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lunes, 9 de febrero de 2009

Vicentina Antuña: contribuciones a la paz y el feminismo en Cuba

Por Julio César González Pagés.

El feminismo ha sido un término muy cuestionado, interpretándose en muchos casos como un símil del machismo. Esta comparación es errónea porque independiente de cualquier tendencia extremista en otras latitudes, en Cuba cumplió un papel revolucionario, permitiendo la obtención de importantes reivindicaciones en fechas muy tempranas, como la Ley de la Patria Potestad (1917), la Ley del Divorcio (1918) y del Sufragio Femenino (1934).
Sobre el feminismo cubano existe una amplia bibliografía que pudiera estudiarse con mayor profundidad. Personalidades de la cultura nacional como Vicentina Antuña, Mirta Aguirre, Camila Enríquez Ureña y Enrique José Varona aportaron ensayos de inestimable valor.
Las experiencias vividas en los espacios privados y públicos por las mujeres del siglo XIX en Cuba, pueden acercarnos a una apreciación más certera de cómo y cuándo fue que se tomaron las primeras ideas conocidas como “feminismo” por las mujeres y hombres del país. En esa época se fomentaba el paradigma de mujer-santa que desempeñaría los roles maternales, maritales y domésticos, bien alejados de todo lo que la separase de su condición estigmatizada de “bello sexo” o de “sexo débil”.
En la década del 70, las ideas de una educación especial para la mujer permitieron una asimilación mucho más rápida de las nociones feministas. Los colegios para señoritas -como se les denominaron- permitieron que pedagogas como Dora Galarraga y María Luisa Dolz ganaran en prestigio, sobre todo la Dolz, que incluyó la Segunda Enseñanza, requisito obligatorio para la entrada de mujeres cubanas a la Universidad.
El siglo XIX marcó el surgimiento de las primeras ideas feministas en Cuba, que se reflejaron sobre todo en la década del 90 en mujeres como Elvira Martínez, Angela Landa, Martina Piedra Po, Fany Galarraga, Aurelia Castillo y María Luisa Dolz, autora esta última del discurso femenino más polémico de la década, Feminismo injusticia de los códigos, el cual se reflejó en una veintena de publicaciones que incluyeron los rotativos de mayor difusión del país.
En el siglo XX otro acontecimiento trascendental para las mujeres sucedería el 21 de marzo de 1918, cuando un grupo de ellas se nucleó para conformar una de las organizaciones más importante del feminismo nacional: el Club Femenino de Cuba.
Este Club seria el encargado de promover el primer intento de federación de mujeres en Cuba en el año de 1921. La Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba, convocaría el 11 de octubre de 1922 a la celebración del I Congreso Na¬cional de Mujeres que tendría la particularidad de ser el primero celebrado en Hispanoamérica.
En el acto inaugural, celebrado el domingo 1 de abril, a las nueve de la noche, en el Teatro Nacional, y ante una concurrencia que lo abarrotó, Pilar Morlón pronunció un discurso donde ella misma se sorprendía de que el Congreso fuera ideado y autofinanciado por las propias mujeres:

Una revolución, sí, efectivamente es revolución pacífica o evolución, no importa el nombre, pero algo nuevo, algo desconocido entre nosotros, donde hasta hoy la mujer tuvo sus actividades limitadas a un papel humildemente pasivo, algo cambiado inexorablemente en la marcha habitual de nuestras cosas (...) Es ésta nuestra Revolución.

Dos años después es celebrado el II Congreso Nacional de Mujeres, del 12 al 18 de abril en los mismos escenarios que el anterior.
A trece años de los dos primeros congresos la izquierda femenina ganaría auge, esta sería la nueva fuerza protagonista en el Tercer Congreso Nacional Femenino que se celebraría en La Habana entre los días 18 y 22 de abril de 1939.
Una de las grandes protagonistas de esta nueva etapa del feminismo en Cuba fue Vicentina Antuña, integrante de la mesa ejecutiva principal y del comité gestor de este Tercer Congreso.

En una de las proclamas Pro Congreso elaborada por Antuña, se expresaba que esta representaba una nueva era para la mujer cubana, que ya tenía el voto pero añoraba otras conquistas y afirmaba:

Ante ese panorama un grupo de mujeres, sin otro título que su dedicación entusiasta a la lucha por los derechos femeninos y su participación en la vida social de Cuba desde la fábrica, la profesión, la cátedra, o el aula, ha creído que precisaba organizar de inmediato una amplia reunión, un verdadero Congreso Nacional, en la que la representatividad de la mujer cubana en sus diverso sectores, clases y credos, armónicamente juntas en el afán de resolver las cuestiones que ha todas nos afectan.

Este Congreso, a diferencia de los dos anteriores, no permitió ataques políticos, religiosos o ideológicos entre sus delegadas, que tenían como lema "Por la Mujer, por el niño, por la paz y el progreso de Cuba”.
La coyuntura internacional matizada por la actividad disuasiva de la URSS con respecto al avance del fascismo, influyó de forma directa en la programación del evento. El ánimo antibélico podía ser leído en las convocatorias a las actividades: "Gran acto contra la guerra imperialista. Organizado por el Tercer Congreso Nacional Femenino. Allí todas las mujeres de este barrio alzaremos nuestras voces para decir que Cuba no participe en esta guerra.”
La expansión del programa del evento llevó a realizar actos durante todo el año de 1939 en los más disímiles barrios de La Habana: Las Yaguas, Arroyo Naranjo y Habana Vieja, y en algunas provincias como Ciego de Ávila y Santa Clara. Las actividades estaban dirigidas fundamentalmente a las mujeres de menos recursos, y la propaganda así lo expresaría al exhortarlas a la "igualdad de derechos para la mujer negra, por trabajo igual, salario igual. Por una Constituyente que garantice plenamente los derechos específicos de la mujer".
De las 2 000 delegadas presentes en el evento, alrededor del 20% eran negras, muchas de las cuales representaban a sectores obreros o familiares, marco que fue aprovechado por ellas para crear diferentes grupos según el gremio ocupacional, siendo uno de los más significativos el Comité de Mujeres Familiares de Obreros de Ómnibus Aliados
Dada su eminente simpatía por la causa de la izquierda, la prensa burguesa se ausentó del Congreso; sin embargo, esta acción no pudo impedir que los actos convocados, incluyendo la inauguración en el Teatro Nacional, alcanzaran una repercusión nacional.
En sus palabras antes el Congreso Vicentina Antuña afirmaba:

“La mujer que ha estado quemando su vida en desvelos constantes procurando nutrirse de la Cultura universal para después ponerla al servicio social del magisterio. La que ha sufrido tantas veces las pretericiones en todos lo ordenes de la actividad humana. Las que han tomado el camino político procurando encontrar, mediante el mismo la salvación de esa desigualdad. Esta mujer, cuyos problemas van a ser discutidos ahora con el respaldo de la inmensa mayoría y la fuerza de que ello podrá significar ante los organismos encargados de responder nuestros clamores, no podrán estar ausentes de este Congreso(…)

Ese mismo año, el 25 de julio, una de las organizadoras principales del evento, Camila Henríquez Ureña, disertaría con una conferencia donde demostraba el grado de madurez del feminismo de izquierda en Cuba. Henríquez Ureña, en una conferencia pronunciada en la Institución Hispano Cubana de Cultura, habló, sin ambages, de la situación de la población femenina en Cuba, exhortándola a desarrollar su autoestima:

Hay un campo, sin embargo, en que las mujeres tenemos que construir desde ahora: nuestro campo interior. Nuestras virtudes tradicionales han sido negativas: sumisión, obediencia, silencio, apartamiento, fragilidad. Las funciones de la nueva vida a que nos asomamos nos exigen cualidades positivas: independencia de criterio, firmeza, serenidad, espíritu de cooperación, sentimiento de comunidad humana. Esto es muy difícil (...) pero esa etapa terminó, y aunque lo lamenten los que lo temen, hemos de seguir adelante

