemento que potencia su personalidad y virilidad, y a la vez un aspecto de sufrimiento y agonía, al "no desempeñar bien su papel". Y aun cuando todavía en la actualidad ejerce un peso fundamental en las relaciones de pareja y en la afirmación de "macho", se percibe en los más jóvenes una experimentación de acciones de mayor riqueza espiritual en su vida íntima.


De ahí que no solo se tomen posturas más sensibles y variadas en los roles de pareja, sino que en la proyección estética se asuman apariencias que antes estaban permitidas solo a mujeres, sin que esto signifique un cuestionamiento de su masculinidad, o al menos la tradicionalmente concebida.


Ellas, entre el amor y el maltrato




Camiseta de la campaña contra la violencia a las mujeres en Cuba realizada por la Red Iberoamericana de Masculinidades (RIM)


Por Yalina Gómez Cañizarez.


Aunque durante el noviazgo de ocho meses, manifestó un poco sus celos irracionales, Alicia creyó que podía cambiar las cosas. Tenía apenas 15 años de edad cuando no avizoró las señales: nada de realizar mandados, acompañar a su madre o hermana a algún sitio, ni limpiar el portal de la casa. Sin él no podía asomarse a la calle. Poco después le impidió continuar sus estudios y para asegurarse le rompió el expediente escolar. Pero ella aceptó el matrimonio tras el sueño de llegar virgen al altar.

Le esperaba un año amargo. Encierro, discusiones, gritos, golpes, imposiciones, sufrimiento, desesperación, miedo, aburrimiento. “Mi madre iba a verme y lloraba. No comprendía cómo aguantaba estar entre las paredes de una casa. Le decía que estaba así porque quería, pero en realidad tenía miedo de que intercediera y saliera lesionada”.


Una cuestión de poder


“En un mundo signado por las inequidades, las desigualdades y las discriminaciones de todo tipo (…), la violencia resulta un eje transversal de las relaciones sociales, utilizada como un vehículo para la obtención y el mantenimiento de un poder que convierte en sujetos dominantes a unos pocos y subordina a la gran mayoría”, afirma Julio César González Pagés en su libro Macho, Varón, Masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba.


Entre las expresiones de la violencia, la más cotidiana en las sociedades es la que afecta a las féminas, según apuntan los estudios. La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de la Organización de Naciones Unidas, aprobada en 1993, la define como todo acto de violencia de género que tenga o pueda tener como resultado, un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, incluidas las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada.

La violencia contra las mujeres tiene mucho que ver con la cultura patriarcal en la cual vivimos. En ella los hombres han ocupado los espacios preponderantes, en cambio las féminas han tenido una situación de sumisión y subvaloración. Ser mujer puede ser la única razón para resultar víctima del fenómeno. No es ni la pertenencia a cierta clase social, ni el ser profesional o no, opina Karelín López, decana de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana (UH) y colaboradora de la Cátedra de la Mujer de la institución. De esta manera, los valores y estereotipos aprendidos son determinantes.

Lo más difícil para enfrentar la violencia es su invisibilidad. Las féminas suelen justificarla, sentirse culpables, ocultarla y, en los peores casos, no la reconocen en sus múltiples expresiones: psicológica, verbal, económica, patrimonial (contra los bienes) y física; no obstante, pueden sufrirla por años y hasta durante toda una vida.

A puertas cerradas


Los resultados más importantes de las investigaciones realizadas en el área de salud en el país evidencian la presencia de violencia intrafamiliar en la comunidad y su incidencia en el espacio doméstico, principal escenario de las lesiones que reciben las mujeres en primer lugar de su pareja, según la socióloga Clotilde Proveyer en su trabajo Los estudios de la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja en Cuba: una reflexión crítica.

Entre las causas se encuentran los celos, el alcoholismo, los problemas económicos graves, las frustraciones, el bajo nivel cultural, el machismo. En consecuencia, las mujeres sufren afectaciones físicas, emocionales e intelectuales, predominando la agresión verbal, la sobrecarga doméstica y en tercer lugar el maltrato físico.

No obstante, los resultados de una veintena de trabajos en el período 1994-1999, del Centro de Estudios de la FMC, reportó que las víctimas denuncian al esposo o buscan ayuda institucional en cifras insignificantes.

“Las mujeres con lesiones por golpes de su pareja generalmente no acuden al consultorio. Van a mi casa o me lo dicen cuando me ven en la calle —declara Yara Garzón, médico de la familia en el Cerro, La Habana, hace más de 20 años.

“Tengo una paciente a la cual el esposo le ha roto la cabeza y le ha provocado fracturas, pero lo perdona siempre. Dice que él se arrepiente, es el padre de su hija y que está tratando su alcoholismo. Llevan casi 10 años juntos”.

La doctora Dunia Ferrer, de la Universidad Central de Las Villas, demostró que estos comportamientos abundan además en parejas de profesionales, en las cuales encontró altos índices de agresividad en el estudio que realizó durante 2005-2008. La diferencia estribó en la sutileza pues predominó la violencia psicológica. La ley ampara y la casa ayuda

Nuestro Código Penal en los delitos contra la vida y la integridad corporal, y contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, la familia, la infancia y la juventud recoge como agravante el ser cónyuge y el parentesco entre el victimario y la víctima hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad.

“Ante una acusación por maltrato físico, las autoridades redactan un acta de advertencia al agresor o lo detienen, depende de la magnitud del delito —explica la abogada Elsa Figueroa, con más de 25 años de experiencia en un bufete colectivo de la capital. Por amenazas puede aplicársele una medida predelictiva que conlleva internamiento hasta un período de cuatro años. Si se le diagnostica una enfermedad como causante de su actitud, de todas maneras es sancionado o va a un proceso de rehabilitación.

“Aquí representamos a la víctima cuando pide el divorcio, pero generalmente no declaran el maltrato como causa. El agresor, por su parte, al solicitar el servicio de defensa, alega que la mujer es culpable de su reacción porque se va de la casa, abandona a los hijos o los atiende mal, y argumentos por el estilo”.

La institución por excelencia para orientar y ayudar a las víctimas de violencia es la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, que existe en todos los municipios del país.
Myrtha López, Licenciada en Psicología y coordinadora desde hace ocho años de la casa de Plaza de la Revolución, La Habana, afirma que lo que más reciben son casos de violencia psicológica.

“Se acercan mayoritariamente adultas mayores, pero también vienen hombres. Ellas casi siempre llegan porque están deprimidas, se sienten mal y no saben cómo salir adelante. Luego descubrimos que es un caso de violencia intrafamiliar. Aunque ya se visualiza más el fenómeno, la mayoría pide ayuda preocupadas por otro miembro de la familia sin percatarse de su propia afectación”.

Para atenderlas en la institución cuentan con un equipo multidisciplinario, integrado por una psiquiatra de grupo, otra infantojuvenil, una psicóloga, un jurista y dos trabajadoras sociales. En casos necesarios trabajan con oficiales de menores, abogados, personal de educación, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), especialistas de salud, según hizo saber Myrtha.
A su lado, a pesar de todo

La dependencia económica y emocional fueron causas que explicaron por qué las mujeres permanecen junto a parejas violentas —explica la decana de la Facultad de Psicología de la UH. “La baja autoestima es una consecuencia de este tipo de relación y a su vez un mecanismo del hombre para mantenerla a su lado.

“Luego de una pelea, busca reconciliarse de cualquier manera. Él mismo cree, a veces, que no va a volver a ocurrir, pide perdón, simula ceder el poder, hace sentir a la mujer importante. Ellas, en la mayoría de los casos, están enamoradas o tienen una dependencia y vuelven.

“Por eso se habla del fenómeno como el ciclo de la violencia. Es repetitivo y cada vez más peligroso. Lo que empezó con una agresión verbal o psicológica puede terminar en la muerte”.
Las conquistas

La violencia en Cuba no es tan significativa como en otras naciones latinoamericanas; pero cada día hay más conciencia de que existe.

En 1997, tres años después de que la Organización de Estados Americanos aprobara la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, nació el Grupo Nacional para la Prevención y Atención a la Violencia Intrafamiliar, coordinado por la FMC, como muestra de su preocupación y responsabilidad por el bienestar de las cubanas. Pero lo cierto es que nuestra realidad muestra una contradicción entre su protagonismo en todos los ámbitos y la existencia de valores y relaciones sociales que conspiran en contra de su pleno desarrollo.

En este sentido, las conquistas de las mujeres en el país, como bien señaló la socióloga Clotilde Proveyer, se evidencian en sus éxitos en la vida social, la participación creciente del hombre y otros miembros de la familia en las actividades domésticas y el aumento de los divorcios como muestra de la tendencia de ellas a liberarse de relaciones conyugales que dejaron de tener sentido.

Así sucedió al menos con Alicia, la muchacha con la que comenzamos esta historia. A ella se le ocurrió acudir a la antítesis de la seducción. No se arreglaba para agradarle a su esposo y trataba de parecerle aburrida. Entonces le planteó el divorcio cuando estuvo segura de que le había dejado de importar y lo consiguió. Volvió al fin a la vida. Poco a poco ganó confianza. Se graduó de técnico de nivel medio en computación. Ahora imparte clases en una escuela y disfruta de una relación estable a sus 25 años de edad. Una década atrás, ¿quién lo hubiera soñado?







de la

lunes, 5 de diciembre de 2011

Bailando entre machos





El escritor Julio César González Pagés compartió con estudiantes y profesores de la Escuela Nacional de Ballet con un animado dialogo en la presentación del libro Macho varón masculino. Estudio de masculinidades en Cuba.






