domingo, 6 de marzo de 2011

Género: De masculinidad y discursos mediáticos, para incitar debates




Panel de presentación integrado por Cristina Fraga, Isabel Moya, Julio César González Pagés, Regula Baebler, y Yonnier Angulo



Por Amelia V. Roque (Prensa Latina *)

La Habana, (PL) Dos títulos que tratan temas medulares de género, uno acerca de los estudios de masculinidades en Cuba y el otro sobre el discurso en los medios de comunicación, fueron presentados en la XX Feria Internacional del Libro de esta capital.

Uno de estos cuadernos, "Macho, varón, masculino: Estudios de Masculinidades en Cuba", publicado por la Editorial de la Mujer y dado a conocer en el Pabellón Cuba, en esta cita cultural, es el resultado de un empeño que por años el Doctor Julio César González Pagés ha llevado adelante en el campo investigativo.

Regula Baebler, directora residente en Cuba de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) -entidad que apoyó la publicación de este título-, se refirió a los conceptos claves manejados por el autor.

Tales concepciones vienen ilustradas con situaciones vividas pues González Pagés -que se desempeña como profesor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana y coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades- resulta una persona bien anclada en la realidad actual, indicó la experta.

En la lectura nos damos cuenta que este libro recopila ante todo un número impresionante de hechos históricos, dijo Baebler, quien justipreció la necesidad de cambios en las relaciones de poder entre hombres y mujeres.

"Para COSUDE, Julio ha sido y es un invaluable aliado en esta aspiración", afirmó.

Cree que la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres depende tanto de ellas como de ellos, y que sin equidad todas y todos nos privamos de oportunidades para crecer, manifestó.

Yonnier Angulo Rodríguez, joven investigador de la Red Iberoamericana de Masculinidades, destacó que el recorrido ofrecido por González Pagés a través del libro se convierte en una aventura llena de descubrimientos en torno a aspectos quizás nunca antes cuestionados.

Con 136 páginas, dividido en cinco capítulos, la obra tiene entre sus principales objetivos dinamizar el debate así como revertir --al visualizar temáticas como feminismo, violencia, sexualidad, paternidad y migración-- los modelos hegemónicos de la masculinidad, los cuales tanto afectan socialmente, señaló.

Subrayó Angulo que si hasta este momento las Ciencias Sociales en Cuba carecían de una sistematización acerca de estos estudios, González Pagés --consultor de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para temas de masculinidad y violencia en América Latina--, llega a solventar este déficit.

Referencia de primer nivel

El otro de estos títulos, "Sin contraseña. Discurso mediático y trasgresión", de Isabel Moya Richard, fue editado por la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación (AMECO) y dado a conocer en La Habana por Cristina P. Fraga, presidenta de la entidad.

Las propuestas de Moya --periodista, investigadora, profesora titular adjunta de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, quien dirige la Editorial de la Mujer, de la Federación de Mujeres Cubanas-- marcan referencias de primer nivel para quienes apostamos por el estudio y la divulgación de una comunicación no discriminatoria, definió Fraga.

Precisó cómo este libro combina los dos aspectos que deben de dirigir cualquier estrategia de cambio: el del pensar y el del hacer, en artículos fundamentados "en un sagaz análisis de las pautas por las cuales optan --y mediatizan-- los medios", y concatenados de tal manera que se convierten en un todo.

Fraga significó que la autora, experta del Instituto para el Empoderamiento de las Mujeres del Movimiento de Países No Alineados, aporta con este título un sólido estudio que trasciende no solo la esfera profesional, sino el estricto ámbito del género para llegar con solvencia a reclamar el interés general.

"Recomiendo dejarse cambiar por este libro", alentó Baebler a propósito de "Macho, varón, masculino; sugerimos nos acompañéis en este subversivo viaje --la lectura de "Sin contraseña" muestra otra realidad posible desde la teoría a la acción, recomendó Fraga. Ambos títulos apuntan a que rectificar la mirada es viable.

(*) La autora es editora de la Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina.
Ver en: http://www.prensa-latina.cu

martes, 22 de febrero de 2011

“Masculinidad, audiovisuales y medios de comunicación”


A propósito del Taller sobre Masculinidad y audiovisuales y la presentación de videos promovidos por la Red Iberoamericana de Masculinidades.

Por: Dayron Oliva Hernández. Red Iberoamericana de Masculinidades

La Habana, 15 de febrero. Como parte de la nueva edición del Diplomado en Género y Comunicación, del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, el Dr. Julio César González Pagés (coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades) ofreció un taller acerca del aprovechamiento de las nuevas tecnologías digitales y el trabajo educativo en torno a las masculinidades a través de la realización de audiovisuales. Motivo por el cual, se presentaron una serie de materiales elaborados y promovidos por la Red Iberoamericana de Masculinidades, principalmente por jóvenes estudiantes de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, pertenecientes al equipo Masculinidades en Cuba.

González Pagés, al exponer la experiencia de la Red Iberoamericana de Masculinidades, refirió la significación de inmiscuir a jóvenes, aunque no sean realizadores profesionales, en la producción de audiovisuales, con el objetivo de asumir y trasmitir nuevos discursos que busquen desmontar estructuras, estereotipos, discriminaciones y modelos violentos que tienen que ver con la masculinidad hegemónica que reproducen muchos medios de comunicación a nivel mundial.
“Estos son temas sensibles. Hay que hacer un frente unido, ocuparse en vez de preocuparse. Es importante el trabajo con audiovisuales. La motivación en los jóvenes, es una apuesta a largo plazo”, expresó.

Al distinguir la variedad de medios comunicativos y audiovisuales como la radio, la prensa, la televisión, etc.; González Pagés señaló que se debía tener en cuenta otros medios como productos audiovisuales: la música y los videos clip, las novelas, las películas, los deportes, por su influencia en la reproducción de modelos dicotómicos de género, y en especial de masculinidades. En este sentido, presentó los resultados de trabajos en colaboración con Honduras y el UNFPA en ese país.

Entre los audiovisuales que más llamó la atención estuvo Triscornia, de Yonnier Angulo Rodríguez, quien dio una explicación sobre el contenido y su rodaje, en torno al campamento de control migratorio que con ese nombre funcionó en La Habana y por donde pasaron muchos hombres y mujeres que venían a Cuba para salir adelante; y que inmiscuyó a once jóvenes estudiantes e integrantes del grupo Masculinidades en Cuba.

Asimismo, como un aporte a la Editorial de la Mujer, y con la intención de aprovechar las tecnologías digitales, González Pagés destacó el proyecto de rescatar las revistas femeninas cubanas que circularon durante el periodo republicano de la primera mitad del siglo XX. Integrado por un equipo a cargo de estudiantes de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, se indicó la importancia de rescatar esos imprescindibles documentos para visualizar la historia de mujeres, como La Mujer Moderna, entre otras.

Masculinidades y audiovisuales: desmontando la pirámide desde abajo


Por Susana Méndez.

Como parte del programa del Postgrado Género y Comunicación que se realiza en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, desde el pasado día 8, en la tarde ayer se llevó a cabo el Taller masculinidades y audiovisuales.

Esta acción fue liderada por el Doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés, quien accedió a comentar sobre las características de los talleres de masculinidades que coordina la organización que representa y en especial acerca de éste, dedicado a la producción audiovisual.