Las conclusiones de esta reunión femenina exigieron una reforma a la Carta Magna de la República exhortándola a:
La derogación de todos los artículos del Código Civil que establezcan desigualdades entre el hombre y la mujer e impidan el ejercicio conjunto o separadamente de los derechos que emanan de la unión conyugal en relación con los hijos o entre sí. Llevar esas modificaciones a los códigos, leyes, decretos leyes o disposiciones de cualquier índole que afecten a la mujer en su personalidad jurídica.
Los debates del Tercer Congreso Nacional Femenino se extendieron a todo el año 1939 con el argumento de “la igualdad de ambos sexos”, lo que permitiría que este tema fuera priorizado en las sesiones de la Asamblea Constituyente. Esta reunión tuvo la particularidad de contar por primera vez, con la asistencia de tres mujeres
El primero de julio de 1940 entró en vigor una avanzada Constitución donde el movimiento feminista obtuvo importantes reivindicaciones. El reconocimiento de sus derechos en la Ley Fundamental de la República significó así una ruptura con respecto al androcentrismo expresado en la Constitución de 1901
La Constitución de 1940 no cambiaría en la práctica la situación de inferioridad de las mujeres, las cuales continuaron percibiendo salarios más bajos que los hombres. Esta nueva Constitución, no obstante, permitió que las mujeres cubanas dispusieran de una serie de reconocimientos, desconocidos en otras áreas de Latinoamérica. Terminaba así la época más gloriosa del feminismo cubano, la correspondiente a la lucha por el reconocimiento de sus derechos civiles, entre ellos, el del voto.
A partir de 1940, con la firma de la nueva Constitución, y con ella la ratificación del derecho al voto, este movimiento se atomiza, ganando en pluralidad, pero perdiendo la unidad en este objetivo común.
La incorporación de forma escalonada de diferentes sectores sociales y raciales representados por mujeres obreras y negras también fue un logro de un movimiento donde la pluralidad fue algo que lo caracterizo y que no le permitió unidad en objetivos comunes.
En palabras de la abogada feminista cubana Ofelia Domínguez Navarro era muy difícil conciliar los mismos intereses, en una Asociación, de la Marquesa de Tiedra y los de las Obreras despalilladora de tabaco, integrantes todas de la Alianza Nacional Feminista, en 1928, por solo citar un ejemplo.
De forma general el periodo que se enmarca entre las décadas del 20 y del 30 lo podemos señalar como el más importante dentro del movimiento feminista en Cuba. Esta etapa enmarcada dentro del feminismo liberal se vio caracterizada por la creación de 36 asociaciones feministas que nuclearon en este periodo a mas de 50 mil mujeres capaces de difundir estas ideas en todo el país, sobre todo partiendo de los Congresos Feministas realizados en este periodo en los años de 1923, 1925 y 1939.
La labor unitaria desarrollada por Vicentina Antuña en este periodo fue decisiva sobre todo por su entusiasmo no solo en el tema del feminismo y los derechos de las mujeres sino también por la Cultura de Paz.
Ella expreso en la Clausura del III Congreso de Mujeres en 1939:

Pero la paz no puede concebirse tan sólo en el orden internacional. Hay una paz nacional, interna, que también es necesario mantener a toda costa y que la mujer, como ningún otro factor, esta impelida a defender. Durante los últimos años Cuba, puede decirse ha vivido de manera provisional, siempre zozobrante y esperando que el equilibrio político pudiera quebrarse en uno u otro sentido. Como hemos dicho el Congreso no puede tener un matiz partidista ni esencialmente político. Pero creemos que no hay mujer honrada que pueda sostener sin sonrojo, que le es indiferente el porvenir de su país. En verdad sabemos las mujeres que el futuro de Cuba depende de nuestro propio futuro. Y que si esa mañana en vez de progreso y de paz es de guerra civil y de quebrantamiento de los ideales patrios, permanecerá la mujer sometida más que nunca al vasallaje y la desigualdad que ahora quiere superar. Por eso, nuestro Congreso tendrá que ser también –por proponerse la liberación de la mujer- una contribución al progreso y al desarrollo pacífico del pueblo cubano.

Su ferviente apoyo a los temas de la Paz en Cuba y el mundo la llevaron a conformar el secretariado del Congreso Nacional Por la Paz y La Democracia, en 1939, junto a conocidas figuras como Emilio Roig y Elías Entralgo. En un llamado a la unidad y adhesión al mismo, Vicentina proclamaba:

La persistente tensión internacional, los síntomas de la amenaza de una nueva guerra, han producido en los últimos tiempos la movilización activa de las fuerzas que en todos los países del mundo ansían el mantenimiento de la paz y propenden a que las contradicciones existentes entre las grandes potencias sean resueltas por la vía pacífica y no por medio de la contienda armada.
Expresiones de esa gran movilización mundial a favor de la paz han sido el Congreso de Escritores y Artistas celebrado recientemente en la ciudad de Nueva York, al que concurrieron figuras de las mas destacadas en las letras, artes y ciencias de los distintos Continentes, y el Congreso Mundial de Partidarios de la Paz que se ha efectuado en París, donde mas de tres mil delegados en representación de 600 millones de hombres y mujeres de todos los parajes de la tierra expresaron su firme voluntad de Paz.
Considerando que Cuba esta obligada a contribuir en la modesta medida de sus posibilidades a la tarea de asegurar la paz, un grupo de hombres y mujeres representativos de los más variados sectores nacionales, hemos tomado la iniciativa de llamar a la celebración de un Congreso Nacional por la Paz y la Democracia
.

Los ideales por los que lucho y vivió Vicentina Antuña aun están vivos, por eso este año en su cien aniversario nos unimos a sus empeños por Federar y unir los ideales de mujeres y hombres con vocación revolucionaria, feminista y pacifista.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Macho tropical o machos en “La Tropical”.Estereotipos masculinos que van más allá de la apariencia.

Por Maikel Colón Pichardo

En La Habana, Cuba, quien no conoce El Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”, que cubano, y porque no, de otros lugares del mundo, no ha movido sus caderas en esta plaza bailable la cual ha acogido a varias de las orquestas y músicos prestigiosos de la escena musical cubana de todos los tiempos, que a golpe de tambores, trompetas, de coros, en fin, de la buena música popular bailable, han hecho eco en varias generaciones de cubanos.

En los tiempos que corren, en donde se han impuesto otros estilos y gustos musicales, también “La Tropical”, como la conocemos todos, ha servido de escenario a disímiles manifestaciones. Peñas de rock, música electrónica y la llamada música fusión, también han tenido su espacio, y por supuesto que no podemos olvidar, a uno de los ritmos que ha contagiado a una gran parte del público “farandulero” de estos tiempos, el reggueton.

Pudiéramos pensar que todas estas manifestaciones a las que hemos hecho referencia son diferentes, y por supuesto, que estamos en lo cierto. De todas formas, lo que si hay que tener bien claro, es que en esta plaza bailable, sea timba, reggueton, sea rock, sea música electrónica, los hombres reproducen todos los patrones a los que están acostumbrados, por que hay que ser hombres y nada más. Sin embargo, muchas veces asumimos que en un espacio u otro se reproduce un estereotipo de hombre determinado. A los ojos de la sociedad, unos de un tipo, otros quien sabe, y así son tantas las fabulaciones y nos olvidamos, que efectivamente, como sugeríamos en el titulo, las apariencias engañan.

Sería bueno entonces adentrarnos un poco más a fondo en esta problemática y establecer una serie de juicios y criterios que al fin y al cabo nos hagan reflexionar para poder al final, como dijera uno de nuestros presentadores de televisión, sacar nuestras propias conclusiones.


Juntos pero no revueltos.

Esta es una frase que se acuña mucho dentro de los seguidores de la música popular, la timba, o el reggueton. Aquí, en “La Tropical”, se respira un aire de hombría extrema. Entre tragos, que se beben a pico de botella, los coros de las canciones que sugieren una conquista eterna y que validan los espacios masculinos: “donde están las mami que vengan a buscar su papi”, las broncas tumultuarias en las que se pretende mostrar la hegemonía. Son estas algunas de las dinámicas que mueven a los hombres, como los etiqueta la sociedad, a “los reparteros”, dentro de esta plaza bailable, casi un santuario, en donde pugnan por sentirse más hombres.

Los buenos bailadores, los que tienen más dinero, los que muestran sus cadenas, sus atuendos de oro. Alcohol, dinero, mujeres, violencia. Esto es lo que se vive en algunos de los grandes conciertos que nos brinda nuestro Salón Rosado de La Tropical “Benny Moore”. Un espacio en donde muchos hombres van a probarse, a demostrarse a sí mismos cuan hombres pueden ser, cuanto alcohol pueden beber, cuantas mujeres pueden conquistar, cuantas broncas pueden tener, cuanta violencia pueden generar.

En realidad son muchos los estereotipos masculinos que allí se promueven. Muchos de ellos estimulados por la construcción de ese modelo hegemónico dentro del que están presos. Muchos en este sentido son los calificativos al respecto. Hoy día, una invitación a un lugar como este supone cierto recelo. Hay quienes piensan en el populacho, quienes por desgracia, asocian este fenómeno a la marginalidad. No es interés nuestro abordar un fenómeno como tal, pero es bueno tener claro que aquí simplemente están convocados hombres y mujeres, de todos los estratos, de todos lo barrios y de todos los colores.

Creo que aquí, si estamos en presencia de un buen ajiaco, con todos lo ingredientes habidos y por haber, solo que en un intento de, una vez más, marcar el territorio masculino, porque aún cuando muchas mujeres hacen justa presencia en este lugar, reproducen muchos de los códigos masculinos que allí se promueven, y por desgracia son capaces de validarlos, pues, justamente, se interesan por los más bravos, los que de verdad demuestren cuan hombres pueden llegar a ser.