Por Equipo RIM


El pasado día 23 de noviembre de 2011 tuvo lugar en el Complejo Cultural Residencia de Estudiantes de la enseñanza artística de La Habana, la presentación del libro Macho Varón Masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba, organizado por el Instituto Cubano del Libro y la Biblioteca de dicho recinto.

La actividad contó con la presencia de su autor, el Dr. Julio César González Pagés, y de varios jóvenes estudiantes de ballet clásico de la Escuela de Ballet Nacional de Cuba, quienes se interesaron en las temáticas abordadas en el texto presentado. Muchos de los estudiantes se acercaron después de la presentación y compartieron con el autor sus experiencias como jóvenes bailarines clásicos y los prejuicios que existen para este tipo de danza a nivel social.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Masculinidades cubanas contra la violencia




Foto de “Atrévete a ser hombre: el machismo mata” mensaje central de la campaña presentada, en Cuba, por la Red Iberoamericana de Masculinidades y su coordinador Julio César González Pagés en un acto en la Casa del AlBA Cultural el 10 de noviembre de 2011.








La Habana, 11 nov.- (IPS) Más que la consigna de una campaña, los jóvenes cubanos que se agrupan en la Red Iberoamericana de Masculinidades (RIM) lanzaron un reto. “Atrévete a ser hombre: el machismo mata”, es el mensaje que preside la campaña contra la violencia de género presentada la noche del jueves 10 en la capital de esta isla caribeña.




“Años atrás, era una utopía unir a hombres en una campaña de este tipo”, comentó el historiador cubano Julio César González Pagés, coordinador de la RIM y feminista, al inaugurar una exposición de carteles elaborados por un grupo de estudiantes del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI), con sede en La Habana.




“Como parte de este sueño y de esa utopía, hemos estado en casi todas las universidades del país convocando a los estudiantes de diferentes áreas para que se nos unan”, añadió González Pagés, autor del libro “Macho, varón, masculino”, entre los más vendidos y leídos este año en Cuba.




Concebido como una red académica, la RIM se ha nutrido en Cuba de jóvenes estudiantes universitarios de distintas disciplinas y mantiene un trabajo sistemático de incidencia a través de talleres dirigidos fundamentalmente a grupos masculinos, siempre buscando desmontar los mitos tradicionales alrededor del hecho de “ser hombre”.




“Tenemos que darle un giro a ese comportamiento violento que provoca esta educación machista que tenemos. El diseño puede ayudar a cambiar: enseñar que el machismo no es el único camino”, dijo a la Redacción de IPS en Cuba el estudiante Gerardo Lebredo, autor del diseño de la campaña presentada por la RIM en la sede de la Casa del Alba.






Aporte de la RIM a la campaña Únete




“Desde el punto de vista profesional, no creo que haya muchas personas en Cuba que hagan diseño con enfoque de género. Y, personalmente, hemos aprendido muchísimas cosas que no sabíamos sobre género y violencia que, al final, es lo que nos ha inspirado a hacer la exposición”, dijo el joven diseñador Ramiro Expósito.




En conversación con la Redacción de IPS en Cuba, Expósito explicó que, antes de vincularse a la red, para él ser hombre era estar menos gordo, vestirse a la moda y preocuparse por cosas que ahora le parecen banales. La perspectiva cambió con el conocimiento y, ahora mismo, hay muchas cosas que veo más importantes”, afirmó.




Uno de los cinco ganadores del concurso de diseño de camisetas de la campaña Únete del Secretario General de las Naciones Unidas, el joven cubano de 22 años está invitado a participar en la actividad oficial de la ONU por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebrará el próximo 25 de noviembre.




“Estoy muy contento y orgulloso de contribuir desde la red al trabajo que hace las Naciones Unidas en prevenir la violencia contra las mujeres y saber que los jóvenes podemos revertir estos procesos en nuestros países”, aseguró el estudiante del ISDI en declaraciones publicadas en el blog de la RIM.




Alianza contracorriente




La inauguración de la exposición de carteles de la campaña “Atrévete a ser hombre: el machismo mata”, en la sede habanera de la Casa del Alba, antecedió a un concierto a favor de la equidad de género y contra la violencia de Rochy Ameneiro, quien este año presentó su proyecto Mujeres contracorriente.




La iniciativa “pretende unir a todos los artistas que creemos y respetamos los derechos de las mujeres”, dijo González Pagés y anunció que la exposición colectiva de carteles y los siete estudiantes del ISDI involucrados en la experiencia, se sumarán el año próximo a una gira nacional de la cantante.




Al público joven que usualmente sigue los conciertos de Ameneiro y las actividades de la RIM en la isla, se sumaron en esta ocasión representantes de unos 20 países que esta semana asisten en La Habana a un taller sobre masculinidades organizado por el Consejo de Iglesias de Cuba. (Redacción IPS Cuba - 2011)

IPS - Inter Press Service


Corresponsalía Cuba


martes, 26 de julio de 2011

“Macho, varón, masculino en la villa de Guanabacoa”


Presentación de Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba de Julio César González Pagés en Guanabacoa.






Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades

La Habana/23 de julio. Con motivo de las lecturas de verano organizadas por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Provincial del Libro, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, Julio César González Pagés, presentó su más reciente obra Macho, varón, masculino: Estudios de masculinidades en Cuba, en el municipio capitalino de Guanabacoa.

La presentación, realizada en el Café Literario, contó con las palabras iniciales de Víctor Montes de Oca Jiménez, presidente del Consejo del Libro y la Literatura de ese municipio, quien además de agradecer la presencia del prestigioso autor, hizo un recuento, para el interesado público asistente, sobre el significativo recorrido académico y profesional del invitado.

Por su parte, al expresar que era una ilusión estar en Guanabacoa, Julio César González Pagés reconoció la importancia de compartir Macho, varón, masculino…en un lugar emblemático para la propia historia de la capital cubana, ya sea por su identidad o por la masculinidad que matiza la mitología y la práctica religiosa popular de esta antigua villa.

Sobre el título que escogió para dar nombre al texto, manifestó el también profesor de la Universidad de La Habana, que partía de una provocación que incitara el debate y la polémica en todos los ámbitos sociales, debido a que “macho, varón y masculino” ha sido una definición cotidiana común para la masculinidad en Cuba, sin importar la clase, la raza, el nivel cultural, etc.

Con el objetivo de reflexionar acerca de los imaginarios sociales y culturales sobre los hombres cubanos, las contradicciones en torno a las formas de ser hombres y las realidades que viven, y la necesidad del estudio de la masculinidad para tratar la violencia, González Pagés destacó no solo el porqué de esta obra, sino el modo en que se aborda la masculinidad a partir de las temáticas escogidas: el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.

Asimismo, refirió sobre las distintas temáticas, que representan la urgencia de discurrir sobre el mundo inexplorado de los hombres, las relaciones entre ellos y para con las mujeres e hijos/as, así como las implicaciones sociales en la salud, las conductas agresivas de los varones, entre otros aspectos. De ahí que González Pagés indicara el significado de la aparición de Macho, varón, masculino…, para evitar un reforzamiento del machismo en Cuba y cuestionar aquellos espacios que lo reproducen, y que gozan de gran popularidad, como son los casos de los videoclips cubanos.

viernes, 8 de julio de 2011

NUEVAS MASCULINIDADES EN CUBA



En la foto parte del equipo de Masculinidades en Cuba con Julio César González Pagés



Por Julio César González Pagés

El concepto masculinidad ha sido construido por tantos años que solo de nombrarlo ya connota superioridad, fuerza y violencia. En Cuba, masculinidad es sinónimo de machismo y, de hecho, el machismo implica violencia.

Tan es así, que a un hombre, para reafirmar su masculinidad, no le basta decir que es macho, sino que agrega ser varón y masculino. No cabe duda que se trata de un conjunto de ideas socio-ideológico-culturales que se han encargado de preservar la hegemonía masculina como centro de poder.

La ideología que sustenta las masculinidades traspasa, cruza los sistemas culturales, impone las políticas, las creencias y demarca todas las estructuras: sociales, raciales y sexuales, entre otras.

Además, estamos tan influenciados por la noción occidental de la masculinidad que se ha hecho evidente en la forma que se organizan las instituciones, y su reflejo se confirma con el rol masculino de proveedor económico. Los hombres son más reconocidos y de mejores salarios, aunque en la actualidad esta situación ha sufrido cambios, lo cual pone en crisis las masculinidades. En efecto, hemos visto casos donde los hombres que tienen dificultades para ser proveedores reflejan su impotencia a través del uso de la violencia familiar como respuesta a su frustración.

Ese afán de convertirse en macho desde que se nace, lo hace marcar diferencias. Asimismo, sufren buena parte de su vida, cuando no concientizan que están siendo utilizados, quedando presos de sus propios genes.

Para la presente edición de Mujeres, un grupo de jóvenes investigadores cubanos nos muestra diferentes miradas polémicas respecto a las masculinidades en Cuba, con la idea de que un mundo mejor y posible se puede construir cuando nos lo proponemos de forma colectiva

Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=21

ESTRATEGIAS PARA EL CAMBIO ¿Machismo rural cubano?