¿Cómo surgen los primeros talleres?

Surgen cuando vemos que los más jóvenes necesitan de nuevas formas de comunicación que no sea lo escrito, sobre todo porque los talleres los comenzamos con estudiantes del área de las Ciencias Sociales y ahí empezamos a trabajar con los programas nuevos que existen y con las posibilidades de instrumentos que brindan las computadoras y ahí nació el primer taller en el año 2007 en Cuba y empezó un movimiento en el que al principio eran muchos; hoy casi todos hacen grupos de dos y tres y realizan videos y hemos logrado que en la facultad, no solo los muchachos que pertenecen a la red, sino el resto de los estudiantes como trabajo final hagan audiovisuales, por lo que se han convertido en talleres de comunicación audiovisual constante durante todos los semestres.

Alguien me decía que ya podíamos hacer una muestra de audiovisuales de los estudiantes de las Ciencias Sociales y le tomamos la palabra y la vamos a hacer en marzo como parte de la jornada científica de nuestra facultad.

De esa experiencia primera tenemos videos que la propia televisión nos está pidiendo como el Canal Habana, Tele Cristal, para campañas específicas como las realizadas contra la homofobia y la violencia y eso nos llena de satisfacción porque no era el objetivo inicial que entraran los videos en los grandes medios, pero creo que cuando existe el empeño, la voluntad, la vocación y la ideología, para abordar las temáticas, muchas personas confían en ese discurso y se abren los caminos porque esas personas lo necesitan ya que no estamos hablando de algo ajeno a lo que encontramos en la familia o en el vecindario y las personas requieren de un discurso de cambio en estas temáticas, no creo que sean las instituciones solas las que logren remover estas estructuras arcaicas, si no las personas, las comunidades y los centros unidos a estas instituciones que pueden ofrecer los medios, los espacios y yo creo que esto ya está pasando y me siento muy optimista.

¿Cuál es el objetivo de los talleres?

El objetivo de estos talleres sobre el tema de masculinidades es llevar a la práctica mucho de lo que habíamos planteado como teorías y sobre todo crear instrumentos de trabajo para hacer comunicación pero no solo como hacen los grandes medios, la televisión, la radio, los rotativos, sino también desde la educación, poder trasmitir que todos comunicamos, por ejemplo, cuando hacemos un pequeño video casero; hoy en día es muy usual, que una forma de comunicar sea a partir de la fotografía porque se ha digitalizado, debemos analizar entonces qué retratamos, qué vemos, con qué visión lo hacemos, con qué intención, desde qué posición.

Creo que esto que le hemos enseñado a nuestros estudiantes nos permite un primer objetivo, si logramos crear entre las nuevas generaciones productos menos sexistas esto ayudará a desmontar esa educación patriarcal que recibimos de casi todos los medios, formales e informales, yo creo que ese es el objetivo uno cumplido.

¿Cuál es el camino futuro?

Como meta futura nos plantearíamos que no sea solo un trabajo de Cuba porque en este postgrado tenemos estudiantes de varias zonas de Iberoamérica y yo creo que una de las cosas que más impactó fue la juventud de muchas de las personas que se involucran en el trabajo de la Red Iberoamericana de Masculinidades por una simple razón, sabemos que en los jóvenes de hoy en día está depositado el futuro del mundo; yo pienso que el futuro de Cuba, en cuanto a los trabajos de géneros, está en nuestras universidades y yo, para darte un mensaje optimista, estoy muy feliz de que muchos de ellos ha apostado por este tipo de cambio.

¿Qué aporta este taller a la batalla por la comunicación de género?

Yo creo que el taller permitió, sobre todo de cara al futuro, dar las bases para desmontar también las hegemonías de las masculinidades sobre los medios de comunicación, sabemos que éstos son liderados por hombres y nosotros estamos desmontando la pirámide desde abajo, desde la gran masa donde todos somos comunicadores, desde cualquier medio, porque podemos utilizarlos todos, como el Facebook, porque por ejemplo creamos un facebook de masculinidades, bajamos de You tube, música no sexista y como linkeamos a tantas personas podemos compartir información, tener debates, etc.

Sabemos que en Cuba tenemos muchas dificultades con las conexiones pero las personas que podamos acceder, debemos hacerlo; siempre pienso que no podemos decir no y utilizo muchísimo la frase no preocuparse sino ocuparse.

Nosotros podemos ocuparnos desde el puesto que tenemos y creo que cada medio que tengamos a nuestro alcance por mínimo que sea puede llevar un mensaje de aliento. Yo siempre leo, por ejemplo, el mural de mi edificio, que lo hace una vecina y tiene desde chistes hasta los cumpleaños de mis vecinos y vecinas, referencias al stress, al beneficio de la paciencia, etc. y realmente es un medio de comunicación que leen más de 500 u 800 personas a la semana, por tanto es importante y esta es una muestra de que no se debe desechar ninguno y que no se debe dejar solo a las personas que se dedican a la comunicación la posibilidad del cambio.

Yo como profesor, desde el aula, puedo insistir e incidir en parte de la cultura del cambio y lo intento hacer, sin pensar que voy a cambiar a mi país, yo creo que cambiar a mi país en estos temas es tarea de todos y todas, no lo debemos depositar solo en una organización o en un ministerio, si no en todas las personas que podamos, por eso es tan importante que lo que hagamos, en algún sitio y muestra de eso es esta entrevista, pueda ser conocido más allá de las personas que nos involucramos directamente.

Ver en http://periodismojosemarti.wordpress.com

martes, 8 de febrero de 2011

¿MACHO, VARÓN Y MASCULINO? Entrevista con Julio César González Pagés




Por Antonio López Sánchez

Dentro de las propuestas que publica la Editorial de la Mujer en la venidera Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, el tema de las masculinidades ocupa un importante espacio. Macho, varón, masculino, es un título que por primera vez en Cuba sistematiza científicamente los resultados de una fructífera etapa de trabajo investigativo sobre ese tópico.

El autor de este texto, el Doctor Julio César González Pagés, es uno de los prominentes estudiosos de las materias de género en Cuba. Además, a partir de su labor como profesor, ha nucleado a un grupo de jóvenes intelectuales que también centra su mirada en el análisis de las masculinidades, como parte inseparable de las investigaciones con perspectiva de género.

Para indagar sobre los motivos, contenidos y frutos que ofrece este libro, fueron nuestras páginas al encuentro de su autor. Como siempre, Julio César se muestra como un entrevistado pródigo, sin poses, con múltiples opiniones, buen humor, y siempre asentado en la solidez argumental con la que defiende sus ideas. En esta ocasión además, como buen telón final de la entrevista, nos ofrece en exclusiva adelantos de sus trabajos por llegar.

¿Cuál es la novedad este libro con respecto al estudio de las masculinidades?


En este libro, es la primera vez que se reúnen estudios sobre la masculinidad, partiendo de preceptos científicos. Es la primera sistematización que se hace de varios estudios que previamente pudieron ser trabajos de tesis o algún otro dentro de la lógica de una investigación, dentro de los foros, en fin. Aunque es un libro mío, hay trabajos que son escritos en coautoría con varios de mis estudiantes, que muchos están actualmente en la realización de sus tesis de maestría.

¿Objetivos principales, resultados palpables?


