jueves, 7 de agosto de 2008

Mujeres cubanas en el Olimpo.

Por Daniel Alejandro Fernández González

Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.

Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.

Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)

Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.
Por Daniel Alejandro Fernández González

Son 59 las atletas que componen la delegación cubana que en unas horas participará en la ceremonia de apertura de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna, Beijing 2008. Con un pasado olímpico cuyo inicio se remonta a la cita de Melbourne, Australia en el año 1956, cuando se produce el debut de la mujer cubana en juegos estivales, a través de la corredora Bertha Díaz; las actuaciones de nuestras atletas han ido in crescendo a la par del desarrollo deportivo sostenido por la isla en los últimos 50 anos.

Los juegos de México en 1968, reportaron la primera medalla olímpica de la mujer cubana, con la actuación de las corredoras Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Violeta Quesada y Fulgencia Romay, integrantes del relevo 4x100m., ubicadas segundas en la final, por detrás de la posta norteamericana. En Munich 1972 se produce el debut de las mujeres cubanas en deportes colectivos, al incluirse en la delegación al equipo de voleibol femenino, que se ubicaría sexto en esa ocasión. Ocho años mas tarde la jabalinista María Caridad Colón, se convertía en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el metal dorado en citas estivales. Su envío ganador: 68,40m representó en ese momento record olímpico en dicha especialidad.

Barcelona en el año 1992, fue la ciudad que presenció el gran salto del movimiento olímpico cubano. En la ciudad Condal, la delegación de la isla se ubicó quinta en la tabla general de medallas, al obtener 14 títulos y 31 preseas en total. Nuestras atletas, que por primera vez sobrepasaron la cifra de cincuenta participantes (54 en 7 deportes), cosecharon 3 metales dorados, 1 plata y 3 bronces. A la medalla dorada de la discóbola Maritza Marten, se unieron, el titulo aportado por el debutante equipo de judo femenino (Odalis Revé, 66 Kg.) y el primero de los tres metales áureos consecutivos de nuestras “Espectaculares Morenas del Caribe” (Barcelona, Atlanta y Sydney.)

Son las tres disciplinas mencionadas en el párrafo anterior: Atletismo, Judo y Voleibol, las que unidas al Taekwondo han visto subir al podio mujeres cubanas, como bien nos muestra la siguiente tabla.

Deporte oro plata bronce total
Judo 4 5 9 18
Atletismo 4 3 6 13
Voleibol 3 0 1 4
Taekwondo 0 2 0 2
total de medallas 11 10 16 37

En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.



En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.

Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37

Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.

Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.

-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.

-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.

- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.

- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.

-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.





En los venideros juegos, la mayor posibilidad de sumar una nueva disciplina a esta tabla se encuentra en la ciclista Yoanka González, que competirá en la carrera por puntos, evento durante el cual se ha mantenido entre las tres primeras del ranking durante el ciclo olímpico.



En los juegos celebrados en la isla continente, Sydney 2000, se produjo el mejor resultado cualitativo de nuestras mujeres en Olimpiadas al obtenerse 3 títulos, igual cantidad de medallas de plata y una presea bronceada. Fue en estos juegos además donde mayor numero de competidoras participaron por Cuba, 87 en 17 deportes, lo que significo igualmente un record en cuanto a numero de disciplinas. La siguiente tabla recoge de manera mas precisa, las medallas obtenidas por nuestras mujeres en estas citas del deporte universal.

Edición oro plata bronce total
México 1968 0 1 0 1
Munich 1972 0 0 2 2
Moscú 1980 1 0 0 1
Barcelona 1992 3 1 4 8
Atlanta 1996 2 2 3 7
Sidney 2000 3 3 1 7
Atenas 2004 2 3 6 11
Total 11 10 16 37




Si bien hacer pronósticos, siempre ha resultado una labor sujeta a posteriores decepciones, creo que no resulta descabellado afirmar, que esta latente la posibilidad de que nuestras atletas registren en la capital China su mejor actuación histórica en cuanto a títulos y quizás en el total, aunque esto ultimo es más difícil. Nombres como los de Yargelis Savigne, Yarelis Barrios, las muchachas del voleibol, las judocas Driulis González, Yalennis Castillo y Yanet Bermoy; esta ultima excelente candidata para brindar a la nación la primera medalla el dia 9 de agosto, están en reales condiciones de hacer validas estas previsiones y poner en alto una vez mas a la mujer cubana.

Para finalizar quisiera dejarles algunos datos interesantes sobre algunas de nuestras atletas en citas estivales.

-Deportista cubana en participar con menos edad en unos juegos olímpicos: Ana María García, 15 años, Voleibol, Munich 1972. También participó en los juegos de 1976 y 1980.

-Deportista cubana en participar con más edad en unos juegos olímpicos: Margarita Tarradell, 42 años, Tiro deportivo, Atenas 2004. Además participó en Barcelona y Sidney.

- La judoca Driulis González es, junto a la voleibolista Ana Ibis Fernández, la deportista cubana con mayor cantidad de medallas en citas olímpicas, 4, una de oro, una de plata y dos bronceadas, e ira a sus quintos juegos con enormes posibilidades de añadir otra presea a su palmares.

- Siete de nuestras “morenas del Caribe” poseen tres títulos olímpicos Ellas son Mireya Luis, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raisa O/Farril, Regla Torres, Regla Bell y Ana Ibis Fernández.

-Paradójicamente, nunca una atleta cubana ha sido seleccionada la abanderada de nuestra delegación en el desfile inaugural de unos Juegos Olímpicos.

domingo, 15 de junio de 2008

Mujeres jugando beisbol en Cuba ¿grandes ligas?

Por Daniel Alejandro Fernández González, estudiante de 5to Historia de la Universidad de la Habana.