En la foto Dayron Oliva Hernández







Por Lic. Dayron Oliva Hernández

Un profesor universitario me decía, con risa, que su abuelo, oriundo de Islas Canarias, regañaba a sus animales de trabajo y la emprendía a golpes para que hicieran bien su cometido: «¡Ah!, porque jueguito conmigo, no», eran algunas de las palabras que recordaba.

Muchas historias similares podemos escuchar a diario acerca de los hombres que viven y trabajan en las zonas rurales cubanas. La manera en que se les asocia, para bien o para mal, desde la mirada popular y urbana, los describe como guajiros, rudos, fuertes, con poco nivel de instrucción, soberbios, laboriosos, etc.

Sin hábito de que se juzguen los significados de su contenido, lo cierto es que un conjunto de adjetivos relacionados con el campo, la tierra y los animales de carga todavía incide en cómo se piensa el mundo rural cubano. Así, sin que las personas se den cuenta, los estereotipos que enmarcan a los «hombres de campo» los limitan hacia una masculinidad rural rígida, que dificulta una reflexión crítica de las implicaciones de las relaciones de género entre hombres y mujeres en el ámbito rural.

Algunos especialistas señalan el carácter difícil del mundo rural para cambiar ciertas tradiciones y costumbres, más cuando forman parte de un presunto orden «natural» de las cosas. Es por eso que pensar en ese contexto acerca de cómo se definen los hombres en relación con las mujeres, pasa por cuestionarnos lo que ha significado la identificación de la masculinidad rural a las «difíciles» circunstancias de trabajar la tierra, sus actividades económicas y el manejo de los medios de producción, como los animales.

A juicio de Mavis Dora Álvarez Licea en su artículo Masculinidades cubanas: El machismo guajiro, en la sociedad rural actual persisten y se reproducen patrones culturales tradicionales, muy propios del régimen patriarcal, aun cuando las condiciones sociales, económicas y la cultura en general, de la población rural, gracias a los programas de la Revolución, han devenido una mejoría ostensible de la calidad de vida y la participación social. Su parecer establece que en la masculinidad del hombre rural cubano —típica de un modelo hegemónico—, destaca la sobrevivencia de actitudes y comportamientos machistas, en cuanto al falso derecho del dominio sobre las mujeres, las conductas violentas, el alcoholismo, los estereotipos raciales y sexistas, la homofobia, entre otros.

Una mirada desde la masculinidad y el género al escenario campesino pondría en discusión las consecuencias de las conductas machistas de los hombres, sobre todo porque haría ver cómo los actos de discriminación por género todavía existen y tienen que ver con aspectos socio-culturales derivados de la aún no extinta ideología patriarcal, de su modo de construir la masculinidad y sus incidencias en los modos de relacionarse los hombres y las mujeres.

No es dejar de ser masculinos, sino cambiar el machismo

Contrario a lo que usualmente se piensa en el entorno rural, es por razones sociales y culturales por las que se constituye el género de forma diferente según el sexo. El engaño del orden desigual entre mujeres y hombres, y la oposición de estos a aceptar que las mujeres ganen poder y protagonismo, han radicado, entre otras causas, en que se asume una «masculinidad verdadera» por argumentos biológicos que justifican la «hegemonía» de los hombres sobre las mujeres.

De ahí la importancia que tuvo la experiencia del grupo Masculinidades en Cuba, de la Red Iberoamericana de Masculinidades —cuyo coordinador es el Dr. Julio César González Pagés—, con la conferencia-taller Feminismo y Masculinidad, en octubre del año 2008, como parte de los cursos que sobre género desarrolla la Escuela Nacional de Capacitación Niceto Pérez, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), para funcionarios/as de esta organización.

Desmitificar creencias machistas, abordar las consecuencias del modelo hegemónico de la masculinidad, la indiscutible validez del feminismo cubano, para un ámbito donde las tradiciones patriarcales están enraizadas, si bien evidenció lo complejo que le resulta a un grupo de hombres no acostumbrados al tema cuestionar algo —la masculinidad— que no admite contradicción, por otro lado sembró la semilla de la duda y caló en ellos la necesidad de cambiar esas estructuras opresivas, para el bien de los propios hombres y las mujeres.

No obstante, debatir desde la perspectiva de género, el feminismo y la masculinidad ponen bajo sospecha aspectos que han formado parte de las costumbres rurales y de lo que a hombres y mujeres se les ha exigido ser. También reveló un conjunto de problemáticas que refieren las contradicciones y malestares que generan en lo personal, a cada uno —a decir verdad, más en los varones—, tratar estas temáticas.

Confundir el cuestionamiento de la masculinidad con la homosexualidad y el dejar de ser masculinos fueron algunas de las preocupaciones que se originaron en los hombres. Ideas erróneas que por el desconocimiento en muchas ocasiones repercuten negativamente en la real comprensión de lo que se quiere cuando se plantea la masculinidad.

Otra paradoja equívoca asociaba la pérdida de poder para los hombres con la aplicación de las relaciones equitativas entre mujeres y varones, que se ha inclinado por empoderar y reconocer el protagonismo de ellas en todos los ámbitos del país, aun cuando se señaló que una de las secuelas lamentables ha sido el ejercicio de los hombres por diversos tipos de violencia, desde la psicológica hasta la física. Asimismo, esta paradoja llevaba implícito el falso parecer, que se tiene popularmente, que el feminismo tiende a sustituir el poder masculino por el femenino, o sea, como una versión femenina del machismo en los hombres.

Las posibilidades de cambio: el caso de la ANAP

Abordar la masculinidad rural cubana, las implicaciones en las relaciones con las mujeres y las contradicciones de las formas en que se construye, sobre todo el arraigado machismo, ofrece también la oportunidad de que cambien los patrones perjudiciales, porque ha significado opresión para las mujeres y los hombres que no cumplen sus parámetros, en resumen, desigualdad y discriminación para todas y todos. Al mismo tiempo puede representar un impedimento para un desarrollo orgánico y constructivo de la agricultura cubana que propone acorde con los principios de la Revolución, el Estado y la sociedad cubana.

En la actualidad vivimos un profundo proceso de transformaciones socio-económicas del modelo cubano, que subraya la importancia estratégica de la actividad agrícola y pecuaria. Sin embargo, no se debe obviar que el modo en que hombres y mujeres han sido construidos social y culturalmente, en modelos rígidos y opuestos, puede afectar ese imprescindible proceso.

En un área que en la práctica, por su cultura y educación histórica apegada a las justificaciones biológicas, ha sido reacia —en especial en el plano de las subjetividades— a que los hombres pierdan poder y protagonismo en favor de una reasignación y empoderamiento de la mujer, hay que tener en cuenta los efectos —para bien o para mal— de un proceso de transformación socio-económica para la concepción que tienen estos varones sobre sí mismos y las relaciones de género en ese espacio rural.

Para que se tenga una idea, un análisis de la presencia de la mujer cubana en las actividades agrícolas, arrojaría, en cierta medida, la manera en que se conforma la masculinidad rural cubana y la probabilidad de revertir un orden de género basado en el machismo. Si lo socialmente aceptado alrededor de la mujer la sitúa en el entorno doméstico y familiar en un contexto de subordinación, esto no niega que existan mujeres con responsabilidades y se desempeñen en las diversas labores agrarias, a pesar de que estadísticamente haya un predominio de los hombres en todo lo concerniente al sector rural.

Cuando a finales de los años noventa del siglo pasado, dentro de las alternativas ante la crisis económica, las mujeres se incorporaron a sectores emergentes de la economía, en el que los hombres eran mayoría, como el de las campesinas privadas, llegaron a ser el 8,3 %; ya para el año 2008 representaban un 17,4 % de esta actividad económica.

Si por un lado muestra una desventaja, en cuanto a estadística, con respecto a los hombres, por otro indica el crecimiento que ha experimentado la presencia de la mujer en la práctica laboral campesina. Los desafíos —pensémoslo así— que se presentan pueden ayudar a trazar el camino para superar una brecha de género, así como un reto para los hombres y sus masculinidades de convivir en un proceso de transformaciones socio-económicas.

Asimismo, la labor de instituciones tan determinantes para la comunidad rural cubana, como la ANAP, resulta imprescindible para transformar esas estructuras subjetivas que nos atan a un pasado machista y patriarcal. La adopción de la Estrategia de Género, como parte de la voluntad política de su directiva nacional, constituye un paso —además de un ejemplo a seguir— a favor de la equidad de género, de reconocer el protagonismo y el empoderamiento de la mujer, así como de promover masculinidades no hegemónicas.

Durante el año 2005, la puesta en marcha de un diagnóstico participativo con enfoque de género, que incluyó el 50 % de todos los municipios del país, coincidió con el inicio de la estrategia, a partir de la creación de las comisiones de género a distintos niveles: municipal, provincial y nacional.

Lo que se pretendía era, entre otros objetivos, lograr una mayor incorporación de las mujeres a las diferentes estructuras productivas de la ANAP (CPA y CCS), así como fortalecer su papel incrementando su participación en los niveles de dirección y toma de decisiones; desarrollar la capacitación y la sensibilización en el tema de género a todas las estructuras de dirección, que incluía a los cuadros, cooperativistas, campesinos y sus familiares, con el apoyo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana. A través de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, se organizan conversatorios sobre temas de autoestima, igualdad, equidad, liderazgo y jurídicos, dirigidos a que el campesinado, y dentro de él las mujeres, conozca el derecho y las posibilidades que tiene al trabajo, solicitar tierra, a la licencia de maternidad, a estimulación, entre otros.