Es un trabajo hecho con toda la intención de cerrar un momento, una etapa de la labor de un grupo de estudiantes que yo he liderado y que por supuesto dará paso a la otra etapa.
Nuestro país podrá contar entonces con estudios más específicos en temas más particulares. Ahora la intención era enunciar en un todo un trabajo ya hecho, desde jornadas, desde talleres y otros espacios. Lo que sí existía, incluso la Editorial de la Mujer tiene participación vital en esto, es una serie de acercamientos desde el periodismo, desde enfoques investigativos o entrevistas, pero no con la lógica de una investigación.

Por eso decimos que este libro es el primero, con la lógica de una investigación, que reúne lo que es la masculinidad como concepto teórico, como metodología cercana a los estudios de género. El aporte que le podemos hacer a la sociedad es crear indagaciones y acercamientos cubanos a la temática. No es reproducir, como se hace en otras áreas, investigaciones de académicos extranjeros. Este libro responde a una mirada cubana de las masculinidades. Por eso desde el título hay una frase como Macho, varón, masculino, que es como nosotros llamamos a la masculinidad hegemónica, al machismo en América Latina; tiene toda esa intención de provocar.

Para los lectores no especializados, y para las lectoras por supuesto, ¿qué les puede conllevar en positivo la lectura de este texto?

Te lo puedo decir desde lo personal. Ese libro me lo inspiraron las propias dudas que yo he tenido toda mi vida acerca de mi masculinidad. Dudas que nunca me fueron aclaradas, dudas que son los estudios los que me las han ido aclarando. Me ha costado 45 años de vida, de estudios, de doctorados y tal. Por eso quien se lea este texto lo puede entender. No está escrito con la vanidad académica para que sea entendido sólo por un grupo selecto. Está hecho para cualquier persona; para una muchacha que piense que si es feminista y defiende su derecho de mujer, sea algo malo, o si puede tener un novio más o menos masculino, en fin. Todas esas dudas que encierran el desconocimiento del lenguaje de la teoría y que, contradictoriamente, muchas veces hacen que nos autorreafirmemos como todo lo contrario a lo que somos. Defendemos el derecho de las mujeres y decimos que no somos feministas: Eso es una contradicción. Somos hombres amables, delicados, y entonces nos decimos que no podemos ser masculinos: ¿Por qué no? La masculinidad no es algo malo, lo malo es la violencia.

A un hombre le puede gustar hacer ejercicios, seguir las modas, tener amaneramientos totalmente masculinos, eso no está mal. Lo que está mal es ser violento, descortés, agresivo. Muchas veces se piensa que con un hombre más femenino se resuelven los problemas de la equidad. No es así. Donde está la equidad es en no temerle incluso a la mujer muy femenina, a un hombre masculino, en sus estereotipos, pero con un comportamiento y un pensar adecuados.

Este libro ayuda un poco en esas cosas que a veces parecen trabalenguas. En especial a la adolescencia. En la Universidad, por ejemplo, quienes se acercan a estos temas, por lo general lo primero que piensan cuando hablas de la masculinidad, es que vas a hablar sobre la homosexualidad. Y sabemos que una sociedad homofóbica como la nuestra, ese desconocimiento hace que se rechace entonces estos estudios, abordar estos temas. Se habla de la homosexualidad, pero como un tema más, no es un eje protagónico; se aborda, pero dentro del espacio que le toca dentro de otros múltiples temas y aristas.

Todavía hay una gran desinformación respecto a estos temas y se les califica como materias sólo para académicos.
Creo que es un libro para compartir en colectivo, en la familia. Por ejemplo, cuando haya una burla a un adolescente por el tamaño del pene o cómo se asume la paternidad, o cómo conocer y evitar la violencia y cómo tratarla si surge. El libro te da la posibilidad de ver esas temáticas desde la historia y desde la actualidad. En comparaciones, en aristas diferentes. Pero, sobre todo, te da la posibilidad para seguir indagando. No es un manual de buenas prácticas para que busques cómo debe comportarse un hombre en cada momento, sino una herramienta para seguir adelante, para investigar más. Por eso tiene una amplia bibliografía, para que a quien le interese ampliar más sobre determinado tópico pueda ir a otros estudios.

Al ser una sistematización, intentamos que todos los autores cubanos que se han acercado a estas temáticas, desde diferentes aristas, aparecieran en esa bibliografía. No es darlo como algo fundamentalista. No tiene ninguna intención de convertirse en un si me leo esto ya no me hace falta leer nada más. Al revés, el libro crea la sed de otro conocimiento, está hecho con esa intención.

Los mencionas en el texto, los has mencionado en el diálogo, pero quisiera que lo dejaras en blanco y negro. ¿Cuánto de la labor de tus estudiantes está en estos resultados?

Sin ellos no existiría el libro. Un libro no es sólo escribirlo y ya, en especial en las ciencias sociales, donde hay que investigar. La presencia de mis estudiantes es definitiva por los mismos criterios. He escrito y cada cosa que he escrito se ha debatido; algunas secciones las hice en coautoría y hay una serie de aportes que son de mis estudiantes. Por ejemplo, la revisión final de la investigación como tal, la hicieron dos estudiantes del equipo.

En general han sido muy rigurosos, han planteado problemáticas. Creo que es importante porque la conformación de un pensamiento colectivo en un área de investigación va creando una cátedra. Este libro es como el principio de reafirmación de que ya hay una cátedra de estudios de la masculinidad. No queda un nombre, no es que esté Julio César, aunque me ha tocado ser un poco el papá colectivo, como decíamos en broma hace poco. Es que hay un grupo de jóvenes que han tenido la osadía de integrarse a estos estudios. Además me han aportado la visión de otros hombres que no soy yo, percepciones diferentes de la masculinidad. Este libro culmina una etapa de trabajo en colectivo.

¿No te preocupa ser una especie de Saturno devorando hijos, o siendo devorado tú mismo, o en el papel del profesor impositivo?

Siempre hay riesgos. A veces, en la enseñanza, y más en temas tan especializados, hay que ser más o menos democrático o más o menos autoritarios, según sea el caso. Para instruir y a veces hasta para salvar de un posible ataque. Soy un profesor que me gusta dar clases. Me he realizado con este período de docencia, de talleres, que cierra el libro. Me ha permitido conocer sectores de la población de mi país en este tema de las masculinidades, que si no hubiera tenido un colectivo de jóvenes conmigo, me hubiera sido imposible. Detrás del libro, aunque no se vea de modo explícito, hay talleres, diálogos, intercambios, desde grupos tan diversos como reclusos, dirigentes campesinos, policías, universitarios. Cuando haces ese recorrido con varios ojos, cuando lo miras no sólo desde tus propios prejuicios o valoraciones, sino que te acompañan criterios diferentes, se amplía extraordinariamente esa visión y, por supuesto, se amplían los resultados.

Apostar por los colectivos es muy difícil, pues el ser humano tiene una tendencia muy fuerte a la individualidad, pero en esta ocasión primó el colectivo. Todas las personas que acompañaron este libro están ahí referidas y creo que además es un buen ejemplo de cómo se puede construir un conocimiento de forma colectiva. Es un reto pensar en colectivo.

¿Adelántanos qué viene después de Macho, varón, masculino?