A pesar de los avances sostenidos por las mujeres, a todo lo largo del siglo XX, en el ámbito de las prácticas deportivas, aún perviven muchos remanentes que tributan de un modo u otro a la existencia del mundo de la competición atlética como una esfera de la sociedad reservada para perpetuar la posición de dominación de los hombres dentro de las relaciones de género. En el caso particular de Cuba (nación donde los logros de las mujeres en el campo del deporte son innegables e incontables), resulta paradójico que sea el béisbol, nuestro deporte nacional, uno de los deportes, sino el que más, donde la mujer aún permanece relegada no solo de su práctica, sino de todos los aspectos y dinámicas que genera “la pelota” en nuestra nación.
En una sociedad patriarcal como la cubana, el béisbol ha sido un espacio de legitimación de las características que dichas sociedades han utilizado para construir la identidad masculina (fuerza, agresividad, rudeza, inteligencia, valentía, etc.), socializador por excelencia de la masculinidad, marco propicio para demostrar el papel dominante del hombre dentro de las relaciones de género. En todas las áreas donde el deporte de las bolas y los strikes ocupa el centro de la atención se justifica su existencia como deporte y actividad social que tributa al comportamiento, actitudes, costumbres y actividades sociales reservados históricamente para los hombres. En un escenario que se erige en una especie de “santuario para hombres”, la mujer solo puede encontrar lugar si se comporta como fiel admiradora de estos “machos hegemónicos” que, divididos en dos bandos, se enfrentan en un “combate simbólico” que rebasa el marco de la búsqueda de la victoria deportiva, pues incorpora también luchas regionales, políticas o raciales. Resulta lógico pensar entonces, que la incorporación de la mujer a este espacio de reafirmación de los rasgos que definen la masculinidad, haya estado y se encuentre sujeta a las implicaciones de su posición de subordinación en las relaciones de género.
El documental “¿Grandes Ligas?” del joven realizador Ernesto Pérez Zambrano, es sin duda alguna una muestra fehaciente de cómo el béisbol en Cuba se convierte en un espacio de exclusión dentro de las relaciones de género. La obra centra su atención en un grupo de mujeres capitalinas que se han incorporado a la práctica del béisbol, a raíz de un llamado de la Federación de Mujeres Cubanas, hecho en el año 2003, donde instaba a sus integrantes a formar equipos de pelota en todas las provincias del país. Estas jóvenes muchachas no solo han debido enfrentar las dificultades que acarrea el aprender a jugar un deporte tan difícil como el béisbol, sino que se han encontrado con que viven en una sociedad patriarcal que no está dispuesta a aceptar que ellas ocupen un lugar en su deporte nacional, creado, pensado y practicado por y para los hombres.
¿Grandes Ligas? visibiliza de muchas maneras lo enunciado en el párrafo anterior. Las tomas realizadas en la peña beisbolera del Parque Central, el mayor espacio de debate sobre béisbol en la Ciudad de la Habana, en el que la presencia femenina es nula, muestran opiniones que van más allá de la no-aceptación de la práctica del béisbol por parte de las mujeres, al considerarlo “deporte de hombres”, sino que incluso retoman postulados de inicios del siglo XX que consideraban inferior a la mujer por obra de la genética. De igual forma en uno de los sitios que presenta el documental: un lugar donde se encuentran un grupo de hombres jugando dómino, estos coinciden en señalar el papel doméstico que históricamente ha sido reservado a la mujer dentro de la sociedad (en este caso uno de ellos las ubica en la cocina y además considera que ese machismo lo trae incorporado por herencia), lo cual impide que estas puedan desempeñar actividades como jugar béisbol. Cuando el documental se centra en lo que es a mi juicio uno de los momentos más importantes de la pelota cubana en este siglo: la aparición de la primera mujer árbitro en Series Nacionales, Yanet Moreno, vemos que aquí la oposición adquiere ribetes más drásticos. Para los entrevistados resulta impensable que una mujer asuma las riendas de un juego practicado por hombres, “eso si es cosa de hombres”, “me parece que es un hombre lo que tengo al lado”, son algunas de las ideas que se enuncian.
Uno de los elementos importantes que refleja el documental, subyace en las opiniones de los entrenadores y directivos que se han implicado en el desarrollo del béisbol de mujeres. Ellos contrastan en sus palabras su afirmación de que las mujeres pueden jugar béisbol, de hecho lo están demostrando, con la necesidad de que en su práctica no pierdan las características femeninas que las convierten como dice Lázaro de la Torre: “en las que adornan la naturaleza” y por lo cual deben comportarse siempre como mujeres, lo cual de igual forma encierra cierto recelo y además contradicción, ante la posibilidad de que la práctica de un deporte que conlleva características asociadas a la masculinidad, ponga en duda la “condición de mujer” de estas atletas.
Lo dicho hasta este instante pudiera hacer pensar que son demasiadas las trabas que la dinámica de la sociedad cubana, en el orden de las relaciones de género, les impone a estas muchachas en su afán de jugar béisbol. Si bien ello es cierto, las entrevistas realizadas a estas mujeres y las imágenes que nos muestra el documental demuestran que ellas están profundamente conscientes en primer lugar: del origen y de la existencia de estas dificultades, así como de la necesidad de luchar e imponerse sobre ellas; y en segundo lugar: que la práctica del béisbol es una actividad que conlleva características legitimadas históricamente por los hombres, sin que ello decosntruya o modifique su femineidad o los elementos que ellas asumen las definen como mujeres por el solo hecho de jugarlo.
Para finalizar no quisiera dejar de señalar la importancia que reviste que el documental hurgue en la historia, a partir de las entrevistas realizadas a dos mujeres que jugaron béisbol en el período que puede considerarse como la mejor época del béisbol femenino en Cuba: entre mediados de los años cuarenta y la década del cincuenta del siglo XX. Ello pone en evidencia algo que es desconocido para muchos: que la relación entre la mujer cubana y el béisbol tiene una historia, que si bien ha estado permeada en todo momento por el “machismo” que ha caracterizado el decurso de nuestra nación, cuenta con momentos en que la mujer pudo invadir los diamantes beisboleros y causar asombro e incluso aceptación por sus capacidades como pelotera.

Masculinidades sobre cubierta....