Sin lugar a dudas, el hecho de que la ANAP, en alianza con otras organizaciones, se preocupe por sensibilizar en cuestiones de género y masculinidad a toda su membresía y sus familiares, brinda un marco propicio para que líderes campesinos, ya sean hombres o mujeres, desde lo personal, lleven adelante un proceso viable de cambio de los valores patriarcales y machistas que sustentan un modelo hegemónico de la masculinidad rural cubana.

Ver http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=20

EL MIEDO AL QUE DIRÁN. Masculinidades y sexualidad



En la foto Enmanuel George López




Por Enmanuel George López


El pronóstico para adivinar un posible tema de conversación de algunos grupos de hombres es casi infalible. El «menú» que ofrecen generalmente gira alrededor del deporte, la música o el sexo. Por lo general, estas charlas no están «condimentadas» con revelar intimidades sin despojarse de una postura etiquetada como masculina, y en relatos que no sobrepasan la mejor canción o película, el partido de fútbol más «eléctrico», o la muchacha del momento.

El ideal en estas conversaciones es exponer los valores de valentía y destreza atribuidos socialmente a la conducta masculina. El machismo, como oficialización de ese supuesto sexo superior, es defendido desde los comportamientos violentos, las palabras y frases que afiancen su hegemonía y la represión total de sentimientos, ahogando así cualquier indicio de emociones jamás concebido en un «verdadero varón».

Mi propuesta es revelar una charla entre jóvenes que pudieron apartar ese silencio y se confesaron frustraciones, preocupaciones y experiencias sobre uno de los grandes miedos que enfrentan los hombres: la sexualidad.

Fue una tarde en que solo tuvieron un turno de clases y aprovechando lo temprano que era para llegar a casa, decidieron platicar en las escaleras del Rectorado de la Universidad de La Habana. Emilio rápidamente convidó a prestarle atención a un cuento acerca de su última experiencia sexual. El mismo trataba sobre ese pretendido deber de los hombres en «quedar bien» durante el sexo y la posición elemental de dominadores o kamasutras vivientes, que no permiten en muchas ocasiones el disfrute y el placer que brinda la sexualidad.

—¡Jamás imaginé que podía pasarme! Siempre confié en mis artimañas para dejar buena impresión. Aun en los momentos más apretados, continuamente salí airoso. Pero toda hoja de árbol tiene su otoño, o todo tigre tiene esa escopeta que lo fusila.

—Quedé con los chicos del barrio en pasar el fin de semana en casa de un familiar de Celia, cerca de la costa. La festividad ameritaba la ocasión de acostarme con Amanda, la chica con la que llevaba saliendo algún tiempo y que mantenía mi mente y cuerpo ocupados en conseguirlo. No se trataba de convencerla o emborracharla para terminar en la cama, hace rato que ambos lo deseábamos, pero no teníamos el lugar ni la tranquilidad para esto. La expectativa que construimos para el anhelado momento fue muy simpática. Yo me anunciaba como un tigre, pues mi calzoncillo tenía un dibujo de semejante felino, y de ahí mi alarde previo como «el animal». La noche indicada fue el sábado, llegaba con un clima perfecto, y una habitación solo para nosotros dos.

—Honestamente, quería impresionarla, dejarla con la mejor opinión de mí sobre las «cuestiones eróticas». El instante de desnudarnos fue muy sensual y erótico, pero mi objetivo no era ese. Me sentía como si tuviese una agenda con los pasos a seguir y en la que iba anotando bien o mal mis acciones. Los besos y caricias tejieron una atmósfera de excitación enorme, pero mis ganas de hacer «el verdadero sexo» no me permitieron disfrutarlo y fueron para mí simplemente una señal para la penetración. Aquí comenzaron a fallarle los zarpazos al felino.

—¡Mi madre! ¿Qué me pasa? ¡Si en las películas lo hacen tan fácil! Simplemente no pude hacerlo. Mi cuerpo perdió el aire tal como un globo desinflado, y mi bandera blanca ni siquiera tuve que izarla, colmo fuera que se alzara ahora. El tigre había quedado disecado en una sala de trofeos. Había terminado más bien como un minino. Pasaron tantas cosas por mi cabeza, viagras, huevos de codorniz, guarapo, perlas, vergüenza. Me senté en el borde de la cama donde la oscuridad no dejaba ver mi rostro.

La confesión de Emilio impresionó al resto del grupo. Su supuesto fracaso sexual se debió en parte a la ignorancia de que el sexo existe más allá de la penetración y por la construcción de una imagen del hombre incansable y domador, vendida por el imaginario colectivo.

Su confesión albergó intimidad con el resto de los muchachos, pues contó algo que no lo pintaba como un triunfador, y eso denotó confianza, la necesaria para que Enrique hablara de un tema que lo perturbó durante su etapa en la beca. El asunto de las denominadas perlas que se colocan en el pene, que pueden llamar la atención a más de una persona, sobre todo cuando se ofertan con la intención de satisfacer a las mujeres. Lo cierto es que puede ocurrir hasta la amputación del miembro por las precarias condiciones higiénicas con que se las colocan, pero ese riesgo lo corren muchos, y otros se lo piensan bastante, como Enrique.

—En la beca, el tiempo de descanso era añorado, pero realmente poco; solo al término de las comidas y en el horario de baño, donde inmediatamente después nos ordenaban dormir.

—Había entre los socios un joven al que llamaron «el médico», porque quería estudiar enfermería. Ante tanto alboroto por la actividad sexual futura, el médico abrió su negocito de colocarles perlas a los penes de sus «compañeros de aula». Por tres CUC, tendríamos esos adornos destinados a satisfacer como nunca a nuestra pareja. El material de la perla era de acrílico, que los clientes pulirían para evitar la rugosidad. El ruido a la hora de frotar el acrílico contra la ventana o la litera era insoportable.

—El primero en ponérsela fue Elier, quien tuvo como público a casi todo el grupo, encaramados en las literas o haciendo un cordón en el pasillo. Los utensilios del «médico» eran un pomo destapado, una cuchilla y una jeringa con anestesia, ambas estériles, según él. Ya después pasaron por sus manos Leandro, el «Coti», el «Crema» y Juan Carlos.

—El dormir era interrumpido entre las campanas de «el de pie» y los gritos de los pacientes. El último en ser atendido fue el propio médico, en una autooperación que no terminó para nada como soñó. La cirugía sufrió una infección irremediable, su perla se le cayó y dejó una herida espeluznante, que lo mantuvo muchos días en extrema preocupación. Cuando no tuvo más remedio que ir al hospital, regresó con toda una lista de recetas médicas, su pene «momificado», y la amenaza de perderlo.

—Las penosas «heridas de guerra» de mis compañeros lesionados y las victorias no tan claras de los otros, me alejaron la idea casi sentenciada de ponerme una perla. No les veo otro lugar que en un collar o dentro de las ostras en el mar, y mi empeño que sea el de recurrir a otros métodos para brindar y recoger el placer en el amor.

El tamaño del pene, las erecciones, el sexo, son temas que no son profundamente abordados por el temor de verse afectada la masculinidad y dejar la impresión de inexpertos. Precisamente este temor afecta la comunicación de los hombres, y es un listón a saltar.

http://www.mujeres.cubaweb.cu/articulo.asp?a=2011&num=547&art=24

viernes, 15 de abril de 2011

“Masculinidades desde pastos y forrajes”


El Dr. Julio César González Pagés durante la presentación del libro Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba en la comunidad matancera de Indio Hatuey.



Por Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades.

Perico/Matanzas, 12 de abril. Como parte de las actividades en ocasión del cincuenta aniversario de la creación de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, ubicado en el municipio matancero de Perico; el Dr. Julio César González Pagés (coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades) realizó una presentación especial de su última obra Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba, que salió a la luz con gran éxito durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro.
En el centro de investigación de referencia nacional e internacional, que también dedica esfuerzos por el aseguramiento de sistemas de alimentación sostenibles para rumiantes, su director Giraldo J. Martín Martín agradeció a González Pagés la oportunidad para los trabajadores/as y profesionales de las ciencias agrícolas de debatir sobre aspectos importantes de la cultura y la sociedad como el tema de la masculinidad.

Por su parte, el autor de Macho, varón, masculino… expresó las razones que motivaron la presentación en ese emblemático lugar para las ciencias agrícolas cubanas, de incluir el ámbito rural y poner a discusión el machismo tan arraigado en la sociedad. Agregó que el título resultó provocador, porque además de ser una reafirmación del modelo de masculinidad hegemónica, ha sido una tríada popular de identificación para los hombres cubanos.

Como resumen de más de diez años en experiencias alrededor del estudio de las masculinidades, a través de talleres, conferencias y seminarios, señaló que el libro era una necesidad, pues toca aspectos vulnerables, inquietudes y problemáticas que envuelven las masculinidades para los hombres. En este sentido, refirió cada una de las temáticas que se abordan en el libro como el feminismo, la violencia, la sexualidad, la paternidad y la migración.

