,Por Gisela Beatriz Cancio Antón Estudiante de cuarto año de historia de la Universidad de La Habana
De niña me enseñaron a estar limpia y bonita siempre, correr mucho no, tener cuidado era la máxima en cualquier momento, y sobre todo con tropezar y caerme pues una marca en mis piernas sería fatal ¡Que feo se vería! Una niña siempre debe tratar de estar impecable, y en todos los sentidos, lo escuchaba una y otra vez de todas partes. Jugar con los varones, con el sexo opuesto a nosotras, claro esto lo supe después, pues tan solo los veía diferentes, toscos, que sí podían correr sin importar cuantas caídas y marcas tuviesen, que si podían ensuciarse, despeinarse, sentarse en el piso. Jugar con ellos era algo muy similar a hacer de un papá y una mamá, por su parte el hacia algún arreglo de carpintería o de otra índole, yo mientras cocinaba, atendía a los niños u ordenaba alguna cosa. Hacíamos las tareas de cualquier hogar, más tarde supe que esto era lo que denominaba mi madre por quehaceres, que al final son uno de los elementos que componen el rol de cada uno, hombre y mujer dentro de una sociedad patriarcal como lo nuestra. Al jugar a las casitas el real dominio era mío pero, no obstante, el podía compartir conmigo y jugar también. Sin embargo, no ocurrió nunca así con los juegos donde él poseía el dominio absoluto: las bolas, el trompo, la pelota, las carriolas loma abajo ¡Ni soñar Que yo estuviera ahí! En primer lugar porque él no quería que compartiese con sus amigos, pues yo soy niña. En segundo lugar como iba a ir si eso implicaba caídas, suciedad, toda una locura. No obstante había juegos que compartíamos como los escondidos; pero por lo general tenía que volver a mi casa de muñecas, cuquitas, o yakis y vale decir que no con desgano, tristeza o como si fuesen mis únicas opciones, sino con alegría pues me encantaba. Lo que si no entendía era porque yo si lo podía insertar en mis juegos sin que me diera vergüenza que mis amigas lo vieran y yo no podía de igual manera insertarme en los de él.
Cuando estábamos en la escuela y practicábamos deporte como el nado sincronizado o la natación, ellos tan solo el segundo, jugábamos a la sirenita y el tiburón. Éste consistía en que los varones nos escogían cautelosamente y atacaban con toda una táctica bien desarrollada y cuando menos te lo esperabas, ¡boom! Ahí estaban ellos y nosotras esperábamos, nadábamos intentando huir pero al final ellos nos capturaban, era súper divertido. Hoy mirándolo desde otra óptica, observo que ocurre algo muy semejante con respecto a las relaciones entre un hombre y una mujer. Esperamos que ustedes nos enamoren, nos inviten a salir, nos traigan flores, cosas que a la verdad son bellas y nos gustan; pero la mayoría de las mujeres no nos atrevemos a romper la línea la cual nos frena a poder invitarlos así sea parar conversar o porque yo misma pido algo
inferior a lo que aspiro. Una amiga me dijo un día: “Pide grande y lo más probable es que lo que solicites te lo den por debajo, si pides pequeño te lo darán así o incluso por debajo también”. Nada, simplemente lo hago porque respondo para lo que me han formado y cómo no hacerlo si es lo que he aprendido toda mi vida. También nos divertíamos con los juegos de pelota, donde cada uno iba por su parte. Mas ocurría algo siempre que ahora que lo veo desde una mirada lejana tanto en el tiempo como en mi propia experiencia (pues fue hace varios años): el hecho de que cuando jugaban los varones nosotras estábamos de espectadoras y a la vez esperábamos nuestro turno. Si ellos llegaban y nosotras jugábamos, todo se terminaba enseguida pues ellos tenían e iban a jugar ¿por qué no protestar? No sé porque no lo hacíamos.
Al final de todas las prohibiciones yo también me caí, tengo marcas en las piernas, también me senté en el piso, incluso con las más lindas batas, también jugué al trompo aunque sinceramente nunca pude cogerlo en movimiento con la mano.
Con el tiempo las diferencias aumentaron. Para los hombres es conocido a gran escala, al menos en nuestro país, que el tener muchas novias es algo muy positivo para su vida varonil. Pueden llegar a la casa luego de una fiesta u otra actividad a la hora que deseen, venir solos o acompañados. Las mujeres no, el tener muchas parejas implica ser una cualquiera, desde pequeña oía esto y nunca en tal frase despectiva cabía alguna preocupación por el porqué de estas mujeres hacerlo, solo el No rotundo. Siempre con una hora para llegar y claro está, nada de venir sola. (Por supuesto esto es en dependencia del tipo de familia para ambos casos).
Desde que uno nace la sociedad no hace más que marcar y remarcar las diferencias entre el hombre y la mujer. Todo gira en cuanto a las divergencias de uno y otro, nos educan, nos dan modelos a seguir, nos trazan líneas e imponen lo que cada cual debe ser, moldeando los gustos, preferencias, características, entre otros. En líneas generales nos forman de tal manera que la mujer debe ser siempre fina, sensible, educada, etc. Mientras el hombre rudo, insensible hasta los tuétanos, crece escuchando que no puede llorar, que es de débiles el hacerlo. Que absurdo el plantear esto si para nada afecta la virilidad o no de ellos. Lo que si es acertado es lo importante que es la educación en la niñez de todos, pues es donde se forma la personalidad, los gustos y los principios por donde nos regiremos. Lo que se nos enseña de niños nos marca para siempre y es la causa por la cual luego cada uno: hombre y mujer responden en la manera en lo se han formado. Al imprimir tanta importancia en nuestras diferencias, nos distancian mucho y de esa manera, nosotras las mujeres quedamos en un lugar totalmente excluyente en todas las áreas. El hecho que seamos diferentes no quiere decir que exista discriminación. Sé que lo soy , es algo evidente, pero no por eso somos menos o más inteligentes, menos fuertes o más capaces, con menos o con más derechos, somos simplemente: Mujeres, así como ustedes son simplemente: Hombres, y ahí radica nuestra riqueza, en que somos diferentes.
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sábado, 10 de enero de 2009
“Diferentes”
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¿Cayó Eva o la empujaron?
por YAIMA GIL POUTOU cuarto año de Historia Universidad de La Habana
En la actualidad las mujeres hemos logrado superar en cierta medida las inequidades de género de la que hemos sido víctimas desde los mismos inicios de la historia. A través de las banderas del feminismo la mujer pretende un mundo inclusivo, igualitario, sin estereotipos que no solo afectan a ellas sino también a los hombres, pues estos son forzados a adecuarse formalmente a conceptos milenarios y decadentes que los hacen suprimir emociones, necesidades y posibilidades, de lo cual podría citar innumerables ejemplos que son sencillos de ver en la vida cotidiana, pues se reproducen dentro de nuestros propios hogares, aún hoy en pleno siglo XXI. Cuantas veces no escuchamos frases como: los hombres no lloran; eso son cosas de niñas(os), etc. ¿Dónde esta, ahora mismo la línea divisoria entre lo que define a una mujer o a un hombre como integrante de la sociedad? ¿Porqué continuar reproduciendo patrones que en este momento carecen de cualquier sentido? La mujer moderna ha demostrado tener la capacidad para desarrollarse como ser social activo igual que el hombre, incluso más, pues a ella se le exige ser excepcional. Sin embargo mientras pensaba a qué dedicar específicamente este trabajo vino a mi mente una institución que mantuvo, mantiene y mantendrá diferencias entre ambos sexos: la Iglesia.
¿Por qué no puede una mujer ser sacerdote? No existe ninguna base bíblica que limite a los individuos el ejercicio del sacerdocio y por tanto la ordenación de las mujeres, así que estamos hablando de una tradición que revela la innegable influencia de los prejuicios desfavorables a las mujeres o de interpretaciones interesadas de quienes se han reservado el liderazgo. A continuación trataré de explicar los planteamientos anteriores.
Según investigaciones de Lavinia Byrne (miembro de la Orden de la Sagrada Virgen María y secretaria asociada de la Comunidad de Mujeres y Hombres de la Iglesia para el Consejo de Iglesias de la Gran Bretaña e Irlanda), el sistema actual se basa en dos premisas teológicas. Una de ellas se fundamenta en las Escrituras y señala que Jesús eligió a mujeres como discípulas y a hombres como apóstoles, estableciéndose desde entonces una división sexista. La otra se fundamenta en el ordenamiento simbólico de la realidad, es decir, Dios envió a su hijo al mundo y con ello establece una cadena de mando masculino que sigue hasta nuestros días.