Ahora, con los sobrevivientes que no devoré o me devoraron por el camino, estamos en un libro que sugiere desde el nombre. Más o menos se llama, Sexo, música y deportes: Cosas de hombres, y trae algunas otras visiones de estos temas. Y mi equipo de estudiantes, ahora sin broma, son ya autores más formados. Pasaron toda la etapa de la licenciatura, están muchos en sus maestrías. Es como una segunda temporada, como se usa ahora.

Este nuevo trabajo es también la posibilidad de mostrar cómo una academia de estudios en Cuba, integrada en su totalidad por jóvenes, puede seguir una línea de investigaciones. Pueden ser las masculinidades, pero puede hacerse en muchas otras áreas de la investigación.

Eso de que en colectivo podemos ser más fuertes, podemos lograr más cosas, socializar más crear redes, es rigurosamente cierto en este caso. Toda la tecnología, los ipods, las computadoras, todo lo que hoy existe que por un lado nos individualiza tanto, pues, puede ponerse en función de las investigaciones, en función de aprender más, y en función del colectivo.

Publicado en:http://www.mujeres.co.cu/
Revista Mujeres Digital

viernes, 28 de enero de 2011

Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba




Portada del Libro Macho varón masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba del escritor Julio César González Pagés





La construcción de la masculinidad desde diferentes ámbitos: los mitos de la sexualidad masculina, los mandatos culturales de la masculinidad hegemónica, entre otros, son temas poco tratados en nuestro contexto y que resultan imprescindibles para la comprensión de la influencia cultural en la construcción de los roles de la masculinidad.

Título: Macho, varón, masculino. Estudios de Masculinidades en Cuba

Autor: Julio César González Pagés

Editorial de la Mujer, La Habana, 2010.

jueves, 20 de enero de 2011

“Del feminismo a la masculinidad. El género según Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba”


Por Dayron Oliva Hernández.
Red Iberoamericana de Masculinidades

Comprender al antropólogo Mathew C. Guttman cuando expresó que de no haber sido por los estudios feministas los estudios sobre masculinidad no existirían, es delinear el recorrido consecuente y, sui géneris, del Dr. Julio César González Pagés en su fructífero quehacer científico y académico, que por más de veinte años ha desarrollado y abierto un camino -no libre de obstáculos- a los estudios de género en Cuba. Al mismo tiempo, nos ayuda a entender el por qué de su última obra: Macho, varón, masculino: estudios de masculinidades en Cuba, y el significado de que haya dado luz bajo el sello de la Editorial de la Mujer.

Fruto de talleres, conferencias, y de la experiencia académica de la Red Iberoamericana de Masculinidades -surgida en el año 2007 y considerada uno de los “men’s studies” en activo más importante- llevadas a cabo por González Pagés; Macho, varón, masculino denota algo más que la madurez intelectual y la labor investigativa de este autor. Viene a llenar no solo un vacío dentro de la producción teórica e historiográfica de las Ciencias Sociales y los estudios de género en Cuba, sino que salda una necesidad de ampliar el horizonte de lo que González Pagés definió como la escuela cubana de género, al entregarle la primera sistematización sobre estudio de varones y masculinidades.

Si bien los estudios feministas diseñaron un modelo analítico que sirve para detectar cómo a través de la construcción cultural dicotómica de la diferencia sexual se estructuró la desigualdad de toda índole entre mujeres y hombres, en especial cómo la constreñida noción de feminidad significó opresión y subordinación de la mujer; con Macho, varón, masculino, González Pagés acierta en su intención de ubicar esta problemática desde el universo de los hombres y sus masculinidades, y tratar –a partir de un espíritu interdisciplinario que integra las perspectivas histórica, sociológica y antropológica-, las implicaciones socioculturales de los elementos que contribuyen al dominio de lo masculino como los mitos, el patriarcado, la violencia, la masculinidad hegemónica, el poder, entre otros.

Con adentrarnos en la obra, y percibir la forma en que se confeccionó la estructura temática, el autor advierte la manera y los escenarios constitutivos en que se puede organizar la masculinidad a nivel político, social y cultural por medio del feminismo, la violencia, sexualidad, paternidad y migración; y, nos brinda las herramientas para identificar los mecanismos y los significados sobre los que se configura lo masculino, con el objetivo de visualizar los componentes que influyen en un orden de género desigual no solo para las mujeres en comparación con los hombres, sino para los propios hombres que, dada la interacción con otras categorías como clase, raza, opción sexual o nacionalidad, no cumplen con las normativas tradicionales del patrón hegemónico de la masculinidad.

Para quien conozca la trayectoria investigativa y académica del profesor Julio César –como cariñosamente se le respeta-, para quien haya tenido el privilegio de haber sido su estudiante, o haber estado en algunas de sus conferencias y talleres; leer cada página de Macho, varón, masculino es como estar escuchándolo con la lucidez que siempre le caracteriza, en su afán de hacernos entender cómo funciona la construcción social y las relaciones de género, así como la urgencia de estudiar el género desde las mujeres, los hombres y las relaciones entre sí.

Es justo señalar también, que esta obra es un ejemplo de cómo su pródiga vocación de profesor y tutor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, ha seguido el principio de la inclusión y de preparar a las futuras generaciones de profesionales. De ahí que en muchos de los capítulos y en los temas abordados, se incluyan a los jóvenes investigadores que han trabajado como parte de un equipo.

Sin lugar a dudas, Macho, varón, masculino es una aproximación diferente, pero no menos oportuna, a cómo se ha constituido la sociedad, cultura y nación cubana. Más que un texto de contenido teórico, su leguaje está escrito para sentirse, no importa la persona, es para todos y todas, porque ayuda a comprendernos como mujeres y hombres en constante interacción, a partir de los significados de la tríada de la violencia para la masculinidad y los hombres, como seres sexuados, padres y migrantes.

Siguiendo con la prédica feminista que lo personal es político, sirva esta obra para que hombres y mujeres, bajo el lema de la equidad y el respeto a la diferencia, interioricen las consecuencias más que las “virtudes” de tratar de ser en todo momento macho, varón y masculino. Es por ello válido recordar una de las ideas que aborda González Pagés, presente en el texto: “Contribuir a transformar modelos de masculinidades dicotómicas, encerradas en soluciones sin salidas, podría ser uno de los más loables aportes de los estudios sobre masculinidades.”

sábado, 18 de diciembre de 2010

Los lavanderos chinos en la Habana del siglo XX: paisajes urbanos, sociabilidades y memoria colectiva


Por Mario G. Castillo Santana
Miriam Herrera Jerez



Foto tomada por Julio César González Pagés
de la Calle Rayo en el actual barrio Chino
de la Habana






La perspectiva más habitual a la hora de estudiar las oleadas de
inmigrantes en las historias latinoamericanas ha sido la de tomar a estos
colectivos humanos como grupos homogéneos, compulsados a hacer un
aporte étnico-cultural al mejoramiento/mestizaje de las razas y las culturas
nacionales, como muestra máxima de integración, sobre todo en aquellas
sociedades americanas como Cuba, con fuertes conflictos raciales. Desde la
década de los 30 la antropología, la etnología y las historias nacionales,
entre otras ciencias sociales, se apropiaron y resignificaron un asunto que
en la memoria colectiva popular de los actores que vivieron esa época,
aparece bajo una perspectiva más dinámica y multifacética. Tal fenómeno
de desencuentro en los contenidos de las memorias históricas se debe en
gran medida a que los saberes académicos en América Latina asumieron la
función de promover y sostener con su prestigio los imaginarios
vinculados al mestizaje, la mezcla de razas y la homogeneización como
soporte básico de las unidades nacionales, en la época de las grandes
reformulaciones populistas de los Estados y los patrones culturales de las
sociedades.