Acerca de la importancia de tratar cada uno de los aspectos estructurales del libro, González Pagés indicó las consecuencias para los hombres del modelo machista, como en la salud, en la violencia hacia las mujeres, en los miedos al cambio, en la “honra masculina”, en los homicidios, en la obsesión por el dinero, del desempleo e incumplimiento del tradicional rol de proveedor, etc. En su criterio, como las sociedades van más rápido que las ciencias sociales, significaría un gran paso que hombres y mujeres participen del diálogo en la comunidad sobre estas problemáticas, desde lo personal: “Hay que lograr que la agricultura sea sostenible en el plano humano”, subrayó.

Por otro lado, con una proyección hacia el futuro junto con la idea de aprovechar las nuevas tecnologías, el coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades destacó que Macho, varón, masculino…es una apuesta al cambio para los más jóvenes. Subrayó que es un libro para todas las edades, pero en especial para los menores de 25 años. No solo expuso su voluntad profesional que ha implicado a estudiantes de la Universidad de La Habana en los estudios de masculinidades, sino que reveló una compilación de 69 materiales audiovisuales, muy útiles para el tratamiento de las masculinidades desde múltiples dimensiones, producido por la propia Red Iberoamericana de Masculinidades, y que fuese realizado en su mayoría por alumnos sin formación cinematográfica de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

A raíz del interés general que despertó en la audiencia y el debate suscitado, González Pagés insistió que la obra presentada persigue el objetivo de reflexionar sobre las masculinidades en los hombres, debido a que es un tema cultural, fruto del aprendizaje, para lo cual la educación es una vía de cambio: “Los hombres no deben dejar de ser masculinos, sino lo que debería cambiar son las estructuras e ideologías machistas que generan violencia”, concluyó.

viernes, 28 de enero de 2011

Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba




Portada del Libro Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba del escritor Julio César González Pagés





La construcción de la masculinidad desde diferentes ámbitos: los mitos de la sexualidad masculina, los mandatos culturales de la masculinidad hegemónica, entre otros, son temas poco tratados en nuestro contexto y que resultan imprescindibles para la comprensión de la influencia cultural en la construcción de los roles de la masculinidad.

Título: Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba

Autor: Julio César González Pagés

Editorial de la Mujer, La Habana, 2010.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Ángel de Sodoma y la construcción social de la “normalidad” genérica

Por Reinier Borrego Moreno.
Estudiante de 4to.
Año de Lic. en Historia,
Universidad de La Habana.

A manera de introducción


¡Fíjate bien, ese tipo es tremenda loca, un tremendo maricón y anda por ahí exhibiéndose como si na’. Yo te digo que prefiero ser ladrón o asesino, cualquier cosa menos maricón! En esta cotidiana expresión de nuestra sociedad contemporánea, utilizada muchas veces para referirse peyorativamente al hombre homosexual, considerado más denigrante e igualado a veces con asesinos, ladrones y otras figuras delictivas; se insinúan una serie de códigos que expresan la forma, en la que en nuestra cultura se participa todavía de una serie de prejuicios y reacciones emocionales contra la homosexualidad. Prejuicios y reacciones que tienen que ver también con una postura machista y hegemónica de lo masculino; con una visión dualista de la vida que no acepta la diversidad sexual, confinando a los homosexuales a una vida al margen y condenándolos a la discriminación social ya sea encubierta o declarada.

Pudieran extraerse otras valoraciones sobre esta actitud más o menos generalizada respecto a la relación entre hombres de un mismo sexo, y hago énfasis en esta manifestación de la homosexualidad, ya que en el gremio de “los verdaderos hombres”, no parece existir, hoy en día, un criterio igual de prejuiciado y ofensivo cuando la relación es entre mujeres; lo que deja claro además, la persistencia de una concepción de dominio masculino, que considera en muchos casos este vínculo entre mujeres como estimulante para su satisfacción sexual. La aceptación del lesbianismo solo se realiza en función del macho que quiere disfrutar de ello y no a partir de una comprensión real de la naturaleza y el sentido de esta práctica entre mujeres, e incluso, existe la falsa creencia de que la satisfacción de las mismas depende de y solo es posible a través de la utilización de objetos consoladores, penes artificiales u otros objetos; manifestación de un androcentrismo que no solo somete a la mujer en las relaciones heterosexuales, sino que además busca invadir los espacios íntimos en los que se manifiesta esta variante de la homosexualidad.

El énfasis en la localización de estos individuos, el fíjate bien, parte del hecho de resultarle a la mayoría de la población sujetos raros por su preferencia sexual. Se busca llamar la atención sobre su presencia y ello no precisamente porque sean pocos o estén en peligro de extinción, sino que el asombro está, más bien, en consonancia con la manera en la que históricamente se les ha visto desde una “normalidad” sociocultural heterosexual que los ha considerados “anormales”. En dicha frase, se manifiesta, la forma en la que nuestra cultura occidental y por pertenencia nuestra cultura particular, ha concebido la homosexualidad y las prácticas sexuales ; se expresa el rechazo social y la no comprensión, por considerarse en muchos casos no solo una enfermedad aberrante, sino también una desviación del comportamiento social, una fuga de la “normalidad” establecida en nuestra cultura occidental.

Quede claro, que me refiero a una actitud que para nada pretende ser una generalización absoluta de nuestra sociedad, pues sería obviar lo que en materia de sexualidad y derechos humanos ha ganado nuestra civilización y particularmente nuestro sistema en el último medio siglo, donde el reconocimiento y la aceptación de la diversidad sexual y la condena a la discriminación se ha hecho explícita en la Constitución de nuestro país, siendo esto no suficiente, se han realizado y con mayor insistencia en los últimos años, una serie de proyectos que buscan promover la aceptación real y no solo formal de estas personas en la sociedad, teniendo en cuenta que más que un problema jurídico, constituya un hecho cultural; combatiendo contra los históricos prejuicios, aun cuando sean subconscientes, que consideran la homosexualidad como algo negativo.

Sin embargo, se trata de un proceso complejo que debe romper con valores y concepciones muy enraizadas en el tejido social y una mentalidad formada durante siglos, producida y reproducida por vías multiformes y técnicas diversas. Ello tiene que ver, con la forma en la que toda cultura legitima para sí como válidos y normales determinados comportamientos, valores y actividades; rechazando aquellos que no se corresponden con los principios establecidos y que constituyen dentro de ella desviaciones, así como la manera en que estos principios se socializan y entronizan en el imaginario colectivo y la conciencia que de sí misma tiene cada sociedad.

La cuestión de la homosexualidad, así como la heterosexualidad, bisexualidad y otras manifestaciones de la sexualidad humana, no puede ser comprendida fuera de una perspectiva histórica, que la examine desde una teoría de género; no podría comprenderse de forma íntegra, sin un análisis de las relaciones de poder y estrategias de dominación que en nuestra cultura patriarcal han sustentado la dominación masculina y la heterosexualidad como norma.

En El Ángel de Sodoma (1926), obra inaugural en el tratamiento de la homosexualidad dentro de la novelística cubana, su autor Alfonso Hernández Cata, “deconstruye el espacio sociocultural de su época poniendo en evidencia el contenido represivo del mismo cuando se trata de sujetos que no siguen las normas” (JAMBRINA, 2010). En esta valiosísima obra de la literatura hispanoamericana, la puesta en discurso del tema homosexual, sirve no solo para condenar el carácter homofóbico de la cultura occidental, sino que además la preferencia sexual de José María es utilizada por el autor para denunciar todo un sistema, marcado por el conservadurismo, los convencionalismos y autoritarismos; manifestando además, la profunda crisis cultural y existencial de la época.

Si bien el discurso medular de la obra está en función de reflejar los conflictos internos y sociales de José María, personaje principal de la novela, durante un proceso de autoreconocimiento de su condición homosexual, esta no constituye la única crítica presente en la obra de Cata, e incluso, el hecho homosexual en su obra no puede comprenderse aislado de otras realidades socioculturales de la Modernidad y principios establecidos como normas en dicho proceso histórico.

En este sentido, el presente trabajo, en tanto aproximación a esa obra, tiene como objetivo analizar, desde un enfoque de género, algunas de las cuestiones abordadas por él en esta novela. Analizar principalmente lo que podrían constituir las causas que llevan al suicidio de José María Vélez Gomara, pero sin descuidar en la medida de lo posible, la presencia de otras muertes inducidas en la trama de la obra, situaciones y muertes, que en su acertada presentación por parte del autor, se convierten en filosos discursos transgresores de la “seudonormalidad” socialmente construida.

Dejo claro, que dicho intento no pretende agotar la riqueza interpretativa que la obra sugiere, como tampoco constituye un trabajo exhaustivo sobre los problemas de género y sexualidad. Hay que reconocer además los estudios que sobre dicha novela se han realizado, no solo desde un perspectiva estético-literaria sino también ético-social, por autores como Víctor Fowler en La maldición: una historia del placer como conquista (1998); por Juan Carlos Galdó en Usos y lecciones de un discurso ejemplar: a propósito de El Ángel de Sodoma (2000); por Emilio Bejel en Las contradicciones del positivismo en El Ángel de Sodoma ; así como los estudios que en Cuba y sobre la homosexualidad y literatura han realizado Marilyn Bobes y Abel Sierra Madero, entre otros.