Por Ernesto Pérez Calderin
Estudiante de Historia. Universidad de la Habana

En el documental realizado por Ernesto Pérez Zambrano “Hombres sobre cubierta”, se narra la historia de una travesía, que duró cuatro meses, en el barco llamado Playa Girón realizada por un grupo de hombres en el año 1969.
En el audiovisual se refleja cómo se va desarrollando la convivencia de estos hombres, poniendo de manifiesto un tipo de masculinidad que los une mediante códigos previamente establecidos.
Esta relación está condicionada por dos factores importantes, uno de ellos es en el espacio físico donde se desarrollan los acontecimientos, en un barco de la flota pesquera, donde por las actividades que se ponen en práctica exige una postura varonil y de fortaleza tanto física como mental, y que hay que mantener, actuando en correspondencia con la situación que los rodea. Estas son características propias que se les exige a los hombres en todo momento.

Otro de los factores está condicionado por el momento histórico que se esta viviendo en Cuba en el año 1969. Época de cambio en la vida de la isla, donde se está creando el ideal de hombre nuevo que tiene que enfrentarse a todos sus miedos y superarlos, es un momento histórico donde no hay espacio para los débiles y mucho menos para los contrarrevolucionarios.

Estos dos aspectos van a marcar el objeto central del documental, donde aparece una figura simbólica de nuestra cultura nacional, Silvio Rodríguez, que en aquel momento había sido expulsado del ICRT, porque supuestamente no representaba ese modelo.
Silvio,(entonces con pelo largo) se involucra con un grupo de hombres, en un espacio legitimado por los hombres. Se inserta en la dinámica de los pescadores y logra estrechar relaciones de afecto con este grupo. Está conciente que no puede ser como ellos, pero que , de alguna forma podía dar su aporte , dejando claro que el mar es un forjador de las masculinidades.

Durante todo el documental se evidencia la socialización de estas masculinidades. Para estos hombres el alcohol es elemento de confirmación de estas características de fuerza y resistencia ante la vida, ante las adversidades. La capacidad de vencer sus miedos, la nostalgia, las ausencias y la distancia.

Es importante señalar que en dicho documental, con respecto a la relación de masculinidades que se evidencia no se presupone una subordinación de estos individuos, sino una relación de unidad y solidaridad.

La música en este documental representa un aspecto muy significativo. Es un período que va a marcar la vida artística de Silvio Rodríguez, porque la mayoría de las canciones que compuso en la época van a reflejar las situaciones por las que pasaron dichos individuos y en las que van a estar inmersas sus masculinidades como elementos fundamentales en las letras. Otras de sus canciones de ese periodo reflejan como la situación por la que atravesaba el país influye en la política cultural de la cual él había fue víctima, provocado por el estilo dogmático que prevaleció en aquel momento.

Un ejemplo de estas descripciones en la música del cantautor cubano lo representa el tema musical llamado precisamente Playa Girón, en el que se habla de lo que significó la convivencia en el barco con hombres solamente y los sentimientos que despiertan en el ser humano, además habla de la presencia de hombres de todo tipo de razas en el barco, unidos por el hecho de estar juntos en el mismo lugar.

Lo que demuestra que la música sigue siendo un complemento importante para transmitir valores morales y reflejar la realidad que nos rodea, de la cual se apoyó Silvio Rodríguez para hacer de esta travesía un momento importante en su vida, que lo marcaría para siempre. Dejando claro que los hombres se ponen a prueba constantemente y que lo que los distingue es la capacidad de enfrentar las situaciones y asumir una actitud consecuente con sus principios, para llegar a ser mejores cada día, para llegar a ser hombres de su tiempo

viernes, 6 de junio de 2008

“Canarias en movimiento: masculinizando su migración en Cuba (1902-1932)”

Autor: Lic. Dayron Oliva Hernández

El advenimiento del siglo XX simbolizó para Cuba la aparición de una nueva realidad histórica, la instauración de una nación independiente. La fundación de la República en el año 1902, delinea un mundo complejo y contradictorio, donde se entremezclan discursos, proyectos e intereses, los cuales influyen en la manera en que se construiría la sociedad cubana.

El inicio republicano estuvo supeditado a las graves consecuencias de la guerra independentista de fines del siglo anterior. La economía, sobre todo su principal renglón impulsor la industria azucarera, y el conjunto demográfico cubano se encontraban entre los indicadores más gravemente afectados[1]. Ello significaba para la consecución de los distintos gobiernos republicados, enmarcados dentro de los veinte primeros años del siglo XX, la presencia de condiciones desfavorables para el futuro desarrollo socioeconómico y político de la nación cubana. En este sentido, con el fin de superar las secuelas señaladas y encauzar a la República, se estableció como práctica gubernamental dentro de los programas presidenciales de ese periodo, una “prioritaria” política migratoria; donde, además, se priorizaba la necesidad de fomentar una población rural y agrícola capaz de asumir el crecimiento de la industria agroazucarera.

Sin embargo, en este proceso a favor de convertir a Cuba en un país de inmigraciones, intervinieron decididamente elementos de la llamada “alta cultura blanca” (oligarcas azucareros, intelectuales, entre otros), los que desde las ciencias médicas, la antropología y sus respectivas ideologías en torno a las razas, al calor de la ampliamente difundida eugenesia[2], defendieron y proyectaron un discurso en aras de “blanquear” y de un “mejoramiento racial” de la población cubana, partiendo de la introducción de poblaciones europeas, hispanas y específicamente canarias. De este modo, a su vez, se legitimaría como parte de una práctica discursiva de orden, un modelo masculino de inmigrante deseable, el cual, tributaba a una anhelada personificación de la nacionalidad cubana: hombre blanco, de constitución fuerte y aclimatable.

Asimismo, detrás de toda esta estrategia migratoria, podemos encontrar la intención de constituir un prototipo masculino que llevase adelante la industria agroazucarera, y un arquetipo femenino competente para “engendrar” familias “blancas” y “fuertes” en las zonas rurales, cumpliendo así con las demandas demográficas.