Sin embargo la Iglesia se ha adecuado a los nuevos tiempos, a las condiciones concretas de la contemporaneidad en muchos aspectos, por ejemplo la misa pasó de latín a lengua vernácula, han reajustado su teoría de la creación teniendo en cuenta la incuestionable veracidad de la ciencia. Entonces, porqué no se pueden transformar también otras normas que llevarían a la mujer al liderazgo eclesiástico.
Si bien es cierto que son siglos de lo que podríamos llamar hegemonía masculina aceptada, ahora es lógico que las mujeres y también los hombres se den cuenta que un reparto de papeles basado en el sexo infantiliza la sexualidad femenina. Las religiosas actúales de la mayoría de las congregaciones, tienen, según me he informado, más responsabilidades que la figura del cura propiamente dicha, pues este se encarga del cuidado espiritual y ellas de los problemas concretos de una determinada comunidad: pobreza, enfermedad, abandono, marginalidad y además orientan espiritualmente, por lo que no es difícil darse cuenta que capacidad sobra y que la misma es reconocida.
Hace cuatro décadas atrás a las religiosas se les dio una idea sutil de igualdad. A partir del Concilio Vaticano II se les concedió mayor participación, que solo quedó en eso, más trabajo, más compromiso por parte de ellas. Hoy, cuarenta años después, cuando miles de feministas religiosas piden la total equidad dentro de la Iglesia, ellas siguen asumiendo, pero no conformándose con el papel que les han impuesto, sin atreverme a cuestionar su vocación.
Las monjas contemporáneas cubanas e imagino que las del resto del mundo se enfrentan a estereotipos propios del desconocimiento y la falta de fe de los tiempos actuales por parte de una sociedad que le cuesta entender lo que se distancia de su realidad objetiva, se les tilda de reprimidas, homosexuales. Además tienen que soportar no solo la violencia externa (refiriéndome a población laica y/o no católica) de la que son víctimas, sino también la discriminación dentro de su medio.
Las mujeres deseamos ser más valoradas, pues eso significa, entre otras cosas, tener poder: no ser discriminadas, no vivir en un mundo enteramente configurado por voluntades ajenas, cuyos intereses nos son extraños, y hasta hostiles. Vivir en un mundo en que todas y todos convivamos como iguales, sin espacios delimitados en función de algo tan irrelevante a estos tiempos como es la pertenencia a un sexo determinado.
La lucha de las religiosas por alcanzar el sacerdocio es solo un reflejo de un fenómeno macro, actual y palpable. Es la lucha de todas las mujeres por alcanzar la igualdad total, eliminar cualquier tipo de discriminación, suprimir estereotipos que hoy no tienen el menor sentido. La mujer ha demostrado que no fue excéntrica cuando quiso hacer cosas exclusivas de los hombres sino valiente, capaz de lograr un estado de vida, educación y derechos iguales a los de un hombre.
En la actualidad las mujeres hemos logrado superar en cierta medida las inequidades de género de la que hemos sido víctimas desde los mismos inicios de la historia. A través de las banderas del feminismo la mujer pretende un mundo inclusivo, igualitario, sin estereotipos que no solo afectan a ellas sino también a los hombres, pues estos son forzados a adecuarse formalmente a conceptos milenarios y decadentes que los hacen suprimir emociones, necesidades y posibilidades, de lo cual podría citar innumerables ejemplos que son sencillos de ver en la vida cotidiana, pues se reproducen dentro de nuestros propios hogares, aún hoy en pleno siglo XXI. Cuantas veces no escuchamos frases como: los hombres no lloran; eso son cosas de niñas(os), etc. ¿Dónde esta, ahora mismo la línea divisoria entre lo que define a una mujer o a un hombre como integrante de la sociedad? ¿Porqué continuar reproduciendo patrones que en este momento carecen de cualquier sentido? La mujer moderna ha demostrado tener la capacidad para desarrollarse como ser social activo igual que el hombre, incluso más, pues a ella se le exige ser excepcional. Sin embargo mientras pensaba a qué dedicar específicamente este trabajo vino a mi mente una institución que mantuvo, mantiene y mantendrá diferencias entre ambos sexos: la Iglesia.
¿Por qué no puede una mujer ser sacerdote? No existe ninguna base bíblica que limite a los individuos el ejercicio del sacerdocio y por tanto la ordenación de las mujeres, así que estamos hablando de una tradición que revela la innegable influencia de los prejuicios desfavorables a las mujeres o de interpretaciones interesadas de quienes se han reservado el liderazgo. A continuación trataré de explicar los planteamientos anteriores.
Según investigaciones de Lavinia Byrne (miembro de la Orden de la Sagrada Virgen María y secretaria asociada de la Comunidad de Mujeres y Hombres de la Iglesia para el Consejo de Iglesias de la Gran Bretaña e Irlanda), el sistema actual se basa en dos premisas teológicas. Una de ellas se fundamenta en las Escrituras y señala que Jesús eligió a mujeres como discípulas y a hombres como apóstoles, estableciéndose desde entonces una división sexista. La otra se fundamenta en el ordenamiento simbólico de la realidad, es decir, Dios envió a su hijo al mundo y con ello establece una cadena de mando masculino que sigue hasta nuestros días.
Sin embargo la Iglesia se ha adecuado a los nuevos tiempos, a las condiciones concretas de la contemporaneidad en muchos aspectos, por ejemplo la misa pasó de latín a lengua vernácula, han reajustado su teoría de la creación teniendo en cuenta la incuestionable veracidad de la ciencia. Entonces, porqué no se pueden transformar también otras normas que llevarían a la mujer al liderazgo eclesiástico.
Si bien es cierto que son siglos de lo que podríamos llamar hegemonía masculina aceptada, ahora es lógico que las mujeres y también los hombres se den cuenta que un reparto de papeles basado en el sexo infantiliza la sexualidad femenina. Las religiosas actúales de la mayoría de las congregaciones, tienen, según me he informado, más responsabilidades que la figura del cura propiamente dicha, pues este se encarga del cuidado espiritual y ellas de los problemas concretos de una determinada comunidad: pobreza, enfermedad, abandono, marginalidad y además orientan espiritualmente, por lo que no es difícil darse cuenta que capacidad sobra y que la misma es reconocida.
Hace cuatro décadas atrás a las religiosas se les dio una idea sutil de igualdad. A partir del Concilio Vaticano II se les concedió mayor participación, que solo quedó en eso, más trabajo, más compromiso por parte de ellas. Hoy, cuarenta años después, cuando miles de feministas religiosas piden la total equidad dentro de la Iglesia, ellas siguen asumiendo, pero no conformándose con el papel que les han impuesto, sin atreverme a cuestionar su vocación.
Las monjas contemporáneas cubanas e imagino que las del resto del mundo se enfrentan a estereotipos propios del desconocimiento y la falta de fe de los tiempos actuales por parte de una sociedad que le cuesta entender lo que se distancia de su realidad objetiva, se les tilda de reprimidas, homosexuales. Además tienen que soportar no solo la violencia externa (refiriéndome a población laica y/o no católica) de la que son víctimas, sino también la discriminación dentro de su medio.
Las mujeres deseamos ser más valoradas, pues eso significa, entre otras cosas, tener poder: no ser discriminadas, no vivir en un mundo enteramente configurado por voluntades ajenas, cuyos intereses nos son extraños, y hasta hostiles. Vivir en un mundo en que todas y todos convivamos como iguales, sin espacios delimitados en función de algo tan irrelevante a estos tiempos como es la pertenencia a un sexo determinado.
La lucha de las religiosas por alcanzar el sacerdocio es solo un reflejo de un fenómeno macro, actual y palpable. Es la lucha de todas las mujeres por alcanzar la igualdad total, eliminar cualquier tipo de discriminación, suprimir estereotipos que hoy no tienen el menor sentido. La mujer ha demostrado que no fue excéntrica cuando quiso hacer cosas exclusivas de los hombres sino valiente, capaz de lograr un estado de vida, educación y derechos iguales a los de un hombre.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Macho tropical o machos en “La Tropical”.Estereotipos masculinos que van más allá de la apariencia.
Por Maikel Colón Pichardo
En La Habana, Cuba, quien no conoce El Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”, que cubano, y porque no, de otros lugares del mundo, no ha movido sus caderas en esta plaza bailable la cual ha acogido a varias de las orquestas y músicos prestigiosos de la escena musical cubana de todos los tiempos, que a golpe de tambores, trompetas, de coros, en fin, de la buena música popular bailable, han hecho eco en varias generaciones de cubanos.
En los tiempos que corren, en donde se han impuesto otros estilos y gustos musicales, también “La Tropical”, como la conocemos todos, ha servido de escenario a disímiles manifestaciones. Peñas de rock, música electrónica y la llamada música fusión, también han tenido su espacio, y por supuesto que no podemos olvidar, a uno de los ritmos que ha contagiado a una gran parte del público “farandulero” de estos tiempos, el reggueton.