Esa es una de las razones por las que ahí mandan los hombres, fiel reflejo de la famosa canción “en mi casa la que manda es mi mujer”, porque fuera, dígase en este caso, “La Tropical”, aquí se manifiestan dueños del espacio, los grandes conquistadores, los que controlan y delimitan en la pista de baile, los proveedores de alcohol, de drogas, de cigarros, los que incitan al sexo. Los que en una verdadera demostración de hombría gritan a la par de los coros que imponen las orquestas.

En reiteradas ocasiones escuchamos: “quienes son los que mandan las mujeres o los hombres”. Las mujeres con grito angelical, alegan, las mujeres, los hombres con un chiflido, en una postura propia de machos, replican, los hombres. Y así se hacen sentir, dueños de la situación y con un apoyo importante de los músicos, quienes tampoco escapan a esta realidad, quienes también se muestran como machos hegemónicos, poniendo sus melodías y sus incesantes frases a sus pies, en beneficio propio.

Recordaba cómo uno de los cantantes de la popular orquesta Charanga Habanera, cuyo director David Calzado, estaba en el centro de la construcción de esa hombría, parafraseaba en una de las populares canciones de la orquesta, refiriéndose a las mujeres: “búscate un “temba” como Calzado, que tiene carro, que tiene hierba, que tiene juaniquiqui (dinero), y hasta una bicicleta”. Imagínense. Esto es lo que allí se promueve, se socializa, para la validación de estereotipos masculinos.


Harinas de otro costal.

Como ya habíamos comentado al inicio, en esta plaza, también se muestran en escena otras manifestaciones, como el rock y la música electrónica, entre otras. Sabemos que aquí prevalecen las ropas oscuras, de las que hacen gala los rockeros, el pelo largo, sugeriríamos, atrevidamente, otro tipo de masculinidades.

Por otro lado, la música electrónica atrae a los llamados “Emos”, o a los denominados metrosexuales . Aquí existen otras estéticas, o bien otros códigos. Ahora, las conductas de estos otros hombres no difieren mucho. Los hombres aquí también marcan su territorio, se muestran como “supermachos” ante las mujeres, beben alcohol para demostrar también cuán hombres pueden ser. Llevar las riendas en ellos no es tan diferente como muchos quieren hacernos ver.

Entre ellos también existe una lucha constante por demostrar quien es más hombre, quien lleva la voz cantante. Realmente no existe diferencia alguna. El escuchar rock o música electrónica no los aleja de un modelo de masculinidad que se proyecta entre los hombres en Cuba.

Muchas veces sucede que la música que escuchan lleva implícita en sus mensajes otras dinámicas, lo cual no significa que les sean ajena en el sentido de demostrar la hombría: conquistadores de mujeres, generadores de violencia, combinando su estética rockera, sus actitudes de “emo”, metrosexuales, con la reproducción de estereotipos masculinos de típicos hombres cubanos, los cuales deben prevalecer bajo cualquier circunstancia, porque como ya apuntábamos, hay que tener bien claro que hay que ser
hombre, y donde sino, que en la plaza bailable por excelencia del público habanero “La Tropical”.


Ni juntos ni revueltos, ni harina de otro costal.

Estamos ante dos públicos diferentes. Unos alegan que esos rockeros, esos “peluos” (pelo largo), para nada representan ninguna hombría, que sus atuendos, sus “pintas” (modas), difieren mucho de lo que realmente se necesita para ser hombre en Cuba. Incluso se pone en duda su heterosexualidad, pero mejor no entremos en el campo de la sexualidad, aunque sea necesaria mencionarla. Este y muchos otros calificativos hacen gala en las referencias a “esos otros”.

En algún sentido existen muchos factores que influyen en tales posiciones. Nuestra cultura ha impuesto siempre este tipo de criterios sobre “ese otro”. Muchos de los grandes pensadores cubanos de periodos fundacionales, también dejaron sus huellas, sus criterios al respecto. Algunos como el presbítero José Agustín Caballero para el Papel Periódico de La Habana en su “Carta crítica del hombre mujer”, escribió algunas palabras que a decir del investigador Julio César González Pagés, se manifestó como uno de nuestros primeros pensadores que construyeron la masculinidad de una nación sobre la base de exclusiones de aquellos que no cumplan con algunos requisitos.

Estos denominados “reparteros” por su parte, también están en la mira de las críticas de “esos otros”. A muchos los ven como incivilizados, que están parados en el tiempo, que en todo momento generan violencia y no disfrutan de la música. Que están descontinuados porque quieren resolver sus problemas a golpes, a navajazos. Pensar esto es la manera más práctica que han encontrado para auto defenderse de aquellos que atacan su hombría, su masculinidad.

Estos dos discursos, parecen a la vista de todos, diametralmente opuestos, pero como exponíamos al principio, es solo una insinuación para demostrar dónde está la hegemonía. Ahora, no nos engañemos. Ambos son reproductores de estereotipos masculinos que se validan a través de la práctica diaria, donde unos en su espacio, otros en el de ellos, hacen gala de tales comportamientos masculinos. Esa hombría extrema, donde la violencia, fundamentalmente, da en demostrar hasta donde son capaces de llegar, pues sencillamente la ejercen sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre ellos mismos , pero irónicamente confluyen en un mismo lugar, un lugar que al parecer fue construido para este fin, para que los hombres “timberos”, “reparteros”, “regguetoneros”, “rockeros”, “emos”,
“metrosexuales”, validen su hombría, su masculinidad.

Este es un fenómeno que ponemos a conocimiento de todos ustedes, con muchas intenciones, quizás. Ahora, estoy seguro, que al igual que en “La Tropical”, otras de las tantas plazas bailables de Cuba, y de otros contextos latinoamericanos, no escapan a esta realidad, y realmente sería buena una mirada desde otros países a un fenómeno como tal. Pero más allá de cualquier intento de mi parte de poner en mis palabras, en mis reflexiones, una problemática que pudiera llamar la atención, los invito a El Salón Rosado de La Tropical “Benny More”, plaza bailable de Cuba, del mundo, de La Habana, la que bien dicen en llamar “la capital de todos los cubanos” y al parecer no así de las cubanas.

citas y notas


1- La socióloga Mayra Espina del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), ha hecho grandes aportes sobre esta problemática. Ver Mayra Espina Prieto. “Comentarios sobre el concepto de marginalidad en la sociología”. En Catauro, Revista Cubana de Antropología, Año.7, No.13, La Habana, enero-junio de 2006, pp.25-30.

2- El antropólogo australiano Robert W. Connell, uno de los grandes estudiosos de la masculinidad, ha insistido en demostrar la existencia de una multiplicidad de masculinidades. Ver Robert W. Connell. “La organización social de la masculinidad”. En Teresa Valdez y José Olavarria. Masculinidad/es. Poder y crisis. Santiago de Chile, Isis Internacional/FLACSO, 1997, pp.31-49.

3- Sobre estas temáticas Ver Yonnier Angulo Rodríguez. “Jóvenes emos: una masculinidad polémica”; “Metrosexualidad: supremacía o sumisión”. En www.redmasculinidades.com

4- Ver Julio César González Pagés. “Feminismo y masculinidad: ¿mujeres contra hombres? En Temas, No.37-38, La Habana, abril-septiembre de 2004, p.10

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La Religión Abakuá y su papel en la discriminación de género. Un análisis critico desde la Sociología.

Por Carlos Tomás Martínez Romero.


El tema de la religión a través de la historia ha sido objeto de debate no solo por los especialitas que laboran en esta temática, sino también de aquellos que sin abordar este aspecto desde una perspectiva científica, han contribuido a enriquecer el conocimiento popular religioso de la sociedad cubana en general.

La religión es el resultado del condicionamiento social imperante en todo tipo de sociedad, que tiene que ver con los modelos económicos, políticos y sociales de cada sociedad en específico; donde la fe, elemento medular, alcanza un valor determinante en la percepción de los creyentes, de ahí que un cierto grado de fe, también conlleva a un cierto grado de creencia en una practica religiosa concreta.

En Cuba existen diferentes religiones como es el caso de la religión católica, y las de carácter protestante en oposición a la fe católica, como son los casos de las iglesias adventistas del séptimo día, pentecostales, episcopales, entre otras. También se encuentran las religiones de sustrato africano como: el palo monte, el espiritismo en todas sus variantes, la santería y la religión abakuá en la cual se centrará el presente análisis.

En todas estas manifestaciones religiosas de alguna u otra forma la mujer ha sido participe de su funcionamiento, con excepción de la religión abakuá, de ahí mi interés en realizar una mirada crítica del fenómeno desde la perspectiva sociológica de género.