A partir de aquí las mezclas raciales y los procesos de transculturación en
la alimentación, el lenguaje, el vestuario o la creación artística ocuparán la
máxima atención investigativa. Temas como, las estrategias de adaptación
de los inmigrantes, la relación de estas estrategias con los procesos por los
que atraviesan las ciudades, los mercados laborales, las sociabilidades, las
instituciones o los imaginarios de las sociedades en que se insertan estas
inmigraciones desaparecen de los programas de investigación. En este
texto indagaremos en los orígenes de los lavanderos chinos como grupo
ocupacional en América y su relación con la formación de la sociedad
norteamericana. Nos aproximaremos al proceso dentro del cual se hacen
visibles en la sociedad cubana y la lógica de su distribución espacial en la
dinámica urbana habanera, así como la trayectoria de cómo fueron
percibidos por distintos sectores sociales, sus redes de relaciones y sus
formas de sociabilidad, desde la situación existencial que implicó la
ocupación de lavandero a mano. Todo ello para poder reactivar, desde las
pequeñas voces, la memoria histórica de un pueblo constreñido, por los
grandes dilemas geopolíticos y poscoloniales del siglo XX, a aplazar
indefinidamente la reflexión colectiva y creadora en torno a cómo vivir
una vida cotidiana de manera diferente.

La formación de los EE.UU., la fiebre del oro y los orígenes de las
lavanderías chinas en América


El descubrimiento de grandes minas de oro en el oeste norteamericano
desencadenó el primer movimiento migratorio masivo desde una sociedad
oriental a una occidental. Para 1876 había en California cerca de 110 000
chinos, contabilizando el 25% de los habitantes no nacido en el Estado
(Hobsbawm, 1992) Los chinos trajeron consigo un espíritu emprendedor,
una capacidad de trabajo, un sofisticado y barato patrón alimentario que lo
plasmaron en el shop suei (“la exportación cultural mas poderosa del
Oriente” Hobsbawm,1992) y sobre todo una nueva sociabilidad, moldeada
por una tradición comunal y una notable sofisticación mercantil y dineraria,
propia de las provincias del sur de China, que con el colapso social e
institucional del Estado Imperial chino se desbordaría allende las costas
americanas.

California fue el primer laboratorio social de los emigrantes chinos fuera de
Asia, un sitio en el que confluyeron en busca de oro, junto a los chinos,
“turcos”, hindúes, indígenas americanos, chilenos, peruanos, mexicanos,
europeos de múltiples nacionalidades y norteamericanos del este, con un
marcado desequilibrio demográfico entre los géneros y una recia jerarquía
racial, donde los chinos ocupaban los escalones más bajos. A pesar de una
situación tan subordinada como la que vivieron los chinos en California,
desplegaron un exitoso estilo de emprendimiento laboral, que se hizo cada
vez más visible y reprochable por las sensibilidades occidentales a medida
que se evaporaba la fiebre del oro, comenzaban las grandes inversiones
ferrocarrileras, aumentando el flujo demográfico con población proveniente
de otras regiones de la unión americana y se hacía más patente la presencia
del Estado federal en el área.

En una época de difícil accesibilidad al oeste de Norteamérica y de baja
densidad demográfica, los trabajadores chinos fueron un factor clave en la
minería y en la expansión de los monopolios ferrocarrileros
norteamericanos a través de la construcción de líneas férreas hacia y desde
el oeste, pero los chinos abarataron el valor de la fuerza de trabajo hasta
limites no aceptables por el resto de las inmigraciones laborales a EE.UU.,
lo que condujo a duras tensiones enmarcadas en una interpretación del
conflicto a partir de la “incompatibilidad de razas”. Así, sólo en 1862
murieron linchados 88 chinos en los Estados del suroeste (G. Renique,
1998) y desde fines de la década del 70 en adelante comenzó a propagarse
en el imaginario social norteamericano el mito de Fu Man Shu, un
perverso médico chino, un peligro para la sociedad (occidental) decente…
Todo esto desembocará en las Leyes de Exclusión China de 1882 y a la
proliferación, en los campamentos temporales colindantes a la construcción
de las líneas del ferrocarril, en el medio oeste, de locales de lavanderías,
donde fusionaban trabajo con vivienda, cultura con economía. Frente a la
transformación del paisaje laboral y a las tensiones por el acceso a los
empleos en el mundo de la frontera oeste, los chinos comenzarán desde
fines del siglo XIX a insertarse en las grandes ciudades industriales del
noreste. La lavandería china en Norteamérica, es por tanto, producto de una
situación de exclusión y de conflictos raciales, constitutivos del proceso de
formación de la clase obrera norteamericana.

En medio de este periodo de gran tensión antichina en los EE.UU. se
producirá la segunda oleada migratoria china al continente, peculiar y
decisiva emigración de chinos adinerados, con una mentalidad
cosmopolita pragmática, un producto cultural nacido de la desintegración
social del Estado imperial chino y su sistema de valores. Estos nuevos
emigrantes, utilizando las redes y las experiencias de la primera
emigración, tomarán a EE.UU. desde las costas californianas, como punto
de tránsito, diseminándose por las principales ciudades latinoamericanas e
impulsando la formación de los barrios chinos del norte mexicano, de
Lima, de Panamá y el de La Habana. Esta nueva migración china
impulsará, ya no solo en EE.UU., la formación de una red socioeconómica
transnacional, donde la lavandería tendrá una notable presencia.

La abolición de la esclavitud y la reorientación de la presencia china en
Cuba


Cuba en la década del 80 del siglo XIX está marcada por la abolición de la
esclavitud y el proceso de emigración hacia las ciudades de una parte
importante de las poblaciones de las plantaciones cañeras y dentro de ellos,
de manera notable, los chinos, presentes en la isla desde 1847 con un status
jurídico laboral de contratados libres por 8 años, pero semiesclavizados en
la practica. Ellos trasladarán hacia los mercados laborales urbanos su
experiencia organizativa en las plantaciones, condensada en la cuadrilla de
trabajadores chinos, una formula laboral que, siendo funcional con la
dinámica laboral cañera, preservó en buena medida la autonomía laboral
china, dando lugar a una jerarquía interna personalizada en el jefe de
cuadrilla(D.Helly,1986), que negocia con su prestigio y capacidad de
liderazgo las condiciones de trabajo y de remuneración, condensándose en
esa figura un capital político y dinerario básico que, en alianza con los
chinos adinerados provenientes de California y sus prácticas empresariales,
en poco tiempo producirán un cambio en la percepción pública de los
chinos en los centros urbanos del país.