Pudiéramos pensar que todas estas manifestaciones a las que hemos hecho referencia son diferentes, y por supuesto, que estamos en lo cierto. De todas formas, lo que si hay que tener bien claro, es que en esta plaza bailable, sea timba, reggueton, sea rock, sea música electrónica, los hombres reproducen todos los patrones a los que están acostumbrados, por que hay que ser hombres y nada más. Sin embargo, muchas veces asumimos que en un espacio u otro se reproduce un estereotipo de hombre determinado. A los ojos de la sociedad, unos de un tipo, otros quien sabe, y así son tantas las fabulaciones y nos olvidamos, que efectivamente, como sugeríamos en el titulo, las apariencias engañan.
Sería bueno entonces adentrarnos un poco más a fondo en esta problemática y establecer una serie de juicios y criterios que al fin y al cabo nos hagan reflexionar para poder al final, como dijera uno de nuestros presentadores de televisión, sacar nuestras propias conclusiones.
Juntos pero no revueltos.
Esta es una frase que se acuña mucho dentro de los seguidores de la música popular, la timba, o el reggueton. Aquí, en “La Tropical”, se respira un aire de hombría extrema. Entre tragos, que se beben a pico de botella, los coros de las canciones que sugieren una conquista eterna y que validan los espacios masculinos: “donde están las mami que vengan a buscar su papi”, las broncas tumultuarias en las que se pretende mostrar la hegemonía. Son estas algunas de las dinámicas que mueven a los hombres, como los etiqueta la sociedad, a “los reparteros”, dentro de esta plaza bailable, casi un santuario, en donde pugnan por sentirse más hombres.
Los buenos bailadores, los que tienen más dinero, los que muestran sus cadenas, sus atuendos de oro. Alcohol, dinero, mujeres, violencia. Esto es lo que se vive en algunos de los grandes conciertos que nos brinda nuestro Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”. Un espacio en donde muchos hombres van a probarse, a demostrarse a sí mismos cuan hombres pueden ser, cuanto alcohol pueden beber, cuantas mujeres pueden conquistar, cuantas broncas pueden tener, cuanta violencia pueden generar.
En realidad son muchos los estereotipos masculinos que allí se promueven. Muchos de ellos estimulados por la construcción de ese modelo hegemónico dentro del que están presos. Muchos en este sentido son los calificativos al respecto. Hoy día, una invitación a un lugar como este supone cierto recelo. Hay quienes piensan en el populacho, quienes por desgracia, asocian este fenómeno a la marginalidad. No es interés nuestro abordar un fenómeno como tal, pero es bueno tener claro que aquí simplemente están convocados hombres y mujeres, de todos los estratos, de todos lo barrios y de todos los colores.
Creo que aquí, si estamos en presencia de un buen ajiaco, con todos lo ingredientes habidos y por haber, solo que en un intento de, una vez más, marcar el territorio masculino, porque aún cuando muchas mujeres hacen justa presencia en este lugar, reproducen muchos de los códigos masculinos que allí se promueven, y por desgracia son capaces de validarlos, pues, justamente, se interesan por los más bravos, los que de verdad demuestren cuan hombres pueden llegar a ser.
Esa es una de las razones por las que ahí mandan los hombres, fiel reflejo de la famosa canción “en mi casa la que manda es mi mujer”, porque fuera, dígase en este caso, “La Tropical”, aquí se manifiestan dueños del espacio, los grandes conquistadores, los que controlan y delimitan en la pista de baile, los proveedores de alcohol, de drogas, de cigarros, los que incitan al sexo. Los que en una verdadera demostración de hombría gritan a la par de los coros que imponen las orquestas.
En reiteradas ocasiones escuchamos: “quienes son los que mandan las mujeres o los hombres”. Las mujeres con grito angelical, alegan, las mujeres, los hombres con un chiflido, en una postura propia de machos, replican, los hombres. Y así se hacen sentir, dueños de la situación y con un apoyo importante de los músicos, quienes tampoco escapan a esta realidad, quienes también se muestran como machos hegemónicos, poniendo sus melodías y sus incesantes frases a sus pies, en beneficio propio.
Recordaba cómo uno de los cantantes de la popular orquesta Charanga Habanera, cuyo director David Calzado, estaba en el centro de la construcción de esa hombría, parafraseaba en una de las populares canciones de la orquesta, refiriéndose a las mujeres: “búscate un “temba” como Calzado, que tiene carro, que tiene hierba, que tiene juaniquiqui (dinero), y hasta una bicicleta”. Imagínense. Esto es lo que allí se promueve, se socializa, para la validación de estereotipos masculinos.
Harinas de otro costal.
Como ya habíamos comentado al inicio, en esta plaza, también se muestran en escena otras manifestaciones, como el rock y la música electrónica, entre otras. Sabemos que aquí prevalecen las ropas oscuras, de las que hacen gala los rockeros, el pelo largo, sugeriríamos, atrevidamente, otro tipo de masculinidades.
Por otro lado, la música electrónica atrae a los llamados “Emos”, o a los denominados metrosexuales . Aquí existen otras estéticas, o bien otros códigos. Ahora, las conductas de estos otros hombres no difieren mucho. Los hombres aquí también marcan su territorio, se muestran como “supermachos” ante las mujeres, beben alcohol para demostrar también cuán hombres pueden ser. Llevar las riendas en ellos no es tan diferente como muchos quieren hacernos ver.
Entre ellos también existe una lucha constante por demostrar quien es más hombre, quien lleva la voz cantante. Realmente no existe diferencia alguna. El escuchar rock o música electrónica no los aleja de un modelo de masculinidad que se proyecta entre los hombres en Cuba.
Muchas veces sucede que la música que escuchan lleva implícita en sus mensajes otras dinámicas, lo cual no significa que les sean ajena en el sentido de demostrar la hombría: conquistadores de mujeres, generadores de violencia, combinando su estética rockera, sus actitudes de “emo”, metrosexuales, con la reproducción de estereotipos masculinos de típicos hombres cubanos, los cuales deben prevalecer bajo cualquier circunstancia, porque como ya apuntábamos, hay que tener bien claro que hay que ser
hombre, y donde sino, que en la plaza bailable por excelencia del público habanero “La Tropical”.
Ni juntos ni revueltos, ni harina de otro costal.
Estamos ante dos públicos diferentes. Unos alegan que esos rockeros, esos “peluos” (pelo largo), para nada representan ninguna hombría, que sus atuendos, sus “pintas” (modas), difieren mucho de lo que realmente se necesita para ser hombre en Cuba. Incluso se pone en duda su heterosexualidad, pero mejor no entremos en el campo de la sexualidad, aunque sea necesaria mencionarla. Este y muchos otros calificativos hacen gala en las referencias a “esos otros”.
En algún sentido existen muchos factores que influyen en tales posiciones. Nuestra cultura ha impuesto siempre este tipo de criterios sobre “ese otro”. Muchos de los grandes pensadores cubanos de periodos fundacionales, también dejaron sus huellas, sus criterios al respecto. Algunos como el presbítero José Agustín Caballero para el Papel Periódico de La Habana en su “Carta crítica del hombre mujer”, escribió algunas palabras que a decir del investigador Julio César González Pagés, se manifestó como uno de nuestros primeros pensadores que construyeron la masculinidad de una nación sobre la base de exclusiones de aquellos que no cumplan con algunos requisitos.
Estos denominados “reparteros” por su parte, también están en la mira de las críticas de “esos otros”. A muchos los ven como incivilizados, que están parados en el tiempo, que en todo momento generan violencia y no disfrutan de la música. Que están descontinuados porque quieren resolver sus problemas a golpes, a navajazos. Pensar esto es la manera más práctica que han encontrado para auto defenderse de aquellos que atacan su hombría, su masculinidad.
Estos dos discursos, parecen a la vista de todos, diametralmente opuestos, pero como exponíamos al principio, es solo una insinuación para demostrar dónde está la hegemonía. Ahora, no nos engañemos. Ambos son reproductores de estereotipos masculinos que se validan a través de la práctica diaria, donde unos en su espacio, otros en el de ellos, hacen gala de tales comportamientos masculinos. Esa hombría extrema, donde la violencia, fundamentalmente, da en demostrar hasta donde son capaces de llegar, pues sencillamente la ejercen sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre ellos mismos , pero irónicamente confluyen en un mismo lugar, un lugar que al parecer fue construido para este fin, para que los hombres “timberos”, “reparteros”, “regguetoneros”, “rockeros”, “emos”,
“metrosexuales”, validen su hombría, su masculinidad.