Sexo y género de un hombre- “madrecita”

Amparo convaleciente de enfermedad, ante los inmejorables cuidados que su hermano José María le dispensaba le dice a este:
“Anoche, cuando me traías la cucharada, estaba medio dormida, y al oírte me pareció que no eras tú, sino mamá.”

Esta revelación en boca de la hermana mayor de José María, había cuajado en la visión de la gente del pueblo cuando “solo por la dulzura de sus ademanes y gestos, comentaban: - ¡Hay que ver!...Es una verdadera madrecita”. De esta manera se le identifica a la madre, al parecer de forma exclusiva, con la dulzura, el cuidado atento y los gestos suaves, entre otras características. La madre, rol femenino en el proceso reproductivo, capitaliza de este modo la crianza de los y las menores, fundamentándolo en la vieja consideración de que están mejores dotadas para la crianza y el cuidado de los críos, frente a la aparente incapacidad para este ejercicio de los hombres. Resulta ello un viejo mito, sustentado en una construcción sociocultural de géneros a fines con el sexo biológico.

El hombre es masculino y la mujer femenina y ello define las “creencias, valores, actitudes, formas de comportamiento, rasgos de personalidad, e incluso actividades que sustentan y ejercen hombres y mujeres y que son, precisamente, las que hacen la diferencia y la jerarquía social entre unos y otras” (PACHECO, 2009). El rol de madre tiene que ver menos con las habilidades reales y absolutas de las mujeres y más con una relación de sometimiento de las mismas por parte del género masculino. La crianza históricamente asignada a las madres y no tanto a los padres expresa la forma en la que las mujeres han sido confinadas a los espacios privados, en este caso el hogar, sitio por excelencia de esta actividad reproductiva.

De igual modo se participa de una concepción machista que rechaza las “cosas de mujeres” y que para su “integridad” física y moral evita cualquier aproximación y apropiación de estas actividades, conductas y “amaneramientos” propios de las féminas. Si bien el autor, busca con ello resaltar la presencia excesiva de rasgos femeninos en José María, como una condición previa que le permitiría identificarse luego con su condición homosexual, lo que constituye otro mito; el hecho de ser percibido socialmente como una madrecita, siendo biológicamente hombre, parte de una consideración machista y prejuiciada y no de una valoración real de las potencialidades afectivas de ambos sexos. Si como tendencia general en estas sociedades, lo afectivo y dulce se expresa con más arraigo en las mujeres, esto no puede explicarse al margen de la función histórica que en el proceso reproductivo y la crianza el hombre ha venido a jugar, así como de la percepción que de sí mismo se ha construido.

Para Cata, la identificación de José María con el rol de madre, forma parte de una estrategia mucho más amplia y que tiende a la construcción de un modelo de homosexual que no logra escapar de las consideraciones machistas en boga por la época. De ahí que no se contente con concebir un hombre-madrecita, sino que insiste en acentuar los rasgos femeninos en la personalidad de José María.

En el desarrollo de la novela este refinamiento del muchacho, pareciera ser más importante en el “autoreconocimiento” de su homosexualidad que los contactos con otros hombres, con los cuales de hecho nunca llegó a tener sexo, su homosexualidad parece definirse en gran medida, a partir de lo que puede ser, de su comportamiento amanerado, su identificación con las hermanas Amparo e Isabel -Luisa llegando al punto de parecer, -al menos desde la concepción del autor, que por su puesto es evidencia de la mentalidad de la época- “tres hermanas angélicas”, para quienes el hermano menor Jaime – símbolo del macho-varón-masculino- podría constituir un estorbo en su feliz desenvolvimiento.

“Hasta Jaime llegó a adquirir en la unión alegre de José María y sus hermanas aspecto de cuña”. Evidente alegoría a los límites que la cultura androcéntrica ha puesto por siglos al desarrollo de las mujeres. José María por sus habilidades en la protección de su hermanos ha demostrado ser una “verdadera madrecita”, pero ello no basta, el autor insiste en configurarlo lo más femenino posible, como si fuera necesario justificar su preferencia sexual en su feminidad, como si para que fuera creíble su condición de homosexual fuera vital que lo reconozcan y se reconozca lo menos hombre-masculino posible. Como si el desenfreno de este personaje frente a otro de su mismo sexo no bastara. Por ello, Cata lo concibe de una extraordinaria “belleza tímida y frágil”, ojos verdes, piel marfilina, toda una verdadera y potencial competencia para cualquier dama.

Sin embargo estas cualidades tienen la intencionalidad de atraer, de seducir, “la mujer es una presa que hay que cazar”. Expresiones como “cuerpo elástico”, “rostro apasionado” que hacen volver la mirada de los hombres, “turgencias frutales” para referirse al cuerpo en formación de Amparo, u otra muy ilustrativa “!Qué mujer admirable! ¡Qué formas! La escultura de una de las negras del Senegal con piel color de día, rubia y rosada…”, constituyen una evidencia de la asignación que se le da a la mujer en relación con el hombre dentro de nuestra cultura, así como la articulación de patrones estéticos concebidos desde una visión eurocéntrica que discrimina a las mujeres que no cumplen con las normativas de belleza, por la cual estas son vistas como si se trataran de bocadillos sexuales.

En este sentido, Cata nos ofrece una imagen de mujer-hermosa a la occidental y a un José María que lo único que pudiera envidiar a sus hermanas es el no ser biológicamente mujer, aunque socialmente pueda ser considerado una fémina. He aquí un punto clave para entender la homosexualidad que nos presenta Alfonso Hernández Cata, una homosexualidad que no logra concebirla al margen de la feminidad. ¿Cómo entender entonces el conflicto interno y social de José María?, cuya ambigüedad está en la forma misma en la que el autor le nombra y constituye una lucha continua entre sus diferentes formas de estar en el mundo. Por un lado un ser biológicamente hombre, amanerado pero hombre; por otro un hombre considerado socialmente una “madrecita enérgica”, una fémina que en ocasiones no solo podría traerle a sus hermanas el recuerdo del “cuerpecillo femenil” de su madre, sino que además por sus gestos, limpieza, habilidades en la cocina y la costura, su belleza de flor, su soledad, su voz y su llanto: “su llanto era ese llanto silencioso, casi subterráneo, de las madres”, por su paciencia y disimulo, ese disimulo femenino con el que teje las sucesivas fugas, hasta llegar al final en el que “un largo estrépito de hierros y de gritos pasó sobre su carne virgen e impura”; en la ciudad que parecía ser el emporio mismo de las libertades, la ciudad abierta y tolerante, por estas cualidades podría superar a cualquier fémina- mujer de esa sociedad. Pero también y eso es innegable en la obra como un ser auto y socialmente reprimido por su preferencia sexual.

Lo que resulta por ver es en qué medida su homosexualidad participa y se define a partir del machismo imperante que lo tilda de “madrecita” o por una atracción sexual real hacia los hombres. Pero lo femenino, como construcción social no solo se reduce en el caso de José María a una aproximación estética a la belleza de mujer, sino que se expresa además en toda una gama de roles a desempeñar, características, cualidades y comportamientos que van desde una disposición siempre alegre, presta al sacrificio hasta una subestima de la inteligencia de la mujer…
He querido hasta ahora señalar algunos elementos que en esta obra podrían servir para el análisis de la relación de géneros en el contexto sociocultural en el que se desenvuelve. En este tópico tampoco creo haber podido agotar los potenciales análisis al respecto, quedándome claro e incluso habiendo registrado algunos otros rasgos que podrían enriquecer las consideraciones que al respecto se han esbozado hasta aquí.

Bibliografía:

BOURDIEU, P. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama, 1999
COLECTIVO DE AUTORES. Introducción al trabajo social II. Trabajo social con individuo y familias. La Habana: Félix Varela, 2004
COUCEIRO R., Avelino. Hacia una antropología urbana en Cuba. La Habana: Fundación Fernando Ortiz, 2009
FERNÁNDEZ, Natalia. El lugar de las mujeres en el discurso pornográfico. Disponible en: http://www.fempress.cl. Acceso en: dic. 1994
FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo XXI, 1976
GARRANDÉS, Alberto. Sodoma y Babilonia. En: Presunciones. La Habana: Letras Cubanas, 2005, p. 93-97
GIRALDO N., Octavio. Explorando las sexualidades humanas. Aspectos psicosociales. México DF.: Trillas, 1983
GONZÁLEZ PAGÉS, J. C. En Busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003
JAMBRINA, Jesús. Adiós al miedo: maneras de leer “El Ángel de Sodoma”. Disponible en: http://wwwseribd.com/doc/9292166/CUBA-Hernandez-Cata-Alfonso. Acceso en: sept. 2010
KATCHADOURIAN, Herant A. La sexualidad humana. Un estudio comparativo de su evolución. México DF.: Fondo de Cultura Económica, 1983.
MOYA RICHARD, Isabel. El sexo de los ángeles. La Habana: Acuario, 2010.
PACHECO V., Irina. Las mujeres de Pro-arte Musical en la construcción identitaria cultural de la ciudad de la Habana en la República Revolución y Cultura, La Habana, No. 5-6, sept.-dic., 2009
PLAIN R., Elsie. La supremacía del hombre sobre la mujer. Sus génesis y perspectivas. Un análisis desde la realidad cubana contemporánea Revista Cubana de Ciencias Sociales, Instituto de Filosofía, No. 38/39, oct. 2007-sept. 2008
SIERRA M., Abel. La nación sexuada. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002

sábado, 4 de diciembre de 2010

Masculinidades y feminidades: ¿igual pasión por el deporte?