Dentro de este contexto, es que se inserta la migración isleña[3]. Sin lugar a dudas, la población canaria sería una de las más solicitadas por la sociedad antillana: similitud cultural, tradición histórica[4] y patriarcal, al igual que su dedicación a la agricultura, fueron de los múltiples motivos en su beneficio. De esta forma, se instituía, por el número de personas que implicó, en una de las migraciones hispanas más importantes de la época. Para tener una idea del volumen de esta migración, el periodista y líder comunitario canario Cayetano Bethencourt, radicado en el archipiélago cubano, publicó el artículo “Los canarios en Cuba: divagaciones inmigratorias” durante el año de 1915, en uno de los principales rotativos de los isleños, la Revista Islas Canarias, donde brindaba una serie de estadísticas al respecto. A partir del censo de 1908, aseguraba Cayetano Bethencourt, la presencia de un total de 94 mil habitantes canarios, mientras que para 1915, estimaba aproximadamente la suma de 120 mil en suelo cubano[5].

La combinación entre una variada causalidad, el contexto histórico y los factores socioeconómicos y políticos, tanto en Cuba como en Canarias, coadyuvaron a una masiva introducción del conjunto canario. La propia caracterización de la oleada isleña se configuraría sobre la base de la compleja relación migratoria. Por lo general, la tipología fue familiar o individual; la inserción se encaminó fundamentalmente hacia las zonas rurales, destacándose en los trabajos agrícolas como el cultivo del tabaco y de la caña de azúcar; hubo una superioridad cuantitativa y cualitativa de los hombres sobre las mujeres; y, las capas sociales que protagonizaron la migración provenían de la esfera agrícola canario.

Proyectando el género: la migración se masculiniza

El proceso migratorio isleño gozaba de la bendición de las distintas administraciones gubernamentales, de un sector de las clases económicas determinantes y de una parte considerable de la intelectualidad. Tanto el color de la piel como la condición social de la población canaria, satisfacían las intenciones económicas, demográficas y raciales cubanas. La idea de fomentar una población rural y agrícola, sería llevada a cabo precisamente a partir de las familias canarias; donde, a su vez, se identificaba al hombre canario con ese modelo masculino que efectuaría, sobre sus manos y hombros, el desarrollo agroazucarero, mientras a la mujer se asociaba a ese modelo femenino de la reproducción familiar, para que así contribuyera al crecimiento de la población rural cubana.

Durante el año de 1906, el Dr. Federico Córdova, quien fungía como el secretario de los Comités Seccionales de Protección al Inmigrante, defendió ante el Estado cubano la promoción de la inmigración con familias canarias. Este reclamo se sustentaba en que “era la mejor por su capacidad de aclimatación y resistencia para el trabajo de nuestros campos, y además porque favorecía la bondad de los [6].

El 4 de noviembre de 1915, en el relevante periódico cubano “La Discusión”, apareció el artículo “Inmigración: preferencia por los canarios”, en él se expresaba: “(…) una serie de razones atendibles abonan la conveniencia de estimular con especialidad la inmigración de los hijos de las Afortunadas. Por su clima análogo al nuestro, por la similitud de cultivos, se adapta mejor el canario en Cuba que ningún otro forastero. Como es poco aficionado al comercio, la industria y el servicio doméstico, apenas llega se traslada al campo dedicándose a las labores campesinas. Procedentes de un país esencialmente agrícola, los isleños aquí se alejan de las ciudades (…) –más adelante continuaban- El isleño es recio de constitución física, laborioso y se aparta de las luchas políticas locales rechazando las propagandas ácratas”[7].

De igual manera, en una carta enviada durante el año de 1916, por el entonces presidente de la República Gral. Mario García Menocal, al destacado intelectual y líder comunitario canario Luis Felipe Gómez Wangüemert, manifestaba: “(…) Me complazco, por mi parte, en aprovechar esta ocasión para significar el alto valor que a mis ojos tiene la inmigración canaria, que se adapta con facilidad y rapidez excepcionales a las condiciones todas de nuestro país y a la que debe Cuba, por lo mismo, en medida considerable, su progreso agrícola y su riqueza. Seguro estoy de que los canarios tienen y tendrán todo el tiempo el afecto y la consideración de cuantos sepan apreciar su laboriosidad y sus virtudes”[8].

Por otro lado, el proceso de inserción canaria en la sociedad cubana respondía, como fenómeno sociocultural, a una dinámica y entramado de redes sociales, en el que intervinieron individuos, modos de conducta, costumbres, asimilados desde Canarias. De este modo, manifestaría patrones de comportamiento colectivo y estrategias familiares, sustentados en la ideología patriarcal. La configuración de lo que se puede denominar la estructura comunitaria, obraba en relación a las prácticas y los mecanismos socioculturales canarios como: las asociaciones[9], la prensa escrita[10], el mito del indiano-americano[11], las relaciones de parentesco y compadrazgos, entre otros. De la misma forma, como parte de la organización social y de la expresión de las relaciones de género, se reprodujo una hegemonía masculina y la subordinación cultural y socioeconómica de la mujer canaria.

Desde la colectividad migrada, sobre todo a partir de la trascendencia de las principales instituciones canarias como la Asociación Canaria de Cuba y las publicaciones periódicas, se declararon normativas y roles de género, los cuales, influyeron en el quehacer y el desenvolvimiento del proceso migratorio. De esta forma, se construyeron modelos y paradigmas representativos de la masculinidad y la feminidad isleña, los que tributaron no sólo a favorecer una potenciación de la migración hacia Cuba, sino a ese arquetipo ideal edificado dentro del gobierno y las concepciones científicas cubanas.

La construcción social del hombre canario en Cuba fue simbolizada como la esencia del ser y de la identidad canaria, además de representar socialmente la base para el desarrollo de la causalidad migratoria y la contribución de ésta al progreso económico de la sociedad cubana. De acuerdo entonces, a intereses comunitarios y a la propia condición social mayoritaria del isleño en territorio cubano, la masculinidad se asociará al campo, a la práctica agrícola, a la fuerza, a la virilidad, a la brutalidad, a la laboriosidad, a la resistencia, al sostener económicamente a la familia y al convertirse en socio de la Asociación Canaria. En este sentido, ese modelo de masculinidad canaria en Cuba expresó la hegemonía masculina al ejercer la práctica asociacionista, las actividades económicas principales, las relaciones de parentesco y compadrazgos, el mito del indiano-americano, entre otras.

