jueves, 25 de diciembre de 2008

Entrevista al fotógrafo remediano Noly



**Cúando comenzastes en la fotografía ???
¡¡Me inicie muy jóven pues veía a mi papa en sus proyectos fotográficos .....
**Dónde se pueden localizar fotos tuyas ???
!!En la Galería Leopoldo Romañách en la ciudad de Caibarién ....
**Cúando será tu proxima expo ???
!!en enero para la red Iberoámericana de Masculinidades ....

foto desde remedios


Desde la ciudad de Remedios el fotógrafo Noly nos envía una contribución para nuestra Red.

MUCHAS GRACIAS !!!!

lunes, 17 de noviembre de 2008

Macho tropical o machos en “La Tropical”.Estereotipos masculinos que van más allá de la apariencia.

Por Maikel Colón Pichardo

En La Habana, Cuba, quien no conoce El Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”, que cubano, y porque no, de otros lugares del mundo, no ha movido sus caderas en esta plaza bailable la cual ha acogido a varias de las orquestas y músicos prestigiosos de la escena musical cubana de todos los tiempos, que a golpe de tambores, trompetas, de coros, en fin, de la buena música popular bailable, han hecho eco en varias generaciones de cubanos.

En los tiempos que corren, en donde se han impuesto otros estilos y gustos musicales, también “La Tropical”, como la conocemos todos, ha servido de escenario a disímiles manifestaciones. Peñas de rock, música electrónica y la llamada música fusión, también han tenido su espacio, y por supuesto que no podemos olvidar, a uno de los ritmos que ha contagiado a una gran parte del público “farandulero” de estos tiempos, el reggueton.

Pudiéramos pensar que todas estas manifestaciones a las que hemos hecho referencia son diferentes, y por supuesto, que estamos en lo cierto. De todas formas, lo que si hay que tener bien claro, es que en esta plaza bailable, sea timba, reggueton, sea rock, sea música electrónica, los hombres reproducen todos los patrones a los que están acostumbrados, por que hay que ser hombres y nada más. Sin embargo, muchas veces asumimos que en un espacio u otro se reproduce un estereotipo de hombre determinado. A los ojos de la sociedad, unos de un tipo, otros quien sabe, y así son tantas las fabulaciones y nos olvidamos, que efectivamente, como sugeríamos en el titulo, las apariencias engañan.

Sería bueno entonces adentrarnos un poco más a fondo en esta problemática y establecer una serie de juicios y criterios que al fin y al cabo nos hagan reflexionar para poder al final, como dijera uno de nuestros presentadores de televisión, sacar nuestras propias conclusiones.


Juntos pero no revueltos.

Esta es una frase que se acuña mucho dentro de los seguidores de la música popular, la timba, o el reggueton. Aquí, en “La Tropical”, se respira un aire de hombría extrema. Entre tragos, que se beben a pico de botella, los coros de las canciones que sugieren una conquista eterna y que validan los espacios masculinos: “donde están las mami que vengan a buscar su papi”, las broncas tumultuarias en las que se pretende mostrar la hegemonía. Son estas algunas de las dinámicas que mueven a los hombres, como los etiqueta la sociedad, a “los reparteros”, dentro de esta plaza bailable, casi un santuario, en donde pugnan por sentirse más hombres.

Los buenos bailadores, los que tienen más dinero, los que muestran sus cadenas, sus atuendos de oro. Alcohol, dinero, mujeres, violencia. Esto es lo que se vive en algunos de los grandes conciertos que nos brinda nuestro Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”. Un espacio en donde muchos hombres van a probarse, a demostrarse a sí mismos cuan hombres pueden ser, cuanto alcohol pueden beber, cuantas mujeres pueden conquistar, cuantas broncas pueden tener, cuanta violencia pueden generar.

En realidad son muchos los estereotipos masculinos que allí se promueven. Muchos de ellos estimulados por la construcción de ese modelo hegemónico dentro del que están presos. Muchos en este sentido son los calificativos al respecto. Hoy día, una invitación a un lugar como este supone cierto recelo. Hay quienes piensan en el populacho, quienes por desgracia, asocian este fenómeno a la marginalidad. No es interés nuestro abordar un fenómeno como tal, pero es bueno tener claro que aquí simplemente están convocados hombres y mujeres, de todos los estratos, de todos lo barrios y de todos los colores.

Creo que aquí, si estamos en presencia de un buen ajiaco, con todos lo ingredientes habidos y por haber, solo que en un intento de, una vez más, marcar el territorio masculino, porque aún cuando muchas mujeres hacen justa presencia en este lugar, reproducen muchos de los códigos masculinos que allí se promueven, y por desgracia son capaces de validarlos, pues, justamente, se interesan por los más bravos, los que de verdad demuestren cuan hombres pueden llegar a ser.

Esa es una de las razones por las que ahí mandan los hombres, fiel reflejo de la famosa canción “en mi casa la que manda es mi mujer”, porque fuera, dígase en este caso, “La Tropical”, aquí se manifiestan dueños del espacio, los grandes conquistadores, los que controlan y delimitan en la pista de baile, los proveedores de alcohol, de drogas, de cigarros, los que incitan al sexo. Los que en una verdadera demostración de hombría gritan a la par de los coros que imponen las orquestas.

En reiteradas ocasiones escuchamos: “quienes son los que mandan las mujeres o los hombres”. Las mujeres con grito angelical, alegan, las mujeres, los hombres con un chiflido, en una postura propia de machos, replican, los hombres. Y así se hacen sentir, dueños de la situación y con un apoyo importante de los músicos, quienes tampoco escapan a esta realidad, quienes también se muestran como machos hegemónicos, poniendo sus melodías y sus incesantes frases a sus pies, en beneficio propio.

Recordaba cómo uno de los cantantes de la popular orquesta Charanga Habanera, cuyo director David Calzado, estaba en el centro de la construcción de esa hombría, parafraseaba en una de las populares canciones de la orquesta, refiriéndose a las mujeres: “búscate un “temba” como Calzado, que tiene carro, que tiene hierba, que tiene juaniquiqui (dinero), y hasta una bicicleta”. Imagínense. Esto es lo que allí se promueve, se socializa, para la validación de estereotipos masculinos.


Harinas de otro costal.

Como ya habíamos comentado al inicio, en esta plaza, también se muestran en escena otras manifestaciones, como el rock y la música electrónica, entre otras. Sabemos que aquí prevalecen las ropas oscuras, de las que hacen gala los rockeros, el pelo largo, sugeriríamos, atrevidamente, otro tipo de masculinidades.

Por otro lado, la música electrónica atrae a los llamados “Emos”, o a los denominados metrosexuales . Aquí existen otras estéticas, o bien otros códigos. Ahora, las conductas de estos otros hombres no difieren mucho. Los hombres aquí también marcan su territorio, se muestran como “supermachos” ante las mujeres, beben alcohol para demostrar también cuán hombres pueden ser. Llevar las riendas en ellos no es tan diferente como muchos quieren hacernos ver.

Entre ellos también existe una lucha constante por demostrar quien es más hombre, quien lleva la voz cantante. Realmente no existe diferencia alguna. El escuchar rock o música electrónica no los aleja de un modelo de masculinidad que se proyecta entre los hombres en Cuba.

Muchas veces sucede que la música que escuchan lleva implícita en sus mensajes otras dinámicas, lo cual no significa que les sean ajena en el sentido de demostrar la hombría: conquistadores de mujeres, generadores de violencia, combinando su estética rockera, sus actitudes de “emo”, metrosexuales, con la reproducción de estereotipos masculinos de típicos hombres cubanos, los cuales deben prevalecer bajo cualquier circunstancia, porque como ya apuntábamos, hay que tener bien claro que hay que ser
hombre, y donde sino, que en la plaza bailable por excelencia del público habanero “La Tropical”.


Ni juntos ni revueltos, ni harina de otro costal.

Estamos ante dos públicos diferentes. Unos alegan que esos rockeros, esos “peluos” (pelo largo), para nada representan ninguna hombría, que sus atuendos, sus “pintas” (modas), difieren mucho de lo que realmente se necesita para ser hombre en Cuba. Incluso se pone en duda su heterosexualidad, pero mejor no entremos en el campo de la sexualidad, aunque sea necesaria mencionarla. Este y muchos otros calificativos hacen gala en las referencias a “esos otros”.

En algún sentido existen muchos factores que influyen en tales posiciones. Nuestra cultura ha impuesto siempre este tipo de criterios sobre “ese otro”. Muchos de los grandes pensadores cubanos de periodos fundacionales, también dejaron sus huellas, sus criterios al respecto. Algunos como el presbítero José Agustín Caballero para el Papel Periódico de La Habana en su “Carta crítica del hombre mujer”, escribió algunas palabras que a decir del investigador Julio César González Pagés, se manifestó como uno de nuestros primeros pensadores que construyeron la masculinidad de una nación sobre la base de exclusiones de aquellos que no cumplan con algunos requisitos.

Estos denominados “reparteros” por su parte, también están en la mira de las críticas de “esos otros”. A muchos los ven como incivilizados, que están parados en el tiempo, que en todo momento generan violencia y no disfrutan de la música. Que están descontinuados porque quieren resolver sus problemas a golpes, a navajazos. Pensar esto es la manera más práctica que han encontrado para auto defenderse de aquellos que atacan su hombría, su masculinidad.

Estos dos discursos, parecen a la vista de todos, diametralmente opuestos, pero como exponíamos al principio, es solo una insinuación para demostrar dónde está la hegemonía. Ahora, no nos engañemos. Ambos son reproductores de estereotipos masculinos que se validan a través de la práctica diaria, donde unos en su espacio, otros en el de ellos, hacen gala de tales comportamientos masculinos. Esa hombría extrema, donde la violencia, fundamentalmente, da en demostrar hasta donde son capaces de llegar, pues sencillamente la ejercen sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre ellos mismos , pero irónicamente confluyen en un mismo lugar, un lugar que al parecer fue construido para este fin, para que los hombres “timberos”, “reparteros”, “regguetoneros”, “rockeros”, “emos”,
“metrosexuales”, validen su hombría, su masculinidad.

Este es un fenómeno que ponemos a conocimiento de todos ustedes, con muchas intenciones, quizás. Ahora, estoy seguro, que al igual que en “La Tropical”, otras de las tantas plazas bailables de Cuba, y de otros contextos latinoamericanos, no escapan a esta realidad, y realmente sería buena una mirada desde otros países a un fenómeno como tal. Pero más allá de cualquier intento de mi parte de poner en mis palabras, en mis reflexiones, una problemática que pudiera llamar la atención, los invito a El Salón Rosado de La Tropical “Benny More”, plaza bailable de Cuba, del mundo, de La Habana, la que bien dicen en llamar “la capital de todos los cubanos” y al parecer no así de las cubanas.

citas y notas


1- La socióloga Mayra Espina del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), ha hecho grandes aportes sobre esta problemática. Ver Mayra Espina Prieto. “Comentarios sobre el concepto de marginalidad en la sociología”. En Catauro, Revista Cubana de Antropología, Año.7, No.13, La Habana, enero-junio de 2006, pp.25-30.