Esta religión, que se contempló como sociedad secreta de socorro y ayuda mutua entre hombres __ debo aclarar que en el imaginario popular del cubano en la actualidad se asume como un tipo especifico de religión__. Sus orígenes datan del periodo de la trata por los Ríos del Aceite (Oil River), que comprenden buena parte del vastísimo delta del Níger y las zonas extendidas hacia el sur de éste, hasta las proximidades de la bahía Ambas, ya en el Camerún, se encuentran los primeros los embarcaderos, de donde partieron rumbo a América los carabalíes. Esos embarcaderos fueron Brass, Okrika y Bonny, en el delta del Niger, Owome o Nuevo Calabar y, cerca de la desembocadura de los ríos de la Cruz y Calabar, los poblados ribereños de Ikot Itunko o Ikoritungko y Atakpa, propiamente los del Viejo Calabar denominados por los ingleses, respectivamente, Creek Town y Duke Town.

El Viejo Calabar, ubicado en la provincia nigeriana, fue uno de los principales centros de recepción y embarque de carabalíes, de allí salieron los esclavos de las tres grandes tribus conocidas como: ibo, ibibio y ekoi, y de donde se le atribuye la procedencia a lo que se conoce como el nañiguismo.

Los carabalíes llegaron a constituir uno de los más numerosos, significativos y complejos grupos de africanos que sirvieron a los esclavistas de la colonia de Cuba.
El tráfico de esclavos mezcló a miembros de diferentes etnias africanas, debido a que la servidumbre colonial cubana hizo compleja esta composición, al confundir en los barracones de los ingenios y cafetales a los carabalíes que convivieron con los igualmente complejos lucumíes y bantús, los tres grupos de esclavos mas importantes de Cuba.
En 1836, en el poblado de Regla, frente a la bahía habanera, se creó la primera tierra, potencia, partido, nación o juego ñañigo abakuá que al parecer, fue posible por haber contado con el amparo de un cabildo negro carabali: Appapa efik. Estos cabildos negros fueron autorizados por el gobierno español y debían servir, al registrarse oficialmente como centros de asistencia mutua para integrantes de una misma nación africana y, al igual que los carabalíes, los hubo lucumíes de otras procedencias étnicas de africanos esclavizados.
Los nombres de estos cabildos junto con los del recuerdo sagrado ñañigo, son fuentes para identificar orígenes. Entre los primeros se cuentan, además de Appapa Efik, Carabali Abalo, Carabali Insuamo-Isieque, Carabali Ibó, Carabali Ingré, Carabali Efik… y entre las tierras del ñañiguismo: Efik Buton, la iniciadora, Erón Nta, Oru Bibñi, Eforia Nkomo, Abakuá Efor, Efí Abakuá, Usagaré Mutanga… Los nombres de los cabildos presentan un espacio geográfico mucho más amplio que el de las tierras, donde aparecen, insistentemente, efor y efik, la madre y el padre de abakuá según el linaje tradicional ñañigo.

Con el devenir histórico, resultado de los cambios y transformaciones económicas, políticas y sociales, las sociedades ñañigas que en sus inicios estaban constituidas por esclavos de nación, fueron incrementando en sus filas practicantes de diferentes capas sociales, dígase: negros criollos, mulatos y finalmente luego de violentas pugnas, los blancos.
Durante segunda mitad del siglo XIX, ser ñañigo no significaba ser carabali, como tampoco significaba que se fuese negro, pero si se aceptaba el complejo de creencias y se cumplimentaba el ritual que fundamentaba su existencia.

La variedad de calificativos con que los ñañigos generalizaron sus sociedades constituyeron una forma peculiar de coexistencia, identificación y reafirmación para legitimarse como sociedad secreta. En este sentido ellos realizaron desde su concepción del mundo una conceptualización de los diferentes elementos que componían su sistema de creencias. Entre los que se encuentran:

Tierra: El termino como en África, delimita el territorio de acción efectiva de una u otra sociedad; pero, en su más profundo sentido, la tierra es, la africana, donde se ubican los espíritus venerados de los antepasados que asisten a la ceremonia del rito ñañigo.

Potencia: por la fortaleza interna, mágica, de todo lo concerniente a abakuá, la solidaridad de su membresía y el cumplimiento obligatorio de sus leyes, que comienza por el hermetismo protector. La potencia, es el conjunto de objetos sacros y de hombres probados como creyentes valientes y viriles. Sólo lo que sea potente, macho, puede tener acceso a sus secretos.

Juego: por la dramática puesta en escena de lo que se califica, quizás con menos propiedad, representación: la interpretación oscura, multiforme y multicolor de los ritos prescritos con la presencia de los diablitos, toques de tambor, utilería y atuendos.
Los ingleses lo denominan play, con un exacto significado al del juego español, posible reminiscencia de los juegos medievales, aplicados a abakuá en tiempos de colonia.

Nación: por su singularidad originaria, integrada por negros de nación, por carabalíes, por no-cubanos, por esclavos que encontraban una autoreafirmación personal frente a la generalizada hostilidad que les rodea, con su propia jerga, leyes, cultura y hasta tierras.

Partido: también con sentido separatista. Como hubo partidos pro españoles, anexionistas e independentistas en la colonia y otros partidos políticos en la neocolonia, hubo un ñañiguismo partidista que no fue ignorado por los partidos oficiales interesados en captar esa fuerza electoral durante lo mas de cincuenta años de la República neocolonial.

Abakuá se constituyó en un principio por naciones, tierras, potencias, juegos y partidos, con un propósito o fin inicial de afirmación étnica y cultural en una sociedad que los discriminaba. Con posterioridad, al abrirse el ingreso a cubanos de diferentes etnias, como resultado de la abolición de la esclavitud en el periodo correspondiente a 1886, provocó una especie de caos en el interior de las sociedades, debido a que continuó persistiendo el racismo dentro de sus filas.
Los viejos de nación, conocidos como los taitas, se opusieron al ingreso de los blancos, aduciendo que estos adeptos no mantendrían la discreción requerida, y que esto resquebrajaría la autoridad de los jefes y que los secretos trascenderían al dominio público .

De esta manera el Abakuá se convirtió en un refugio para delincuentes, que aprovecharon sus principios básicos de ayuda mutua, para escapar de la persecución oficial. La estigmatización de los mismos durante la segunda mitad del siglo XIX como criminales, provocó la persecución, deportación y el encarcelamiento sin distinción, de muchos de sus practicantes.

En la actualidad, esta religión es refugio para la autoreafirmacion del hombre como el macho, el que más valor tiene, es decir, es un espacio de competencia social, donde los más aptos son los que sobreviven.

Se hace necesario aclarar que un importante número de ñañigos lo constituía el proletariado de las zonas portuarias de La Habana, Matanzas y Cárdenas.

La práctica abakuá no pudo mantenerse al margen el proceso histórico, la explotación capitalista de la fuerza de trabajo obrera, la lucha de clases y la enajenante acción divisionista del racismo; por esta razón se plantea al inicio del ensayo que esta religión es el resultado del inevitable condicionamiento social.

De modo general se aprecia como la propia historia de esta religión o sociedad secreta aporta elementos importantes en la comprensión de su funcionamiento y desarrollo en particular.

Ahora bien, ¿cuál fue la situación de la mujer dentro de esta sociedad secreta? ¿ Qué funciones se le atribuyeron en el interior de la misma?

La consideración de la mujer dentro de la religión abakuá, no difería en gran escala de la del esclavo, solo aquellas que pertenecían a las grandes familias, madres de jefes o de hombres ricos, logran disfrutar de una situación mejor que la del resto de ellas.
Cualquier hombre en sus tribus podía tener tantas mujeres como sus medios lo posibilitaran.

La mujer ibo al casarse perdía todos los derechos sobre ella misma o sus posesiones y pasaba a formar parte de las propiedades de su marido con un valor poco superior al de una vaca o una chiva . Como esta era considerada como una mercancía valiosa, la posesión de un gran número de ellas realzaba el prestigio masculino.

La culpa de las mujeres por el fallecimiento del marido, entre los efik, establecía que aquellas fueran inmoladas sobre su tumba para que continuaran sirviéndolo en el mundo de los muertos .

El dominio del hombre sobre la mujer fue mayor entre los conocidos como ibo a diferencia de otras tribus. Allí la mujer no podía tomar la iniciativa para el divorcio, en cambio el hombre podía arrojarla del hogar con dos o tres utensilios de cocina, desposeyéndola de todo derecho, incluso a los hijos.

La sociedad ñañiga no aceptaba a las mujeres entre sus miembros porque éstas según el testimonio de muchos ñañigos son consideradas incapaces de guardar un secreto .