La construcción social de la mujer canaria estuvo determinada por el modelo femenino tradicional identificado en la maternidad, la reproducción y las labores domésticas. La mujer isleña se definió en términos de madre, hermana e hija, tenía su rol sociocultural y comunitario hacia el hogar, la familia y la educación de sus hijos/as. La feminidad canaria en Cuba se relacionó a: la debilidad, la pasión, la emoción, la moral y las buenas costumbres familiares, la belleza y la supeditación al hombre. El vital ejemplo de la concepción y la condición subordinada de la mujer canaria, de modo general, fue el hecho de no poseer los mismos y plenos derechos que tuvieron los hombres, dentro del principal organismo social del proceso migratorio, desde su fundación en 1906 hasta 1931, momento en que definitivamente se incluye en las listas sociales de la Asociación Canaria. Además en este año de 1931, se fundó la asociación femenina Hijas de Canarias, lo cual, significó hasta cierto punto el reacomodo social de la mujer isleña.

Por lo tanto, en virtud de una masculinidad hegemónica, el hombre canario se erigió como el protagonista, el sostén económico y agrícola, y la figura decisoria comunitaria, del proceso migratorio en y hacia Cuba.




[1] Uno de los ejemplos más horrendos para la población cubana lo constituyó la Política de Reconcentración, aplicada por el entonces Capitán General de Isla Valeriano Weyler. Diferentes tesis históricas plantean que por un lado, la cifra de muertes rondaba en el orden de las doscientas mil personas, mientras que otras las calculan alrededor de las cincuenta mil.
[2] Ciencia del mejoramiento del linaje y la población. Surgida y difundida en Europa desde la segunda mitad del siglo XIX por Sir Francis Gilton. En Cuba tuvo esta ciencia una gran acogida. Su sustento teórico se basaba en los criterios darwinistas de la selección natural y las leyes mendelianas, persiguiendo entre sus fines la intención de “crear” una población “mejor”, más “fuerte” y más “sana”.
[3] Manera en que se identificaban en Cuba, a los oriundos de las Islas Canarias.
[4] Desde el momento de la conquista y colonización española, en el siglo XVI, comenzó un asentamiento paulatino canario en Cuba. El mismo que a medida que avanzaron los siglos se fue profundizando, sobre todo dirigiéndose hacia las zonas rurales.
[5] Bethencourt, Cayetano. “Los canarios en Cuba: divagaciones inmigratorias” En: Revista Islas Canarias, La Habana, Año VII, No 259, 15 de septiembre, 1915, pp. 8 y 9.
[6] García G., Armando. “Eugenesia, inmigración y en Cuba, 1900-1940” En: Rábida, Huelva, Nº 17, Imprenta Provincial, 1998, pp.57-66.
[7]Nota Editorial. “Menos mal…” En: Revista Islas Canarias, La Habana, Año VII, No 262, 10 de noviembre, 1915, p.8.
[8] Revista Islas Canarias, La Habana, Año VIII, No 278, 15 de agosto, 1916, p.2.
[9] A partir de 1906, con la fundación de la principal institución isleña la Asociación Canaria de Cuba, se reinició un proceso de creación de diversas asociaciones, que hasta el año de 1932, contaba con alrededor de 17, de las cuales podemos resaltar: Beneficencia Canaria, Ateneo Canario, Hijas de Canarias, entre otras.
[10] Entre los años de 1908 a 1932, existieron varios periódicos y revistas, realizados por hombres canarios asentados en Cuba, como: Revista Islas Canarias, Hespérides, Patria Isleña, Tierra Canaria, El Guanche, entre otros.
[11] Mito masculino que influyó sobre los jóvenes y hombres canarios. Se refería a aquel que venía a América o Cuba para hacerse de dinero.

jueves, 5 de junio de 2008

Estereotipos raciales en la prensa en Cuba: civilización vs. Barbarie

por Maikel Colón Pichardo

Hablar de estereotipos raciales discriminatorios sobre los negros nos invita a reflexionar sobre la imagen o representación mental acerca de un grupo racial determinado, conformada por los rasgos positivos y/o negativos que se le asignan. Quizás el problema guarda connotaciones especiales por el impacto que aun hoy día causan, ya que en estos se encuentran los elementos que traspasan las barreras de nuestro imaginario, porque muchos de los que lo sufren, desafortunadamente, lo han asumido como parte integral de su vida.

Una de mis últimas experiencias al respecto fue solo hace unas semanas, en un mercado de la calle Infanta, adonde entre por casualidad y presencie un episodio, que si bien no me resultaba ajeno, verdaderamente me impresiono mucho. Y es que en aquel lugar se encontraba una señora mayor acompañada de su pequeña nieta, fue entonces cuando un hombre negro se acerca y tratando de congraciarse con aquella niña, le pide muy sonriente: ¡nene dale un beso al mono! La abuela al oír aquella broma absurda se indigna, manifestándole al hombre que ese tipo de comentarios resulta humillante, sobre todo para la educación de la niña, porque teniendo en cuenta que en Cuba hay tanto blancos como negros, es decir, somos una sociedad multirracial, no considera correcto educar a su nieta sobre la base de asociar a los negros con los monos, máxime si un propio negro se asocia o se autodenomina como tal.

En ese momento lo que parecía una broma se convertía en algo tan descabellado que después de reflexionar por algunos momentos nos damos cuenta que esta es una de las manifestaciones de la vida cotidiana que asocia a los negros con determinadas prácticas, o imágenes, y a pesar de que muchas de estas fueron formuladas hace ya mucho tiempo, todavía están presentes en los espacios más insospechados de la vida en Cuba.
Los que conocemos de cerca la historia de Cuba sabemos, o al menos hemos oído en algún momento, que las diferencias en Cuba en cuanto al color de la piel se refiere, ha jugado papales fundamentales dentro del proceso histórico, un aspecto que en gran medida afectó el entramado de las relaciones sociales que se han establecido en la sociedad cubana.