2- El antropólogo australiano Robert W. Connell, uno de los grandes estudiosos de la masculinidad, ha insistido en demostrar la existencia de una multiplicidad de masculinidades. Ver Robert W. Connell. “La organización social de la masculinidad”. En Teresa Valdez y José Olavarria. Masculinidad/es. Poder y crisis. Santiago de Chile, Isis Internacional/FLACSO, 1997, pp.31-49.

3- Sobre estas temáticas Ver Yonnier Angulo Rodríguez. “Jóvenes emos: una masculinidad polémica”; “Metrosexualidad: supremacía o sumisión”. En www.redmasculinidades.com

4- Ver Julio César González Pagés. “Feminismo y masculinidad: ¿mujeres contra hombres? En Temas, No.37-38, La Habana, abril-septiembre de 2004, p.10

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La Religión Abakuá y su papel en la discriminación de género. Un análisis critico desde la Sociología.

Por Carlos Tomás Martínez Romero.


El tema de la religión a través de la historia ha sido objeto de debate no solo por los especialitas que laboran en esta temática, sino también de aquellos que sin abordar este aspecto desde una perspectiva científica, han contribuido a enriquecer el conocimiento popular religioso de la sociedad cubana en general.

La religión es el resultado del condicionamiento social imperante en todo tipo de sociedad, que tiene que ver con los modelos económicos, políticos y sociales de cada sociedad en específico; donde la fe, elemento medular, alcanza un valor determinante en la percepción de los creyentes, de ahí que un cierto grado de fe, también conlleva a un cierto grado de creencia en una practica religiosa concreta.

En Cuba existen diferentes religiones como es el caso de la religión católica, y las de carácter protestante en oposición a la fe católica, como son los casos de las iglesias adventistas del séptimo día, pentecostales, episcopales, entre otras. También se encuentran las religiones de sustrato africano como: el palo monte, el espiritismo en todas sus variantes, la santería y la religión abakuá en la cual se centrará el presente análisis.

En todas estas manifestaciones religiosas de alguna u otra forma la mujer ha sido participe de su funcionamiento, con excepción de la religión abakuá, de ahí mi interés en realizar una mirada crítica del fenómeno desde la perspectiva sociológica de género.

Esta religión, que se contempló como sociedad secreta de socorro y ayuda mutua entre hombres __ debo aclarar que en el imaginario popular del cubano en la actualidad se asume como un tipo especifico de religión__. Sus orígenes datan del periodo de la trata por los Ríos del Aceite (Oil River), que comprenden buena parte del vastísimo delta del Níger y las zonas extendidas hacia el sur de éste, hasta las proximidades de la bahía Ambas, ya en el Camerún, se encuentran los primeros los embarcaderos, de donde partieron rumbo a América los carabalíes. Esos embarcaderos fueron Brass, Okrika y Bonny, en el delta del Niger, Owome o Nuevo Calabar y, cerca de la desembocadura de los ríos de la Cruz y Calabar, los poblados ribereños de Ikot Itunko o Ikoritungko y Atakpa, propiamente los del Viejo Calabar denominados por los ingleses, respectivamente, Creek Town y Duke Town.

El Viejo Calabar, ubicado en la provincia nigeriana, fue uno de los principales centros de recepción y embarque de carabalíes, de allí salieron los esclavos de las tres grandes tribus conocidas como: ibo, ibibio y ekoi, y de donde se le atribuye la procedencia a lo que se conoce como el nañiguismo.

Los carabalíes llegaron a constituir uno de los más numerosos, significativos y complejos grupos de africanos que sirvieron a los esclavistas de la colonia de Cuba.
El tráfico de esclavos mezcló a miembros de diferentes etnias africanas, debido a que la servidumbre colonial cubana hizo compleja esta composición, al confundir en los barracones de los ingenios y cafetales a los carabalíes que convivieron con los igualmente complejos lucumíes y bantús, los tres grupos de esclavos mas importantes de Cuba.
En 1836, en el poblado de Regla, frente a la bahía habanera, se creó la primera tierra, potencia, partido, nación o juego ñañigo abakuá que al parecer, fue posible por haber contado con el amparo de un cabildo negro carabali: Appapa efik. Estos cabildos negros fueron autorizados por el gobierno español y debían servir, al registrarse oficialmente como centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana y, al igual que los carabalíes, los hubo lucumíes de otras procedencias étnicas de africanos esclavizados.
Los nombres de estos cabildos junto con los del recuerdo sagrado ñañigo, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros se cuentan, además de Appapa Efik, Carabali Abalo, Carabali Insuamo-Isieque, Carabali Ibó, Carabali Ingré, Carabali Efik… y entre las tierras del ñañiguismo: Efik Buton, la iniciadora, Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí Abakuá, Usagaré Mutanga… Los nombres de los cabildos presentan un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, donde aparecen, insistentemente, efor y efik, la madre y el padre de abakuá según el linaje tradicional ñañigo.

Con el devenir histórico, resultado de los cambios y transformaciones económicas, políticas y sociales, las sociedades ñañigas que en sus inicios estaban constituidas por esclavos de nación, fueron incrementando en sus filas practicantes de diferentes capas sociales, dígase: negros criollos, mulatos y finalmente luego de violentas pugnas, los blancos.
Durante segunda mitad del siglo XIX, ser ñañigo no significaba ser carabali, como tampoco significaba que se fuese negro, pero si se aceptaba el complejo de creencias y se cumplimentaba el ritual que fundamentaba su existencia.

La variedad de calificativos con que los ñañigos generalizaron sus sociedades constituyeron una forma peculiar de coexistencia, identificación y reafirmación para legitimarse como sociedad secreta. En este sentido ellos realizaron desde su concepción del mundo una conceptualización de los diferentes elementos que componían su sistema de creencias. Entre los que se encuentran:

Tierra: El termino como en África, delimita el territorio de acción efectiva de una u otra sociedad; pero, en su más profundo sentido, la tierra es, la africana, donde se ubican los espíritus venerados de los antepasados que asisten a la ceremonia del rito ñañigo.

Potencia: por la fortaleza interna, mágica, de todo lo concerniente a abakuá, la solidaridad de su membresía y el cumplimiento obligatorio de sus leyes, que comienza por el hermetismo protector. La potencia, es el conjunto de objetos sacros y de hombres probados como creyentes valientes y viriles. Sólo lo que sea potente, macho, puede tener acceso a sus secretos.

Juego: por la dramática puesta en escena de lo que se califica, quizás con menos propiedad, representación: la interpretación oscura, multiforme y multicolor de los ritos prescritos con la presencia de los diablitos, toques de tambor, utilería y atuendos.
Los ingleses lo denominan play, con un exacto significado al del juego español, posible reminiscencia de los juegos medievales, aplicados a abakuá en tiempos de colonia.

Nación: por su singularidad originaria, integrada por negros de nación, por carabalíes, por no-cubanos, por esclavos que encontraban una autoreafirmación personal frente a la generalizada hostilidad que les rodea, con su propia jerga, leyes, cultura y hasta tierras.

Partido: también con sentido separatista. Como hubo partidos pro españoles, anexionistas e independentistas en la colonia y otros partidos políticos en la neocolonia, hubo un ñañiguismo partidista que no fue ignorado por los partidos oficiales interesados en captar esa fuerza electoral durante lo mas de cincuenta años de la República neocolonial.

Abakuá se constituyó en un principio por naciones, tierras, potencias, juegos y partidos, con un propósito o fin inicial de afirmación étnica y cultural en una sociedad que los discriminaba. Con posterioridad, al abrirse el ingreso a cubanos de diferentes etnias, como resultado de la abolición de la esclavitud en el periodo correspondiente a 1886, provocó una especie de caos en el interior de las sociedades, debido a que continuó persistiendo el racismo dentro de sus filas.
Los viejos de nación, conocidos como los taitas, se opusieron al ingreso de los blancos, aduciendo que estos adeptos no mantendrían la discreción requerida, y que esto resquebrajaría la autoridad de los jefes y que los secretos trascenderían al dominio público .

De esta manera el Abakuá se convirtió en un refugio para delincuentes, que aprovecharon sus principios básicos de ayuda mutua, para escapar de la persecución oficial. La estigmatización de los mismos durante la segunda mitad del siglo XIX como criminales, provocó la persecución, deportación y el encarcelamiento sin distinción, de muchos de sus practicantes.

En la actualidad, esta religión es refugio para la autoreafirmacion del hombre como el macho, el que más valor tiene, es decir, es un espacio de competencia social, donde los más aptos son los que sobreviven.

Se hace necesario aclarar que un importante número de ñañigos lo constituía el proletariado de las zonas portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas.

La práctica abakuá no pudo mantenerse al margen el proceso histórico, la explotación capitalista de la fuerza de trabajo obrera, la lucha de clases y la enajenante acción divisionista del racismo; por esta razón se plantea al inicio del ensayo que esta religión es el resultado del inevitable condicionamiento social.

De modo general se aprecia como la propia historia de esta religión o sociedad secreta aporta elementos importantes en la comprensión de su funcionamiento y desarrollo en particular.

Ahora bien, ¿cuál fue la situación de la mujer dentro de esta sociedad secreta? ¿ Qué funciones se le atribuyeron en el interior de la misma?

La consideración de la mujer dentro de la religión abakuá, no difería en gran escala de la del esclavo, solo aquellas que pertenecían a las grandes familias, madres de jefes o de hombres ricos, logran disfrutar de una situación mejor que la del resto de ellas.
Cualquier hombre en sus tribus podía tener tantas mujeres como sus medios lo posibilitaran.

La mujer ibo al casarse perdía todos los derechos sobre ella misma o sus posesiones y pasaba a formar parte de las propiedades de su marido con un valor poco superior al de una vaca o una chiva . Como esta era considerada como una mercancía valiosa, la posesión de un gran número de ellas realzaba el prestigio masculino.

La culpa de las mujeres por el fallecimiento del marido, entre los efik, establecía que aquellas fueran inmoladas sobre su tumba para que continuaran sirviéndolo en el mundo de los muertos .

El dominio del hombre sobre la mujer fue mayor entre los conocidos como ibo a diferencia de otras tribus. Allí la mujer no podía tomar la iniciativa para el divorcio, en cambio el hombre podía arrojarla del hogar con dos o tres utensilios de cocina, desposeyéndola de todo derecho, incluso a los hijos.

La sociedad ñañiga no aceptaba a las mujeres entre sus miembros porque éstas según el testimonio de muchos ñañigos son consideradas incapaces de guardar un secreto .