Este es un fenómeno que ponemos a conocimiento de todos ustedes, con muchas intenciones, quizás. Ahora, estoy seguro, que al igual que en “La Tropical”, otras de las tantas plazas bailables de Cuba, y de otros contextos latinoamericanos, no escapan a esta realidad, y realmente sería buena una mirada desde otros países a un fenómeno como tal. Pero más allá de cualquier intento de mi parte de poner en mis palabras, en mis reflexiones, una problemática que pudiera llamar la atención, los invito a El Salón Rosado de La Tropical “Benny More”, plaza bailable de Cuba, del mundo, de La Habana, la que bien dicen en llamar “la capital de todos los cubanos” y al parecer no así de las cubanas.
citas y notas
1- La socióloga Mayra Espina del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), ha hecho grandes aportes sobre esta problemática. Ver Mayra Espina Prieto. “Comentarios sobre el concepto de marginalidad en la sociología”. En Catauro, Revista Cubana de Antropología, Año.7, No.13, La Habana, enero-junio de 2006, pp.25-30.
2- El antropólogo australiano Robert W. Connell, uno de los grandes estudiosos de la masculinidad, ha insistido en demostrar la existencia de una multiplicidad de masculinidades. Ver Robert W. Connell. “La organización social de la masculinidad”. En Teresa Valdez y José Olavarria. Masculinidad/es. Poder y crisis. Santiago de Chile, Isis Internacional/FLACSO, 1997, pp.31-49.
3- Sobre estas temáticas Ver Yonnier Angulo Rodríguez. “Jóvenes emos: una masculinidad polémica”; “Metrosexualidad: supremacía o sumisión”. En www.redmasculinidades.com
4- Ver Julio César González Pagés. “Feminismo y masculinidad: ¿mujeres contra hombres? En Temas, No.37-38, La Habana, abril-septiembre de 2004, p.10
En La Habana, Cuba, quien no conoce El Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”, que cubano, y porque no, de otros lugares del mundo, no ha movido sus caderas en esta plaza bailable la cual ha acogido a varias de las orquestas y músicos prestigiosos de la escena musical cubana de todos los tiempos, que a golpe de tambores, trompetas, de coros, en fin, de la buena música popular bailable, han hecho eco en varias generaciones de cubanos.
En los tiempos que corren, en donde se han impuesto otros estilos y gustos musicales, también “La Tropical”, como la conocemos todos, ha servido de escenario a disímiles manifestaciones. Peñas de rock, música electrónica y la llamada música fusión, también han tenido su espacio, y por supuesto que no podemos olvidar, a uno de los ritmos que ha contagiado a una gran parte del público “farandulero” de estos tiempos, el reggueton.
Pudiéramos pensar que todas estas manifestaciones a las que hemos hecho referencia son diferentes, y por supuesto, que estamos en lo cierto. De todas formas, lo que si hay que tener bien claro, es que en esta plaza bailable, sea timba, reggueton, sea rock, sea música electrónica, los hombres reproducen todos los patrones a los que están acostumbrados, por que hay que ser hombres y nada más. Sin embargo, muchas veces asumimos que en un espacio u otro se reproduce un estereotipo de hombre determinado. A los ojos de la sociedad, unos de un tipo, otros quien sabe, y así son tantas las fabulaciones y nos olvidamos, que efectivamente, como sugeríamos en el titulo, las apariencias engañan.
Sería bueno entonces adentrarnos un poco más a fondo en esta problemática y establecer una serie de juicios y criterios que al fin y al cabo nos hagan reflexionar para poder al final, como dijera uno de nuestros presentadores de televisión, sacar nuestras propias conclusiones.
Juntos pero no revueltos.
Esta es una frase que se acuña mucho dentro de los seguidores de la música popular, la timba, o el reggueton. Aquí, en “La Tropical”, se respira un aire de hombría extrema. Entre tragos, que se beben a pico de botella, los coros de las canciones que sugieren una conquista eterna y que validan los espacios masculinos: “donde están las mami que vengan a buscar su papi”, las broncas tumultuarias en las que se pretende mostrar la hegemonía. Son estas algunas de las dinámicas que mueven a los hombres, como los etiqueta la sociedad, a “los reparteros”, dentro de esta plaza bailable, casi un santuario, en donde pugnan por sentirse más hombres.
Los buenos bailadores, los que tienen más dinero, los que muestran sus cadenas, sus atuendos de oro. Alcohol, dinero, mujeres, violencia. Esto es lo que se vive en algunos de los grandes conciertos que nos brinda nuestro Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”. Un espacio en donde muchos hombres van a probarse, a demostrarse a sí mismos cuan hombres pueden ser, cuanto alcohol pueden beber, cuantas mujeres pueden conquistar, cuantas broncas pueden tener, cuanta violencia pueden generar.
En realidad son muchos los estereotipos masculinos que allí se promueven. Muchos de ellos estimulados por la construcción de ese modelo hegemónico dentro del que están presos. Muchos en este sentido son los calificativos al respecto. Hoy día, una invitación a un lugar como este supone cierto recelo. Hay quienes piensan en el populacho, quienes por desgracia, asocian este fenómeno a la marginalidad. No es interés nuestro abordar un fenómeno como tal, pero es bueno tener claro que aquí simplemente están convocados hombres y mujeres, de todos los estratos, de todos lo barrios y de todos los colores.
Creo que aquí, si estamos en presencia de un buen ajiaco, con todos lo ingredientes habidos y por haber, solo que en un intento de, una vez más, marcar el territorio masculino, porque aún cuando muchas mujeres hacen justa presencia en este lugar, reproducen muchos de los códigos masculinos que allí se promueven, y por desgracia son capaces de validarlos, pues, justamente, se interesan por los más bravos, los que de verdad demuestren cuan hombres pueden llegar a ser.
Esa es una de las razones por las que ahí mandan los hombres, fiel reflejo de la famosa canción “en mi casa la que manda es mi mujer”, porque fuera, dígase en este caso, “La Tropical”, aquí se manifiestan dueños del espacio, los grandes conquistadores, los que controlan y delimitan en la pista de baile, los proveedores de alcohol, de drogas, de cigarros, los que incitan al sexo. Los que en una verdadera demostración de hombría gritan a la par de los coros que imponen las orquestas.
En reiteradas ocasiones escuchamos: “quienes son los que mandan las mujeres o los hombres”. Las mujeres con grito angelical, alegan, las mujeres, los hombres con un chiflido, en una postura propia de machos, replican, los hombres. Y así se hacen sentir, dueños de la situación y con un apoyo importante de los músicos, quienes tampoco escapan a esta realidad, quienes también se muestran como machos hegemónicos, poniendo sus melodías y sus incesantes frases a sus pies, en beneficio propio.
Recordaba cómo uno de los cantantes de la popular orquesta Charanga Habanera, cuyo director David Calzado, estaba en el centro de la construcción de esa hombría, parafraseaba en una de las populares canciones de la orquesta, refiriéndose a las mujeres: “búscate un “temba” como Calzado, que tiene carro, que tiene hierba, que tiene juaniquiqui (dinero), y hasta una bicicleta”. Imagínense. Esto es lo que allí se promueve, se socializa, para la validación de estereotipos masculinos.
Harinas de otro costal.
Como ya habíamos comentado al inicio, en esta plaza, también se muestran en escena otras manifestaciones, como el rock y la música electrónica, entre otras. Sabemos que aquí prevalecen las ropas oscuras, de las que hacen gala los rockeros, el pelo largo, sugeriríamos, atrevidamente, otro tipo de masculinidades.
Por otro lado, la música electrónica atrae a los llamados “Emos”, o a los denominados metrosexuales . Aquí existen otras estéticas, o bien otros códigos. Ahora, las conductas de estos otros hombres no difieren mucho. Los hombres aquí también marcan su territorio, se muestran como “supermachos” ante las mujeres, beben alcohol para demostrar también cuán hombres pueden ser. Llevar las riendas en ellos no es tan diferente como muchos quieren hacernos ver.
Entre ellos también existe una lucha constante por demostrar quien es más hombre, quien lleva la voz cantante. Realmente no existe diferencia alguna. El escuchar rock o música electrónica no los aleja de un modelo de masculinidad que se proyecta entre los hombres en Cuba.
Muchas veces sucede que la música que escuchan lleva implícita en sus mensajes otras dinámicas, lo cual no significa que les sean ajena en el sentido de demostrar la hombría: conquistadores de mujeres, generadores de violencia, combinando su estética rockera, sus actitudes de “emo”, metrosexuales, con la reproducción de estereotipos masculinos de típicos hombres cubanos, los cuales deben prevalecer bajo cualquier circunstancia, porque como ya apuntábamos, hay que tener bien claro que hay que ser
hombre, y donde sino, que en la plaza bailable por excelencia del público habanero “La Tropical”.