En el marco de la investigación que he venido desarrollando en lo que respecta a como se ha construido la masculinidad de los hombres negros en Cuba, rápidamente salio a la luz el papel de la prensa que a partir de 1902 contribuyó a la elaboración dentro del imaginario nacional de estereotipos raciales negativos a través de los que los negros como grupo social fueron catalogados y representados hasta la saciedad, teniendo presente que la raza en Cuba ha sido uno de los ejes articuladores de la identidad que en un momento se subordino a la existencia de un pueblo donde existía una raza superior blanca y una inferior negra.[1]

Este tipo de diferencias, no solo tuvo una significación meramente simbólica, sino que, en correspondencia con contextos específicos, se promovieron y difundieron, imágenes cargadas de horror con un trasfondo racista bien definido que afecto la vida de hombres y mujeres solamente por el color de su piel. El negro brujo, el negro con capacidades intelectuales inferiores que atentaban con la posibilidad de convertir a Cuba en una nación civilizada, y el negro como una amenaza contra la tranquilidad y el bienestar de los blancos, fueron algunos de los estereotipos raciales discriminatorios que con mayor fuerza se difundieron en la prensa cubana, fundamentalmente la sensacionalista y los semanarios satíricos, que caricaturizaban patrones culturales de origen africano, teniendo en cuenta que este ultimo elemento lo convertía en sinónimo de barbarie.[2]
Desde comienzos del siglo XX, las persecuciones contra manifestaciones religiosas también de origen africano, convirtieron al negro brujo en uno de los tipos más repugnantes de la mala vida cubana, como lo calificaran algunos de los intelectuales más prominentes de la época. La prensa que respondía a intereses bien definidos fue la que con mayor fuerza difundió este estereotipo, periódicos tales como El Mundo, El Día, La Discusión, incluían en sus notas diarias la persecución contra la brujería, un suceso que además se asocio con la desaparición de niños y niñas de piel blanca. Con esto los negros brujos se convirtieron en una amenaza para todas las familias blancas con niños pequeños, y la utilización de los órganos de estos niños en sus prácticas religiosas los involucraba en prácticas de canibalismo.[3]

Este aspecto nos da una medida de las implicaciones de este estereotipo discriminatorio en la vida de los hombres negros, si tenemos en cuenta que este se divulgó durante las tres primeras décadas del siglo XX. Por otro lado entre los años 1907 y 1908, la revista Cuba y América, una revista de arte, literatura y moda, circuló en sus paginas una sección denominada Aventuras de Pitirre y Buchín, que recreaba las aventuras de dos adolescentes, uno negro y uno blanco, quienes siempre se veían involucrados en maldades, propias de la adolescencia, y siempre el que se llevaba la peor parte, es decir, las consecuencias de sus actos, ya sean golpes, caídas, era Buchín, el personaje negro. No cabe dudas que en esencia, las pretensiones de esta sección era demostrar las capacidades inferiores de los negros, teniendo en cuenta, que Pitirre, el personaje blanco, siempre salía ileso dada su inteligencia, su astucia, es decir, atributos propios de la raza blanca.

Ahora 1912, constituyó una fecha bochornosa, pues se dio una de las masacres racistas mas brutales de nuestra historia, la masacre del Partido de los Independientes de Color, un partido político creado en el año 1908 solo para hombres negros, que luchaba por la igualdad de oportunidades en la sociedad cubana.
En la fecha mencionada el ejercito constitucional de la Republica, tomando como base la amenaza que representaba para Cuba este partido político, en cuanto a sus pretensiones de crear otro Haití, es decir, otro Republica negra, todos los miembros de esta organización fueron masacrados brutalmente, y ahorcados como escarmiento a todos los negros cubanos. Por supuesto que la prensa también hizo eco sobre estos sucesos.

En este sentido el semanario satírico ilustrado La Política Cómica fue uno de los principales órganos de prensa que cubrió este acontecimiento. En sus paginas vio la luz una sección denominada Negreira en campaña, donde promovían una multitud de chistes racistas, además, caricaturizaban imágenes de los lideres del Partido Independientes de Color, los cuales asociaban a los generales de la Revolución Haitiana, un aspecto que los convertía en una verdadera amenaza para el futuro desenvolvimiento de Cuba como una nación civilizada, por el carácter antinacional de crear una agrupación política marcada por el color de la piel.[4]

Este y otros ejemplos son algunos de los que evidencian el papel de la prensa en los primeros años del siglo XX, en la promoción de estereotipos raciales discriminatorios, y como estos se han perpetuado a través de los años como sello en la construcción de la masculinidad de los hombres negros, cuantas veces en las familias cubanas, asiendo alusión a los negros brujos, se asustaban a los niños para dormir, con el viejo mito de duérmete sino te traigo al hombre del saco, y en cuanto a sus capacidades intelectuales, hace unos años en la escena musical cubana ocupo popularidad una canción que coreaba, quien tiro la tiza el negro ese, la cual tuvo un nivel de aceptación elevado, entonces seria bueno cuestionarse si nuevos estereotipos discriminatorios se promueven en la sociedad cubana del presente, que pasara, porque lo más seguro es, que si no se hace nada al respecto, en el futuro continuaran reproduciéndose.


Bibliografía.
Hevia, Oilda. «Otra contribución a la historia de los negros sin historia». En Debates Americanos, No.4, La Habana, pp.77-90.

Naranjo Orovio, Consuelo. «De la esclavitud a la criminalización de un grupo: la población de color en Cuba». En Revista Op Cit, No.16, Río Piedras, Puerto Rico, 2005, pp.137-179.