De esta manera se aprecia como en el interior de esta sociedad secreta se discrimina a la mujer en todos los aspectos de la vida cotidiana.

Un análisis crítico desde la perspectiva sociológica de género constituye la clave fundamental para entender y dilucidar algunos elementos importantes en la comprensión de los factores actuantes en esta total discriminación de la mujer dentro de la sociedad reconocida como abakuá.

La perspectiva de género facilita el modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos, y además es una manera de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana .

El patriarcado, sistema de dominación, el cuál consistió en el ejercicio de poder de los hombres sobre las mujeres de manera desigual es uno de los aspectos esenciales para comprender el complejo proceso de discriminación a la que fue sometida la mujer dentro del ñañiguismo.
La familia patriarcal se caracterizó por ser una institución social especifica basada en la organización del trabajo en el hogar, donde el padre de la familia era el que controlaba y distribuía el trabajo , lo que provocó una subordinación creciente por parte de la mujer hacia el hombre, subordinación que aún en la actualidad funciona dentro de la sociedad cubana abakuá.

La distribución de roles también es un elemento importante para entender y analizar esta problemática. La mujer quedó relegada al espacio privado, es decir a las labores hogareñas y el hombre incrementó su participación en los espacios públicos, como resultado de los estereotipos construidos alrededor de la mujer a través de los procesos históricos por los que transitó la sociedad cubana en general.

La idea de que la mujer no puede guardar un secreto evidencia un conocimiento estereotipado por tabúes fundamentalmente sociales que desembocan en la invisibilización de la mujer y en la legitimación del hombre como el centro de la sociedad. Este androcrentrismo provocado por la codificación social que desde la familia se asocia con las funciones intrafamiliares de la niña y el niño, explica el por qué de la discriminación de la mujer dentro de este tipo de sociedad, que al igual que la masonería excluyó y excluye a la mujer de todas sus prácticas y rituales.

La violencia simbólica a la cual fue sometida la mujer y que generalmente no se percibe, resulta un elemento crucial en este análisis, debido a que es un mecanismo psicológico que actuó de manera directa en la construcción de lo que significó la mujer para el hombre en la sociedad ñañiga en cuanto a los roles de subordinación, como producto de la división social y sexual del trabajo.

Considero que todo debate con relación a la mujer y a sus derechos dentro de cualquier sociedad secreta provoca una cierta incomodidad e inconformidad por parte de sus participantes, que hasta nuestros días producen y reproducen patrones asociados con el machismo, y donde además el sexismo gana un terreno fundamental en los principios básicos y estatutos de las sociedades secretas de nuestro país.


Convendría pues, de cara al logro de la eliminación de esta discriminación histórica darnos cuenta de la importancia de la mujer dentro de la sociedad cubana en general y otorgarle esos espacios perdidos o nunca encontrados, donde puedan alzar sus voces con total igualdad de derechos.





Bibliografía

• Astelarra, Judith. Libres e Iguales. Sociedad y política desde el feminismo. Ensayo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
• Lamas, Marta. Usos y posibilidades de la categoría género en: http//www. udg. mx/laventana/libr1/lamas.html
• Sabater Palenzuela, Vivian M (Compiladora). Sociedad y Religión. Selección de lecturas. Tomo I. Editorial Félix Varela, La Habana, 2003.
• Proveyer Cervantes, Clotilde (Compiladora).Selección de lecturas de Sociología y Política Social de Género. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005.

La Religión Abakuá y su papel en la discriminación de género. Un análisis critico desde la Sociología.

Por Carlos Tomás Martínez Romero.


El tema de la religión a través de la historia ha sido objeto de debate no solo por los especialitas que laboran en esta temática, sino también de aquellos que sin abordar este aspecto desde una perspectiva científica, han contribuido a enriquecer el conocimiento popular religioso de la sociedad cubana en general.

La religión es el resultado del condicionamiento social imperante en todo tipo de sociedad, que tiene que ver con los modelos económicos, políticos y sociales de cada sociedad en específico; donde la fe, elemento medular, alcanza un valor determinante en la percepción de los creyentes, de ahí que un cierto grado de fe, también conlleva a un cierto grado de creencia en una practica religiosa concreta.

En Cuba existen diferentes religiones como es el caso de la religión católica, y las de carácter protestante en oposición a la fe católica, como son los casos de las iglesias adventistas del séptimo día, pentecostales, episcopales, entre otras. También se encuentran las religiones de sustrato africano como: el palo monte, el espiritismo en todas sus variantes, la santería y la religión abakuá en la cual se centrará el presente análisis.

En todas estas manifestaciones religiosas de alguna u otra forma la mujer ha sido participe de su funcionamiento, con excepción de la religión abakuá, de ahí mi interés en realizar una mirada crítica del fenómeno desde la perspectiva sociológica de género.

Esta religión, que se contempló como sociedad secreta de socorro y ayuda mutua entre hombres __ debo aclarar que en el imaginario popular del cubano en la actualidad se asume como un tipo especifico de religión__. Sus orígenes datan del periodo de la trata por los Ríos del Aceite (Oil River), que comprenden buena parte del vastísimo delta del Níger y las zonas extendidas hacia el sur de éste, hasta las proximidades de la bahía Ambas, ya en el Camerún, se encuentran los primeros los embarcaderos, de donde partieron rumbo a América los carabalíes. Esos embarcaderos fueron Brass, Okrika y Bonny, en el delta del Niger, Owome o Nuevo Calabar y, cerca de la desembocadura de los ríos de la Cruz y Calabar, los poblados ribereños de Ikot Itunko o Ikoritungko y Atakpa, propiamente los del Viejo Calabar denominados por los ingleses, respectivamente, Creek Town y Duke Town.

El Viejo Calabar, ubicado en la provincia nigeriana, fue uno de los principales centros de recepción y embarque de carabalíes, de allí salieron los esclavos de las tres grandes tribus conocidas como: ibo, ibibio y ekoi, y de donde se le atribuye la procedencia a lo que se conoce como el nañiguismo.

Los carabalíes llegaron a constituir uno de los más numerosos, significativos y complejos grupos de africanos que sirvieron a los esclavistas de la colonia de Cuba.
El tráfico de esclavos mezcló a miembros de diferentes etnias africanas, debido a que la servidumbre colonial cubana hizo compleja esta composición, al confundir en los barracones de los ingenios y cafetales a los carabalíes que convivieron con los igualmente complejos lucumíes y bantús, los tres grupos de esclavos mas importantes de Cuba.
En 1836, en el poblado de Regla, frente a la bahía habanera, se creó la primera tierra, potencia, partido, nación o juego ñañigo abakuá que al parecer, fue posible por haber contado con el amparo de un cabildo negro carabali: Appapa efik. Estos cabildos negros fueron autorizados por el gobierno español y debían servir, al registrarse oficialmente como centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana y, al igual que los carabalíes, los hubo lucumíes de otras procedencias étnicas de africanos esclavizados.
Los nombres de estos cabildos junto con los del recuerdo sagrado ñañigo, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros se cuentan, además de Appapa Efik, Carabali Abalo, Carabali Insuamo-Isieque, Carabali Ibó, Carabali Ingré, Carabali Efik… y entre las tierras del ñañiguismo: Efik Buton, la iniciadora, Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí Abakuá, Usagaré Mutanga… Los nombres de los cabildos presentan un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, donde aparecen, insistentemente, efor y efik, la madre y el padre de abakuá según el linaje tradicional ñañigo.

Con el devenir histórico, resultado de los cambios y transformaciones económicas, políticas y sociales, las sociedades ñañigas que en sus inicios estaban constituidas por esclavos de nación, fueron incrementando en sus filas practicantes de diferentes capas sociales, dígase: negros criollos, mulatos y finalmente luego de violentas pugnas, los blancos.
Durante segunda mitad del siglo XIX, ser ñañigo no significaba ser carabali, como tampoco significaba que se fuese negro, pero si se aceptaba el complejo de creencias y se cumplimentaba el ritual que fundamentaba su existencia.

La variedad de calificativos con que los ñañigos generalizaron sus sociedades constituyeron una forma peculiar de coexistencia, identificación y reafirmación para legitimarse como sociedad secreta. En este sentido ellos realizaron desde su concepción del mundo una conceptualización de los diferentes elementos que componían su sistema de creencias. Entre los que se encuentran:

Tierra: El termino como en África, delimita el territorio de acción efectiva de una u otra sociedad; pero, en su más profundo sentido, la tierra es, la africana, donde se ubican los espíritus venerados de los antepasados que asisten a la ceremonia del rito ñañigo.

Potencia: por la fortaleza interna, mágica, de todo lo concerniente a abakuá, la solidaridad de su membresía y el cumplimiento obligatorio de sus leyes, que comienza por el hermetismo protector. La potencia, es el conjunto de objetos sacros y de hombres probados como creyentes valientes y viriles. Sólo lo que sea potente, macho, puede tener acceso a sus secretos.

Juego: por la dramática puesta en escena de lo que se califica, quizás con menos propiedad, representación: la interpretación oscura, multiforme y multicolor de los ritos prescritos con la presencia de los diablitos, toques de tambor, utilería y atuendos.
Los ingleses lo denominan play, con un exacto significado al del juego español, posible reminiscencia de los juegos medievales, aplicados a abakuá en tiempos de colonia.

Nación: por su singularidad originaria, integrada por negros de nación, por carabalíes, por no-cubanos, por esclavos que encontraban una autoreafirmación personal frente a la generalizada hostilidad que les rodea, con su propia jerga, leyes, cultura y hasta tierras.

Partido: también con sentido separatista. Como hubo partidos pro españoles, anexionistas e independentistas en la colonia y otros partidos políticos en la neocolonia, hubo un ñañiguismo partidista que no fue ignorado por los partidos oficiales interesados en captar esa fuerza electoral durante lo mas de cincuenta años de la República neocolonial.

Abakuá se constituyó en un principio por naciones, tierras, potencias, juegos y partidos, con un propósito o fin inicial de afirmación étnica y cultural en una sociedad que los discriminaba. Con posterioridad, al abrirse el ingreso a cubanos de diferentes etnias, como resultado de la abolición de la esclavitud en el periodo correspondiente a 1886, provocó una especie de caos en el interior de las sociedades, debido a que continuó persistiendo el racismo dentro de sus filas.
Los viejos de nación, conocidos como los taitas, se opusieron al ingreso de los blancos, aduciendo que estos adeptos no mantendrían la discreción requerida, y que esto resquebrajaría la autoridad de los jefes y que los secretos trascenderían al dominio público .

De esta manera el Abakuá se convirtió en un refugio para delincuentes, que aprovecharon sus principios básicos de ayuda mutua, para escapar de la persecución oficial. La estigmatización de los mismos durante la segunda mitad del siglo XIX como criminales, provocó la persecución, deportación y el encarcelamiento sin distinción, de muchos de sus practicantes.