Ni juntos ni revueltos, ni harina de otro costal.
Estamos ante dos públicos diferentes. Unos alegan que esos rockeros, esos “peluos” (pelo largo), para nada representan ninguna hombría, que sus atuendos, sus “pintas” (modas), difieren mucho de lo que realmente se necesita para ser hombre en Cuba. Incluso se pone en duda su heterosexualidad, pero mejor no entremos en el campo de la sexualidad, aunque sea necesaria mencionarla. Este y muchos otros calificativos hacen gala en las referencias a “esos otros”.
En algún sentido existen muchos factores que influyen en tales posiciones. Nuestra cultura ha impuesto siempre este tipo de criterios sobre “ese otro”. Muchos de los grandes pensadores cubanos de periodos fundacionales, también dejaron sus huellas, sus criterios al respecto. Algunos como el presbítero José Agustín Caballero para el Papel Periódico de La Habana en su “Carta crítica del hombre mujer”, escribió algunas palabras que a decir del investigador Julio César González Pagés, se manifestó como uno de nuestros primeros pensadores que construyeron la masculinidad de una nación sobre la base de exclusiones de aquellos que no cumplan con algunos requisitos.
Estos denominados “reparteros” por su parte, también están en la mira de las críticas de “esos otros”. A muchos los ven como incivilizados, que están parados en el tiempo, que en todo momento generan violencia y no disfrutan de la música. Que están descontinuados porque quieren resolver sus problemas a golpes, a navajazos. Pensar esto es la manera más práctica que han encontrado para auto defenderse de aquellos que atacan su hombría, su masculinidad.
Estos dos discursos, parecen a la vista de todos, diametralmente opuestos, pero como exponíamos al principio, es solo una insinuación para demostrar dónde está la hegemonía. Ahora, no nos engañemos. Ambos son reproductores de estereotipos masculinos que se validan a través de la práctica diaria, donde unos en su espacio, otros en el de ellos, hacen gala de tales comportamientos masculinos. Esa hombría extrema, donde la violencia, fundamentalmente, da en demostrar hasta donde son capaces de llegar, pues sencillamente la ejercen sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre ellos mismos , pero irónicamente confluyen en un mismo lugar, un lugar que al parecer fue construido para este fin, para que los hombres “timberos”, “reparteros”, “regguetoneros”, “rockeros”, “emos”,
“metrosexuales”, validen su hombría, su masculinidad.
Este es un fenómeno que ponemos a conocimiento de todos ustedes, con muchas intenciones, quizás. Ahora, estoy seguro, que al igual que en “La Tropical”, otras de las tantas plazas bailables de Cuba, y de otros contextos latinoamericanos, no escapan a esta realidad, y realmente sería buena una mirada desde otros países a un fenómeno como tal. Pero más allá de cualquier intento de mi parte de poner en mis palabras, en mis reflexiones, una problemática que pudiera llamar la atención, los invito a El Salón Rosado de La Tropical “Benny More”, plaza bailable de Cuba, del mundo, de La Habana, la que bien dicen en llamar “la capital de todos los cubanos” y al parecer no así de las cubanas.
citas y notas
1- La socióloga Mayra Espina del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), ha hecho grandes aportes sobre esta problemática. Ver Mayra Espina Prieto. “Comentarios sobre el concepto de marginalidad en la sociología”. En Catauro, Revista Cubana de Antropología, Año.7, No.13, La Habana, enero-junio de 2006, pp.25-30.
2- El antropólogo australiano Robert W. Connell, uno de los grandes estudiosos de la masculinidad, ha insistido en demostrar la existencia de una multiplicidad de masculinidades. Ver Robert W. Connell. “La organización social de la masculinidad”. En Teresa Valdez y José Olavarria. Masculinidad/es. Poder y crisis. Santiago de Chile, Isis Internacional/FLACSO, 1997, pp.31-49.
3- Sobre estas temáticas Ver Yonnier Angulo Rodríguez. “Jóvenes emos: una masculinidad polémica”; “Metrosexualidad: supremacía o sumisión”. En www.redmasculinidades.com
4- Ver Julio César González Pagés. “Feminismo y masculinidad: ¿mujeres contra hombres? En Temas, No.37-38, La Habana, abril-septiembre de 2004, p.10
miércoles, 12 de noviembre de 2008
La Religión Abakuá y su papel en la discriminación de género. Un análisis critico desde la Sociología.
Por Carlos Tomás Martínez Romero.
El tema de la religión a través de la historia ha sido objeto de debate no solo por los especialitas que laboran en esta temática, sino también de aquellos que sin abordar este aspecto desde una perspectiva científica, han contribuido a enriquecer el conocimiento popular religioso de la sociedad cubana en general.
La religión es el resultado del condicionamiento social imperante en todo tipo de sociedad, que tiene que ver con los modelos económicos, políticos y sociales de cada sociedad en específico; donde la fe, elemento medular, alcanza un valor determinante en la percepción de los creyentes, de ahí que un cierto grado de fe, también conlleva a un cierto grado de creencia en una practica religiosa concreta.
En Cuba existen diferentes religiones como es el caso de la religión católica, y las de carácter protestante en oposición a la fe católica, como son los casos de las iglesias adventistas del séptimo día, pentecostales, episcopales, entre otras. También se encuentran las religiones de sustrato africano como: el palo monte, el espiritismo en todas sus variantes, la santería y la religión abakuá en la cual se centrará el presente análisis.
En todas estas manifestaciones religiosas de alguna u otra forma la mujer ha sido participe de su funcionamiento, con excepción de la religión abakuá, de ahí mi interés en realizar una mirada crítica del fenómeno desde la perspectiva sociológica de género.
Esta religión, que se contempló como sociedad secreta de socorro y ayuda mutua entre hombres __ debo aclarar que en el imaginario popular del cubano en la actualidad se asume como un tipo especifico de religión__. Sus orígenes datan del periodo de la trata por los Ríos del Aceite (Oil River), que comprenden buena parte del vastísimo delta del Níger y las zonas extendidas hacia el sur de éste, hasta las proximidades de la bahía Ambas, ya en el Camerún, se encuentran los primeros los embarcaderos, de donde partieron rumbo a América los carabalíes. Esos embarcaderos fueron Brass, Okrika y Bonny, en el delta del Niger, Owome o Nuevo Calabar y, cerca de la desembocadura de los ríos de la Cruz y Calabar, los poblados ribereños de Ikot Itunko o Ikoritungko y Atakpa, propiamente los del Viejo Calabar denominados por los ingleses, respectivamente, Creek Town y Duke Town.
El Viejo Calabar, ubicado en la provincia nigeriana, fue uno de los principales centros de recepción y embarque de carabalíes, de allí salieron los esclavos de las tres grandes tribus conocidas como: ibo, ibibio y ekoi, y de donde se le atribuye la procedencia a lo que se conoce como el nañiguismo.
Los carabalíes llegaron a constituir uno de los más numerosos, significativos y complejos grupos de africanos que sirvieron a los esclavistas de la colonia de Cuba.
El tráfico de esclavos mezcló a miembros de diferentes etnias africanas, debido a que la servidumbre colonial cubana hizo compleja esta composición, al confundir en los barracones de los ingenios y cafetales a los carabalíes que convivieron con los igualmente complejos lucumíes y bantús, los tres grupos de esclavos mas importantes de Cuba.
En 1836, en el poblado de Regla, frente a la bahía habanera, se creó la primera tierra, potencia, partido, nación o juego ñañigo abakuá que al parecer, fue posible por haber contado con el amparo de un cabildo negro carabali: Appapa efik. Estos cabildos negros fueron autorizados por el gobierno español y debían servir, al registrarse oficialmente como centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana y, al igual que los carabalíes, los hubo lucumíes de otras procedencias étnicas de africanos esclavizados.
Los nombres de estos cabildos junto con los del recuerdo sagrado ñañigo, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros se cuentan, además de Appapa Efik, Carabali Abalo, Carabali Insuamo-Isieque, Carabali Ibó, Carabali Ingré, Carabali Efik… y entre las tierras del ñañiguismo: Efik Buton, la iniciadora, Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí Abakuá, Usagaré Mutanga… Los nombres de los cabildos presentan un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, donde aparecen, insistentemente, efor y efik, la madre y el padre de abakuá según el linaje tradicional ñañigo.
Con el devenir histórico, resultado de los cambios y transformaciones económicas, políticas y sociales, las sociedades ñañigas que en sus inicios estaban constituidas por esclavos de nación, fueron incrementando en sus filas practicantes de diferentes capas sociales, dígase: negros criollos, mulatos y finalmente luego de violentas pugnas, los blancos.