Si de alguna manera para la década del 80 del siglo XIX “los chinos se
echaron a perder”, en el decir de Esteban Montejo (M. Barnet,2003), podría
ser en el sentido de que desde esa época en adelante, los nuevos intereses
chinos que se estaban configurando en la isla, “hipnotizarían al público” no
ya con “todo tipo de murumacas y figuraciones en las fiestas, en los días
grandes de su religión(…)”, propio de los humildes chinos contratados,
sino a partir de reorientar, en sentido comercial, la avidez existente en la
isla por el exotismo oriental, hacia el consumo de mercancías y servicios
chinos.

De la información contenida en los Censos de la Republica de Cuba de
1899 y 1907 y los Directorios Comerciales se pueden inferir los efectos
ocupacionales de la transformación que se está produciendo entre los
chinos desde fines del siglo XIX. En el contexto de una tendencia
demográfica a la baja entre los chinos en la isla, de 8033 jornaleros
existentes en 1899 se reducirán a 4729 en 1907; de 2154 criados chinos en
1899 permanecerán en ese empleo 1664 para 1907; entre los tabaqueros en
el periodo señalado descenderán de 361 a 87(M. Herrera; M. Castillo,
2003) En contraste con estas ocupaciones, propias de la etapa de los
contratos onerosos, crecerán nuevas ocupaciones entre los chinos como
carboneros, jardineros, verduleros y particularmente las de vendedores
ambulantes, comerciantes importadores, dependientes y lavanderos.

Estos nuevos giros ocupacionales tendrán en común el hecho de que
implican la puesta en práctica en los ámbitos citadinos, tanto, de la red
organizativa de la cuadrilla como de los capitales acumulados por estos
líderes laborales, en alianza con los nuevos inmigrantes chinos venidos
desde California. Ya para los primeros años del siglo XX el almacén
mayorista, la bodega, la fonda, el puesto de fruta y la lavandería se
convertirán en los giros ocupacionales de mayor presencia china en las
ciudades de la isla.

Las lavanderías chinas en el entramado de los espacios habaneros

Dentro de este mundo laboral las lavanderías tendrán un sostenido
crecimiento entre 1910-1918; 1918-1927, periodos en que se duplican
constantemente en toda La Habana 1, según consta en la información de los excelentes directorios comerciales que la firma Schneer hizo en esos
periodos. Después de 1930 se hacen más escasos e irregulares este tipo de
fuentes y solo para 1954 se encuentra un Directorio comercial para La
Habana que contabiliza 130 lavanderías chinas. Un descenso que involucró
la desaparición de al menos 163 respecto al año de 1927, pero que aun en
medio de tal declive mantiene a los chinos como los virtuales
monopolizadores de ese giro en la Habana.1 Es que al contrario de lo que
pudiera pensarse hoy, las lavanderías chinas funcionaron siempre como un
negocio de servicios para la sociedad y no para la colonia china en si
misma

Lo que hoy componen los municipios de 10 de Octubre, Marianao y el
Cerro constituyeron hasta fines de los años 20 notables focos de fomento
industrial, que generaron significativos poblamientos urbanizadores En 10
de Octubre resaltaba la barriada de Luyanó con la existencia de
fundiciones, litografías, mataderos, plantas productoras de materiales de
construcción, de envases, muebles, jabonarías y licorerías. En Marianao,
desde fines del siglo XIX el poblado de Puentes Grandes había sido un sitio
privilegiado por los inversores debido a la energía hidráulica que producía
el curso del río Almendares, por lo que allí se ubicaron talleres productores
de papel, hielo, chocolates y otras confituras. Conectado por carretera a
Puentes Grandes, el oeste del Cerro fue sitio de emplazamiento de fábricas
pertenecientes a la Cervecera Internacional y la Cuba Cervecera. Por su
envergadura los contemporáneos las equiparaban con centrales azucareros,
por sus niveles de rentabilidad y por el número tan elevado de trabajadores
que empleaban. 2

En una medida considerable, las concentraciones de lavanderías chinas en
la ciudad coincidieron con los nodos industriales antes señalados y las
nuevas barriadas obreras asociados a estos núcleos productivos. Esta
coincidencia espacial es particularmente visible en 1927, penúltimo año
anterior a la devastadora crisis de 1929, pero a pesar de la decadencia
productiva de tales nodos industriales en La Habana, permaneció la
distribución espacial de las lavanderías chinas en la ciudad, aunque con una
inevitable tendencia a la baja, producto del envejecimiento demográfico de
la inmigración china en la isla.

El área que hoy contiene a los actuales municipios de Habana Vieja y
Centro Habana, fue el corazón cosmopolita popular y comercial de la
ciudad, un centro urbano donde convergían, en contradictorio torrente, en
el Parque de la Fraternidad las sedes del poder estatal del país y las
barridas de clase baja con más personalidad sociocultural en la ciudad
como Jesús María, Cayo Hueso, Los Sitios o el propio barrio chino, en
colindancia con activísimas arterias comerciales como Galiano y Reina.
Este complejo y dinámico ensamblamiento de clases y estratos sociales en
el espacio urbano era terreno propicio también para una oferta de servicios
como las lavanderías chinas, diseñadas para estratos ocupacionales y
socioculturalmente abiertos a una oferta como la china.

A otra realidad social nos remiten las estadísticas referidas a las áreas
urbanas enclavadas en los actuales municipios de Plaza, Guanabacoa y
Regla, las dos últimas separadas del resto de la ciudad por la bahía
habanera. Aquí los lavanderos chinos encontraron un formidable valladar
para ofertar sus servicios. En el caso de Plaza se puede explicar por la
naturaleza socio clasista de una gran barriada como El Vedado, sede de las
más poderosas clases medias y medias altas de la ciudad, con una
disposición de consumo probablemente más dirigida hacia las tintorerías.

Era esta una oferta diseñada para públicos de mayor nivel adquisitivo y
status social, equipadas con tecnología de avanzada en su momento, en una
época en que todavía las industrias no habían descubierto el universo de
mercado de los electrodomésticos y la reconversión del lavado y otras
actividades cotidianas en trabajo femenino domestico no remunerado.
Los casos de Guanabacoa y Regla se nos presentan con una atipicidad que
escapa a nuestros esquemas de análisis, pues contando con núcleos obreros
y en general con estratos poblacionales humildes, multirraciales similares a
los de Habana Vieja, Centro Habana y 10 de Octubre, las lavanderías
chinas sin embargo tuvieron muy diferente trayectoria en su presencia, lo
que podría explicarse si avanzaran en presencia y calidad las historias
locales.

Los lavanderos chinos en la memoria y los imaginarios

Simultáneo a la trayectoria de la distribución espacial de los lavanderos
chinos y sus establecimientos por la ciudad se puede rastrear la evolución
de las representaciones sociales sobre esos actores y sus espacios en el
imaginario de la sociedad cubana. En el libro Memorias de una cubanita
que nació con el siglo de Renée Méndez Capote, ya anciana en el
momento que escribe su autobiografía, recuerda de manera muy vívida y
cálida a los chinos que conoció en su niñez, a inicios del siglo XX.
Rememora a los verduleros ambulantes y sus cuidadas huertas en los
alrededores de la ciudad, a los chinos sederos “vestidos de dril crudo, con
corbata (…) uñas largas y pulidas, oliendo a perfume” (R. Méndez Capote,
1990) y con particular familiaridad nos cuenta: “teníamos un chino
lavandero, partidario de los tres principios del pueblo de China, gran
admirador de Sun Yat Sen y que además de su lavandería resultó que era
presidente de un banco chino. Estaba en Cuba desde antes de la guerra de
Independencia y sentía por mi padre y todos los mambises y ellos por él
una gran devoción (…) Después de la republica de Sun se marchó para su
tierra (…)” (R. Méndez Capote, 1990)

Es que a diferencia de los EE. UU., donde el antichinismo constituyó un
factor de articulación del Estado, en Cuba los chinos ocuparon, luego de su
destacada participación en la primera guerra por la independencia de la
isla, un lugar muy especial dentro del imaginario patriótico nacional, que
les valió un cálido tratamiento, no sólo a los chinos que radicaban en la
isla, sino a todo lo que remitiera a la cultura material y simbólica china.
Entre 1915 y 1937, aproximadamente se va producir una notable
transformación de la percpción de los chinos y lo chino en Cuba, al calor de
la nueva oleada migratoria que se va a radicar en la isla, particularmente en
La Habana.