En la actualidad, esta religión es refugio para la autoreafirmacion del hombre como el macho, el que más valor tiene, es decir, es un espacio de competencia social, donde los más aptos son los que sobreviven.

Se hace necesario aclarar que un importante número de ñañigos lo constituía el proletariado de las zonas portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas.

La práctica abakuá no pudo mantenerse al margen el proceso histórico, la explotación capitalista de la fuerza de trabajo obrera, la lucha de clases y la enajenante acción divisionista del racismo; por esta razón se plantea al inicio del ensayo que esta religión es el resultado del inevitable condicionamiento social.

De modo general se aprecia como la propia historia de esta religión o sociedad secreta aporta elementos importantes en la comprensión de su funcionamiento y desarrollo en particular.

Ahora bien, ¿cuál fue la situación de la mujer dentro de esta sociedad secreta? ¿ Qué funciones se le atribuyeron en el interior de la misma?

La consideración de la mujer dentro de la religión abakuá, no difería en gran escala de la del esclavo, solo aquellas que pertenecían a las grandes familias, madres de jefes o de hombres ricos, logran disfrutar de una situación mejor que la del resto de ellas.
Cualquier hombre en sus tribus podía tener tantas mujeres como sus medios lo posibilitaran.

La mujer ibo al casarse perdía todos los derechos sobre ella misma o sus posesiones y pasaba a formar parte de las propiedades de su marido con un valor poco superior al de una vaca o una chiva . Como esta era considerada como una mercancía valiosa, la posesión de un gran número de ellas realzaba el prestigio masculino.

La culpa de las mujeres por el fallecimiento del marido, entre los efik, establecía que aquellas fueran inmoladas sobre su tumba para que continuaran sirviéndolo en el mundo de los muertos .

El dominio del hombre sobre la mujer fue mayor entre los conocidos como ibo a diferencia de otras tribus. Allí la mujer no podía tomar la iniciativa para el divorcio, en cambio el hombre podía arrojarla del hogar con dos o tres utensilios de cocina, desposeyéndola de todo derecho, incluso a los hijos.

La sociedad ñañiga no aceptaba a las mujeres entre sus miembros porque éstas según el testimonio de muchos ñañigos son consideradas incapaces de guardar un secreto .

De esta manera se aprecia como en el interior de esta sociedad secreta se discrimina a la mujer en todos los aspectos de la vida cotidiana.

Un análisis crítico desde la perspectiva sociológica de género constituye la clave fundamental para entender y dilucidar algunos elementos importantes en la comprensión de los factores actuantes en esta total discriminación de la mujer dentro de la sociedad reconocida como abakuá.

La perspectiva de género facilita el modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos, y además es una manera de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana .

El patriarcado, sistema de dominación, el cuál consistió en el ejercicio de poder de los hombres sobre las mujeres de manera desigual es uno de los aspectos esenciales para comprender el complejo proceso de discriminación a la que fue sometida la mujer dentro del ñañiguismo.
La familia patriarcal se caracterizó por ser una institución social especifica basada en la organización del trabajo en el hogar, donde el padre de la familia era el que controlaba y distribuía el trabajo , lo que provocó una subordinación creciente por parte de la mujer hacia el hombre, subordinación que aún en la actualidad funciona dentro de la sociedad cubana abakuá.

La distribución de roles también es un elemento importante para entender y analizar esta problemática. La mujer quedó relegada al espacio privado, es decir a las labores hogareñas y el hombre incrementó su participación en los espacios públicos, como resultado de los estereotipos construidos alrededor de la mujer a través de los procesos históricos por los que transitó la sociedad cubana en general.

La idea de que la mujer no puede guardar un secreto evidencia un conocimiento estereotipado por tabúes fundamentalmente sociales que desembocan en la invisibilización de la mujer y en la legitimación del hombre como el centro de la sociedad. Este androcrentrismo provocado por la codificación social que desde la familia se asocia con las funciones intrafamiliares de la niña y el niño, explica el por qué de la discriminación de la mujer dentro de este tipo de sociedad, que al igual que la masonería excluyó y excluye a la mujer de todas sus prácticas y rituales.

La violencia simbólica a la cual fue sometida la mujer y que generalmente no se percibe, resulta un elemento crucial en este análisis, debido a que es un mecanismo psicológico que actuó de manera directa en la construcción de lo que significó la mujer para el hombre en la sociedad ñañiga en cuanto a los roles de subordinación, como producto de la división social y sexual del trabajo.

Considero que todo debate con relación a la mujer y a sus derechos dentro de cualquier sociedad secreta provoca una cierta incomodidad e inconformidad por parte de sus participantes, que hasta nuestros días producen y reproducen patrones asociados con el machismo, y donde además el sexismo gana un terreno fundamental en los principios básicos y estatutos de las sociedades secretas de nuestro país.


Convendría pues, de cara al logro de la eliminación de esta discriminación histórica darnos cuenta de la importancia de la mujer dentro de la sociedad cubana en general y otorgarle esos espacios perdidos o nunca encontrados, donde puedan alzar sus voces con total igualdad de derechos.





Bibliografía

• Astelarra, Judith. Libres e Iguales. Sociedad y política desde el feminismo. Ensayo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
• Lamas, Marta. Usos y posibilidades de la categoría género en: http//www. udg. mx/laventana/libr1/lamas.html
• Sabater Palenzuela, Vivian M (Compiladora). Sociedad y Religión. Selección de lecturas. Tomo I. Editorial Félix Varela, La Habana, 2003.
• Proveyer Cervantes, Clotilde (Compiladora).Selección de lecturas de Sociología y Política Social de Género. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005.

Macho “Tropical”

Por Raydel Romero Cabo

Hace ya unos meses atrás salio en el periódico de frecuencia diaria Juventud Rebelde, de Cuba, un artículo sobre la Metrosexualidad en Cuba, el cual resulto ser bien polémico entre los medios de comunicación. Donde uno de los entrevistados, el Dr. Julio Cesar Gonzáles Pagés, considera (y comparto su criterio) que “hoy día el hombre es mucho más andrógeno, más “femenino”, no afeminado, sino femenino en la concepción femenina de la socialización”.

Y este es un tema en el quisiera hacer especial énfasis, para la comprensión de nuestros lectores, que de seguros ya se siente motivados e intrigados sobre lo que pueda ser y “es” la Metrosexualidad, y algunos términos o conceptos que resulten novedosos, tales, como Género y Masculinidad.

Se entiende por género al conjunto de características sociales, culturales, políticas y económicas asignadas a las personas en forma diferenciada de acuerdo a su sexo. Las relaciones de género se construyen desde las instituciones representativas de poder social, como lo es la familia, la religión, las relaciones políticas, económicas e ideológicas, en correspondencia con los intereses de cada sistema económico, político y social (Badinter, 1993).

Desde el punto de vista de la teoría de genero la masculinidad, “es el resultado de los procesos de construcción diferencial de los seres humanos en tipos femeninos y masculinos, que obedecen a un proceso histórico social basado en la atribución de cualidades y funciones a los seres humanos a partir de la apariencia externa de sus órganos reproductores. Si bien la masculinidad es una construcción sociocultural que define valores y actitudes añadidas como propias del hombre.

“No nacemos masculinos”, la masculinidad es la forma aprobada de ser hombre en una determinada sociedad; en nuestras sociedades el concepto de masculinidad dicta que el hombre adquiera ciertas características para “ser hombre”, por ejemplo: competencia, desconfianza, alejamiento, virilidad, rudeza, individualismo, egoísmo y dominio.

Una de las grades problemáticas que pudieran presentársele a los hombres, es la de preguntarse a si mismos ¿que necesitan para ser verdaderos hombres?, ¿parece que es algo difícil cuando se cuestiona el comportamiento que por natural debía ser? Si usted lo duda salga a la calle y entreviste a varias personas de diferentes edades, razas y grupos sociales, y escuchará conceptos muy diferente uno de otros, aunque hay códigos éticos de comportamiento preestablecidos. Códigos invariables que son legados ancestrales que nos vienen uno a uno de generación en generación.

Pues así mediante la tradición oral de padres a hijos, en la escuela en la casa, en el vecindario, a todos se nos ha enseñado desde temprana edad nuestro rol dentro de la sociedad, donde solos tenemos que mantener el control de emociones y situaciones en cada momento de la vida para ser un “Macho Varón Masculino”.

Pero es la Metrosexualidad un fenómeno que no escapa dentro de los ya mencionados y ancestrales cánones de calificativo social. Y que hoy en nuestro país, que ya de por sí decirlo es sinónimo de hombres rudos a la antigua, típico cuadro pictórico del campesino, donde predominan en el acervo cultural frases como “el hombre es como el Oso mientras mas feo mas hermoso”, aunque en estos tiempos muy bien podría ser comidilla de buen debate.

Masculinidad que ahora queda transversalizada por un patrón estético y diferenciado de la bellaza como normas de salud o de aceptación social.

Cuando nos referíamos a estas llamadas conductas Metrosexuales o a sus máximos exponentes (metrosexuados), los definimos por desconocimiento sobre estos temas, como hombres afeminados, con actitudes sociales propias de las mujeres, o lo más común, que tenían una diferente orientación sexual a la heterosexualidad; la homosexualidad. “Ser metrosexual no implica una orientación sexual específica, sino una conducta estética propiciada por las mujeres y reproducida por hombres”. Homosexuales, heterosexuales y bisexuales comparten esta afición hedonista de la imagen.

Fue el periodista inglés Mark Simpson, en 1994, quien la definió, como la actitud de aquel hombre joven, habitante de una metrópoli, que gusta de una vida sofisticada, cuida su cuerpo, no tiene prejuicio para hacerse la manicura, y viste ropa de diseñador. Según Simpson, el metrosexual está enamorado de sí mismo y se obsesiona por estar siempre a la moda.

Esto no solo ha sido un fenómeno de nuestro siglo. Históricamente muchos hombres se preocupaban conscientemente por su apariencia, aunque casi siempre este comportamiento se vinculaba con su estatus de clase, ya que se implicaba como figura pública en la sociedad de la época. La revista electrónica (lahaine.org), en un articulo titulado “Cuba no escapa de la llamada Metrosexuailidad” señalaba que los productos y servicios puestos por el mercado en función de la belleza se venden más después que los medios han legitimado el surgimiento de un “nuevo hombre” —que no es un “hombre nuevo” - al que no le importa violar los límites acuñados por la cultura falocéntrica.

En nuestro país, la metrosexualidad ha sido un fenómeno que no se ha mantenido exento de nuestros jóvenes que se reúnen en los espacios de conciertos de música Rock, Trance o House, en la Cuidad de La Habana (Cuba), como “El Salón Rozado de La Tropical”, o como popularmente se le conoce “La Tropical” -ubicado en el Municipio Playa en la avenida 41 - el mismo que popularizaría con sus singulares conciertos el reconocido cantante cubano Beny More.