Por Isabel María González Cruz,
Estudiante de Tercer Año de Sociología.
Universidad de la Habana
diciembre 2010

En la primera semana del pasado Abril, se jugó el importantísimo “clásico” de la Liga Española, entre los equipos: Real Madrid y Barcelona. Recibí una invitación para compartir ese momento con buenos amigos y como seguidora del futbol, aún con pocos conocimientos sobre este deporte, acepté, pues sentí sería un día muy agradable y por qué no, aprovecharía la oportunidad para integrarme y aprender algo más .El ambiente era de fiesta, como si se discutiera la “gran final del baseball cubano”, tema que tocaré más adelante, el lugar del encuentro para disfrutar del juego fue en el Bar-Cafetería del Hotel Universitario. Estaba lleno de hombres y recuerdo éramos 5 mujeres, algo que al inicio hizo me cohibiera pero después nos centramos en el partido y olvidé por completo todo lo que me rodeaba, llegué a sentirme parte del Estadio Bernabéu, era tanta la alegría en aquel pequeño lugar que nos trasladamos con facilidad.

Llegó Junio y el esperado Mundial de Fútbol, pude sentir esta espera hasta en mis compañeras, incluso ,cuando finalizó ,la sensación fue de nostalgia y tristeza porque un espectáculo tan especial lo extrañaríamos la mayoría .Es cierto, en los Cines la asistencia para ver los juegos era mayor en hombres que mujeres, pero sí me encontraba varias muchachas en ellos, pude ver en el público de los estadios de Sudáfrica presencia femenina en abundancia. En la Universidad de la Habana, amistades de ambos sexos recuerdo llevaban camisetas de sus equipos preferidos, es decir, siento que ha ido aumentando el interés en las mujeres por los deportes. Siguiendo el tema pero en uno diferente hay algo que me ha resultado curioso desde hace unos años, la cantidad de mujeres que les gusta el baseball ha crecido, lo siento así porque sí soy seguidora del mismo y he visitado varios estadios, hasta en uno de los más pequeños y no tan conocidos de Ciudad de La Habana como el “Changa Mederos” ha estado casi mitad y mitad entre mujeres y hombres, en juegos celebrados los Domingos por las tardes. Las razones de este aumento pueden ser varias, por ejemplo: la preferencia por algún jugador, que sean familiares o amigas de los deportistas, que sientan pasión por cualquier deporte y tengan conocimientos que les permitan llevar estadísticas disfrutar de un buen juego, he conocido amigas que lo hacen, entonces pueden ser muchas lo cierto es que ha aumentado y estoy segura seguirá sucediendo.

Hoy 29 de Noviembre de 2010 fue el primer encuentro entre los dos equipos que mencioné al inicio, del torneo de la Liga Española, el segundo al que asisto junto a mis compañeros. Esta vez las razones no cambiaron mucho, como me gustó aquella experiencia y tuvimos una tarde inolvidable, me invitaron nuevamente y ya, en estos momentos, no podría perderme “El Clásico”, mucho más por no perderme la compañía de este grupo excelente. Pero he encontrado una diferencia, en vez de 5 hoy éramos 13 mujeres, unas acompañando a sus parejas, dos trabajadoras del Bar o Cafetería del Hotel Universitario y compañeras de la Facultad. Además, supe desde hace 3 días que mi amiga de la infancia junto a sus compañeras, estudiantes de Psicología también irían a disfrutar del juego en el lobby de un Hotel del Vedado. Mientras caminábamos hacia nuestro destino, apresurándonos, porque es tan grande la pasión que casi todos los lugares se llenaban hasta dos horas antes del juego, pudimos ver en el Hotel Colina un grupo de jóvenes, la mayoría muchachos y pocas muchachas, esperando para entrar al Hotel. Quizás esto también llame la atención, lo común es ver a la juventud casi enloquecida por disfrutar de los partidos en Vivo, creo lo tienen ya por costumbre, es mejor verlos de esa forma que esperar la retransmisión otro día, vivir esos 90 minutos con gran intensidad como si fuesen los protagonistas. Lo que no sucede con las personas de mayor edad, imagino la razón que más pese sea por la responsabilidad de sus trabajos y a quienes les guste deben esperar otra ocasión para verlos. Otro aspecto importante es que para poder entrar al Hotel Universitario, Hotel Colina, Centro Vasco y ver los partidos, sea cual sea, se debe pagar un cover y no todos pueden hacerlo, aunque hoy pude presenciar una conversación entre dos de mis amigos y uno de ellos aclaró que por lo que le gusta paga lo que sea y si es por el fútbol, sin pensarlo.
En la esquina del Hotel Universitario hay una Escuela Primaria que lleva por nombre: José Martí y desde que nos vieron coreaban: Barca, Barca, incluyendo niñas y niños.
Dentro del lugar sigue el ambiente de fiesta, no han cambiado mucho las cosas desde la primera vez, reconocí las caras de varios fanáticos de ambos equipos que en Abril estaban allí, parecen visitar el lugar con frecuencia, sin importar rivalidades, se saludan entre ellos, como si esos encuentros fuesen a repetirse una y otra vez y se les ve contentos por ello.
Han sido momentos que no se borrarán, a los que a partir de ahora prestaré más atención, de ellos mucho se puede extraer

sábado, 27 de noviembre de 2010

Violencia en el deporte




Por Dixie Edith

foto: Julio César González Pagés.
En la foto el equipo actual de futbol de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de la Habana

¿Tienen los deportistas y sus fanáticos seguidores patente de corso para ser violentos? ¿Se observa violencia de género en el deporte? Para insertarse en una polémica que interesa a multitudes, SEMlac ha invitado esta vez a dos jóvenes integrantes del grupo de Investigación Masculinidades en Cuba, de la Red Iberoamericana de Masculinidades. Ernesto Pérez Zambrano es ya un reconocido y premiado realizador de cine, con experiencia en el tratamiento del género y el deporte; mientras, Enmanuel George López, descendiente de deportistas de alto rendimiento, estudia Historia en la Universidad de La Habana, pero ha asumido el tema deportivo como su principal línea de investigación.

¿Violencia o vehemencia competitiva? ¿Cómo denominarían las agresiones en el entorno deportivo? ¿Qué elementos las provocan o condicionan?

Ernesto Pérez: Violencia, sin el más mínimo asomo de duda. Creo que los factores que la provocan o condicionan pueden ser múltiples, o pueden entenderse de distinta manera según el contexto y la coyuntura. Pero me parece que es determinante la exacerbación de la competitividad por motivos que van más allá del deporte mismo, como la conducta agresiva de algunos hombres educados para dominar a otros, las apuestas, los regionalismos y las discriminaciones por el lugar de procedencia, etnias, género; el consumo de alcohol y la exigencia social sobre algunos deportistas, obligados a comportarse como verdaderos “gladiadores” del circo romano.
Los medios de comunicación tienen parte de responsabilidad, sobre todo por la manera en que se refuerzan a través de estos, ciertos rasgos del carácter patriarcal y agresivo de la competencia deportiva. Por otra parte, la poca o nula utilización de los medios para el trabajo de prevención de la violencia durante los eventos deportivos, deja margen a las actitudes agresivas de aficionados, fanáticos y deportistas. El espacio del deporte reproduce lo que acontece en otros espacios de la sociedad. Por eso creo que el que desee tener una idea abarcadora de cómo funciona una sociedad, debe asistir a sus espacios deportivos y analizarlos, de seguro tendrá una visión más completa.

Enmanuel George: Muchas veces confundimos los deseos, el empeño y las ganas de vencer con el uso de la violencia. Creemos que entre las posibles llaves para el triunfo están las de agredir e infringir temor con acciones nada justificadas. La rivalidad; o la presión que puede transmitir el público, son detonantes de actos violentos. Ahora mismo pienso en el futbol, donde se trata de maquillar una derrota con atacar física y verbalmente al equipo contrario, para conseguir además que el sector de apoyo en la grada diga: ¡Así se puede perder, perdieron peleando! Habitualmente se trata de rellenar el faltante de talento para ganar un partido con estos hechos que denoten una parecida admiración. Aquí entra a jugar también el “honor”. Las y los atletas reclaman atención con sus victorias y la forma en que lo hacen. Cuando un equipo es catalogado de combativo, se esfuerza al máximo por mantener esa condecoración, porque son denominados automáticamente héroes guerreros o aguerridas heroínas, en defensa de la frase ancestral y gloriosa de conquistar o de morir con la espada en la mano.

¿Es posible asociar las manifestaciones de violencia con deportes específicos como los de combate, por solo poner un ejemplo?

EP: No me parece que se deba asociar solamente la violencia en el deporte por la naturaleza o el carácter específico de una modalidad, como los deportes de combate. Creo que tiene más que ver con la función social que se le asigna al deporte y la manera en que a través de este se canalizan otras cuestiones que van más allá del terreno deportivo. Además, tal vez nos remitamos directamente a los deportes de combate o aquellos donde se manifiesta determinado tipo de agresión o rudeza explícita, pero hay varios grados y maneras de manifestarse la violencia, los cuales pueden resultar aun más sostenidos y peligrosos para la sociedad.
Por ejemplo, la exclusión de determinado sector social de la práctica de un deporte, es un acto de violencia; las ofensas también, y de seguro lamentablemente encontraremos todo un rosario de ejemplos que no se producen directamente en las competiciones, sino en otros espacios como las peñas deportivas, las escuelas, las casas, la calle… Todo deporte donde a la competencia se le agreguen motivos extra deportivos podrá verse afectado por el flagelo de la violencia.