Esta nueva oleada china a Cuba coincidió con el auge del paradigma
científico del higienismo, una perspectiva de análisis que le ofrecía nuevas
herramientas a los Estados para plantearse la administración y planificación
biopolítica de las sociedades. Las nuevas percepciones que generará este
enfoque se centrarán en el carácter antihigiénico de los establecimientos, la
apatía respecto a las problemáticas cubanas y de manera más general, la
baja calidad biosocial el aporte e los chinos la nacionalidad cubana. Más
allá de si son pertinentes o no tales apreciaciones, estas marcaron un punto
de inflexión en la forma en que se socializaron, desde sectores del campo
intelectual y los medios oficiosos de opinión publica, visiones sobre el
lugar de los chinos en la nacionalidad cubana.

En tal contexto, entre los escritores cubanos de este periodo se producirán
dos obras literarias que, abordarán a los chinos lavanderos. Uno es Antonio
Ortega con su cuento “El chino olvidado” 3 y el otro es Jorge Mañach en su libro Estampas de San Cristóbal de La Habana. Ambos autores se harán
eco, con registros diferentes, de las mismas animosidades y perplejidades
que embargaron a la sociedad habanera de este periodo frente a los chinos y
específicamente los lavanderos.

En “El chino olvidado”, Antonio, un planchador de una lavandería, en una
tarde de mucho calor fue sorprendido por un policía planchando en
camiseta y este lo denunció, fue detenido y conducido al Vivac del
Departamento de Inmigración, para ser deportado a China: “(…)estaba
condenado a ser expulsado del país pero no había fondos para
reembarcarlo a Cantón, su punto de origen, y por otra parte Cantón se
hallaba en poder de los japoneses, en todo el mundo ardía la guerra. El
consulado de China no sabía nada de aquel sujeto, ni figuraba en sus
listas…” “Su caso sólo se podía resolver con la muerte…”, como
finalmente ocurre con el chino Antonio en medio de delirios afiebrados y la
mayor desolación.

El texto “Los chinos” de Jorge Mañach, forma parte de una serie de
crónicas cortas escritas alrededor de 1925 en torno a lugares, figuras y
costumbres de La Habana de esa época. Dentro de ese paisaje social
Mañach fija su mirada en los lavanderos chinos, y parafraseándolo, los
juzga como seres extraños, particularmente reservados y misteriosos. Sobre
ellos no sabemos casi nada, pero a ellos les confiamos a través de nuestras
ropas delicadas intimidades…

Si en el texto de Jorge Mañach está recogido parte de lo que se pensaba
sobre los chinos lavanderos, en el de Antonio Ortega está lo que se podía
hacer con ellos, con el aire de normalidad que otorga la legislación oficial
vigente en una época y, más aún, el acuerdo tácito de buena parte de la
sociedad. Resulta llamativo el hecho de que lo poco que escribieron los
3 Ver: Los mejores cuentos cubanos del siglo XX. Imprenta Nacional de Cuba. 1961
literatos cubanos sobre los chinos en Cuba en el siglo XX esté referido
explícitamente a los lavanderos y no a otro grupo socio ocupacional chino,
lo que reafirma la pertinencia de la inquietante paradoja sobre la familiar
lejanía del chino lavandero que sugiere Mañach en su texto y el lugar
especial que ocuparon en el imaginario y la vida pública de La Habana.

De 1929 es un influyente texto del prestigioso director del Departamento
de Sanidad Jorge Le Roy y Cassá que llevó por titulo Inmigración
Antisanitaria, el cual identificaba a las lavanderías chinas como “focos de
tuberculosis” y proponía un plan de saneamiento público donde podían
quedar en suspenso muchísimos establecimientos chinos, incluso el barrio
chino mismo. En contraste con estas posiciones oficiosas, se pueden
encontrar historias de vida que evidencian un entramado de relaciones
menos dicotómico y estereotipado de lo que quisieron ver los escritores e
higienistas.

Una foto como la que conserva Gertrudis Gómez, una bailarina cubana del
teatro chino, de cuando su época juvenil, posando en el patio de una
lavandería china, frente al tambor donde se conservaban las piedras de
carbón con que se calentaban las planchas de hierro, puede mostrarnos la
precariedad material y tecnológica en que se desenvolvía el trabajo y la
vida de los lavanderos chinos, pero también la capacidad que desarrollaron
para generar redes de sociabilidad y de confianza, más allá de los
estereotipos que sobre ellos se construyeron en el período que va entre
1915 y 1937 aproximadamente.

A pesar de ser tales establecimientos espacios eminentemente masculinos,
no es extraordinario encontrar en la historia de vida de jóvenes habaneras
de estratos sociales muy humildes, hoy ya ancianas, remembranzas de su
juventud trabajando en momentos determinados de sus vidas en
lavanderías chinas. Yolanda Rodríguez La Guardia, abuela del autor de este
texto recuerda con cariño el trato respetuoso y considerado que
establecieron los lavanderos chinos con ella y su amiga, luego su comadre,
Migdalia en el tiempo que trabajaron en la lavandería china de Estévez y
Monte, en el barrio de El Pilar del Cerro, a mediados de la década del 40.
Aquel establecimiento era el único de su tipo en muchas manzanas a la
redonda y en determinadas épocas del año, los lavanderos chinos no daban
a vasto solos para la demanda que se les presentaba, donde se podían
encontrar, ropas de hombres, de mujer, de niños y ropa interior incluida.

Era en esas circunstancias en que las jóvenes cubanas eran contratadas
fundamentalmente en función del planchado con planchas al carbón, como
lo confirma el lugar donde Gertrudis se toma la foto en la lavandería.
Juana Chiu, una de las pocas inmigrantes chinas venidas a Cuba en la
década del 50 del siglo XX, hoy vecina del barrio de Coco Solo en
Marianao, nos decía en una escueta conversación, con su lenguaje marcado
por los giros de su indeleble cantonés “yo no conocí a ningún chino que
quisiera hacer su vida en un tren de lavado antes de ponerse a trabajar ahí.
El tren (de lavado) era una piedra en el camino que se le metía (a los
chinos) en el zapato.” Es que las lavanderías históricamente fueron lugares
nada agradables en si mismos, colmados de humedad, hacinados, envueltos
en emanaciones tóxicas, donde se recibía ropa de disímiles procedencias.