Es en estos espacios, de la tropical donde salen a relucir, modas, estereotipos y conductas. Donde la observación participante podría ser el mejor de los métodos para entender lo que conceptual y teórico podría parecer.

Jóvenes con un promedio de edad de 14 a 28 años, atléticos, de brazos y piernas depiladas, cejas arregladas, uñas con esmaltes y cutis maquillado y tratados con crema. Donde mujeres y hombres en ocasiones cuesta diferenciarlos, ya que llevan cortes de pelos y ropas muy similares o Unisex. Una conducta estética donde el uso de estos atributos, costumbres y hábitos, hasta ahora eran reservados a las mujeres. Pero una cosa es lo que se parece y otra es la que se es.

Sabemos que para este clima exageradamente tropical, donde estas llamadas impropias costumbres del hombre, podrían ser muy higiénicas y muy cómodas. Aunque si bien el fenómeno global de la metrosexualidad, que nos sugiere la moda, es el hombre como diría el profesor Gonzáles Pagés “femenino, pero no afeminado”, incluso este hombre que visualmente pudiera parecernos afeminado, bien podría ser, y es el caso, de una masculinidad hegemónica o un machismo disfrazado. La estética ha transgredido la imagen pero no aún las trascendentales costumbres machistas.

Pero ahora nos podemos percatar que la moda y los estereotipos se han encargado de redefinir lo que socialmente se había conceptualizado.

Y he aquí lo polémico y lo contradictorio que nos pudiera parecer, estos conceptos. La masculinidad, al ser una construcción sociocultural, definía valores y actitudes como propias de los hombres, o sea que la metrosexualidad como bien decíamos anteriormente, no era una conducta digna de todo hombre que socialmente se definiese así mismo como Masculino.

Ahora, cambios estéticos que nos propone la moda, donde en sus revistas y publicidades, incluso en series televisivas extranjeras, pudieran ser estas inyecciones directas al subconsciente. Ya que cada vez nos queremos parecer al mundo y no a nuestros padres.

Aunque si bien la moda, a logrado todo aquello que la sociedad desechó en un momento determinado y que ahora se cuestiona desde una óptica de asimilación, que solo queda en el discurso de las instituciones representativas de poder social, dominadas por las retóricas y ancestrales costumbres patriarcales.

El antropólogo australiano Robert W. Connell, gran estudioso de estos temas, distingue cuatro tipos de masculinidades: hegemónica, subordinada, cómplice y marginalizada, paradigmas de comportamiento que se desarrollan históricamente y que nacen de las relaciones sociales de género.

De las mencionadas por Connell, la forma hegemonial de la masculinidad, es la más representada por los hombres, y estos jóvenes no escapan de su clasificación, ya que la masculinidad hegemónica legitima el patriarcado y asegura la dominación de los hombres y la subordinación de la mujer.

Se puede usted dar cuenta sin ser objeto de estudio, que estos “nuevos hombres”, parecen lo que no son. Ropas, maquillajes, hedonistas y estilizados, toda una representación preformativa del liberalismo masculino, en cuanto a la enorme cruz que llevábamos, que estéticamente se nos había impuestos.

Hoy Cuba a pesar de su legado histórico de hombres rudos y héroes victoriosos, de bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, por la ortodoxa formación Occidental de la desaparecida URSS o crisis de Periodos Especiales, no ha pasado desapercibida de estos cambios en su sociedad que requiere como es debido de una economía individual estable para poder sustentar la compra de los costosos productos para el cuidado. Esto lo podríamos denominar como “cambios que producen cambios”.

viernes, 7 de noviembre de 2008

“Ella se lo buscó”

por Claudia Borrajo Del Toro

Hace dos semanas fue asesinada en la esquina de mi casa una señora mayor, regresaba con mi novio cuando encontramos además de una patrulla y un carro de criminalística, la calle repleta de vecinos que contemplaban entre murmullos el balcón de un segundo piso donde colgaban sábanas y ropas tendidas, a espera de que bajaran el cuerpo que decían manteníase tendido aun en el piso.

Me pareció muy extraño, escuchas siempre historias morbosas sobre gente muerta, pero parecen siempre historias distantes, ajenas, que a veces desvaloras por tildarlas de imaginarias, solo posibles en la existencia desgraciada de personajes esteriotipados de algún modo y sobre todo, ocurridas a gente a la que no asociarías jamás con la “vieja de la esquina”.

Entonces observas la ropa que mece el viento y tratas de imaginar como pudo haber terminado tan mal el día. La señora no fue por demás, la única víctima, pero si la fatal; el yerno la apuñaleó con un machetín a ella, a su hija, la esposa del perpetrador, y a su nieta de diecisiete años, hijastra del susodicho; el que bajó a la calle y dijo a un vecino que por favor, subiera a buscar a su hija pequeña, porque, a excepción de esta “había matado a todo el mundo allá arriba” e iba a entregarse a la policía. Todos quedan tratando de explicarse el hecho, y a los días, escuchas decir al hermano de la difunta “se lo buscó, ella se lo buscó, pues le tenía abierto tremendo fuego”.

¿Cómo puede alguien buscar la muerte en su hogar? Escuchas los comentarios y justificaciones que se hacen a tientas y es fácil percibir en ellos, la aceptación inconsciente de un estado de cosas en el orden social y moral que ve casi como natural que sucedan este tipo de actos, que aunque critique, tiene incorporado en su modo de ver y asumir la vida, una visión de aquello que le compete y que se espera como normal del género masculino y le dispensa de cometer ciertos excesos. Se ve cuando se comenta que una mujer fue asesinada por su esposo y todos piensan al minuto que de seguro esta le era infiel y ven en ello la posible causa, muchos es esto lo primero que se preguntan y no si el hombre era un idiota con la autoestima tan alta o tan baja que no atinó a una acción menos animal, para variar. Y bien, ¿qué si le ponía los cuernos? Esto no debe ser razón para que en su posible dolor alguien se vea excusado de calmar su pena arrebatando la vida a aquella que la causa ¿con qué derecho? “Yo tuve que matar a un ser que quise amar” dice una de esas canciones melodramáticas, siguiendo el esquema patético de los crímenes pasionales.

El origen de esto está en la misma base de la sociedad, que reproduce -no solo a gran escala-, un modo de pensar que da al hombre ciertas atribuciones que se remontan al nacimiento de una sociedad ya arcaica. Una amiga hablaba de que su marido iba a tener una hija con otra mujer con la que había mantenido una relación durante unos meses en que ellos estuvieron peleados, y ahora que habían vuelto felizmente, solo se lamentaba de que nacería aquella niña porque la otra mujer no había querido abortar al fin y al cabo. Fíjese usted, ella decía que su marido tendría una hija fuera de la relación porque su amante no había querido abortar, en vez de decir que simple y llanamente, tendría una hija por las obvias razones biológicas que son de esperar.

Recientemente andan dando vueltas de flash en flash, las fotos de una muchacha a la cual acuchilló repetidas veces en el rostro otra, por problemas de novios; la acusada de intento de asesinato alega que solo quería asustarla, pues su novio la había dejado y estaba ahora en amoríos con la adolescente que desfiguró. A mi entender, si hay alguna cuenta que saldar, es con el novio ¿por qué entonces se asume el rival equivocado? Eso es machismo, simple y barato, es el machismo que expresa la misma Santa Camila de La Habana Vieja, que a tantos años, no ha variado un ápice. Un machismo reproducido por las propias mujeres a carta cabal en esta sociedad de corte patriarcal y que se aprende y aprehende desde temprana edad y que genera consigo una violencia psicológica que a veces parece derramar la copa y materializarse en terribles actos que estremecen a la comunidad.

Es el hombre colérico que describe Enrique Serpa en una de sus historias, que se cree con derecho a cuestionar con desprecio a una prostituta que esconde tras una cortina junto a la cama en que fornica, a su bebé recién nacido; pero que no se critica a él mismo como consumidor que da vida a ese mercado.

Es el grupo de jóvenes que mientras subes la escalinata te grita que “se ve que te gusta que te la metan por detrás” porque traes un pantalón apretado, o porque a ellos les divierte ser groseros y no existe una razón aparente para que se deban contener de decirte algo que te estremece de vergüenza o porque no hay nada que puedas hacer para evitarlo o reprenderlos, o porque tú no más apretarás el paso para salir de sus vistas, evitándolos, aguantándote de contestarles, por miedo a darles pie a ponerse peor.

Es la hegemonía de un sexo sobre otro que trae consigo, inevitablemente, una violencia que surge de no respetar en su justa medida aquello que se considera inferior, más bajo, al no valorarlo, al no comprenderlo y al no molestarnos en pensarlo.

Hombres y solo Hombres.

Por: Jorge Del Sol Baylac.