Durante segunda mitad del siglo XIX, ser ñañigo no significaba ser carabali, como tampoco significaba que se fuese negro, pero si se aceptaba el complejo de creencias y se cumplimentaba el ritual que fundamentaba su existencia.
La variedad de calificativos con que los ñañigos generalizaron sus sociedades constituyeron una forma peculiar de coexistencia, identificación y reafirmación para legitimarse como sociedad secreta. En este sentido ellos realizaron desde su concepción del mundo una conceptualización de los diferentes elementos que componían su sistema de creencias. Entre los que se encuentran:
Tierra: El termino como en África, delimita el territorio de acción efectiva de una u otra sociedad; pero, en su más profundo sentido, la tierra es, la africana, donde se ubican los espíritus venerados de los antepasados que asisten a la ceremonia del rito ñañigo.
Potencia: por la fortaleza interna, mágica, de todo lo concerniente a abakuá, la solidaridad de su membresía y el cumplimiento obligatorio de sus leyes, que comienza por el hermetismo protector. La potencia, es el conjunto de objetos sacros y de hombres probados como creyentes valientes y viriles. Sólo lo que sea potente, macho, puede tener acceso a sus secretos.
Juego: por la dramática puesta en escena de lo que se califica, quizás con menos propiedad, representación: la interpretación oscura, multiforme y multicolor de los ritos prescritos con la presencia de los diablitos, toques de tambor, utilería y atuendos.
Los ingleses lo denominan play, con un exacto significado al del juego español, posible reminiscencia de los juegos medievales, aplicados a abakuá en tiempos de colonia.
Nación: por su singularidad originaria, integrada por negros de nación, por carabalíes, por no-cubanos, por esclavos que encontraban una autoreafirmación personal frente a la generalizada hostilidad que les rodea, con su propia jerga, leyes, cultura y hasta tierras.
Partido: también con sentido separatista. Como hubo partidos pro españoles, anexionistas e independentistas en la colonia y otros partidos políticos en la neocolonia, hubo un ñañiguismo partidista que no fue ignorado por los partidos oficiales interesados en captar esa fuerza electoral durante lo mas de cincuenta años de la República neocolonial.
Abakuá se constituyó en un principio por naciones, tierras, potencias, juegos y partidos, con un propósito o fin inicial de afirmación étnica y cultural en una sociedad que los discriminaba. Con posterioridad, al abrirse el ingreso a cubanos de diferentes etnias, como resultado de la abolición de la esclavitud en el periodo correspondiente a 1886, provocó una especie de caos en el interior de las sociedades, debido a que continuó persistiendo el racismo dentro de sus filas.
Los viejos de nación, conocidos como los taitas, se opusieron al ingreso de los blancos, aduciendo que estos adeptos no mantendrían la discreción requerida, y que esto resquebrajaría la autoridad de los jefes y que los secretos trascenderían al dominio público .
De esta manera el Abakuá se convirtió en un refugio para delincuentes, que aprovecharon sus principios básicos de ayuda mutua, para escapar de la persecución oficial. La estigmatización de los mismos durante la segunda mitad del siglo XIX como criminales, provocó la persecución, deportación y el encarcelamiento sin distinción, de muchos de sus practicantes.
En la actualidad, esta religión es refugio para la autoreafirmacion del hombre como el macho, el que más valor tiene, es decir, es un espacio de competencia social, donde los más aptos son los que sobreviven.
Se hace necesario aclarar que un importante número de ñañigos lo constituía el proletariado de las zonas portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas.
La práctica abakuá no pudo mantenerse al margen el proceso histórico, la explotación capitalista de la fuerza de trabajo obrera, la lucha de clases y la enajenante acción divisionista del racismo; por esta razón se plantea al inicio del ensayo que esta religión es el resultado del inevitable condicionamiento social.
De modo general se aprecia como la propia historia de esta religión o sociedad secreta aporta elementos importantes en la comprensión de su funcionamiento y desarrollo en particular.
Ahora bien, ¿cuál fue la situación de la mujer dentro de esta sociedad secreta? ¿ Qué funciones se le atribuyeron en el interior de la misma?
La consideración de la mujer dentro de la religión abakuá, no difería en gran escala de la del esclavo, solo aquellas que pertenecían a las grandes familias, madres de jefes o de hombres ricos, logran disfrutar de una situación mejor que la del resto de ellas.
Cualquier hombre en sus tribus podía tener tantas mujeres como sus medios lo posibilitaran.
La mujer ibo al casarse perdía todos los derechos sobre ella misma o sus posesiones y pasaba a formar parte de las propiedades de su marido con un valor poco superior al de una vaca o una chiva . Como esta era considerada como una mercancía valiosa, la posesión de un gran número de ellas realzaba el prestigio masculino.
La culpa de las mujeres por el fallecimiento del marido, entre los efik, establecía que aquellas fueran inmoladas sobre su tumba para que continuaran sirviéndolo en el mundo de los muertos .
El dominio del hombre sobre la mujer fue mayor entre los conocidos como ibo a diferencia de otras tribus. Allí la mujer no podía tomar la iniciativa para el divorcio, en cambio el hombre podía arrojarla del hogar con dos o tres utensilios de cocina, desposeyéndola de todo derecho, incluso a los hijos.
La sociedad ñañiga no aceptaba a las mujeres entre sus miembros porque éstas según el testimonio de muchos ñañigos son consideradas incapaces de guardar un secreto .
De esta manera se aprecia como en el interior de esta sociedad secreta se discrimina a la mujer en todos los aspectos de la vida cotidiana.
Un análisis crítico desde la perspectiva sociológica de género constituye la clave fundamental para entender y dilucidar algunos elementos importantes en la comprensión de los factores actuantes en esta total discriminación de la mujer dentro de la sociedad reconocida como abakuá.
La perspectiva de género facilita el modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos, y además es una manera de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana .
El patriarcado, sistema de dominación, el cuál consistió en el ejercicio de poder de los hombres sobre las mujeres de manera desigual es uno de los aspectos esenciales para comprender el complejo proceso de discriminación a la que fue sometida la mujer dentro del ñañiguismo.
La familia patriarcal se caracterizó por ser una institución social especifica basada en la organización del trabajo en el hogar, donde el padre de la familia era el que controlaba y distribuía el trabajo , lo que provocó una subordinación creciente por parte de la mujer hacia el hombre, subordinación que aún en la actualidad funciona dentro de la sociedad cubana abakuá.
La distribución de roles también es un elemento importante para entender y analizar esta problemática. La mujer quedó relegada al espacio privado, es decir a las labores hogareñas y el hombre incrementó su participación en los espacios públicos, como resultado de los estereotipos construidos alrededor de la mujer a través de los procesos históricos por los que transitó la sociedad cubana en general.
La idea de que la mujer no puede guardar un secreto evidencia un conocimiento estereotipado por tabúes fundamentalmente sociales que desembocan en la invisibilización de la mujer y en la legitimación del hombre como el centro de la sociedad. Este androcrentrismo provocado por la codificación social que desde la familia se asocia con las funciones intrafamiliares de la niña y el niño, explica el por qué de la discriminación de la mujer dentro de este tipo de sociedad, que al igual que la masonería excluyó y excluye a la mujer de todas sus prácticas y rituales.
La violencia simbólica a la cual fue sometida la mujer y que generalmente no se percibe, resulta un elemento crucial en este análisis, debido a que es un mecanismo psicológico que actuó de manera directa en la construcción de lo que significó la mujer para el hombre en la sociedad ñañiga en cuanto a los roles de subordinación, como producto de la división social y sexual del trabajo.
Considero que todo debate con relación a la mujer y a sus derechos dentro de cualquier sociedad secreta provoca una cierta incomodidad e inconformidad por parte de sus participantes, que hasta nuestros días producen y reproducen patrones asociados con el machismo, y donde además el sexismo gana un terreno fundamental en los principios básicos y estatutos de las sociedades secretas de nuestro país.
Convendría pues, de cara al logro de la eliminación de esta discriminación histórica darnos cuenta de la importancia de la mujer dentro de la sociedad cubana en general y otorgarle esos espacios perdidos o nunca encontrados, donde puedan alzar sus voces con total igualdad de derechos.
Bibliografía
• Astelarra, Judith. Libres e Iguales. Sociedad y política desde el feminismo. Ensayo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
• Lamas, Marta. Usos y posibilidades de la categoría género en: http//www. udg. mx/laventana/libr1/lamas.html
• Sabater Palenzuela, Vivian M (Compiladora). Sociedad y Religión. Selección de lecturas. Tomo I. Editorial Félix Varela, La Habana, 2003.
• Proveyer Cervantes, Clotilde (Compiladora).Selección de lecturas de Sociología y Política Social de Género. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005.