EG: Hay disciplinas deportivas donde existe mayor contacto físico que otras. Cuando vemos un abrazo fraternal entre boxeadores o judocas luego de determinado enfrentamiento, se ve el valor del deporte como espectáculo y lugar para las emociones. Nos da la idea de que perfectamente se puede aplicar el juego limpio en todos los eventos. Ahora bien, en estos deportes donde es permitida esta relación más directa, son mucho más visibles los actos violentos. En los deportes colectivos se aprecia además como cierto servicio de camaradería, donde se le responde al contrario por alguna agresión sobre alguien del mismo equipo. Estas situaciones son realmente las más difíciles de controlar. Aquí asumen un papel importante capitanes y capitanas de equipo, que entre otras muchas funciones están las de impedir y detener estas actitudes negativas y antideportivas. Pienso que cualquier atleta con la intención de lastimar al rival, encontrará la manera en cualquier certamen o variedad competitiva, desde zancadillas en el atletismo; insultos lado a lado de la net de voleibol; dead balls intencionales en el beisbol; o codazos en el baloncesto.

¿Se puede hablar también de violencia de género en el deporte? ¿Cómo se manifiesta?

EP: Soy el realizador de un documental donde se refleja como se ha excluido a la mitad de la población de un país, las mujeres, de la práctica del considerado “deporte nacional”, privando a millones de personas de la posibilidad de un empleo; y no es solo de ahora, sino una herencia de más de siglo y medio de la práctica del béisbol. Esto me parece un claro ejemplo de violencia de género en el deporte.
Afortunadamente se están dando algunos pasos desde hace aproximadamente un lustro, para abrir esa posibilidad; pero no es tan sencillo. Se trata de la voluntad de las jugadoras, una coyuntura muy específica, y la labor de algunas personas que pueden tomar decisiones en el ámbito deportivo, frente a una cultura de dominación sobre las mujeres que pervive aunque no lo queramos creer. Aun cuando veamos a los equipos de mujeres jugar su torneo nacional y sus topes internacionales por la televisión, no significará que todo está resuelto. Esto será un paso de avance en una carrera muy larga que debe empezar y terminar por la educación más elemental que se entregue a las personas en todos los espacios de la sociedad y la familia.

EG: Cuando vemos que tratan de excluir o frenar a las mujeres del ámbito deportivo, estamos presenciando violencia de género. Los comentarios machistas y los prejuicios sociales que perpetúan el deporte como actividad netamente masculina; la falsa creencia de la debilidad biológica de la mujer y la posible pérdida de su feminidad, son muestras de las barreras que atraviesa la mujer al practicarlo. El deporte es un espacio generador de empleo y el profesionalismo transita por el momento de salarios muy elevados. Por tanto, segregar a las mujeres de esta oportunidad, la diferencia salarial entre ambos sexos, y todos los criterios discriminatorios, son fenómenos que afectan los derechos de las mujeres.
¿Cómo se manifiesta en Cuba? ¿Consideran que es un fenómeno creciente? ¿Cómo enfrentarlo?
EP: Cuba no está ajena a lo que ocurre en el resto del mundo, para lo bueno y para lo malo. Si las mujeres en Cuba no han tenido abiertas las puertas en el béisbol, tampoco ha sucedido en los demás países donde este deporte se practica. Es cierto que en otras latitudes hay más tradición, pero no creo que se pueda tener eso como un indicador de que allá la situación es más favorable.
Mi documental ¿Grandes Ligas? fue visto con interés y generó debates similares en países como los Estados Unidos, pero también en otros, donde el deporte nacional es el fútbol, por ejemplo. Creo que esto se debe a que los llamados deportes nacionales, enraizados en el imaginario nacional, simbolizan mucho para la hegemonía patriarcal en cualquier parte.
Hay que seguir de cerca la violencia en nuestros escenarios deportivos cubanos. Creo que ésta ha ido en aumento y encuentra un caldo de cultivo propicio en la actual coyuntura, mientras no se potencien modelos educativos no sexistas y se promueva el debate y la acción constante para atajarla a tiempo.
EG: Las mujeres han ido ganando su espacio dentro del deporte. Por suerte tenemos campeonas olímpicas de voleibol, judo y atletismo, por solo mencionar ejemplos. Han sido todas desafiantes, por la práctica de una actividad tan compleja y por los tabúes que sus desempeños originan y que ellas han ignorado. Muchos no consideran propio que una mujer levante pesas o conecte un jonrón. Tratar de que nuestras deportistas no pierdan su feminidad va como objetivo central de muchos órganos e instituciones deportivas. Las denominan “cubanitas” en las redacciones deportivas y se crean uniformes que resalten y afirmen todo un culto al cuerpo y la belleza. Es muy común oír que una mujer con impresionante capacidad en algún deporte sea llamada “machito”, y el opuesto de que un hombre que fracase en su desempeño sea tildado de “jevita”. El público debe apoyar a todos sus equipos, sean hombres o mujeres; de razas diversas; pierdan o ganen. Para ello sería importantísima la labor de los diferentes medios de comunicación como instructores y formadores de una conciencia y respeto a la labor de las y los deportistas. Se debe mirar a los verdaderos valores del deporte, como el sano disfrute y la alianza de la amistad entre hombres y mujeres.

Agosto 2010
(Solicite el trabajo completo a semcuba@ceniai.inf.cu )

viernes, 3 de septiembre de 2010

"Por estar en el cuerpo equivocado"Presentación del documental sobre la vida de la primera transexual operada en Cuba.



En la foto la realizadora cubana
Marilyn Solaya junto a la protagonista
de la historia Mavis Susel
y Julio César González Pagés
coordinador general de la
Red Iberoamericana de Masculinidades




Por Dayron Oliva Hernández, Red Iberoamericana de Masculinidades.

La Habana. Como parte de los Estrenos Continentales en Red del proyecto iberoamericano doctv Latinoamérica II, en el cine Charles Chaplin, la noche del pasado 18 de agosto, se efectuó la premier del documental En el cuerpo equivocado, de la realizadora cubana Marilyn Solaya. La actividad conto con la representación de un amplio grupo de la Red Iberoamericana de Masculinidades, entre las que estaba su coordinador general Julio César González Pagés

Al hablar sobre la importancia y el significado del audiovisual, la investigadora Danae Diéguez señaló que es expresión de las contradicciones en la construcción de las identidades de género, y una problemática que a las personas que sienten una sexualidad distinta afecta sensiblemente. De ahí que destacó no solo el valor de la proyección en la gran pantalla de este documental, al tratar a quienes erróneamente han sido considerados los "otros" y los excluidos, sino además que fuese hecho desde la mirada de una mujer.

Después de presentar y agradecer al equipo de realización y a las personas e instituciones que lo hicieron posible, la directora de En el cuerpo equivocado, Marilyn Solaya, se refirió a uno de sus objetivos, sensibilizarnos con la experiencia de vida de Mavis Susel, quien nació varón y hace veintidós años atrás se operó para convertirse biológicamente en mujer, con el fin de ganar conciencia en torno al respeto hacia la diversidad, los derechos de las personas que sienten su sexualidad de manera diferente a lo “socialmente aceptado”, y contribuir a la eliminación de las discriminaciones, maltratos y violencia contra los/as transexuales.

De esa forma, el documental narra los conflictos vividos por Mavis Susel desde su niñez, por haber nacido "en un cuerpo equivocado". Así, podemos percibir los efectos que padeció porque siendo varón se inclinaba por cuestiones atribuidas a lo femenino, la incomprensión de la sociedad, la relación traumática de su padre, las burlas y agresiones, y de todo lo que provocó que durante su adolescencia tuviese actitudes suicidas, de aislamiento y dejara de estudiar.

Lo singular del testimonio de la protagonista es que fue la primera persona en Cuba que pudo cumplir con un sueño, la operación del cambio de sexo y adoptar su nueva identidad como mujer, al contar con todo el apoyo del Estado cubano. Algo que no fue igual para otros que también sentían que estaban en un cuerpo equivocado, como el caso de Sissi, un acertado testimonio que contrastó su recorrido de vida con el de Mavis, a pesar de haber sufrido ambas las mismas condiciones sociales de desigualdad y de discriminación.

No obstante, si bien la intención de favorecer una profunda reflexión y un cambio social a partir de ubicar al espectador en las lamentables vivencias de quienes al ser de un sexo sicológicamente son el otro; el audiovisual incita el debate de cómo influyen las representaciones tradicionales de masculinidad y feminidad en la asunción de la nueva identidad de quienes hacen el cambio de sexo. Nos deja abierta una pregunta: ¿Cambiar el sexo -en los casos que se trata- implica asumir el modelo estereotipado de feminidad de mujer sumisa y cuidadora del hogar que busca su legitimidad a través de un hombre "de verdad", un heterosexual que cumpla los requisitos de ser: macho, varón y masculino?