¿Cómo ser un hombre nuevo y vivir en sociedad? ¿Cómo resolver el dilema de ser un hombre que estudia temas referidos al género, la masculinidad, la violencia y a la vez ser coherente con sus palabras en la realidad que vivimos cada día?
Les haré una confesión, integro desde hace más de un año uno de las más interesantes man´s studies del mundo, con todo el bombo y platillo que eso corresponde, y es hasta las últimas semanas hemos caído en cuenta de una ineludible realidad, somos hombres masculinos, y socializamos entre nosotros como con otros grupos de hombres.
Un hecho que nos acerca a la vez que nos hace friccionar, nos permite compartir nuestros grandes placeres, el deporte, la música, el arte, el sexo, dedicarle horas a incansables debates de conceptos, estadísticas, igual o más intensamente que otros integrantes del género masculino. Sin embargo, somos vulnerables a la intrusión de las faldas y los besos, de los excesos, de las carreras por la venganza, de la envidia y la competición.
Tenemos las teorías y los métodos, impartimos talleres y damos conferencias en temas como violencia, el respeto a la diversidad, la inequidad, pero, ¿cómo se escapa de esas realidades que norman y regulan nuestra vida?, ¿Cómo instrumentar una teoría que sea praxis para con nosotros mismo?
El repetirnos que género más que una categoría de la investigación científica, es una ideología para enfrentar los tiempos actuales donde las ideologías carecen casi totalmente de sentido y tientan al difícil sistema de abstraerse en el absurdo, solo queda la idea de asumirla para transformarme en el hombre que quiero ser, sin dejar de ser el hombre que me gusta ser. Hay que aprender a perder para ganar, y los hombres, aunque tengamos una vida llena de derrotas, no soportamos la idea de perder la más insignificante de las escaramuzas.
En mi caso particular, vivo enfrentado a mis miedos y fobias, a los constructos de mi identidad, a las prisiones y los límites que me enmarca la sociedad y mi propia masculinidad. No soy muy diferente a otros hombres que enfrento cotidianamente, tampoco soy ni quiero ser un paradigma, estoy lleno de defectos y contradicciones; eso sí, estoy en la elaboración de una identidad que me sea más llevadera a largo plazo, una que me acompañe cuando ya no sea ni joven, ni fuerte, ni erecto.
Sería extraño decir que en ocasiones envidio a los hombres que niegan cualquier responsabilidad con los temas de las inequidades, la violencia y todas las fobias, declarándose absoluta y completamente como machopanes . Pero es una realidad, ellos son felices o al menos ellos se piensan así, mientras se esconden en las trincheras de la masculinidad hegemónica y se sienten a salvo. Yo valgo, yo soy, siempre en función de lo que no queremos responder y ante la última línea de defensa disminuir al contrario.
Es en ese sentido cuando el combate cobra vida otra vez, es un tema de ideologías y de respeto al más universal de los derechos, el respeto a la vida y a vivir en igualdad. Pero la igualdad y el respeto son conceptos difíciles de llevar a la práctica, porque hay que aprender a discursar en sentidos amplios y pequeños de accionar, un día en mi cuarto con mi novia, otro en mi casa con mi familia y también si hay suerte, frente a un auditorio más amplio.
La convicción debe partir de los pequeños grupos en los que nos reunimos, este es el caso de mi grupo de investigación y de los espacios y oportunidades que se crean en beneficios de los otros. ¿Cómo no envidiar al que se forma a mi lado?, ¿cómo crecer a su lado intelectualmente sin pensar que su éxito es una espada que se calva en el pecho de mi incapacidad?
Un hombre me cuenta siempre orgulloso que fue subcampeón nacional de 3000 metros con obstáculos, comprende y me hace comprender el placer de haber entregado lo mejor de sí y de haber disfrutado intensamente su vida como deportista, sin detenerse en que fue el segundo. Asumir que estamos también llenos de incapacidades y de mediocridades, y que eso no nos hace ni mediocres ni incapaces, que no somos buenos en todo, y que no puede ser esa nuestra única meta. Eso sí, cada empresa debe llevar nuestro sello y nuestra alma, si dimos lo mejor de nosotros que más se puede pedir.
Somos hombres y solo hombres, no dioses, semi-dioses o actores de telenovelas y series de televisión, con diez dobles y cien escenas rodadas mil veces para quedar entonces como una maqueta de lo que debiera ser o representar. Soy solo un hombre, ni más ni menos que eso, me toca una cuota de lo que puedo enfrentar, de lo que puedo vencer.
Una vez quería ser astronauta, pero tengo los pies planos, que hacer frente a esa realidad, en ocasiones está a mi lado el futuro astronauta. He de aprender a disfrutar su sueño. Yo soy alpinista, y también estoy lejos Del Sol.


1 Machopan: Termino utilizado en Cuba para referirse a los máximos exponentes del machismo.

martes, 21 de octubre de 2008

El papel de las masculinidades.


por JULIO CESAR GONZALEZ PAGES

La palabra Masculinidad ha sido construida por tantos años que solo de nombrarla ya connota superioridad, fuerza y violencia, está inscripta en las disposiciones del inconsciente de los hombres y de las mujeres como bien refiere Pierre Boudieu. En Cuba masculinidad es sinónimo de machismo y de hecho el machismo implica violencia. Tan es así que el hombre no basta para reafirmar decir que es macho, sino que se agrega además ser varón y masculino. No cabe dudas que se trata de un conjunto de ideas socio- ideológicas –culturales que se han encargado de preservar la hegemonía masculina como centro de poder.

La ideología que sustenta las masculinidades cruza los sistemas culturales, impone las políticas, las creencia y demarca todas las estructuras, tanto sociales, como raciales y sexuales.

Además tenemos una gran influencia de la idea occidental de la masculinidad que se ha hecho evidente en la forma que se organizan las instituciones y ese reflejo se evidencia en el rol masculino de proveedor económico, son los hombres como más reconocidos y de más salarios, claro situación que ahora sufre cambios y va poniendo en crisis las masculinidades.

Hemos visto como en caso de que el hombre tenga dificultades para ser proveedor por desempleo u otra los hace llevar su impotencia con violencia a la familia como respuesta a su frustración.

Es una pena que esas ideas en sí misma encierren tantas cosas que a su vez hayan hecho que al varón le cueste emocional y socialmente tan caro, convirtiéndosele luego en un dolor interior con la presión de querer cumplir la meta. Ese convertirse en macho desde que se nace los hace marcar diferencias y sufrir por buena parte de su vida cuando no desarrollan su conciencia de que están siendo utilizados, quedando así preso de sus propios genes.

A los varones se les enseña que para ser hombres deben controlar el mundo y lo primero que deben controlarse son a ellos mismos y a las mujeres que lo rodean. Todo lo que lo rodea va encaminado a reforzar el modelo de masculinidad, tanto la familia, la escuela, la radio, la televisión, los vecinos como los amigos.

Obviamente sufren a veces sin notarlo ya que muchos adultos creen que si el hijo es varón y no se le da un trato fuerte se corre el riesgo de ser “flojo” y esa palabra en ese contexto, es bien negativa.

El trato fuerte implica gritos, golpes, exigencias y amenazas, hasta poco amor, se le inculca buena dosis de violencia y agresividad, no importa la cultura, la clase social, el estado civil, las edades o la etnia.
Por el solo hecho de ser evaluado como el sexo fuerte, la vida le va presionando y poniéndole pruebas duras por igual a todos.

La violencia se convierte en requisito indispensable para competir, para ser fuertes y activos, en fin para dominar. Sólo hay que observar cual es el trato que le obligamos que se den entre si para darse cariños y en los propios juegos; se dan empujones, palmadas, golpes fuertes en la espalda, en el hombro, choques fuertes de mano, hay de aquel que al menos una vez no se haya fajado. Si intentan llorar o de tener miedo, la burla los hace tener que perderse del grupo o convertirse en motivo de burla. Es como si cada uno tuviera que convertirse en policía del otro. Se les hace vivir en constante presión. A diferencia de la educación en las mujeres donde el saludo siempre está lleno de ternura y la que así no lo haga va a parar a ese banco de acusada de “varonil”.

Por eso, se han buscado un sin número de valoraciones para justificar tal hecho, hay quienes refieren que los hombres actúan así por razones hormonales, porque son biológicamente más agresivos y más propensos a la violencia que las mujeres, cosa que las investigaciones serias no han podido demostrar. Hay otros que refieren que la agresión masculina violenta no solo es psicológicamente innata, sino que se fundamenta en la anatomía masculina y así pudiéramos encontrar más justificaciones.

Sin dudas, esa búsqueda de justificaciones sólo sirve para reforzar el comportamiento agresivo de algunos hombres y apoyar ese reflejo que la familia reproduce del sistema jerárquico de género de la sociedad en que han sido formados, lográndose así la asociación de la violencia con el ser masculino sin valorar los costos que eso conlleva.

martes, 14 de octubre de 2008

Masculinidades con “más de cien kilates” y “más flow”.

por: Ernesto Díaz Calderín

Hablando de reguetón y hip hop.

La música a través de los años se ha convertido en uno de los grandes socializadores de los hombres y mujeres, potenciando de esta forma conductas y códigos a seguir, además de ser cronista de la sociedad y de los seres que la habitan. En el caso del hip hop y el reguetón no están ajenos a este tipo de fenómeno, por el contrario, se han convertido en las dos grandes tendencias musicales legitimadoras de espacios y formas de vivir y es precisamente por el origen y desarrollo de cada uno de ellos.

El hip hop, es un género musical que surgió en la década de los setenta del siglo XX, en los barrios pobres de los Estados Unidos y se ha difundido en el mundo entero como una música que intenta rescatar y promover los valores de la sociedad combatiendo la discriminación racial, la desigualdad económica. La forma de transmitir los mensajes marca una diferencia en relación con los otros estilos musicales que existen, con la importante presencia del DJ, los breakdancer y un marcado ritmo con letras concisas en un intento de diferenciarse entre ellos mismos.

Importantes figuras se han destacado en este estilo en el plano internacional, marcando época por su forma renovadora de hacer la música, tales son los casos de: Áfrika Bambaataa, uno de los pioneros del movimiento musical en los Estados Unidos en la década del setenta. LL Cool J, un rapero muy famoso en la década de los 80. Public Enemy, el destacado rapero Eminem, que tuvo gran aclamación en el público de nuestra isla por sus mensajes sociales y la crítica fuerte en algunas letras de sus canciones a la temática política, entre otros músicos que también han tenido importancia y protagonismo en este movimiento musical.
Cuba no se ha quedado atrás en la promoción de este estilo musical. Tomando como referencia a los fundadores del movimiento pero buscando un estilo propio, han surgido grupos como Amenaza, Anónimo Consejo, Hermanos de Causa, Obsesión, Explosión Suprema y el polémico grupo Los Aldeanos que han constituido, entre otros, los símbolos del rap en Cuba, apostando por una forma de hacer música diferente e insertarse en el mercado musical nacional como una propuesta más en busca de su espacio y reconocimiento social.

El reguetón por su parte, se ha convertido en la tendencia musical más escuchada en los últimos tiempos. La fecha que se conoce como inicio de este movimiento es la década del 90 y en el área geográfica donde más audiencia ha tenido es en el Caribe, aunque es importante resaltar que su origen no está todavía determinado si fue en Panamá o en Puerto Rico. Especialistas indican que es derivado del dance hall reggae, jamaicano, con ritmos fuertes y bailables. Inicialmente fue clandestina su promoción y distribución, debido al contenido de sus letras y la naturaleza de su lenguaje.

En el reguetón, el DJ también cumple su función en la mezcla de sonidos y ritmos pegajosos que hacen que la música suene más estridente y distorsionada, provocando con el efecto de resonancia más énfasis en las palabras, dándole más poder a la frase cantada.

Este movimiento musical ha contado también con grandes exponentes en la arena internacional, son los casos de Vico C, Héctor y Tito, Don Omar, Tego Calderón y el que muchos consideran su máximo exponente Daddy Yankee. En Cuba también se pueden mencionar algunas agrupaciones que han apostado por esta manera de hacer música y que sin dudas han alcanzado un alto grado de popularidad y preferencia en la isla, los cuales convierten al reguetón en la música más escuchada en los últimos tiempos, Baby Lores e Insurrecto, Gente de Zona, por solo mencionar los que más se están escuchando, sobre todo siendo más aceptados en el público joven.

Masculinidad y música en Cuba

En Cuba, la música ha constituido un factor importante en la conformación de los estereotipos en la sociedad, validando actitudes y comportamientos, los cuales se legitiman o no de acuerdo al esquema impuesto por los sectores dominantes.