De esta manera se aprecia como en el interior de esta sociedad secreta se discrimina a la mujer en todos los aspectos de la vida cotidiana.

Un análisis crítico desde la perspectiva sociológica de género constituye la clave fundamental para entender y dilucidar algunos elementos importantes en la comprensión de los factores actuantes en esta total discriminación de la mujer dentro de la sociedad reconocida como abakuá.

La perspectiva de género facilita el modo de decodificar el significado que las culturas otorgan a la diferencia de sexos, y además es una manera de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana .

El patriarcado, sistema de dominación, el cuál consistió en el ejercicio de poder de los hombres sobre las mujeres de manera desigual es uno de los aspectos esenciales para comprender el complejo proceso de discriminación a la que fue sometida la mujer dentro del ñañiguismo.
La familia patriarcal se caracterizó por ser una institución social especifica basada en la organización del trabajo en el hogar, donde el padre de la familia era el que controlaba y distribuía el trabajo , lo que provocó una subordinación creciente por parte de la mujer hacia el hombre, subordinación que aún en la actualidad funciona dentro de la sociedad cubana abakuá.

La distribución de roles también es un elemento importante para entender y analizar esta problemática. La mujer quedó relegada al espacio privado, es decir a las labores hogareñas y el hombre incrementó su participación en los espacios públicos, como resultado de los estereotipos construidos alrededor de la mujer a través de los procesos históricos por los que transitó la sociedad cubana en general.

La idea de que la mujer no puede guardar un secreto evidencia un conocimiento estereotipado por tabúes fundamentalmente sociales que desembocan en la invisibilización de la mujer y en la legitimación del hombre como el centro de la sociedad. Este androcrentrismo provocado por la codificación social que desde la familia se asocia con las funciones intrafamiliares de la niña y el niño, explica el por qué de la discriminación de la mujer dentro de este tipo de sociedad, que al igual que la masonería excluyó y excluye a la mujer de todas sus prácticas y rituales.

La violencia simbólica a la cual fue sometida la mujer y que generalmente no se percibe, resulta un elemento crucial en este análisis, debido a que es un mecanismo psicológico que actuó de manera directa en la construcción de lo que significó la mujer para el hombre en la sociedad ñañiga en cuanto a los roles de subordinación, como producto de la división social y sexual del trabajo.

Considero que todo debate con relación a la mujer y a sus derechos dentro de cualquier sociedad secreta provoca una cierta incomodidad e inconformidad por parte de sus participantes, que hasta nuestros días producen y reproducen patrones asociados con el machismo, y donde además el sexismo gana un terreno fundamental en los principios básicos y estatutos de las sociedades secretas de nuestro país.


Convendría pues, de cara al logro de la eliminación de esta discriminación histórica darnos cuenta de la importancia de la mujer dentro de la sociedad cubana en general y otorgarle esos espacios perdidos o nunca encontrados, donde puedan alzar sus voces con total igualdad de derechos.





Bibliografía

• Astelarra, Judith. Libres e Iguales. Sociedad y política desde el feminismo. Ensayo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
• Lamas, Marta. Usos y posibilidades de la categoría género en: http//www. udg. mx/laventana/libr1/lamas.html
• Sabater Palenzuela, Vivian M (Compiladora). Sociedad y Religión. Selección de lecturas. Tomo I. Editorial Félix Varela, La Habana, 2003.
• Proveyer Cervantes, Clotilde (Compiladora).Selección de lecturas de Sociología y Política Social de Género. Editorial Félix Varela, La Habana, 2005.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El Color marca la diferencia.La masculinidad y los estereotipos raciales en Cuba. Apuntes para un debate.

por MAIKEL COLON PICHARDO

Qué tienen los negros en Cuba? Así da titulo a uno de sus trabajos el periodista y ensayista cubano Pedro Pérez Sarduy, y aunque no es nuestra intención abordar los pormenores de este trabajo, nos pareció sugerente tal titulo para lo que aquí pretendemos debatir. El estudio de nuestra historia esta lleno de aspectos que nos permiten una comprensión profunda de la actualidad. Algunos de ellos guardan estrecha relación con los hombres negros cubanos, en especial, aquellos que interrumpidamente han favorecido la sustentación de estereotipos raciales que han condicionado la visión que tenemos sobre estos individuos. Quisiéramos continuar entonces, como lo hicimos en nuestra apertura: ¿Qué tienen los negros en Cuba?

Esta brusca apertura, quizás, es uno de los factores que se forjan como los emblemas básicos para determinar las distintas maneras en que nuestra historia ha elaborado estereotipos raciales negativos y positivos alrededor de los hombres negros. Parecería como si repente estuviéramos ante una problemática de recién aparición, sin embargo, la imagen que se ha logrado construir, representa varios de los elementos fundamentales mas particulares acerca del modelo de hombre negro masculino. Hablamos de ciertas alusiones que esencialmente subyacen en la conciencia social, pero que en todo caso, dentro de esas alusiones se establecen matices superfluos que nuestra sociedad se ha encargado de proyectar.

Desde sus inicios el modelo cubano de hombre negro estuvo matizado a partir de la elaboración de imágenes determinadas por los diferentes procesos históricos que en muchos sentidos se convirtieron en el punto de partida o la línea de base para determinar como se construye la masculinidad de los hombres negros cubanos, a tal grado que cuando la estructura social del régimen esclavista comenzó a promulgar el llamado «miedo al negro», ni siquiera la participación mayoritaria de estos en la manigua redentora y la distinción que muchos alcanzaron por su importante protagonismo, no fue suficiente para borrar esa visión negativa que pesaba sobre ellos.

Todas estas concepciones, incluso, cuando abrió sus puertas la nación con todos y para todos en 1902, se preservaron como una mancha, y es interesante porque a partir de ese nuevo momento de la historia de nuestra nación, se mantuvieron muchos de los estereotipos raciales negativos antes difundidos y aparecieron muchos otros que para nada favorecían la vida de los hombres negros. Con la intención de blanquear a Cuba y con el afán de demostrar la inferioridad de los negros desde el punto de vista biológico y cultural, se idearon una serie de mecanismos, con ideas al respecto, desde la ciencia, de las que no quedaba claro si se promovían como, la ciencia contra el crimen o contra los negros, y también a través de algunas de las vías de influencia social como la prensa, se proyectaron y promovieron estos estereotipos raciales negativos que ejercieron una acción directa en la conformación de la imagen de los hombres negros.

Un nuevo momento de nuestra historia, cuando irrumpía la década del 30, se produce. Una serie de fenómenos interesantes relacionados con un nuevo modelo para los hombres negros, que como hasta el momento mencionábamos, había sido cercenada por esa visión negativa que pesaba mucho mas de lo que realmente se pudieran imaginarse.

La presencia del movimiento conocido como afro cubanismo, el digno reconocimiento del legado cultural africano, la incursión de muchos negros en la esfera deportiva con éxitos inigualables y la revolución musical que se desarrollo en años posteriores, reflejo las dotes especiales que desplegaron muchos hombres negros dentro de estos espacios. Fue así como en aras de evocar una nueva imagen dentro de la sociedad cubana, harto contradictoria en cuanto a sus relaciones raciales, llevó a tener en cuenta a los negros, ahora como foco dentro de un nuevo universo de imágenes.

Nos gustaría continuar nuestra disertación sobre la historia, pero la asunción de la igualdad política-social que supuso 1959, conduciría a la construcción de una sociedad en la que quedarían atrás viejos rezagos del pasado. Proponemos entonces, una mirada mas detenida, que intente develar, una vez mas volviendo al principio, que tienen los negros en Cuba que incide de manera determinante en la conformación de su masculinidad.
Al hablar de masculinidad estamos ante una definición que como una construcción social de género de lo que significa ser hombre se rige a partir de los patrones de comportamiento que cada una de las sociedades ha reservado para ellos. Por otro lado, en nuestro país a decir del destacado investigador cubano Julio Cesar González Pagés, esta se construye como la hiperbolización del machismo y con respecto a esto comenta que desde pequeños se nos enseña a comportarnos como un macho, varón, masculino.

Ahora bien, para los que somos negros de cuerpo entero, la percepción en lo que respecta a su masculinidad entra dentro de una escala en la que juegan un papel fundamental algunos elementos diferenciadores que se hacen sentir con fuerza en las esferas de la vida cotidiana, y que como bien comentábamos al inicio de esta propuesta, se habían construido dentro de un proceso socio histórico que se reafirmaba a partir de la creación de estereotipos raciales negativos y positivos.

Por un lado se privilegian algunos valores considerados positivos, relacionados con el deporte, la música y la sexualidad. Los hombres negros, que no quepa la menor duda, de que son, buenos deportistas, buenos músicos a la vez que buenos bailadores, y se han desarrollado dentro del mito de una sexualidad salvaje, en la que los acompaña uno de los mayores iconos de la sexualidad masculina, su miembro ilustre.