El tema de la religión a través de la historia ha sido objeto de debate no solo por los especialitas que laboran en esta temática, sino también de aquellos que sin abordar este aspecto desde una perspectiva científica, han contribuido a enriquecer el conocimiento popular religioso de la sociedad cubana en general.
La religión es el resultado del condicionamiento social imperante en todo tipo de sociedad, que tiene que ver con los modelos económicos, políticos y sociales de cada sociedad en específico; donde la fe, elemento medular, alcanza un valor determinante en la percepción de los creyentes, de ahí que un cierto grado de fe, también conlleva a un cierto grado de creencia en una practica religiosa concreta.
En Cuba existen diferentes religiones como es el caso de la religión católica, y las de carácter protestante en oposición a la fe católica, como son los casos de las iglesias adventistas del séptimo día, pentecostales, episcopales, entre otras. También se encuentran las religiones de sustrato africano como: el palo monte, el espiritismo en todas sus variantes, la santería y la religión abakuá en la cual se centrará el presente análisis.
En todas estas manifestaciones religiosas de alguna u otra forma la mujer ha sido participe de su funcionamiento, con excepción de la religión abakuá, de ahí mi interés en realizar una mirada crítica del fenómeno desde la perspectiva sociológica de género.
Esta religión, que se contempló como sociedad secreta de socorro y ayuda mutua entre hombres __ debo aclarar que en el imaginario popular del cubano en la actualidad se asume como un tipo especifico de religión__. Sus orígenes datan del periodo de la trata por los Ríos del Aceite (Oil River), que comprenden buena parte del vastísimo delta del Níger y las zonas extendidas hacia el sur de éste, hasta las proximidades de la bahía Ambas, ya en el Camerún, se encuentran los primeros los embarcaderos, de donde partieron rumbo a América los carabalíes. Esos embarcaderos fueron Brass, Okrika y Bonny, en el delta del Niger, Owome o Nuevo Calabar y, cerca de la desembocadura de los ríos de la Cruz y Calabar, los poblados ribereños de Ikot Itunko o Ikoritungko y Atakpa, propiamente los del Viejo Calabar denominados por los ingleses, respectivamente, Creek Town y Duke Town.
El Viejo Calabar, ubicado en la provincia nigeriana, fue uno de los principales centros de recepción y embarque de carabalíes, de allí salieron los esclavos de las tres grandes tribus conocidas como: ibo, ibibio y ekoi, y de donde se le atribuye la procedencia a lo que se conoce como el nañiguismo.
Los carabalíes llegaron a constituir uno de los más numerosos, significativos y complejos grupos de africanos que sirvieron a los esclavistas de la colonia de Cuba.
El tráfico de esclavos mezcló a miembros de diferentes etnias africanas, debido a que la servidumbre colonial cubana hizo compleja esta composición, al confundir en los barracones de los ingenios y cafetales a los carabalíes que convivieron con los igualmente complejos lucumíes y bantús, los tres grupos de esclavos mas importantes de Cuba.
En 1836, en el poblado de Regla, frente a la bahía habanera, se creó la primera tierra, potencia, partido, nación o juego ñañigo abakuá que al parecer, fue posible por haber contado con el amparo de un cabildo negro carabali: Appapa efik. Estos cabildos negros fueron autorizados por el gobierno español y debían servir, al registrarse oficialmente como centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana y, al igual que los carabalíes, los hubo lucumíes de otras procedencias étnicas de africanos esclavizados.
Los nombres de estos cabildos junto con los del recuerdo sagrado ñañigo, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros se cuentan, además de Appapa Efik, Carabali Abalo, Carabali Insuamo-Isieque, Carabali Ibó, Carabali Ingré, Carabali Efik… y entre las tierras del ñañiguismo: Efik Buton, la iniciadora, Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí Abakuá, Usagaré Mutanga… Los nombres de los cabildos presentan un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, donde aparecen, insistentemente, efor y efik, la madre y el padre de abakuá según el linaje tradicional ñañigo.
Con el devenir histórico, resultado de los cambios y transformaciones económicas, políticas y sociales, las sociedades ñañigas que en sus inicios estaban constituidas por esclavos de nación, fueron incrementando en sus filas practicantes de diferentes capas sociales, dígase: negros criollos, mulatos y finalmente luego de violentas pugnas, los blancos.
Durante segunda mitad del siglo XIX, ser ñañigo no significaba ser carabali, como tampoco significaba que se fuese negro, pero si se aceptaba el complejo de creencias y se cumplimentaba el ritual que fundamentaba su existencia.
La variedad de calificativos con que los ñañigos generalizaron sus sociedades constituyeron una forma peculiar de coexistencia, identificación y reafirmación para legitimarse como sociedad secreta. En este sentido ellos realizaron desde su concepción del mundo una conceptualización de los diferentes elementos que componían su sistema de creencias. Entre los que se encuentran:
Tierra: El termino como en África, delimita el territorio de acción efectiva de una u otra sociedad; pero, en su más profundo sentido, la tierra es, la africana, donde se ubican los espíritus venerados de los antepasados que asisten a la ceremonia del rito ñañigo.
Potencia: por la fortaleza interna, mágica, de todo lo concerniente a abakuá, la solidaridad de su membresía y el cumplimiento obligatorio de sus leyes, que comienza por el hermetismo protector. La potencia, es el conjunto de objetos sacros y de hombres probados como creyentes valientes y viriles. Sólo lo que sea potente, macho, puede tener acceso a sus secretos.
Juego: por la dramática puesta en escena de lo que se califica, quizás con menos propiedad, representación: la interpretación oscura, multiforme y multicolor de los ritos prescritos con la presencia de los diablitos, toques de tambor, utilería y atuendos.
Los ingleses lo denominan play, con un exacto significado al del juego español, posible reminiscencia de los juegos medievales, aplicados a abakuá en tiempos de colonia.
Nación: por su singularidad originaria, integrada por negros de nación, por carabalíes, por no-cubanos, por esclavos que encontraban una autoreafirmación personal frente a la generalizada hostilidad que les rodea, con su propia jerga, leyes, cultura y hasta tierras.
Partido: también con sentido separatista. Como hubo partidos pro españoles, anexionistas e independentistas en la colonia y otros partidos políticos en la neocolonia, hubo un ñañiguismo partidista que no fue ignorado por los partidos oficiales interesados en captar esa fuerza electoral durante lo mas de cincuenta años de la República neocolonial.
Abakuá se constituyó en un principio por naciones, tierras, potencias, juegos y partidos, con un propósito o fin inicial de afirmación étnica y cultural en una sociedad que los discriminaba. Con posterioridad, al abrirse el ingreso a cubanos de diferentes etnias, como resultado de la abolición de la esclavitud en el periodo correspondiente a 1886, provocó una especie de caos en el interior de las sociedades, debido a que continuó persistiendo el racismo dentro de sus filas.
Los viejos de nación, conocidos como los taitas, se opusieron al ingreso de los blancos, aduciendo que estos adeptos no mantendrían la discreción requerida, y que esto resquebrajaría la autoridad de los jefes y que los secretos trascenderían al dominio público .
De esta manera el Abakuá se convirtió en un refugio para delincuentes, que aprovecharon sus principios básicos de ayuda mutua, para escapar de la persecución oficial. La estigmatización de los mismos durante la segunda mitad del siglo XIX como criminales, provocó la persecución, deportación y el encarcelamiento sin distinción, de muchos de sus practicantes.
En la actualidad, esta religión es refugio para la autoreafirmacion del hombre como el macho, el que más valor tiene, es decir, es un espacio de competencia social, donde los más aptos son los que sobreviven.
Se hace necesario aclarar que un importante número de ñañigos lo constituía el proletariado de las zonas portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas.
La práctica abakuá no pudo mantenerse al margen el proceso histórico, la explotación capitalista de la fuerza de trabajo obrera, la lucha de clases y la enajenante acción divisionista del racismo; por esta razón se plantea al inicio del ensayo que esta religión es el resultado del inevitable condicionamiento social.
De modo general se aprecia como la propia historia de esta religión o sociedad secreta aporta elementos importantes en la comprensión de su funcionamiento y desarrollo en particular.
Ahora bien, ¿cuál fue la situación de la mujer dentro de esta sociedad secreta? ¿ Qué funciones se le atribuyeron en el interior de la misma?
La consideración de la mujer dentro de la religión abakuá, no difería en gran escala de la del esclavo, solo aquellas que pertenecían a las grandes familias, madres de jefes o de hombres ricos, logran disfrutar de una situación mejor que la del resto de ellas.
Cualquier hombre en sus tribus podía tener tantas mujeres como sus medios lo posibilitaran.