A su vez el reggaetón y el hip hop se desarrollan en una sociedad donde no se han podido erradicar algunos males que se han heredado desde el período republicano, el racismo, la desigualdad social, la corrupción etc., lo que provoca una reacción y descontento en los sectores afectados de la población.

Estas tendencias musicales han representado de cierta manera esos sectores que quedan al margen, en el caso del hip hop en la isla, es un movimiento que desde sus inicios hizo un intento de rescatar los orígenes africanos, asumiendo así una forma de vestir, de peinarse, de hablar y vivir la vida, reclamando por el espacio que, según ellos, habían perdido desde tiempos remotos y con la música y lo que para ellos constituía un movimiento contracultural, insertarse en la sociedad con sus códigos y patrones propios.

A pesar de que no representaban el patrón de masculinidad hegemónica impuesto en las sociedades occidentales, dígase el hombre blanco, con una figura atractiva, exitoso en la actividad laboral y con poder; estos a través de su música reproducen el modelo de masculinidad en su espacio físico y exponen de igual forma los modelos discriminatorios hacia las mujeres y hacia los homosexuales.

El hip hop ha sido una tendencia musical que ha estado dirigido hacia un público específico que lo ha aprobado y defendido a lo largo de los años , es un público que se siente identificado con el estilo y acude a lugares para escuchar su música y disfrutarla en espacios donde se promueve la violencia y se valida la discriminación hacia las mujeres, los hombres blancos y los homosexuales y donde los valores de la masculinidad juegan un papel primordial y se convierten en una carta de presentación y de acceso a este tipo de acontecimiento socio cultural.

El reguetón por su parte provoca otro tipo de situación, promoviendo la sensualidad y las relaciones de pareja en las letras de sus canciones de una forma agresiva. Se ha convertido también en una forma distinta de asumir la cultura de marginación, exponiendo un discurso que lo legitime dentro de la sociedad, con una actitud contestataria.

El público que por lo general acude a los conciertos de las principales agrupaciones, presenta una estética distinta en cuanto a la forma de vestir y de asumirse como ciudadanos, ya no son los económicamente desfavorecidos de la sociedad, como es el caso del público del hip hop, ya los lugares donde asisten no son ni en patios abandonados, ni en ruinas de antiguas casas coloniales. Los lugares en pesos cubanos convertibles son los locales frecuentados por este tipo de público, dispuesto a pagar cualquier precio para entrar a los conciertos.

Este espacio de socialización también promueve un estilo de vida y una forma de asumir la masculinidad, la cual debe ser representada por los hombres económicamente solventes, no importa el atractivo físico si se baila bien, no interesa el sentimiento que tengas hacia la pareja si eres capaz, en el caso de los músicos, de demostrar destreza en el canto, habilidad para improvisar tras un ritmo pegajoso, proyectarse en el escenario con fuerza y seguridad. Ese es el modelo que expone el reggaetón, lo que de acuerdo a las letras, es la garantía del éxito en la vida y la legitimación de lo masculino.

La masculinidad se construye en dependencia del lugar y el momento en que una persona se encuentre, desde que una persona viene al mundo se le atribuye un rol de acuerdo al sexo con el que nace. A los niños desde pequeños se les enseña a ser fuertes, a no llorar y luchar por implantar el poder a su alrededor, eso lo valida como masculino y lo ubica en un lugar privilegiado frente a los que no pueden asumir este tipo de comportamiento. Los músicos reproducen el mismo esquema de masculinidad hegemónica, mientras más público tenga acceso a su música, más respeto sentirán los demás músicos y por tanto más poder, aunque simbólico, lo que garantiza el éxito en la vida.

Los medios de comunicación tienen su protagonismo en este ambiente musical, son los encargados de llevar al público la música que se escucha y de esta forma promocionan la imagen de los artistas, los que a partir de ese momento van a formar parte del ideal de conducta de sus seguidores, de esta forma ellos promocionan y dictan las normas de comportamiento social a través de las imágenes, en el caso de la televisión.

El reguetón y el hip hop en Cuba, han representado espacios donde se reproducen los modelos de masculinidad hegemónica, siendo esta la vía por la cual el patriarcado ejerce su dominio, de acuerdo a la tesis del investigador Michael Kauffman. Es un modelo de masculinidad que difiere de lo socialmente impuesto y por tanto han tenido que crear su propio discurso desde lo marginal, proponiendo una forma distinta de asumir la vida y de formar parte de la sociedad, asumiéndose como son a través de la música que promocionan.

Estas tendencias musicales han surgido en un siglo que, según el musicólogo Leonardo Acosta, es el de la música agresiva, incluyéndose la música electroacústica, estos estilos también entran en la categoría de música agresiva del siglo XX. En esta nueva realidad de la música, las masculinidades también experimentan un comportamiento, entran en el siglo de la agresividad y de la violencia, la cual se convierte en la única forma de mantener la supremacía, lo que le garantiza el poder sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre ellos mismos en lo que constituiría la tríada de la violencia, teoría planteada por el investigador mencionado con anterioridad, Michael Kauffman. Es importante añadir que los comportamientos violentos no son intrínsecos de los hombres, estos han asumido esta actitud por el hecho de ser una vía por la cual ejercen el control y el poder en un lugar y momento determinado, lo cual es validado y legitimado gracias a los códigos impuestos en la sociedad patriarcal.

Los mensajes de las canciones forman parte del lenguaje cotidiano en nuestra isla, dejando a un lado la academia y el público lo ha asumido como suyo, por representar el esquema que legitima la superioridad de los hombres en la sociedad y el control en cada una de las situaciones.

No puede ser sinónimo de violencia el ejercicio de poder y ya se ha convertido en una práctica habitual en todas las esferas de la vida cotidiana, la música, incluyendo al reggaetón y al hip hop, debe ser la encargada de transmitir valores realmente revolucionarios, la equidad social, la no violencia y abogar por la eliminación de la discriminación. De esta forma contribuir a reformar los valores y comportamientos de lo que implica ser hombres, hacer música es apostar por el arte y la creación, no por la destrucción, teniendo en cuenta estos aspectos, que suene la música y todo lo que ella implica socialmente.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El Color marca la diferencia.La masculinidad y los estereotipos raciales en Cuba. Apuntes para un debate.

por MAIKEL COLON PICHARDO

Qué tienen los negros en Cuba? Así da titulo a uno de sus trabajos el periodista y ensayista cubano Pedro Pérez Sarduy, y aunque no es nuestra intención abordar los pormenores de este trabajo, nos pareció sugerente tal titulo para lo que aquí pretendemos debatir. El estudio de nuestra historia esta lleno de aspectos que nos permiten una comprensión profunda de la actualidad. Algunos de ellos guardan estrecha relación con los hombres negros cubanos, en especial, aquellos que interrumpidamente han favorecido la sustentación de estereotipos raciales que han condicionado la visión que tenemos sobre estos individuos. Quisiéramos continuar entonces, como lo hicimos en nuestra apertura: ¿Qué tienen los negros en Cuba?

Esta brusca apertura, quizás, es uno de los factores que se forjan como los emblemas básicos para determinar las distintas maneras en que nuestra historia ha elaborado estereotipos raciales negativos y positivos alrededor de los hombres negros. Parecería como si repente estuviéramos ante una problemática de recién aparición, sin embargo, la imagen que se ha logrado construir, representa varios de los elementos fundamentales mas particulares acerca del modelo de hombre negro masculino. Hablamos de ciertas alusiones que esencialmente subyacen en la conciencia social, pero que en todo caso, dentro de esas alusiones se establecen matices superfluos que nuestra sociedad se ha encargado de proyectar.

Desde sus inicios el modelo cubano de hombre negro estuvo matizado a partir de la elaboración de imágenes determinadas por los diferentes procesos históricos que en muchos sentidos se convirtieron en el punto de partida o la línea de base para determinar como se construye la masculinidad de los hombres negros cubanos, a tal grado que cuando la estructura social del régimen esclavista comenzó a promulgar el llamado «miedo al negro», ni siquiera la participación mayoritaria de estos en la manigua redentora y la distinción que muchos alcanzaron por su importante protagonismo, no fue suficiente para borrar esa visión negativa que pesaba sobre ellos.

Todas estas concepciones, incluso, cuando abrió sus puertas la nación con todos y para todos en 1902, se preservaron como una mancha, y es interesante porque a partir de ese nuevo momento de la historia de nuestra nación, se mantuvieron muchos de los estereotipos raciales negativos antes difundidos y aparecieron muchos otros que para nada favorecían la vida de los hombres negros. Con la intención de blanquear a Cuba y con el afán de demostrar la inferioridad de los negros desde el punto de vista biológico y cultural, se idearon una serie de mecanismos, con ideas al respecto, desde la ciencia, de las que no quedaba claro si se promovían como, la ciencia contra el crimen o contra los negros, y también a través de algunas de las vías de influencia social como la prensa, se proyectaron y promovieron estos estereotipos raciales negativos que ejercieron una acción directa en la conformación de la imagen de los hombres negros.

Un nuevo momento de nuestra historia, cuando irrumpía la década del 30, se produce. Una serie de fenómenos interesantes relacionados con un nuevo modelo para los hombres negros, que como hasta el momento mencionábamos, había sido cercenada por esa visión negativa que pesaba mucho mas de lo que realmente se pudieran imaginarse.

La presencia del movimiento conocido como afro cubanismo, el digno reconocimiento del legado cultural africano, la incursión de muchos negros en la esfera deportiva con éxitos inigualables y la revolución musical que se desarrollo en años posteriores, reflejo las dotes especiales que desplegaron muchos hombres negros dentro de estos espacios. Fue así como en aras de evocar una nueva imagen dentro de la sociedad cubana, harto contradictoria en cuanto a sus relaciones raciales, llevó a tener en cuenta a los negros, ahora como foco dentro de un nuevo universo de imágenes.

Nos gustaría continuar nuestra disertación sobre la historia, pero la asunción de la igualdad política-social que supuso 1959, conduciría a la construcción de una sociedad en la que quedarían atrás viejos rezagos del pasado. Proponemos entonces, una mirada mas detenida, que intente develar, una vez mas volviendo al principio, que tienen los negros en Cuba que incide de manera determinante en la conformación de su masculinidad.
Al hablar de masculinidad estamos ante una definición que como una construcción social de género de lo que significa ser hombre se rige a partir de los patrones de comportamiento que cada una de las sociedades ha reservado para ellos. Por otro lado, en nuestro país a decir del destacado investigador cubano Julio Cesar González Pagés, esta se construye como la hiperbolización del machismo y con respecto a esto comenta que desde pequeños se nos enseña a comportarnos como un macho, varón, masculino.