Prensa.
Cuba y América. 1907-1908
El Día. 1904-1905
La Discusión. 1907
El Mundo.1904-1905
La Política Cómica. 1912
[1] Algunas de estas ideas están abordadas con mayor profundidad en mi tesis de diploma, la cual defiendo próximamente.
[2] Además del papel de la prensa también destacados intelectuales como el celebre etnólogo y antropólogo cubano Fernando Ortiz y algunas figuras importantes de la medicina, contribuyeron en los inicios del siglo XX, a establecer planteamientos científicos con respecto a la superioridad de la raza blanca y la inferioridad de la raza negra. Ver Consuelo Naranjo Orovio. «De la esclavitud a la criminalización de un grupo: la población de color en Cuba». En Revista Op Cit, No.16, Río Piedras, Puerto Rico, 2005, pp.137-179

[3] Dos de estos sucesos, el crimen de la niña Zoila y el crimen de la niña Celia recibieron total cobertura en el Mundo, esta noticia circulo en este diario por casi un año, incluso se le hizo seguimiento en su suplemento dominical el Mundo Ilustrado a el juicio contra los presuntos culpables del crimen.
[4] Esta sección tuvo una amplia cobertura y su significado mostraba la fuerza de las ideologías racistas que aun permanecían intactas dentro de la sociedad cubana.

Aires de una migración gallega. Reflexiones desde la masculinidad gallega en Cuba.

Por Yonnier Angulo Rodríguez

El año 2003 es cuando comienzo a vivir en el reparto de Luyanó[1], han pasado 5 años, no es hasta hace apenas un par de meses que un tema comenzó a interesarme: “La Inmigración Gallega en Cuba”. Realmente no me imaginaba que a solo una corta distancia de mi casa, se encontraban dos centros emblemáticos del proceso migratorio de gallegos en la Isla, me refiero a las denominadas casas de salud “Hijas de Galicia”[2] y “La Benéfica”[3], promovida por el Centro Gallego de la Habana. Estas dos edificaciones relacionadas con las asistencias sanitarias, fueron construidas con una relativa cercanía a una zona que se convirtió, entre fines del siglo XIX y durante el siglo XX, en un significativo asentamiento de la población gallega residentes en La Habana.

El periodo histórico que transcurre entre 1880-1930, constituyó la base para la entrada masiva de las migraciones españolas en Cuba. La migración gallega será la principal región hispana en aportar cuantitativamente a dicho proceso[4]. A través de ese número se puede apreciar la importancia que tendrá para la historia de Cuba esta afluencia gallega, tanto en la sociedad, la economía y porqué no, en la cultura cubana. Es aquí donde sale a relucir el destacado papel jugado por el Centro, el cual se convierte desde sus momentos iniciales en el principal polo, alrededor del que se aglomerará todo este movimiento migratorio, proporcionándole al inmigrante asociado una valiosa protección y ayuda; además, esta institución le facilitará al individuo recién llegado, un medio propicio para su eventual adaptación.

El Centro Gallego emerge como institución el 23 de noviembre de 1879. ¿Por qué este año? La etapa que sucede entre los años 1879 y 1881, caracterizan a la inmigración gallega en Cuba, como masiva, pues desde Galicia van a desplazarse apreciables oleadas de personas, en busca de ofertas de trabajo y mejores condiciones de vida. ¿Quiénes son los protagonistas? En este proceso el liderazgo cuantitativo y cualitativo lo detentarán los hombres[5]. Dentro de la composición masculina, los individuos jóvenes que llegan de forma individual, representan una gran mayoría, ya que de esta manera les es mas fácil insertarse en la dinámica laboral cubana y emprender a partir de su llegada una lucha por amasar fortuna que les permitiera, volver a Galicia; y en otros casos, esta individualidad traerá consigo además, una estancia permanente del inmigrante que le permite formar en Cuba una nueva familia, ya sea al unirse conyugalmente con una nativa. Mientras que la abrumadora mayoría de los inmigrantes que pisan el suelo cubano van a ser hombres, las mujeres en proporción estarán en desventaja, las cuales generalmente arriban a Cuba con previos contratos de trabajo, casi siempre relacionados con los servicios domésticos, de ahí proviene la fama y los estereotipos en torno a las mujeres gallegas de ser “eficientes criadas”.

Una de las más trascendentales contribuciones del Centro Gallego fue en pos de realzar la cultura gallega, ya sea en Cuba y en Galicia, podría citarse varios ejemplos como: la Fundación de la Real Academia Gallega en 1906, la misma tenía dentro de sus objetivos exaltar y fomentar el idioma gallego; otro hecho fundamental será la composición y su canto por primera vez, en 1907, del Himno Gallego en el Teatro Nacional[6].

El Centro Gallego, al igual que sus semejantes en la Isla, va a presentar como característica una detallada jerarquización, con sistemas de candidaturas y elecciones, en la que son los hombres los que van a ejercer el control de dicha sociedad, son los que rigen la institución, desde la dirección ejecutiva y legislativa hasta las asistencias sanitarias; dejándole a las mujeres gallegas un espacio nulo en este tipo de cuestiones, lo cual provoca la discriminación por parte de esa hegemonía masculina, donde las inmigrantes carecerán de derechos y atenciones, no tendrán los privilegios que disfrutaban los asociados gallegos. No obstante, esta realidad se aliviara en cierto sentido, con la fundación de la Sociedad Hijas de Galicia en 1917, con el objetivo de representar a las inmigrantes gallegas y defender sus derechos más elementales.

Como características generales, la entrada de los inmigrantes gallegos en Cuba tendrá una tendencia al aumento, esto motivado por causas diversas, como la deplorable situación existente en Galicia, las legislaciones favorables dictadas tanto en España como en Cuba, las cuales propiciaron este tipo de traslado hacia la Isla a finales del siglo XIX y principios del XX. A partir de la década de 1930, en sentido general, la emigración de españoles a Cuba comenzará a disminuir gradualmente debido a diferentes condicionantes, como la repercusión que tuvo la crisis mundial de 1929 en la sociedad cubana, resultando que dentro del territorio brotasen una gran masa de inmigrantes españoles desempleados y en condiciones de indigentes, que pedían la repatriación, y por otro lado se harán más restrictivas las legislaciones en ambos países con respecto al flujo migratorio. A esto se le puede añadir la Ley de Nacionalización del Trabajo promulgada durante el gobierno de Ramón Grau San Martín en 1933, la cual dictaba que en todas las empresas el país debían haber en las plantillas laborales un 50% de nativos, algo que fue para los inmigrantes españoles un duro golpe. Este ritmo se mantendrá en descenso hasta el año 1959, momento en que el proceso migratorio llegará a su fin con el advenimiento del triunfo de la Revolución Cubana

La llegada de los gallegos a Cuba significó el inicio del proceso en el cual estos hombres y mujeres comenzaron a integrarse en la sociedad cubana, se insertaron en un proceso de transculturación, de mezcla, en el cual el gallego le aportó a la cultura cubana una parte de sí, y a su vez este adoptó de Cuba rasgos característicos que luego lo diferenciaron del gallego residente en Galicia. De gran significación se puede afirmar que tuvo la presencia gallega en nuestro país, llegando a convertirse en una parte indisoluble de nuestra idiosincrasia, de nuestro acerbo cultural y de nuestra historia.