Es de destacar, sin embargo, que los valores negativos también los acompañan como si el tiempo no hubiera pasado, pues aun se comportan como fueron culturalmente construidos, y desgraciadamente han sido también incorporados como sello fundamental en la construcción de la masculinidad de los hombres negros cubanos. En este sentido que los valores más denigrantes de una sociedad aun se asocian a lo negro no es de extrañar en una sociedad que mantiene como remanentes las prácticas discriminatorias.




Las dimensiones de estos estereotipos raciales negativos alcanzan impactos significativos. Esa imagen o representación mental se expresa como parte integrante de la masculinidad de los hombres negros en Cuba, su papel en el escenario social como violadores, vagos, delincuentes, violentos, casi siempre bajo expresiones arbitrarias que establecen cierta conexión a través de sus atributos físicos, el pelo malo, la bemba grande etc.

Todas estas percepciones que se reafirman cada día en el imaginario nacional, partiendo de la existencia de estereotipos raciales negativos y positivos, apuntan hacia una interiorización de cómo estos estereotipos contribuyen a la conformación de la masculinidad de los hombres negros, reafirmando esa escala de valores que diariamente se orienta a la crítica constante de las actitudes consideradas negativas.

La masculinidad hegemónica que se ha tomado en garantizar la posición dominante de los hombres, tiene sus peculiaridades dentro de la sociedad cubana, teniendo en cuenta que esta, históricamente, ha servido como escenario social en la legitimación y reafirmación del status de los blancos, y en este sentido la masculinidad de los hombres negros se reduce al hecho de jugar roles simbólicos para la construcción de la masculinidad de los hombres blancos.
A pesar de ello, es incuestionable el hecho de que muchos hombres negros se sientan orgullosos de ser negros, ahora, al mismo tiempo, este orgullo se toma en reafirmar la existencia de los estereotipos raciales negativos y positivos, y desgraciadamente lo han asumido como parte esencial de ellos mismos. No debería de ser a estas alturas pero, revelan una pronunciada conexión con el pasado, tanto así que el día a día, las nuevas realidades no han servido para eliminar esas fabulaciones, lo cual me hace pensar en una de las estrofas de una canción del cantautor cubano Frank Delgado que infelizmente dice como ser negro y no morir en el intento.




Investigaciones recientes sobre las masculinidades intentan contribuir a la construcción de nuevos modelos donde los hombres aprendan a ser más conciliadores, menos violentos, en aras de alcanzar una «cultura de paz». Me pregunto entonces, si históricamente hemos construido una serie de estereotipos negativos y positivos alrededor de la figura de los hombres negros, que dicho sea de paso, se han convertido en sello fundamental en la conformación de su masculinidad, ¿Cómo podría inducirse que en los negros cubanos también se evidencia ese cambio?

La representación de la masculinidad de los hombres negros en Cuba tiene esas características, lo cual los coloca dentro de una rejilla de representaciones rígida y limitada que quizás no permite establecer esta desde otras valoraciones, como hombres de una sociedad multirracial como la cubana, y mas allá de encasillarlos dentro de estos estereotipos, deberíamos de tener en cuenta que representan todo lo relacionado con los hombres cubanos sin distinción de colores, por eso estaría de mas llegar a establecer paradójicamente ¿Qué tienen los negros en Cuba?

jueves, 5 de junio de 2008

Estereotipos raciales en la prensa en Cuba: civilización vs. Barbarie

por Maikel Colón Pichardo

Hablar de estereotipos raciales discriminatorios sobre los negros nos invita a reflexionar sobre la imagen o representación mental acerca de un grupo racial determinado, conformada por los rasgos positivos y/o negativos que se le asignan. Quizás el problema guarda connotaciones especiales por el impacto que aun hoy día causan, ya que en estos se encuentran los elementos que traspasan las barreras de nuestro imaginario, porque muchos de los que lo sufren, desafortunadamente, lo han asumido como parte integral de su vida.

Una de mis últimas experiencias al respecto fue solo hace unas semanas, en un mercado de la calle Infanta, adonde entre por casualidad y presencie un episodio, que si bien no me resultaba ajeno, verdaderamente me impresiono mucho. Y es que en aquel lugar se encontraba una señora mayor acompañada de su pequeña nieta, fue entonces cuando un hombre negro se acerca y tratando de congraciarse con aquella niña, le pide muy sonriente: ¡nene dale un beso al mono! La abuela al oír aquella broma absurda se indigna, manifestándole al hombre que ese tipo de comentarios resulta humillante, sobre todo para la educación de la niña, porque teniendo en cuenta que en Cuba hay tanto blancos como negros, es decir, somos una sociedad multirracial, no considera correcto educar a su nieta sobre la base de asociar a los negros con los monos, máxime si un propio negro se asocia o se autodenomina como tal.

En ese momento lo que parecía una broma se convertía en algo tan descabellado que después de reflexionar por algunos momentos nos damos cuenta que esta es una de las manifestaciones de la vida cotidiana que asocia a los negros con determinadas prácticas, o imágenes, y a pesar de que muchas de estas fueron formuladas hace ya mucho tiempo, todavía están presentes en los espacios más insospechados de la vida en Cuba.
Los que conocemos de cerca la historia de Cuba sabemos, o al menos hemos oído en algún momento, que las diferencias en Cuba en cuanto al color de la piel se refiere, ha jugado papales fundamentales dentro del proceso histórico, un aspecto que en gran medida afectó el entramado de las relaciones sociales que se han establecido en la sociedad cubana.

En el marco de la investigación que he venido desarrollando en lo que respecta a como se ha construido la masculinidad de los hombres negros en Cuba, rápidamente salio a la luz el papel de la prensa que a partir de 1902 contribuyó a la elaboración dentro del imaginario nacional de estereotipos raciales negativos a través de los que los negros como grupo social fueron catalogados y representados hasta la saciedad, teniendo presente que la raza en Cuba ha sido uno de los ejes articuladores de la identidad que en un momento se subordino a la existencia de un pueblo donde existía una raza superior blanca y una inferior negra.[1]

Este tipo de diferencias, no solo tuvo una significación meramente simbólica, sino que, en correspondencia con contextos específicos, se promovieron y difundieron, imágenes cargadas de horror con un trasfondo racista bien definido que afecto la vida de hombres y mujeres solamente por el color de su piel. El negro brujo, el negro con capacidades intelectuales inferiores que atentaban con la posibilidad de convertir a Cuba en una nación civilizada, y el negro como una amenaza contra la tranquilidad y el bienestar de los blancos, fueron algunos de los estereotipos raciales discriminatorios que con mayor fuerza se difundieron en la prensa cubana, fundamentalmente la sensacionalista y los semanarios satíricos, que caricaturizaban patrones culturales de origen africano, teniendo en cuenta que este ultimo elemento lo convertía en sinónimo de barbarie.[2]
Desde comienzos del siglo XX, las persecuciones contra manifestaciones religiosas también de origen africano, convirtieron al negro brujo en uno de los tipos más repugnantes de la mala vida cubana, como lo calificaran algunos de los intelectuales más prominentes de la época. La prensa que respondía a intereses bien definidos fue la que con mayor fuerza difundió este estereotipo, periódicos tales como El Mundo, El Día, La Discusión, incluían en sus notas diarias la persecución contra la brujería, un suceso que además se asocio con la desaparición de niños y niñas de piel blanca. Con esto los negros brujos se convirtieron en una amenaza para todas las familias blancas con niños pequeños, y la utilización de los órganos de estos niños en sus prácticas religiosas los involucraba en prácticas de canibalismo.[3]

Este aspecto nos da una medida de las implicaciones de este estereotipo discriminatorio en la vida de los hombres negros, si tenemos en cuenta que este se divulgó durante las tres primeras décadas del siglo XX. Por otro lado entre los años 1907 y 1908, la revista Cuba y América, una revista de arte, literatura y moda, circuló en sus paginas una sección denominada Aventuras de Pitirre y Buchín, que recreaba las aventuras de dos adolescentes, uno negro y uno blanco, quienes siempre se veían involucrados en maldades, propias de la adolescencia, y siempre el que se llevaba la peor parte, es decir, las consecuencias de sus actos, ya sean golpes, caídas, era Buchín, el personaje negro. No cabe dudas que en esencia, las pretensiones de esta sección era demostrar las capacidades inferiores de los negros, teniendo en cuenta, que Pitirre, el personaje blanco, siempre salía ileso dada su inteligencia, su astucia, es decir, atributos propios de la raza blanca.