Ahora bien, para los que somos negros de cuerpo entero, la percepción en lo que respecta a su masculinidad entra dentro de una escala en la que juegan un papel fundamental algunos elementos diferenciadores que se hacen sentir con fuerza en las esferas de la vida cotidiana, y que como bien comentábamos al inicio de esta propuesta, se habían construido dentro de un proceso socio histórico que se reafirmaba a partir de la creación de estereotipos raciales negativos y positivos.

Por un lado se privilegian algunos valores considerados positivos, relacionados con el deporte, la música y la sexualidad. Los hombres negros, que no quepa la menor duda, de que son, buenos deportistas, buenos músicos a la vez que buenos bailadores, y se han desarrollado dentro del mito de una sexualidad salvaje, en la que los acompaña uno de los mayores iconos de la sexualidad masculina, su miembro ilustre.

Es de destacar, sin embargo, que los valores negativos también los acompañan como si el tiempo no hubiera pasado, pues aun se comportan como fueron culturalmente construidos, y desgraciadamente han sido también incorporados como sello fundamental en la construcción de la masculinidad de los hombres negros cubanos. En este sentido que los valores más denigrantes de una sociedad aun se asocian a lo negro no es de extrañar en una sociedad que mantiene como remanentes las prácticas discriminatorias.




Las dimensiones de estos estereotipos raciales negativos alcanzan impactos significativos. Esa imagen o representación mental se expresa como parte integrante de la masculinidad de los hombres negros en Cuba, su papel en el escenario social como violadores, vagos, delincuentes, violentos, casi siempre bajo expresiones arbitrarias que establecen cierta conexión a través de sus atributos físicos, el pelo malo, la bemba grande etc.

Todas estas percepciones que se reafirman cada día en el imaginario nacional, partiendo de la existencia de estereotipos raciales negativos y positivos, apuntan hacia una interiorización de cómo estos estereotipos contribuyen a la conformación de la masculinidad de los hombres negros, reafirmando esa escala de valores que diariamente se orienta a la crítica constante de las actitudes consideradas negativas.

La masculinidad hegemónica que se ha tomado en garantizar la posición dominante de los hombres, tiene sus peculiaridades dentro de la sociedad cubana, teniendo en cuenta que esta, históricamente, ha servido como escenario social en la legitimación y reafirmación del status de los blancos, y en este sentido la masculinidad de los hombres negros se reduce al hecho de jugar roles simbólicos para la construcción de la masculinidad de los hombres blancos.
A pesar de ello, es incuestionable el hecho de que muchos hombres negros se sientan orgullosos de ser negros, ahora, al mismo tiempo, este orgullo se toma en reafirmar la existencia de los estereotipos raciales negativos y positivos, y desgraciadamente lo han asumido como parte esencial de ellos mismos. No debería de ser a estas alturas pero, revelan una pronunciada conexión con el pasado, tanto así que el día a día, las nuevas realidades no han servido para eliminar esas fabulaciones, lo cual me hace pensar en una de las estrofas de una canción del cantautor cubano Frank Delgado que infelizmente dice como ser negro y no morir en el intento.




Investigaciones recientes sobre las masculinidades intentan contribuir a la construcción de nuevos modelos donde los hombres aprendan a ser más conciliadores, menos violentos, en aras de alcanzar una «cultura de paz». Me pregunto entonces, si históricamente hemos construido una serie de estereotipos negativos y positivos alrededor de la figura de los hombres negros, que dicho sea de paso, se han convertido en sello fundamental en la conformación de su masculinidad, ¿Cómo podría inducirse que en los negros cubanos también se evidencia ese cambio?

La representación de la masculinidad de los hombres negros en Cuba tiene esas características, lo cual los coloca dentro de una rejilla de representaciones rígida y limitada que quizás no permite establecer esta desde otras valoraciones, como hombres de una sociedad multirracial como la cubana, y mas allá de encasillarlos dentro de estos estereotipos, deberíamos de tener en cuenta que representan todo lo relacionado con los hombres cubanos sin distinción de colores, por eso estaría de mas llegar a establecer paradójicamente ¿Qué tienen los negros en Cuba?

jueves, 7 de agosto de 2008

Mujeres cubanas en el Olimpo.

Por Daniel Alejandro Fernández González

Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.

Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.

Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)

Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.
Por Daniel Alejandro Fernández González

Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.

Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.

Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)

Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.

Deporte oro plata bronce total
Judo 4 5 9 18
Atletismo 4 3 6 13
Voleibol 3 0 1 4
Taekwondo 0 2 0 2
total de medallas 11 10 16 37

En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.



En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.

Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37

Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.

Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.

-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.

-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.

- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.

- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.

-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.





En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.



En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.

Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37




Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.

Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.

-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.

-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.

- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.

- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.

-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.

domingo, 15 de junio de 2008

Mujeres jugando beisbol en Cuba ¿grandes ligas?

Por Daniel Alejandro Fernández González, estudiante de 5to Historia de la Universidad de la Habana.

A pesar de los avances sostenidos por las mujeres, a todo lo largo del siglo XX, en el ámbito de las prácticas deportivas, aún perviven muchos remanentes que tributan de un modo u otro a la existencia del mundo de la competición atlética como una esfera de la sociedad reservada para perpetuar la posición de dominación de los hombres dentro de las relaciones de género. En el caso particular de Cuba (nación donde los logros de las mujeres en el campo del deporte son innegables e incontables), resulta paradójico que sea el béisbol, nuestro deporte nacional, uno de los deportes, sino el que más, donde la mujer aún permanece relegada no solo de su práctica, sino de todos los aspectos y dinámicas que genera “la pelota” en nuestra nación.
En una sociedad patriarcal como la cubana, el béisbol ha sido un espacio de legitimación de las características que dichas sociedades han utilizado para construir la identidad masculina (fuerza, agresividad, rudeza, inteligencia, valentía, etc.), socializador por excelencia de la masculinidad, marco propicio para demostrar el papel dominante del hombre dentro de las relaciones de género. En todas las áreas donde el deporte de las bolas y los strikes ocupa el centro de la atención se justifica su existencia como deporte y actividad social que tributa al comportamiento, actitudes, costumbres y actividades sociales reservados históricamente para los hombres. En un escenario que se erige en una especie de “santuario para hombres”, la mujer solo puede encontrar lugar si se comporta como fiel admiradora de estos “machos hegemónicos” que, divididos en dos bandos, se enfrentan en un “combate simbólico” que rebasa el marco de la búsqueda de la victoria deportiva, pues incorpora también luchas regionales, políticas o raciales. Resulta lógico pensar entonces, que la incorporación de la mujer a este espacio de reafirmación de los rasgos que definen la masculinidad, haya estado y se encuentre sujeta a las implicaciones de su posición de subordinación en las relaciones de género.
El documental “¿Grandes Ligas?” del joven realizador Ernesto Pérez Zambrano, es sin duda alguna una muestra fehaciente de cómo el béisbol en Cuba se convierte en un espacio de exclusión dentro de las relaciones de género. La obra centra su atención en un grupo de mujeres capitalinas que se han incorporado a la práctica del béisbol, a raíz de un llamado de la Federación de Mujeres Cubanas, hecho en el año 2003, donde instaba a sus integrantes a formar equipos de pelota en todas las provincias del país. Estas jóvenes muchachas no solo han debido enfrentar las dificultades que acarrea el aprender a jugar un deporte tan difícil como el béisbol, sino que se han encontrado con que viven en una sociedad patriarcal que no está dispuesta a aceptar que ellas ocupen un lugar en su deporte nacional, creado, pensado y practicado por y para los hombres.
¿Grandes Ligas? visibiliza de muchas maneras lo enunciado en el párrafo anterior. Las tomas realizadas en la peña beisbolera del Parque Central, el mayor espacio de debate sobre béisbol en la Ciudad de la Habana, en el que la presencia femenina es nula, muestran opiniones que van más allá de la no-aceptación de la práctica del béisbol por parte de las mujeres, al considerarlo “deporte de hombres”, sino que incluso retoman postulados de inicios del siglo XX que consideraban inferior a la mujer por obra de la genética. De igual forma en uno de los sitios que presenta el documental: un lugar donde se encuentran un grupo de hombres jugando dómino, estos coinciden en señalar el papel doméstico que históricamente ha sido reservado a la mujer dentro de la sociedad (en este caso uno de ellos las ubica en la cocina y además considera que ese machismo lo trae incorporado por herencia), lo cual impide que estas puedan desempeñar actividades como jugar béisbol. Cuando el documental se centra en lo que es a mi juicio uno de los momentos más importantes de la pelota cubana en este siglo: la aparición de la primera mujer árbitro en Series Nacionales, Yanet Moreno, vemos que aquí la oposición adquiere ribetes más drásticos. Para los entrevistados resulta impensable que una mujer asuma las riendas de un juego practicado por hombres, “eso si es cosa de hombres”, “me parece que es un hombre lo que tengo al lado”, son algunas de las ideas que se enuncian.
Uno de los elementos importantes que refleja el documental, subyace en las opiniones de los entrenadores y directivos que se han implicado en el desarrollo del béisbol de mujeres. Ellos contrastan en sus palabras su afirmación de que las mujeres pueden jugar béisbol, de hecho lo están demostrando, con la necesidad de que en su práctica no pierdan las características femeninas que las convierten como dice Lázaro de la Torre: “en las que adornan la naturaleza” y por lo cual deben comportarse siempre como mujeres, lo cual de igual forma encierra cierto recelo y además contradicción, ante la posibilidad de que la práctica de un deporte que conlleva características asociadas a la masculinidad, ponga en duda la “condición de mujer” de estas atletas.
Lo dicho hasta este instante pudiera hacer pensar que son demasiadas las trabas que la dinámica de la sociedad cubana, en el orden de las relaciones de género, les impone a estas muchachas en su afán de jugar béisbol. Si bien ello es cierto, las entrevistas realizadas a estas mujeres y las imágenes que nos muestra el documental demuestran que ellas están profundamente conscientes en primer lugar: del origen y de la existencia de estas dificultades, así como de la necesidad de luchar e imponerse sobre ellas; y en segundo lugar: que la práctica del béisbol es una actividad que conlleva características legitimadas históricamente por los hombres, sin que ello decosntruya o modifique su femineidad o los elementos que ellas asumen las definen como mujeres por el solo hecho de jugarlo.
Para finalizar no quisiera dejar de señalar la importancia que reviste que el documental hurgue en la historia, a partir de las entrevistas realizadas a dos mujeres que jugaron béisbol en el período que puede considerarse como la mejor época del béisbol femenino en Cuba: entre mediados de los años cuarenta y la década del cincuenta del siglo XX. Ello pone en evidencia algo que es desconocido para muchos: que la relación entre la mujer cubana y el béisbol tiene una historia, que si bien ha estado permeada en todo momento por el “machismo” que ha caracterizado el decurso de nuestra nación, cuenta con momentos en que la mujer pudo invadir los diamantes beisboleros y causar asombro e incluso aceptación por sus capacidades como pelotera.