[1] Reparto que pertenece al municipio Diez de Octubre, en la Ciudad de La Habana.
[2] Centro hospitalario creado en 1917 por la Asociación femenina del mismo nombre “Hijas de Galicia”, con el objetivo de brindar atención médica a las mujeres gallegas.
[3] Institución médica comprada en 1894 por el Centro Gallego de La Habana, con el propósito de brindarle asistencia a los asociados gallegos.
[4] Importantes historiadores/as como las Doctoras Consuelo Naranjo Orovio y Maria del Carmen Barcia, estiman la contribución cuantitativa gallega, con respecto al total español, en alrededor de un 40%.
[5] Dentro de la historiografía en torno a la migración española en Cuba, se coincide al establecer como característica esencial de esa época histórica entre 1880-1930, que el 71% del total de la inmigración hispana eran hombres, frente a un 29% de mujeres.
[6] Otrora Teatro Tacón, fundado en 1837, a partir de 1906 se establece como sede del Centro Gallego. En la actualidad, llamado Gran Teatro de La Habana, continúa siendo anfitrión de la “Sociedad de Beneficencia de los Naturales de Galicia”.

Cuba. Desafío para las masculinidades antillanas

Por Ernesto Díaz Calderin

En el proceso de formación de la nación cubana, a través de los años, ha tenido singular importancia los procesos migratorios, estos han condicionado desde el punto de vista cultural nuestra identidad. Si se tiene en cuenta que el desplazamiento hacia la región del Caribe ha sido de árabes, asiáticos, africanos, lo que diferencia a los territorios del Caribe es en la medida que se fueron desarrollando estas inmigraciones y en la proporción que se fueron dando.

De importancia vital, por las condiciones en las que se dieron y bajo las circunstancias en que se fueron realizando, jugaron un papel fundamental las inmigraciones caribeñas hacia Cuba, en especial, las de los jamaicanos y haitianos, que se ubican específicamente en el primer tercio del siglo XX, como proceso ya consumado y con un carácter de inmigración organizada y planificada.

En el caso de los haitianos:
Este proceso se remonta a los años en que acontece la revolución haitiana, en la que grupos de franco- haitianos arriban a territorio cubano huyendo de las revueltas provocadas por los acontecimientos, asentándose en la región oriental de la isla; otro momento de éxodo de haitianos a Cuba, fue con la proclamación de la independencia haitiana en 1804, momento que muchos colonos, con sus dotaciones de esclavos vinieron hacia nuestro territorio y desarrollaron su economía.

En los primeros años de la República, es cuando se da el período de esplendor de este proceso de inmigración de haitianos a la Isla, impulsado fundamentalmente por las compañías norteamericanas, quienes controlaban el mercado del azúcar cubano y por tanto exigían una mano de obra “fuerte” y barata para sustentar el trabajo en las plantaciones azucareras. Producto de la exigencia física de este trabajo, la mayoría de los haitianos que entraban en nuestro territorio, eran hombres, representando la proporción de cada 2500 inmigrantes que venían 100 eran mujeres, lo que nos indica que fue una inmigración masculina. A su vez, dentro de ella, había una gran cantidad de jóvenes dispuestos a enfrentarse con cualquier situación, incluso sin conocer las situaciones de trabajo y de vida a las que se someterían, teniendo siempre como sueño el hecho de regresar con las riquezas que harían en Cuba.

El caso jamaicano:
Por su parte esta inmigración fue provocada por el agotamiento de las actividades de la plantación bananera en el Canal de Panamá y la construcción del ferrocarril en la misma zona, por lo que se desató un éxodo masivo de hombres y mujeres en busca de nuevos horizontes hacia Cuba, que les garantizaría el trabajo y riquezas, lo que provocó, en este caso, una proporción de cada 600 hombres que llegaban 100 eran mujeres. A diferencia con otros grupos, estos venían con mucha más instrucción educacional, debido a la labor de las iglesias protestantes en su lugar de origen, lo que les permitió, desde el punto de vista laboral, ubicarse en lugares donde estaban los mismos cubanos que poseían una alta calificación de obreros. La migración jamaicana la podemos encontrar trabajando durante el período de zafra en la plantación azucarera, y después bajo el efecto del tiempo muerto, dentro las plantaciones cafetaleras en la región oriental, de esta forma iban creando asentamientos en esas zonas del país.

En ambos procesos es importante destacar el rechazo hacia ellos que se dio en la Isla, entre otras cosas por los estereotipos que se instauraron alrededor de ellos, por sus prácticas religiosas que representaban un “peligro” para la sociedad de la época, además se decía que, fuera del tiempo de zafra no tenían otra función que cumplir en nuestro territorio, por lo que se promovió una ley- decreto para enviarlos de regreso a sus países originarios. Desde la sociedad cubana, se prefería la inmigración de peninsulares, sobre todo debido a la existencia de leyes migratorias que perseguían un “blanqueamiento”, lo que denota un fuerte racismo hacia ellos, al punto de calificarse en migraciones “no deseables”.

Tener en cuenta, independientemente de la discriminación a la que fueron sometidos, que son protagonistas de un legado histórico y cultural que se inserta dentro de lo cubano y que hoy contribuye a que seamos, nosotros los cubanos, más antillanos.