Ahora 1912, constituyó una fecha bochornosa, pues se dio una de las masacres racistas mas brutales de nuestra historia, la masacre del Partido de los Independientes de Color, un partido político creado en el año 1908 solo para hombres negros, que luchaba por la igualdad de oportunidades en la sociedad cubana.
En la fecha mencionada el ejercito constitucional de la Republica, tomando como base la amenaza que representaba para Cuba este partido político, en cuanto a sus pretensiones de crear otro Haití, es decir, otro Republica negra, todos los miembros de esta organización fueron masacrados brutalmente, y ahorcados como escarmiento a todos los negros cubanos. Por supuesto que la prensa también hizo eco sobre estos sucesos.

En este sentido el semanario satírico ilustrado La Política Cómica fue uno de los principales órganos de prensa que cubrió este acontecimiento. En sus paginas vio la luz una sección denominada Negreira en campaña, donde promovían una multitud de chistes racistas, además, caricaturizaban imágenes de los lideres del Partido Independientes de Color, los cuales asociaban a los generales de la Revolución Haitiana, un aspecto que los convertía en una verdadera amenaza para el futuro desenvolvimiento de Cuba como una nación civilizada, por el carácter antinacional de crear una agrupación política marcada por el color de la piel.[4]

Este y otros ejemplos son algunos de los que evidencian el papel de la prensa en los primeros años del siglo XX, en la promoción de estereotipos raciales discriminatorios, y como estos se han perpetuado a través de los años como sello en la construcción de la masculinidad de los hombres negros, cuantas veces en las familias cubanas, asiendo alusión a los negros brujos, se asustaban a los niños para dormir, con el viejo mito de duérmete sino te traigo al hombre del saco, y en cuanto a sus capacidades intelectuales, hace unos años en la escena musical cubana ocupo popularidad una canción que coreaba, quien tiro la tiza el negro ese, la cual tuvo un nivel de aceptación elevado, entonces seria bueno cuestionarse si nuevos estereotipos discriminatorios se promueven en la sociedad cubana del presente, que pasara, porque lo más seguro es, que si no se hace nada al respecto, en el futuro continuaran reproduciéndose.


Bibliografía.
Hevia, Oilda. «Otra contribución a la historia de los negros sin historia». En Debates Americanos, No.4, La Habana, pp.77-90.

Naranjo Orovio, Consuelo. «De la esclavitud a la criminalización de un grupo: la población de color en Cuba». En Revista Op Cit, No.16, Río Piedras, Puerto Rico, 2005, pp.137-179.

Prensa.
Cuba y América. 1907-1908
El Día. 1904-1905
La Discusión. 1907
El Mundo.1904-1905
La Política Cómica. 1912
[1] Algunas de estas ideas están abordadas con mayor profundidad en mi tesis de diploma, la cual defiendo próximamente.
[2] Además del papel de la prensa también destacados intelectuales como el celebre etnólogo y antropólogo cubano Fernando Ortiz y algunas figuras importantes de la medicina, contribuyeron en los inicios del siglo XX, a establecer planteamientos científicos con respecto a la superioridad de la raza blanca y la inferioridad de la raza negra. Ver Consuelo Naranjo Orovio. «De la esclavitud a la criminalización de un grupo: la población de color en Cuba». En Revista Op Cit, No.16, Río Piedras, Puerto Rico, 2005, pp.137-179

[3] Dos de estos sucesos, el crimen de la niña Zoila y el crimen de la niña Celia recibieron total cobertura en el Mundo, esta noticia circulo en este diario por casi un año, incluso se le hizo seguimiento en su suplemento dominical el Mundo Ilustrado a el juicio contra los presuntos culpables del crimen.
[4] Esta sección tuvo una amplia cobertura y su significado mostraba la fuerza de las ideologías racistas que aun permanecían intactas dentro de la sociedad cubana.

Cuba. Desafío para las masculinidades antillanas

Por Ernesto Díaz Calderin

En el proceso de formación de la nación cubana, a través de los años, ha tenido singular importancia los procesos migratorios, estos han condicionado desde el punto de vista cultural nuestra identidad. Si se tiene en cuenta que el desplazamiento hacia la región del Caribe ha sido de árabes, asiáticos, africanos, lo que diferencia a los territorios del Caribe es en la medida que se fueron desarrollando estas inmigraciones y en la proporción que se fueron dando.

De importancia vital, por las condiciones en las que se dieron y bajo las circunstancias en que se fueron realizando, jugaron un papel fundamental las inmigraciones caribeñas hacia Cuba, en especial, las de los jamaicanos y haitianos, que se ubican específicamente en el primer tercio del siglo XX, como proceso ya consumado y con un carácter de inmigración organizada y planificada.

En el caso de los haitianos:
Este proceso se remonta a los años en que acontece la revolución haitiana, en la que grupos de franco- haitianos arriban a territorio cubano huyendo de las revueltas provocadas por los acontecimientos, asentándose en la región oriental de la isla; otro momento de éxodo de haitianos a Cuba, fue con la proclamación de la independencia haitiana en 1804, momento que muchos colonos, con sus dotaciones de esclavos vinieron hacia nuestro territorio y desarrollaron su economía.

En los primeros años de la República, es cuando se da el período de esplendor de este proceso de inmigración de haitianos a la Isla, impulsado fundamentalmente por las compañías norteamericanas, quienes controlaban el mercado del azúcar cubano y por tanto exigían una mano de obra “fuerte” y barata para sustentar el trabajo en las plantaciones azucareras. Producto de la exigencia física de este trabajo, la mayoría de los haitianos que entraban en nuestro territorio, eran hombres, representando la proporción de cada 2500 inmigrantes que venían 100 eran mujeres, lo que nos indica que fue una inmigración masculina. A su vez, dentro de ella, había una gran cantidad de jóvenes dispuestos a enfrentarse con cualquier situación, incluso sin conocer las situaciones de trabajo y de vida a las que se someterían, teniendo siempre como sueño el hecho de regresar con las riquezas que harían en Cuba.

El caso jamaicano:
Por su parte esta inmigración fue provocada por el agotamiento de las actividades de la plantación bananera en el Canal de Panamá y la construcción del ferrocarril en la misma zona, por lo que se desató un éxodo masivo de hombres y mujeres en busca de nuevos horizontes hacia Cuba, que les garantizaría el trabajo y riquezas, lo que provocó, en este caso, una proporción de cada 600 hombres que llegaban 100 eran mujeres. A diferencia con otros grupos, estos venían con mucha más instrucción educacional, debido a la labor de las iglesias protestantes en su lugar de origen, lo que les permitió, desde el punto de vista laboral, ubicarse en lugares donde estaban los mismos cubanos que poseían una alta calificación de obreros. La migración jamaicana la podemos encontrar trabajando durante el período de zafra en la plantación azucarera, y después bajo el efecto del tiempo muerto, dentro las plantaciones cafetaleras en la región oriental, de esta forma iban creando asentamientos en esas zonas del país.

En ambos procesos es importante destacar el rechazo hacia ellos que se dio en la Isla, entre otras cosas por los estereotipos que se instauraron alrededor de ellos, por sus prácticas religiosas que representaban un “peligro” para la sociedad de la época, además se decía que, fuera del tiempo de zafra no tenían otra función que cumplir en nuestro territorio, por lo que se promovió una ley- decreto para enviarlos de regreso a sus países originarios. Desde la sociedad cubana, se prefería la inmigración de peninsulares, sobre todo debido a la existencia de leyes migratorias que perseguían un “blanqueamiento”, lo que denota un fuerte racismo hacia ellos, al punto de calificarse en migraciones “no deseables”.

Tener en cuenta, independientemente de la discriminación a la que fueron sometidos, que son protagonistas de un legado histórico y cultural que se inserta dentro de lo cubano y que hoy contribuye a que seamos, nosotros los cubanos, más antillanos.

miércoles, 4 de junio de 2008

“Masculinidad y Raza en el béisbol profesional cubano” (1940-1949).