La circunstancia de ser un lavandero chino

¿Que motivaciones moverían a tantos inmigrantes chinos a trabajar y
mantenerse por tanto tiempo en un espacio laboral como este? En la
lacónica respuesta de la china Juana hay una clave importante para
responder a esta pregunta. La lavandería no era una opción ocupacional
deseada por ningún chino previo al arribo a Cuba.

El nivel de desintegración social en que debió sumirse China en las primeras décadas
del siglo XX movió de sus lugares de orígenes, a cientos de miles de
individuos, muchos de manera definitiva, que por sólo sostener una
existencia mínimamente organizada, en torno a un trabajo y un lugar donde
cobijarse, con un sistema de gastos colectivos y acumular unos ahorros, con
la esperanza de hacer o rehacer una familia y tener hijos, volver a China o
simplemente sostener a la familia dejada en el continente, podían ser
razones de peso para trabajar muchos años en estos establecimientos. La
dialéctica entre las tácticas de la vida cotidiana y las estrategias de los
proyectos de vida podían adquirir matices conmovedores… 4

Tal vez entre los atractivos más fuertes que debieron poseer las
lavanderías estuvieron el hecho de ser empresas de pequeños colectivos
poco jerarquizados, con pocas tensiones internas derivadas de la
competencia individual, un espacio particularmente favorable para
reproducir la lógica y el tempo comunal ancestral. Por otro lado no habría
que invertir mucho capital inicial para participar en esta empresa, que
implicaba un trabajo agotador, pero bastante seguro en un contexto de
precarización del mercado laboral habanero entre 1930 y 1950.

Lo que desde ciertas miradas externas y occidentalistas cubanas parece ser
una simple acción de vegetar, con toda la carga peyorativa que contiene
este término en la jerga de las visiones higienistas de los Departamentos de
Sanidad de la época, desde el punto de vista de los propios chinos, el
trabajo en la lavandería era una posibilidad y un espacio desde donde era
posible la reinvención de normas de convivencia colectivas como las
redes solidarias y familiares clánicas, sostén afectivo ante el desajuste
existencial, a la vez que se ofrecía un servicio a la sociedad que se inserta
en los puntos neurálgicos de la ciudad.

La voluntad de los lavanderos chinos por organizarse como colectivo y
estar en sintonía con la dinámica de la sociedad cubana, se evidenció a
inicios de septiembre de 1933, cuando crean la Asociación de Lavanderos
Chinos, en un momento de extraordinario auge asociativo de un país que
tan sólo un mes antes se había librado de la férrea dictadura de Gerardo
Machado, el decepcionante caudillo liberal, que muchos chinos, como
tantos cubanos apoyaron en su campaña presidencial de 1924. Esta
asociación logró constituir su local social en la calle Dragones no. 354 y en el registro de asociados de 1955 contaba aún con 230 miembros,
sobreviviendo hasta bien entrada la década del 60.5

La Habana constituyó el lugar por excelencia en Cuba para el
establecimiento de las lavanderías chinas, monopolizando casi totalmente
el servicio de lavado a mano en la ciudad, constituyendo el sector, junto a
los puestos de frutas, donde los chinos alcanzaron mayor presencia. Desde
la perspectiva comparativa con México y Perú, otros de los países
latinoamericanos con gran presencia china, es más visible aun el éxito
rotundo de las lavanderías chinas en La Habana, pues en los años 30 las
lavanderías a mano en Lima ocupaban el sexto lugar dentro de los giros
donde invertían los chinos 6, mientras que en el norte de México, escenario de la mayor concentración de la presencia china en ese país, en el año 1931
las inversiones de chinos en lavanderías ocupaban el décimo lugar en
ciudades como Mexicali, el cuarto lugar en Tijuana y el sexto lugar en
Ensenada.7 Si en Baja California las lavanderías chinas fueron una masiva novedad en los sectores populares pero de carácter efímera, a principios de
los años 20, en la capital de Cuba, por las manos chinas pasaron durante
muchos años buena parte de la intimidad de los habaneros.

Los lavanderos chinos en La Habana crearon un nicho de mercado que se
nutrió, por una parte, de un persistente imaginario patriótico en el que “no
hubo un chino traidor, no hubo un chino desertor”, enriquecido por un
prestigio moral frente a los sectores populares, que muy poco varió a pesar
de los discursos higienistas en boga en la época. Por otro lado, a la luz de la
comparación con México y Perú sale a relucir, la presencia de unos
patrones de comportamientos privados femeninos y de unas exigencias
masculinas, al parecer menos reticentes en Cuba a ofertas de servicios
como las lavanderías chinas que trastocaban de alguna forma la
temporalidad domestica femenina y mas aun los bordes entre lo publico y
lo privado, lo cual tiene su correlato en el vanguardista movimiento
feminista cubano de la primera mitad del siglo XX.

A pesar de las variaciones en la trayectoria de cómo fueron percibidos los
chinos en Cuba y particularmente los lavanderos por distintos estratos de
la opinión publica en La Habana, lo que está fuera de dudas es el lugar
especial que disfrutaron dentro de la red de servicios y comercio urbano en
aquellos sitios de la ciudad donde podían establecerse. Las lavanderías
chinas, las tintorerías, las bodegas, las carnicerías, las ferreterías o los
puestos de fruta conformaron en su conjunto una red de ofertas que
reprodujo en lo más intimo de la vida cotidiana, tanto el status neocolonial
global en que se reprodujo la sociedad cubana hasta 1959, como el
entramado superpuesto y conflictivo de clases sociales, razas y estilos de
vida correspondientes, en lo más profundo de los barrios habaneros.

Citas y notas:


1- Para ver este proceso relacionado con la recreación en un nuevo contexto de los patrones de sociabilidad clánica, ver De la memoria a la vida publica. Identidades, espacios y jerarquías de loschinos en la Habana republicana
(1902-1968) Miriam Herrera Jerez y Mario G. Castillo. Centro deinvestigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2003

2- Las industrias menores: empresarios y empresas en Cuba (1880- 1920) Maria A. Marques Dolz.Editora Política, La Habana, 2002

3- Ver: Los mejores cuentos cubanos del siglo XX. Imprenta Nacional de Cuba. 1961

4- La época en que todavía era posible entrevistar a chinos lavanderos y de otrosgiros ocupacionales en La Habana tal vez haya pasado, quizás definitivamente.Cuando se podían hacer tales pesquisas no eran un asunto de interés para losinvestigadores sociales. A nivel de toda América sólo conocemos una indagación entorno a la vida de los lavanderos: The chinese laundry man. A study of socialisolation. (“El lavandero chino. Estudio de un aislamiento social”), escrito en 1953 por Paul Chang Pang Siu, , para su tesis de doctorado en la Escuela de Sociología de la Universidad de Chicago, a partir de sus experiencias y relaciones sociales como descendiente de chino lavandero, único texto con el cual pudimos establecer alguna relación de referencia.

5- Asociación de Lavanderos Chinos. Archivo Nacional de Cuba. Registro de Asociaciones. Leg.95 Exp.1120

6- Herederos del Dragón. Historia de la Comunidad china en el Perú. Humberto Rodríguez Pastor.Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2000

7- La migración china en el norte de baja California 1877-1949 Rosario Cardiel Marín En: Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México, siglos XIX y XX. Maria E. Ota Mishima. El Colegio de México, 1997