La mujer ibo al casarse perdía todos los derechos sobre ella misma o sus posesiones y pasaba a formar parte de las propiedades de su marido con un valor poco superior al de una vaca o una chiva . Como esta era considerada como una mercancía valiosa, la posesión de un gran número de ellas realzaba el prestigio masculino.
La culpa de las mujeres por el fallecimiento del marido, entre los efik, establecía que aquellas fueran inmoladas sobre su tumba para que continuaran sirviéndolo en el mundo de los muertos .
El dominio del hombre sobre la mujer fue mayor entre los conocidos como ibo a diferencia de otras tribus. Allí la mujer no podía tomar la iniciativa para el divorcio, en cambio el hombre podía arrojarla del hogar con dos o tres utensilios de cocina, desposeyéndola de todo derecho, incluso a los hijos.
La sociedad ñañiga no aceptaba a las mujeres entre sus miembros porque éstas según el testimonio de muchos ñañigos son consideradas incapaces de guardar un secreto .
De esta manera se aprecia como en el interior de esta sociedad secreta se discrimina a la mujer en todos los aspectos de la vida cotidiana.
Un análisis crítico desde la perspectiva sociológica de género constituye la clave fundamental para entender y dilucidar algunos elementos importantes en la comprensión de los factores actuantes en esta total discriminación de la mujer dentro de la sociedad reconocida como abakuá.
La perspectiva de género facilita el modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos, y además es una manera de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana .
El patriarcado, sistema de dominación, el cuál consistió en el ejercicio de poder de los hombres sobre las mujeres de manera desigual es uno de los aspectos esenciales para comprender el complejo proceso de discriminación a la que fue sometida la mujer dentro del ñañiguismo.
La familia patriarcal se caracterizó por ser una institución social especifica basada en la organización del trabajo en el hogar, donde el padre de la familia era el que controlaba y distribuía el trabajo , lo que provocó una subordinación creciente por parte de la mujer hacia el hombre, subordinación que aún en la actualidad funciona dentro de la sociedad cubana abakuá.
La distribución de roles también es un elemento importante para entender y analizar esta problemática. La mujer quedó relegada al espacio privado, es decir a las labores hogareñas y el hombre incrementó su participación en los espacios públicos, como resultado de los estereotipos construidos alrededor de la mujer a través de los procesos históricos por los que transitó la sociedad cubana en general.
La idea de que la mujer no puede guardar un secreto evidencia un conocimiento estereotipado por tabúes fundamentalmente sociales que desembocan en la invisibilización de la mujer y en la legitimación del hombre como el centro de la sociedad. Este androcrentrismo provocado por la codificación social que desde la familia se asocia con las funciones intrafamiliares de la niña y el niño, explica el por qué de la discriminación de la mujer dentro de este tipo de sociedad, que al igual que la masonería excluyó y excluye a la mujer de todas sus prácticas y rituales.
La violencia simbólica a la cual fue sometida la mujer y que generalmente no se percibe, resulta un elemento crucial en este análisis, debido a que es un mecanismo psicológico que actuó de manera directa en la construcción de lo que significó la mujer para el hombre en la sociedad ñañiga en cuanto a los roles de subordinación, como producto de la división social y sexual del trabajo.
Considero que todo debate con relación a la mujer y a sus derechos dentro de cualquier sociedad secreta provoca una cierta incomodidad e inconformidad por parte de sus participantes, que hasta nuestros días producen y reproducen patrones asociados con el machismo, y donde además el sexismo gana un terreno fundamental en los principios básicos y estatutos de las sociedades secretas de nuestro país.
Convendría pues, de cara al logro de la eliminación de esta discriminación histórica darnos cuenta de la importancia de la mujer dentro de la sociedad cubana en general y otorgarle esos espacios perdidos o nunca encontrados, donde puedan alzar sus voces con total igualdad de derechos.
Bibliografía
• Astelarra, Judith. Libres e Iguales. Sociedad y política desde el feminismo. Ensayo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
• Lamas, Marta. Usos y posibilidades de la categoría género en: http//www. udg. mx/laventana/libr1/lamas.html
• Sabater Palenzuela, Vivian M (Compiladora). Sociedad y Religión. Selección de lecturas. Tomo I. Editorial Félix Varela, La Habana, 2003.
• Proveyer Cervantes, Clotilde (Compiladora).Selección de lecturas de Sociología y Política Social de Género. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005.
jueves, 7 de agosto de 2008
Mujeres cubanas en el Olimpo.
Por Daniel Alejandro Fernández González
Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.
Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.
Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)
Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.
Por Daniel Alejandro Fernández González
Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.
Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.
Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)
Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.
Deporte oro plata bronce total
Judo 4 5 9 18
Atletismo 4 3 6 13
Voleibol 3 0 1 4
Taekwondo 0 2 0 2
total de medallas 11 10 16 37
En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.
En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.
Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37
Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.
Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.
-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.
-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.
- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.
- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.
-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.
En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.
En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.
Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37
Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.
Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.
-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.
-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.
- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.
- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.
-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.
Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.
Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.
Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)
Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.
Por Daniel Alejandro Fernández González
Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.
Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.
Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)
Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.
Deporte oro plata bronce total
Judo 4 5 9 18
Atletismo 4 3 6 13
Voleibol 3 0 1 4
Taekwondo 0 2 0 2
total de medallas 11 10 16 37
En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.
En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.
Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37
Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.
Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.
-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.
-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.
- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.
- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.
-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.
En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.
En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.
Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37
Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.
Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.
-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.
-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.
- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.
- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.
-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.
martes, 3 de junio de 2008
Géneros prófugos: La violencia en los medios de comunicación
Las principales manifestaciones de la violencia son las que ejercen: los hombres sobre mujeres, otros hombres y sobre si mismo. Los medios de comunicación no han estado ajenos a este fenómeno ya que desde ellos se han promovido de forma inconsciente y consiente los estereotipos que marcan esta realidad en la sociedad global, teniendo gran responsabilidad en la construcción de un modelo de masculinidad hegemónica.
Uno de los mitos más habituales que vemos en los medios es el de la masculinidad violenta sustentada desde el consumo de prácticas de riesgos para los hombres, los cuales muchas veces asumirán los comportamientos de los mitos que se les exhibe.
Hoy en día se insiste en la capacidad que tiene la llamada industria cultural para crear nuevos paradigmas de comportamiento que no alejan a hombres y mujeres de inequidades de género y recurren a la violencia como una forma de legitimarse. Desde la música, el deporte y otras manifestaciones se ofrece la idea que la libertad individual debe violentar canones establecidos y uno de ellos es que las mujeres deben parecerse a los hombres en cuanto a su agresividad y violencia.
Estas conductas han llevado en muchos casos a la masculinidad y los hombres a una crisis. Entonces porqué repetir la fórmula que la equidad supone ser miméticos hombres y mujeres. Es útil repasar asimismo la retórica de la libertad en función de nuevos modelos hegemónicos. Cambiemos los paradigmas violentos que funcionan como único patrón posible de comportamiento humano.
La legitimación de la violencia como forma de comportamiento humano ha tenido en el diseño de género un papel fundamental. Por eso cambiar las prácticas discursivas desde los medios es una tarea fundamental que no es ajena al ámbito artístico y sus creadores.
La categoría género no puede ser prófuga de los programas de justicia social donde la cultura y los medios de comunicación son fundamentales. En los tema de violencia el silencio nos hace cómplice.
Uno de los mitos más habituales que vemos en los medios es el de la masculinidad violenta sustentada desde el consumo de prácticas de riesgos para los hombres, los cuales muchas veces asumirán los comportamientos de los mitos que se les exhibe.
Hoy en día se insiste en la capacidad que tiene la llamada industria cultural para crear nuevos paradigmas de comportamiento que no alejan a hombres y mujeres de inequidades de género y recurren a la violencia como una forma de legitimarse. Desde la música, el deporte y otras manifestaciones se ofrece la idea que la libertad individual debe violentar canones establecidos y uno de ellos es que las mujeres deben parecerse a los hombres en cuanto a su agresividad y violencia.
Estas conductas han llevado en muchos casos a la masculinidad y los hombres a una crisis. Entonces porqué repetir la fórmula que la equidad supone ser miméticos hombres y mujeres. Es útil repasar asimismo la retórica de la libertad en función de nuevos modelos hegemónicos. Cambiemos los paradigmas violentos que funcionan como único patrón posible de comportamiento humano.
La legitimación de la violencia como forma de comportamiento humano ha tenido en el diseño de género un papel fundamental. Por eso cambiar las prácticas discursivas desde los medios es una tarea fundamental que no es ajena al ámbito artístico y sus creadores.
La categoría género no puede ser prófuga de los programas de justicia social donde la cultura y los medios de comunicación son fundamentales. En los tema de violencia el silencio nos hace cómplice.
Etiquetas:
genero,
masculinidades,
medios de comunicacion,
violencia
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