Daniel Alejandro Fernández González. (historiador)


Los incontables progresos sostenidos por el deporte a lo largo del siglo XX, trajeron aparejado que el mundo de la práctica deportiva traspasara el marco de su definición como “…sistema de competiciones físicas, generalizadas, universales, abierto por principio a todos, que se extiende en el espacio (todas las naciones, todos los grupos sociales, todos los individuos pueden practicarlos) o en el tiempo y cuyo objetivo es medir y comparar las actuaciones del cuerpo humano concebido como polémica siempre perfectible.”[1], para instituirse como un espectáculo dentro del cual, convergen, se legitiman y se expresan fenómenos y aspectos sociales como la violencia, las conciencias e identidades colectivas, las relaciones raciales y de género; en un campo donde se interconectan y tienen lugar relaciones económicas y comerciales, y se validan intereses políticos propios de las sociedades modernas.
Dichas transformaciones trajeron como resultado que el deporte se convirtiera en uno de los tres grandes socializadores de los seres humanos, junto a la música y al sexo. Estas relaciones de socialización establecidas van a estar interconectadas a las relaciones de género, en tanto en ellas intervienen códigos de comportamiento y valores previamente establecidos y asignados a tono con la posición del individuo (hombre o mujer) en las relaciones de dominación y subordinación. Dentro de la multiplicidad de disciplinas deportivas que existen, los deportes colectivos (fútbol, baloncesto, balonmano, béisbol, rugby, hockey sobre hielo, entre otros) se han legitimado como espacios donde se desarrollan “luchas” o “enfrentamientos” entre dos bandos que tributan a la producción y reproducción de características y elementos asociados a un modelo de masculinidad hegemónico, al que no todos los individuos están llamados a pertenecer.
En Cuba el béisbol, deporte nacional, parte indisoluble de nuestra identidad, partícipe activo en la conformación de la nacionalidad cubana; ha sido un espacio de legitimación de las características históricamente utilizadas para la construcción social de un estereotipo de masculinidad hegemónica (fuerza, agresividad, rudeza, inteligencia, valentía, poder, etc.) En todas las áreas donde el deporte de las bolas y los strikes ocupa el centro de la atención: terrenos, graderías, peñas beisboleras, órganos de prensa, establecimientos y paredes con imágenes y grafitis, se justifica la existencia del béisbol como deporte y práctica social que tributa al comportamiento, actitudes, costumbres y actividades sociales reservados históricamente para perpetuar la posición jerárquico-dominante de un grupo de hombres sobre las mujeres y sobre otros hombres.
Como parte de la elaboración del proyecto de tesis de licenciatura en que me encuentro inmerso, referido de forma sintética al estudio de la socialización de las masculinidades de los peloteros cubanos que, durante la década de 1940, emigraron a los Estados Unidos contratados para jugar en las distintas ligas del béisbol organizado (rentado o profesional) de esa nación, el estudio del decurso del béisbol profesional cubano y de su par norteamericano en el período señalado, me permitió definir la imposibilidad de examinar la(s) masculinidad(es) de estos deportistas sin tener en cuenta la interrelación que se establecía entre la construcción social de esa(s) masculinidad(es) y las categorías raza y nación.
Ello condiciona que el estudio de la(s) masculinidad(es) de esos peloteros y de su socialización, rebase el marco de la precisión y adjudicación de características anteriormente mencionadas (fuerza, inteligencia, violencia, arrojo), asociadas a un estereotipo de masculinidad(es) determinado, al deber tenerse en cuenta otros elementos referidos al hecho de ser un pelotero negro o blanco, cubano o norteamericano, negro y cubano o negro y norteamericano, blanco y cubano o blanco y norteamericano. Además considero necesario señalar que tampoco puede obviarse el contexto histórico-espacial de ambas naciones que enmarca al período estudiado; ni los discursos y prácticas en relación a raza y a la nacionalidad que prevalecen en él y son trasladados al escenario del béisbol[2].
En el marco de las relaciones que desde la introducción del béisbol en Cuba (década del sesenta del siglo XIX) se establecieron entre la pelota de la Isla y su similar de los Estados Unidos, acrecentadas tras el arribo de la nueva centuria, encontramos que hacia la década de 1940 esa interconexión implica una profunda interdependencia en las dinámicas que moldean el curso de la pelota en ambas naciones, aunque partiendo siempre del papel hegemónico de la organización del béisbol de grandes ligas norteamericano y de su interés por mantener el dominio de la cultura que representa, la de las elites blancas y por incrementar el control económico del béisbol en su totalidad . Esas relaciones se van a manifestar en el constante ir y venir de jugadores y equipos cubanos y norteamericanos para insertarse en ambos universos del béisbol profesional, a través de la contratación de peloteros, la celebración de series de exhibición, la participación de equipos cubanos en circuitos del béisbol rentado estadounidense.
En un contexto donde el béisbol norteamericano aún se encuentra sujeto a la segregación racial impuesta a finales del siglo XIX, en tanto coexisten dos circuitos profesionales, diferenciados más que por el capital de sus dueños o por la calidad de sus equipos, por el color de la piel de los jugadores que en ellos se desempeñan, el béisbol profesional cubano se presentaba en apariencia como el paraíso de la integración racial, al exhibir equipos donde confluían jugadores negros, blancos, mestizos, ya fueran cubanos o norteños.
El análisis de las implicaciones que trae consigo esta diferencia, condiciona una vez más la determinación de las masculinidades que definen a los peloteros que confluyen en esta investigación. Lógicamente, entonces, la construcción social de las masculinidades de los peloteros, negros o blancos, cubanos o norteamericanos en el béisbol profesional de la nación caribeña y la comprensión de las dinámicas de su socialización, llevadas al universo de la pelota rentada de los Estados Unidos, una vez que los peloteros de ese país retornan a sus circuitos nacionales y un número considerable de jugadores cubanos son contratados para jugar en ellos, va a pasar por un proceso de deconstrucción y readaptación a nuevas condiciones, relaciones y modelos de dominación y subordinación.
Si se tiene en cuenta que en el decenio de 1940 se capitaliza la supuesta integración racial en el béisbol norteamericano con la entrada oficial en el año 1947 del primer pelotero negro (Jackie Robinson) a las Ligas Mayores, tras un proceso de búsqueda por parte de los magnates del béisbol blanco de aquellos “jugadores de color” que reunieran las características asociadas al modelo de masculinidad hegemónico representado en el pelotero norteamericano blanco (con lo cual les sería otorgado un poder simbólico convirtiéndolos en paradigmas a seguir por sus iguales) y estuvieran dispuestos a aceptar el orden en la relación de dominación-subordinación establecido; proceso al que el béisbol profesional cubano no estuvo ajeno, tenemos un nuevo elemento a considerar para la consecusión de los propósitos que persigue esta investigación.[3]
Para arribar a estas conclusiones iniciales, en relación con la construcción social de la(s) masculinidad(es) de los peloteros cubanos y su socialización en el escenario del béisbol profesional de los Estados Unidos, resultó imprescindible la consulta de una fuente publicística cubana que circulara durante el período: la revista Carteles. La revisión de cada uno de los números que semanalmente publicó dicha revista en los diez años que se estudian, evidenció cómo la prensa especializada en el tema del béisbol en Cuba, no se detuvo en la simple reproducción de scores de juego y estadísticas de jugadores y equipos, sino que tomó posición a partir de un discurso de defensa de la identidad cubana representada en sus peloteros y de la necesidad de un espectáculo deportivo que no estuviera mediado por las diferencias raciales, intrínsecamente ligadas a ese discurso nacionalista. Ello permite que a pesar de no existir en los artículos revisados la intención de implementar una perspectiva de género, y particularmente de incorporar elementos relativos a los estudios de masculinidad[4], se puede encontrar en ella elementos sólidos para conformar una visión bastante integral sobre los mecanismos a partir de los cuales se construyen socialmente la(s) masculinidad(es) de los peloteros cubanos en el béisbol profesional de la isla, su transformación y socialización una vez que estos peloteros se insertan en el béisbol organizado de Norteamérica y cómo se involucran en ello estructuras sociales como la raza y la nacionalidad.




[1] Tomado de: Jean Marie Brown. Sociología política del deporte. París, Editorial Macrolibros, 1968, p. 44.

[2] Para una mejor comprensión de este último aspecto resulta indicado la lectura de la ponencia: “Los afronorteamericanos, los cubanos y el béisbol” de los investigadores Lisa Brock y Otis Cunningham, compilada en el texto “Culturas encontradas: Cuba y los Estados Unidos.” Ver: Lisa Brock y Otis Cunningham. “Los afronorteamericanos, los cubanos y el béisbol”, en Rafael Hernández y Joan Coatsworth. Culturas encontradas: Cuba y los Estados Unidos, Centro Juan Marinello/Universidad de Harvard, 2001, pp. 203-227.

[3] Un elemento interesante en ese sentido resulta el hecho que uno de los jugadores negros que habían sido propuestos para romper con la barrera racial en el béisbol profesional norteamericano fue el cubano Silvio García, que al igual que Robinson era una de las grandes figuras de las Ligas Independientes de Color. Se cuenta que al ser entrevistado por el dueño de los Dodgers de Brooklyn (club que realizó el contrato de Jackie Robinson), Branch Rickey, García manifestó que ante la posibilidad de cualquier ataque de contenido racista hacia su persona, respondería de forma violenta, lo cual anuló la oportunidad de que fuera el pelotero designado para “hacer desaparecer la barrera racial”. Ver: Roberto González Echevarría. La gloria de Cuba. Historia del béisbol en la isla. Madrid, Editorial Colibrí, 1ra edición en español, 1999.

[4] Ello resulta lógico si se tiene en cuenta la distancia en el tiempo que median entre los años en que circula la revista y el momento de inicio de estos estudios.